Monday, July 4, 2016

Ópera de Paris: Temporada 2016-2017

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

La Ópera Nacional de París incluirá en su próxima Temporada 2016-2017 veinte óperas en diecinueve espectáculos y dieciséis programas de ballet a desarrollarse en sus dos sedes del Palacio Garnier y de la Ópera de La Bastilla. Están previstos, también, conciertos sinfónicos y de cámara, dos presentaciones de la Orquesta en el Musikverein de Viena, recitales, espectáculos en otras sedes, para jóvenes, de la Escuela de Danzas, de la Academia de la Ópera Nacional de París y el espacio de creación digital denominado 3º scène.

Se ofrecerán 193 representaciones de ópera (139 en La Bastilla y 19 en el Palacio Garnier), 173 funciones de ballet (51 en La Bastilla y 122 en Garnier), 16 conciertos, 15 Avant-première para jóvenes entre 14 y 28 años, 7 espectáculos de ballet en diversos lugares públicos del Palacio Garnier, y 25 artistas de diversos géneros incluirán obras originales dentro de la plataforma digital denominada 3º scène.

La Temporada se iniciará el viernes 2 de septiembre de 2016 con La Bella Durmiente presentada por el American Ballet Theatre y concluirá el 17 de julio de 2017 con la última representación en el Palacio Garnier del ballet La Sylphide y en La Bastilla la postrera de Carmen, que unirá por única vez en la temporada a Elīna Garanča con Roberto Alagna, que se podrá presenciar, además, en una pantalla gigante ubicada en la fachada del edificio.

Danza

La Temporada de Ballet ofrece dieciséis espectáculos en los que se incluyen nueve estrenos de coreografías en seis producciones nuevas que entran en el repertorio. El curso se iniciará, en la sala de La Bastilla, con la presencia del American Ballet Theatre que ofrecerá La bella durmiente a partir del 2 de septiembre de 2016 con la tradicional coreografía de Petipa y puesta en escena y coreografías adicionales de Alexei Ratmanasky. Una Gala de Danza el 24 de septiembre de 2016 en el Palacio Garnier dará inicio formal a la temporada con dos coreografías de Crystal Pite y William Forsythe. Se incluyen los tradicionales El lago de los cisnes y La Sylphide, la visita del Semperoper Ballet Dresden, programas mixtos, nuevas coreografías y espectáculos de la Escuela de Danza.

La mayoría de los programas de danza se desarrollarán en el Palacio Garnier, salvo El lago de los cisnes (diciembre de 2016), la nueva producción de George Balanchine con música de Mendelssonh sobre Sueño de una noche de verano de Shakespeare (marzo de 2017) y el programa con concepción de Benjamenin Millepied y Philippe Parreno que se ofrecerán en La Bastilla.

Otras actividades

Están programados cinco conciertos sinfónicos: un programa con fragmentos de la Tetralogía de Wagner, la novena sinfonía de Mahler, la Misa en si menor de Bach y la versión concertante de Béatrice et Bénédict de Berlioz todos con la batuta de Philippe Jordan y un último programa con obras de Szymanowski y Richard Strauus más el estreno de una obra de Pascal Dusapin dirigido por Susanna Mälkki. Cinco serán los recitales al piano de cantantes solistas en el Palacio Garnier, con la presencia de Joyce DiDonato (13 de noviembre de 2016), Rolando Villazón (18 de diciembre), Ludovic Tézier (15 de enro de 2017), Juan Diego Flórez (12 de marzo) y Anja Harteros (18 de junio de 2017). También habrá conciertos de cámara, tanto vocales como instrumentales, exposiciones en conjunto con la Biblioteca Nacional de Francia, y la gira de la Orquesta a Viena.

Temporada Lírica

Iniciará la temporada lírica una nueva producción de Eliogabalo de Francesco Cavalli con el protagónico del contratenor Franco Fagioli, le seguirá en septiembre y octubre de 2016, la reposición de la puesta de Pierre Audi de Tosca de Puccini con el protagónico compartido de Anja Harteros y Liudmyla Monastyrska, el concurso de Marcelo Álvarez como Cavaradossi y el Scarpia de Bryn Terfel. También en octubre subirá a escena Samson et Dalila con Aleksandrs Antonenko y Anita Rachvelishvili y la batuta de Philippe Jordan.
En noviembre será el turno de la reposición de la puesta de Andrei Serban de Lucia di Lammermoor de Donizetti con Pretty Yende y Nina Minasyan como Lucia y en el podio Riccardo Frizza.

La puesta de Robert Carsen de Los cuentos de Hoffmann marcará e arribo de Jonas Kaufmann y de Stefano Secco al protagónico. Roberto Tagliavini encarnará a los seres demoníacos mientras que disputarán el amor del poeta Sabine Divieilhe, Kate Aldrich y Ermonella Jaho.

A finales de noviembre llegará Cavalleria Rusticana de Mascagni acompañada de Sancta Susanna de Hindemith, singular interés presentan en el elenco la Santuza de Elīna Garanča y la Susanna de Anna Caterina Antonacci.

Gluck estará presente a través de la reposición de la puesta de Iphigénie en Tauride protagonizada por Véronique Gens en diciembre de 2016. La cuota francesa se completa con Sanson et Dalila, Los cuentos de Hoffmann, la versión en concierto de Béatrice et Bénédict de Berlioz en el Palacio Garnier el 24 de marzo de 2017 y la reposición de Carmen de Bizet con veinticinco funciones programadas entre el 10 de marzo y el 16 de julio de 2017 con la presencia de cuatro protagonistas: Clémentine Margaine (marzo), Varduhi Abrahamyan (abril), Anita Rachvelishvili (junio y julio) y Elīna Garanča sólo en la función del 16 de julio. Serám Don José Roberto Alagna y Bryan Hymel, se alternarán como Esca,illo Roberto Tagliavini y Ildar Abdrazakoy mientras que prestarán su arte a la dulce Micaela Alexandra Kurzak, Nicole Car y Maria Agresta.

La Temporada incluirá un solo título de Verdi -la reposición en mayo de 2017 de la producción de 2016 de Rigoletto- y uno de Rossini: La Cenerentola, con Teresa Iervolino como Angelina, Maurizio Muraro como Don Magnifico, Alessio Arduini como Dandini y Juan José de León como Don Ramiro.

También se ofrecerá un estreno mundial. Se trata de Trompe-La-Mort con música y libreto de Luca Francesconi (1956) que será ofrecida por primera vez el 16 de marzo de 2017. Además dos títulos rusos: La doncella de nieve (Snegourotchka) de Nikolai Rimski-Korsakov y Eugenio Oneguin de Chaicovski con Peter Mattei en el protagónico y Anna Netrebko y Sonya Yoncheva alternándose como Tatiana.

El repertorio alemán estará representado por la nueva producción de Lohengrin de Wagner -enero de 2017- con Jonas Kaufmann alternándose con Stuart Skelton en el protagónico y las presencias de René Pape, Rafel Siwek, Martina Serafin, Edith Haller, Evelyn Herlitzius, MIchaela Schuster, Wolfgang Koch, Tomasz Komiecsny la batuta de Philippe Jordan, las reposiciones de Die Zauberflöte de Mozart y de Wozzeck de Berg y la nueva producción de Così fan tutte.

Nueve de los espectáculos líricos serán nuevas producciones a cargo de Thomas Joly (Eliogabalo de Francesco Cavalli), Damiano Michieletto (Samson et Dalila) Mario Martone (el doble programa formado por Cavalleria Rusticana y Sancta Susanna), Claus Guth (Lohengrin), Anne Teresa De Keersmaeker (Così fan tuttte de Mozart con la presencia de bailarines de la Compagnie Rosas y del ballet de la casa junto a los cantantes), Guy Cassiers (que tendrá a su cargo el estreno mundial de Trompe-La- Mort con música de Luca Francesconi y libreto basado en Balzac), Dmitri Tcherniakov (La doncella de nieve de Rimski-Korsakov), Guillaume Gallienne (La Cenerentola con el protagónico de Teresa Iervolino) y el polémico Calixto Bieito que pondrá en escena Carmen de Bizet.

Mientras que los artistas de la Academia de la Ópera de París ofrecerán dos espectáculos en nuevas producciones escénicas. Owen Wingrave de Briten con la puesta de Ton Creed y la batuta de Sthephen Higgins -noviembre de 2016 en el Anfiteatro de La Bastilla- y Les fêtes d’hébé de Rameau en marzo de 2017 en el mismo anfiteatro y en abril en el Royal College of Music de Londres, Jonathan Williams será el director musical mientras que la puesta y la coreografía de esta ópera-ballet será confiada a Thomas Lebrun.


Mayor información en: www.operadeparis.fr

Orquesta Sinfónica Simón Bolívar en México – Demagogia Musical

Foto: Auditorio Nacional 

Iván Martínez – Confabulario – El Universal.

El pasado jueves 23 de junio, al tiempo que la Organización de Estados Americanos, la OEA, votaba 20 a 12 para iniciar el proceso de la llamada Carta Democrática por la situación que vive Venezuela, el Auditorio Nacional, en un lleno de la misma proporción, veinte lugares vacíos por doce ocupados, escuchó un concierto de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, ensamble cúspide del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de ese país. Lo hizo con la joven promesa venezolana de la dirección orquestal al frente, el titular de este ensamble Diego Matheuz (Barquisimeto, 1984). El Sistema, como se le conoce comercialmente en todo el mundo, es el proyecto ideado y fundado en 1975 en Caracas por José Antonio Abreu bajo el lema “Tocar y luchar” y que hoy se presenta como “una obra social y cultural del Estado venezolano”; el “milagro” que “hace ver” en Venezuela a la música como “una oportunidad profesional”. El programa comenzó con la Suite Margariteña de Inocente Carreño (1919-2016): un breve popurrí de débil orquestación impresionista, anodina en forma y sobre todo en el tratamiento sonoro de los temas folklóricos que incluye, leída en una interpretación que sonó incluso tímida al lado de la (Segunda)Sinfonía India de Carlos Chávez que le siguió y totalmente desabrida al lado de los tres encores populares que finalizaron la noche (uno de ellos, un correcto Huapango de José Pablo Moncayo). Un elemento destaca en esta partitura y es la posibilidad de lucimiento individual, hay demasiados solos y no hubo uno que destacara; al contrario: el cornista no pudo hilar un solo legato, el picolista no logró afinarse, y de hecho tiró por la borda varios pasajes enteros de la fila de flautas, mientras que el sonido del concertino apenas y se distinguía en cuerpo, parecía más el de un estudiante y no el de un veterano como lo es. Para la Segunda de Chávez, media sección de alientos cambió de instrumentistas y logró escucharse un sonido más sólido; sobre todo en las maderas, cuyos clarinetes y oboes brindaron solos de gran belleza en la sección lenta. La lectura orquestal, sin embargo, pecó en interpretación: la juventud de la batuta de Matheuz no logró dar vitalidad a pasajes enérgicos ni poesía a los de amplitud expresiva. Muchos ritmos y fraseos fueron también mal leídos, sobre todo en la primera sección de la partitura. Extraños errores, si se piensa en la familiaridad que debería tener la parte adulta de esta orquesta mitad juvenil con la música de Chávez, al haberla tocado –y grabado– tanto durante las visitas de Eduardo Mata a ese país. Tras el intermedio, la orquesta se enfrentó a la Primera Sinfonía, “Titán”, de Gustav Mahler. Aun con la inmensidad de la sección de cuerda que, como aquí, funciona para dar la impresión de una gran masa visual y sonora que no precisamente toca detalladamente, se agradece que en esta ocasión este grupo, que tiende a doblar y hasta triplicar el número de instrumentistas necesarios, se abstuviera de hacerlo en los alientos. Técnicamente, los detalles que importan en esta sinfonía fueron descuidados: las notas largas del inicio con poca claridad, la imitación del sonido cu-cu sin uniformidad, los metales tropezados en todas las fanfarrias, las maderas difícilmente con ataques iguales, el tema del contrabajo solista al inicio del tercer movimiento en bochornosa desafinación. Musicalmente tampoco puede elogiarse mucho la lectura de Matheuz: de detalles de vulgaridad, como los exagerados sforzandi o la desorganización de ruidos en el scherzo, a la arquitectura del todo que parece más un pastiche de influencias que la idea de una sinfonía; cada motivo, ya no decir una frase completa o un movimiento, está basado en una idea que no hace coherencia con el que sigue; incluso su técnica lo parece visualmente: imita las poses de sus maestros, de varios de ellos, pero no el pensamiento musical ni el trabajo artesanal que requiere la confección de una ejecución. Si al menos hubiera copiado una sola versión o las poses de una sola de sus influencias, no hubiera ofrecido un frankenstein como éste. Con esos resultados, verticales y disparejos como la ejecución de esta Titán, llamada a lucir en volumen, en masa, en grotescas inflexiones que suenan a farsa más que una intención de grandeza musical, no resulta del todo disparado hacer vinculante el concierto con el proceso de la OEA. No puede decirse, por supuesto, que la Simón Bolívar sea una especie de consumación musical del chavismo, porque no nació con él: pero a él se ha consagrado. Abiertamente. En la calle y, si se escucha con atención, en la sala de concierto. Si ésta intentara ser una crítica constructiva, podría proponer que al menos no se mintiera doblemente con el ejercicio y los resultados de El Sistema: no es un proyecto artístico, ni siquiera educativo según se ha visto en la vida profesional de Venezuela, sino uno de desarrollo social que, como tal, tampoco está teniendo resultados en la vida cotidiana de los venezolanos. Lo peor del populismo hecho música.


Collegiata di Sant’agata- Santhia’ (Vercelli)

Renzo Bellardone

COLLEGIATA DI SANT’AGATA – SANTHIA’ (VERCELLI) 1 luglio 2016 PUERI CANTORES SANCTI NICOLAI – Bochnia (Polonia)

L’attuale Chiesa Collegiata sorge sul medesimo luogo, dove già nel x secolo sorgeva una pieve dedicata alla martire catanese. Nel 990 l’Arcivescovo Sigerico di Canterbury, di ritorno da Roma, lungo il percorso della Via Francigena che da lui prese il nome si fermò proprio a Santhià, quale tappa del viaggio e sul suo diario annotò …Sca Agath. Nella sontuosa collegiata di Sant’Agata di Santhià  si è potuto assistere ad un evento musicale di grande interessi. Il coro di voci bianche proveniente dalla Polonia è stato diretto alternativamente da Stanislaw Adamczyk e da Bozena Wojciechowska ,con accompagnamento di Krysztof Kosciolek e dopo attenta preparazione di Marcin Wkoczek. Sono stati eseguiti brani che coprono un vasto arco temporale che va dal 1700 alla contemporaneità assoluta:  brani di Czaikowski, Telemann, Christian Bach e su su fino a Rachmaninow, Lukaszewski e Swider.
I “piccoli cantori” (coro maschile) hanno però  età differenti, trattandosi di studenti che vanno dall’equivalente delle nostre Primarie, fino alle superiori; l’insieme così costituito si è  concretizzato  in caleidoscopico effetto cromatica di forte suggestione ed emotività. La brillantezza delle ‘bianche’ ben si è elevata  sopra i colori bruniti delle più ‘mature’, che in assoluta armonia hanno offerto un gradevole sentire. Particolarmente apprezzabili le interpretazioni dei brani moderni che sempre racchiudono intensità espressiva, ma includono difficoltà interpretative con accenni dissonanti, maggiormente impervi per voci giovani ed amatoriali. Per lasciare agli ascoltatori un ricordo di allegrezza hanno concesso, quale bis, un ‘Alleluia’ gospel. Un personale plauso va a sottolineare gli applausi spontanei e sinceramente sentiti che hanno segnato il cammino del concerto, insieme ad un ‘peccato per chi non c’era’!

La Musica vince sempre.

Saturday, July 2, 2016

Recital de Renée Fleming en el Teatro Colón de Buenos Aires

Foto: crédito Arnaldo Colombaroli. Gentileza: Teatro Colón.

Gustavo Gabriel Otero

Buenos Aires, 29/06/2016. Teatro Colón. Renée Fleming, soprano. Gerarld Martin Moore, piano. Obras de Wolfgang A. Mozart. Georg F. Händel, Jules Massenet, Camille Saint-Saëns, Oscar Strauss, Sergei Rachmaninov, Stefano Donaudy, Fracesco Paolo Tosti, Arrigo Boito, Ruggero Leoncavallo, Manuel María Ponce y Carlos Castelano Gómez. Primera Función del Abono Verde 2016 del Teatro Colón.

Renée Fleming se presentó acompañada al piano por Gerald Martin Moore en un recital en el Teatro Colón para festejar los 25 años de su debut en dicho ente artístico. La soprano abrió este recital con el mismo personaje de la Condesa con el que debutó. La cavatina ‘Porgi amor’ fue vertida por Fleming en forma perfecta, con tiempos lentos y su ya conocido fraseo exquisito. El repertorio que siguió en el programa resultó ecléctico y variado e intentó, de alguna forma, crear diversos marcos emocionales apropiados para cada una de las partes con un bloque más antiguo, uno francés y un final de la primera parte con un vals brillante. Para proseguir, tras la pausa, con una selección de canciones rusas, luego italianas, un breve fragmento operístico también en italiano, para finalizar con dos composiciones en español. En líneas generales se nota cierta mengua en alguna parte del registro, Fleming compensa con altísima profesionalidad y notable experiencia. Los dos fragmentos de Händel mostraron a la cantante en un rol plenamente profesional en un repertorio que parece no ser afín a su sensibilidad y a sus medios actuales, así pasaron ‘Bel piaccere’, de Agrippina, y ‘V’Adoro Pupille’, de Giulio Cesare. Los mejores momentos estuvieron en el conjunto de arias y canciones románticas francesas: ‘C’est Thais, l’idole fragile’, de Thais y ‘Allons! Adieu notre petite table’, de Manon, ambas de Massenet, interpretadas con brillo y sentimiento sin par. 
Sin dudas inolvidable la canción Soirée en mer, de Saint Saëns y gran efecto en el final de esta parte con el vals ‘Je t’aime quand meme’, de Oscar Straus. La segunda parte abrió con un bloque ruso: cinco canciones de Rachmaninov, en las que la línea de canto de Fleming cautivó en cada una de ellas, siguió con un ramillete de canciones italianas bien interpretadas, así pasaron Donaudy (O del mio amato ben), Tosti (Aprile) y Leoncavallo (Mattinata) con un pequeño corte operístico: ‘L’altra notte in fondo al mare’, el aria de Margarita de Mefistófeles de Boito en uno de los momentos inolvidables de la noche por expresividad y entrega. Para cerrar el programa llegó un bloque en español con Estrellita, de Manuel Ponce; y La morena de mi copla, de Carlos Castellano Gómez. Aquí lo importante fue la interpretación antes que la pureza de nuestro idioma. Ante el entusiasmo del público la cantante norteamericana abordó, fuera de programa, en primer lugar y al igual que en 2012 la denominada Canción a la Luna de Rusalka de Antonín Dvořák, vertida con profunda convicción, luego I Could Have Dance All Night de My Fair Lady, en la que invitó a cantar al público, para finalizar con un delicado ‘O mio babbino caro’ de Gianni Schicchi de Puccini.

Le Concert de Paris – jeudi 14 juillet 2016

Concert de Paris de l'ONF - Photo : C. Abramowitz / RF
L’Orchestre national de France, le Chœur et la Maîtrise de Radio France placés sous la direction de Daniele Gatti invitent les plus grands artistes lyriques internationaux pour la quatrième édition du concert de Paris. Cet événement a rencontré un franc succès depuis son origine avec 3 millions de téléspectateurs sur France 2 et 500 000 spectateurs réunis sur le Champ de Mars. L’Orchestre national de France, le Chœur et la Maîtrise de Radio France, sous la direction du maestro Daniele Gatti proposeront un programme original construit sur le thème« Paris est une fête ». Au programme notamment* : des extraits de Rigoletto de Verdi, Carmen de Bizet, Concerto pour violon de Mendelssohn… interprétés par Aida Garifullina, Julian Rachlin, Jean-Yves Thibaudet, Marie-Nicole Lemieux, Patricia Petibon, Juan Diego Florez, Béatrice Uria-Monzon, Luca Salsi et Ildar Abdrazakov. Le concert s’achèvera encore une fois cette année par la Marseillaise reprise par le public. La Mairie de Paris, France Télévisions et Radio France sont heureux de s’associer à la quatrième édition du Concert de Paris, organisé sur le Champ de Mars le jeudi 14 juillet 2016 à 21h15 en prélude au feu d’artifice, réalisé par le groupe F. Ce spectacle est présenté par Stéphane Bern et produit par Electron Libre Productions. Ce concert sera diffusé le jeudi 14 juillet 2016 à partir de 21h15 en direct sur France Inter dans le cadre d’une soirée présentée par Elsa Boublil, et en simultané par l’Union Européenne de Radio-Télévision sur les antennes de huit pays. Anne Hidalgo, Maire de Paris, Delphine Ernotte, Présidente de France Télévisions et Mathieu Gallet, Président-directeur général de Radio France réaffirment ainsi leur engagement de créer un grand rendez-vous annuel de la musique classique à Paris en proposant au public, aux auditeurs et aux téléspectateurs un évènement musical exigeant, prestigieux et populaire, symbole de la vitalité culturelle française. « L’évènement musical sur le  Champ de Mars est conçu pour le grand public. C’est un message très fort, qui doit être une invitation à revenir au concert pour découvrir la musique » a déclaré Daniele Gatti, directeur musical de l’Orchestres national de France à l’issue de la première du Concert de Paris.

Programme détaillé sur

http://www.maisondelaradio.fr/evenement/concert-classique/concert-de-paris


Recital de Philippe Jaroussky en Bellas Artes de México

Foto: INBA

Iván Martínez – Confabulario- El Universal

Con un extenso programa de mélodie y chanson francaise sobre poemas de Paul Verlaine (1844-1896), que es también el repertorio de uno de sus dos discos presentados el año pasado, Green (Erato), el contratenor francés Philippe Jaroussky (1978) regresó a México el pasado domingo 15 para ofrecer un recital en el Palacio de Bellas Artes acompañado del pianista Jérôme Ducros. Jaroussky, quien a la reciente muerte de Brian Asawa se ha quedado solo en la lista de contratenores que buscan repertorio más allá del barroco, había estado ya en México en el otoño de 2010, cuando en el Festival Cervantino vino como parte de la troupe de Christina Pluhar y L’Arpeggiata; en ese entonces, también con un repertorio poco común, latinoamericano. Como entonces, y aún cuando muchos hubieran querido escuchar el virtuosismo con que puede acercarse a Haendel o Vivaldi, la principal aportación es ésa: la posibilidad de escuchar un repertorio al que, si en general los cantantes del mainstream se acercan poco, un contratenor, con las posibilidades tímbricas y artísticas de éste, menos. Todavía más, agregaría yo, con la posibilidad de un ejercicio sonoro y poético que suele atraerme por indescriptible: como quienes asistimos a Bellas Artes, intente el lector acudir a un poema y luego a las diferentes interpretaciones que uno o varios compositores han hecho de éste. Las posibilidades son infinitas. Aquí, se escucharon por ejemplo, las que Gabriel Fauré –con sensualidad y sofisticación–, Jòzef Szulc –con una ternura casi naive– o Claude Debussy –de modernidad todavía inmadura– hicieron de Clair de lune (“Vuestra alma es un exquisito paisaje”); o las que Ernest Chausson –con obscura inquietud– y Lèo Ferré –con ritmo incesante y luminosidad– imaginaron de Ècoutez la chanson bien duce (“¡Nada es mejor para el alma / que hacer un alma menos triste”); y la manera, tan distante y dispar en la que pudieron ponerle música Poldowski o Debussy al mismo Mandoline (“Y la mandolina ríe / en la brisa estremecida”); por mencionar tres de los incisos más bellos –y ricos– del recital. Las comparaciones suelen ser odiosas, pero a veces inevitables. Apenas quince días atrás, en el mismo recinto, la mezzosoprano Joyce DiDonato había ofrecido su propio recital con el pianista Craig Terry. Aunque se trate de voces de diferente naturaleza y hubieran ofrecido repertorios no menos dispares. Podría yo decir que la voz de éste corrió mejor por el teatro, a pesar de ser más pequeña, que estilísticamente fue más correcto, pero quisiera ahondar en la suerte de escuchar a un pianista, que como acompañantes suelen pasar desapercibidos, que quizá sea el artista más completo que se haya escuchado recientemente en este recinto. Ducros no acudió sólo como un acompañante de canciones, es un especialista del repertorio francés y no basta hablar de la expresión, madura y extensa, con que acudió a sus incisos solistas (el Preludio y “Claro de luna”, de la suite Bergamasque, de Debussy, el “Idilio” de las Pièces pittoresques, de Emmanuel Chabrier, así como L’isle joyeuse, de Debussy): cubrió con manto terso la voz de su cantante; no para arroparlo, sino para llevarlo consigo. Lo guió. Y como instrumentista encargado de su propia partichela, ofreció una acuarela completa de colores y sutilezas que no deben quedar en el elogio a su destreza técnica, sino en la poesía con que, sin palabras, leyó cada uno de los poemas de Verlaine. Pocas veces se escucha un pianista que como artista, luzca más que su cantante. La otra comparación, la vocal, sólo recae en el mismo Jaroussky. Ésta es aún más inevitable, pues años atrás el contratenor había presentado otro disco de repertorio francés: Opium (Erato, 2009), del que se ofreció aquí L’heure exquise, de Reynaldo Hahn como encore. En mi opinión es más arriesgado, de más colores, en tanto la selección de canciones, y de una expresión jugada menos a la segura, como ocurre con este programa, tanto en el disco como en vivo. El resultado de Opium es incluso más elegante, por menos tímido; y por el lujo que aportan sus invitados (Emanuel Pahud, Renaud y Gautier Capuçon) con cada respiración, cada fraseo, cada intención sutil. Técnicamente, Jarousskyu expresó en entrevistas otra preocupación que se filtró musicalmente a la sala: el cuerpo de su voz ante un escenario tan grande como el del Palacio de Bellas Artes. Era suficiente, para este teatro y para este repertorio, tal como se sintió en el primer ciclo de canciones de la segunda mitad del recital, en el que la voz fue más pura y cristalina, precisamente lo que le caracteriza; mientras que en el resto del programa, quizá hasta los encores, se sintió empujada, preocupada por llenar el espacio y no porque, en la inocencia de su timbre o en el pudor de sus bellísimos pianisimi, ésta corriera sola a cada rincón. Pudo arriesgar más musicalmente sin arriesgar la belleza de su timbre: eso se le hubiera aplaudido más.

Renée Fleming: la gran soprano americana en Bellas Artes de México

Foto: INBA

Iván Martínez / Confabulario– El Universal 

No me pareció raro que, la noche del pasado martes 21 de junio, en su segunda aparición en el Teatro del Palacio de Bellas Artes, la soprano estadounidense Renée Fleming (Pensilvania, 1959) aludiera a Beverly Sills como su principal mentora. La Fleming ha sido, en la mejor tradición de Sills, La gran soprano americana. La más grande y completa de ellas. También la más elegante. Incluso en este momento, más brillante aún que otros artistas a quienes se ha escuchado en este recinto recientemente, en el que el recital forma parte de su temporada de despedida a un retiro parcial de la ópera, pero que ha incluido ya su debut como actriz en teatro, terrenos idóneos para una artista tan expresiva como ella. La soprano acudió acompañada por el pianista Gerald Martin Moore, preparada para un recital de lo más variopinto en estilos, y con cualidades naturales que ya son diferentes a las de sus mejores épocas, pero con una técnica vocal que le sigue permitiendo (incluso con mayor volumen y presencia sonora que en la ocasión anterior: 27 de marzo de 2008, al frente de la orquesta de este Teatro), la misma elocuencia musical, con el mismo nivel artístico que le ha caracterizado siempre. La misma expresividad. El menor gesto de delicadeza posible junto al más portentoso detalle de dramatismo o fortaleza. La música al frente, aun cuando algunas capacidades técnicas vayan menguando (un poco de extensión en las notas largas agudas, algún ataque con menor precisión, algún legato) y manteniendo otras características artísticas que siguen siendo una especie de sello distintivo de su canto (el timbre luminoso, la riqueza de su registro grave, su gentil y tan característico vibrato, la fluidez de sus cambios de registro, la consistencia de su centro). Separado en pequeñas secciones que este reseñista hubiera deseado sin aplausos intermedios, el programa comenzó con una triada de arias de Mozart (“Porgi, amor” de Las Bodas de Fígaro) y Haendel (“Bel piacere” de Agrippina y “V’adoro pupille” de Giulio Cesare in Egitto), cantadas intuitivamente, lejos ya de la ortodoxia estilística. A las que siguieron dos de Massenet (“C’est Thais, I’idole fragile” de Thais y “Allons!… Adieu nostre petite table” de Manon) también de mucho instinto expresivo, pero un estilo más claro; mucho más prendido también a su temperamento y vitalidad y con mayor posibilidad también de exposición de su amplia paleta de colores e inflexiones. Con delicada nostalgia, terminó la primera parte con dos pequeñas canciones francesas, elegantemente laSoirée en Mer de Saint-Saëns y con un dejo lúdico más cercano a Poulenc en la “Je t’aime quaand mème”, de la opereta Tres valses de (Oscar) Strauss. Tras el intermedio, una selección de canciones de Rachmaninov (“O dolgo budu ya” y “Ne poi, krasavitsa, primne”, nos. 3 y 4 del op. 4, “Rechnaya liliya”, primera del op. 8, “Sumerki”, tercera del op. 21 y “Vesenniye vodi”, no. 11 del op. 14) hubiesen sido la mejor oportunidad de lucimiento y equilibrio musical entre la soprano y su pianista, cuya presencia quedó reducida a simple y mediano acompañamiento. Ella, por su parte, a excepción de la rara inclusión en esta combinación de la primera del op. 8, mostró la fortaleza poética de un canto amplio, puro; y la de su versatilidad para adaptar su timbre al idóneo para este repertorio y la agudeza para comunicar cada una de ellas. No creo ser el único en opinar que la selección de mayor dramatismo y de reflejo de sus capacidades de expresión, vinieron en la sección dedicada al repertorio italiano, con amplios detalles de dinámica y un control soberbio de los gestos armónicos, sobre todo en el aria “L’altra notte in fondo al mare”, de la ópera Mefistofeles de Arrigo Boito: portentosa música únicamente escuchada así en artistas del calibre vehemente de Renée Fleming. Antes, había ofrecido O del mio amato ben, de Stefano Donaudy y Aprile de Paolo Tosti, ambas igual revaloradas como verdaderas piezas de arte y no como simples canciones en estilo antiguo. El recital oficial concluyó con tres canciones más ligeras, la dulce Mattinata de Leoncavallo y dos piezas en español, la Estrellita de Ponce, cantada con un romanticismo muy delicado, un fraseo muy entendible pero una pronunciación no tanto, igual que el pasodoble que le siguió, La morena de mi copla de Castellano Gómez y Alfonso de Villegas, de interpretación picaresca. Luego, la selección de encores recordó el primer concierto de la gran dama norteamericana de la ópera en este recinto: también con gracia, regaló primero dos clásicos del repertorio norteamericano; como en aquella ocasión, “Summertime”, de la ópera Porgy and Bess de Gershwin y “I could have dance all night”, del musical My fair lady de Loewe. En esa noche, el caballito de batalla esperado, el aria “Pisen Rusalky o mesiku” de la ópera Rusalka de Dvórak, estuvo incluida en el programa; ahora fue ofrecida con entrega al final de la velada. Sigue siendo la mejor voz para abordarla.

Tuesday, June 28, 2016

Recital de Joyce DiDonato en Bellas Artes de México

Fotos: López Palomino / INBA

José Noé Mercado

La reconocida mezzosoprano estadounidense Joyce DiDonato, luego de dos años, volvió a nuestro país. En específico, regresó al Teatro del Palacio de Bellas Artes para ofrecer un recital acompañada al piano, en esta ocasión por Craig Terry. La cantante hizo una especie de tour musical por diversos países del mundo. Comenzó por España, con la romanza “De España vengo” de El niño judío de Pablo Luna, que exigió la colaboración del público entusiasta para entender del todo una dicción en español poco lograda, a cambio de un primer deleite en el terreno vocal. En el apartado Oriente, DiDonato abordó el ciclo Shéhérezade de tres piezas de Maurice Ravel. En este punto, la mezzosoprano mostró delicadeza y finura interpretativa, si bien el fraseo lírico acusó cierto vibrato pronunciado, ligeramente suelto, quizás como producto de una vocalidad dispuesta más para el repertorio de coloratura en el que ha ganado fama. Como si la suspensión, los amortiguadores y el punto gravitacional de donde surge y resuena la voz, tuviera una rigidez o juego distinto en el lirismo respecto del ornamento. Así pudo constatarse y contrastarse, además, en su traslado sonoro a Babilonia para interpretar el aria de la ópera Semiramide de Gioachino Rossini “Bel raggio lusingher”, con la que cerró l primera parte del recital. Después del intermedio, la mezzosoprano abordó “Las majas dolorosas 1, 2 y 3” de Tonadillas escritas en estilo antiguo de Enrique Granados, lo que la hizo regresar a España, dondese mantuvo también para la gustada aria “Lascia ch’io pianga” de la ópera Rinaldo de Georg Friedrich Händel. El refinamiento, la dulzura, el control de la respiración dispuesta para crear una atmósfera intimista y de frágil belleza de DiDonato, tuvo en esta pieza su más acabada expresión.

Vinieron después, de Italia, tres de las llamada Arias antiguas: “Caro mio ben” de Giuseppe Giordani, “Se tu m’ami” de Giovanni B. Pergolesi y “Star vicino” de autoría anónima. La particularidad de las interpretaciones manieristas de Joyce DiDonato nació de que contaron con el arreglo del propio pianista Craig Terry, quien las impregnó de un acento y estilo jazzístico que a unos puede gustar de la misma manera que a otros irritar. El cierre del programa llegó con “Tanti affeti” de La dama del lago de Rossini. Joyce DiDonato se comunica con el público, interactúa, bromea cálidamente y consigue un sello muy personal que, sin embargo, al ya haber presenciado otros recitales de la cantante, en el melómano puede quedar la impresión de que en realidad se trata de un mecanismo, que bebe más de lo calculado que de la inspiración. Ello, el entendimiento del show,  puede, asimismo, desvelar cierta frialdad al termino de la presentación, que musicalmente concluyó con tres encores dos de ellos algo edulcorados: “I love a piano” de Irving Berlin, “Over the rainbow” —pieza en la que hasta más de un funcionario cultural presente en la sala ondeo los brazos en alto como si realizara la coreografía de “We are the world” con Stevie Wonder— de Harold Arlen y, ésa sí preciosista, “Morgen” de Richard Strauss.

Eduardo Müller (Trieste, June 16, 1938 – Milan, June 24, 2016)

EDOARDO MÜLLER
Trieste, June 16, 1938 – Milan, June 24, 2016

Edoardo Müller, one of the most respected and admired Italian opera conductors of our time, died today in Milan at the age of 78. An “old school” conductor in the best sense of that phrase, Müller was also a conductor to whom two generations of major operatic artists of our time. A true scholar of singing, he understood vocal technique and style in extraordinary depth.  In rehearsing an opera, it helped enormously that he was able to demonstrate exactly what he wanted by singing himself. On at least one occasion -- at a San Diego Opera dress rehearsal he sang through an entire leading role (in this case, Alfredo inLa traviata during a dress rehearsal) with exquisite elegance while conducting at the same time. It was the bel canto repertoire – Rossini, Bellini, and Donizetti – that brought Müller particular renown. For decades he was at the helm for  performances of these works in major opera houses, imparting stylistic refinements to singers who profited immeasurably from their work with him. His immersion in bel canto opera continued to the end of his career. In 2009, for example, the Virgin Classics label released “Colbran the Muse,” an all-Rossini program by Joyce DiDonato concentrating on roles written for the composer’s first wife, Isabella Colbran. It was singularly appropriate that DiDonato, one of today’s most prominent bel canto singers, turned to Müller to conduct. Leading Rome’s Accademia Nazionale di Santa Cecilia orchestra and chorus, Müller made a superb contribution to one of the most acclaimed Rossini discs of recent years. Müller began his career as a pianist, but eventually turned to the operatic repertoire.  He developed his musical standards as the assistant of many of the greatest conductors of the mid-20th century, among them Karl Böhm, Carlos Kleiber, and Müller’s compatriots Tullio Serafin, Vittorio Gui, Antonino Votto, Claudio Abbado, and Francesco Molinari-Pradelli. It was a rarely heard bel canto opera,  Rossini’s Mosè, that brought Müller his conducting debut – substituting for George Prêtre -- at the opening of Florence’s 1973 Maggio Musicale. His career took him thereafter to many of the world’s major opera houses, from Milan’s La Scala and the other leading Italian theaters to Buenos Aires, Santiago, Montreal, Mexico and Tokyo. Müller also was for many years a favorite conductor on the podiums of American opera companies. He debuted at the Metropolitan Opera in 1984 with Il barbiere di Siviglia, and continued with Lucia di Lammermoor, La fille du régiment, Roméo et Juliette, and I Puritani. His final Met performance was Lucia on January 5, 2006.  He also appeared with great success at Seattle Opera, Lyric Opera of Chicago, and the major houses of Philadelphia, Detroit, Washington, Dallas, and Houston. Müller was especially acclaimed at San Diego Opera, where he conducted extensively over a period of 31 years. He held the post of principal guest conductor from 2005 to 2011.  Of the more than 40 works led by Müller at SDO, 16 were by Giuseppe Verdi, beginning with a rarity, Giovanna d’Arco (West Coast premiere), which introduced Müller to the company in 1980. That work was part of SDO’s Verdi Festival, as was another unfamiliar work, Il corsaro, which Müller conducted two years later. His other successes in San Diego included works of Mozart, Rossini, Donizetti, Bizet, Mascagni, Leoncavallo, and Puccini. His final SDO performance was Carmen on May 22, 2011. His brilliance at the keyboard brought Müller many engagements as collaborating pianist for recitals by many of the world’s most distinguished singers, among them Montserrat Caballé, Leyla Gencer, Elena Obaztsova, Carlo Bergonzi, José Carreras, Renato Bruson, and above all Renata Tebaldi. Müller recorded for four commercial labels -- Philips, BMG, Bongiovanni, and Orfeo. In addition, privately released recordings document a great many of Müller’s performances. Hugely influential as a coach for young singers, Müller was exceptional as a leader of master classes and as an adjudicator for competitions. He inspired great love among opera professionals as well as audiences, who cherished his effervescent spirit, his joie de vivre, and above all, his passion for the art form he served with such dedication. The conductor is survived by his wife Giovanna, his children Michele and Laura, and four grandchildren.

Sunday, June 26, 2016

Recital de la soprano Renée Fleming en el Palacio de Bellas Artes de México

Foto: INBA

El recinto lleno y el público frente a la pantalla gigante reconocieron con prolongados aplausos a la cantante norteamericana.  Interpretó arias de óperas famosas, así como canciones de diversos autores, entre ellos Manuel M. Ponce

La soprano estadunidense Renée Fleming desbordó talento y belleza en una gala que se llevó a cabo la noche del martes 21 de junio en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, donde el público prácticamente se rindió a su encanto, virtuosismo y dominio de la técnica vocal. En un recinto lleno, la cantante que ya ha escrito su nombre en la historia de la música universal ofreció una velada en la que lo mismo interpretó arias de ópera que canciones de destacados autores, incluido el tema Estrellita del mexicano Manuel M. Ponce y el pasodoble La morena de mi copla de Carlos Castellano. Acompañada por el pianista Gerald Martin Moore, la intérprete –ganadora en cuatro ocasiones del premio Grammy– inició su presentación con Porgi, amor de Las bodas de Fígaro de Wolfgang Amadeus Mozart y Bel piacere de Agrippina y V’adoro, pupille deJulio César en Egipto, ambas de Georg Friedrich Händel. Vestida de mar y sol (un vestido largo color azul rey que contrastaba con su rubia cabellera), Fleming conversó con el público y dijo estar encantada de regresar a México y a “este magnífico Palacio de Bellas Artes”. Prosiguió con arias de óperas de Jules Massenet: C’est Thaïs, l’idole fragile de Thaïs y Allons… Adieu, notre petite table de Manon,para terminar la primera parte de la gala con Soirée en mer de Camille Saint-Saëns y Je t’aime quand même de Los tres valses de Oscar Straus. La primera cantante de ópera que interpretó el himno de Estados Unidos en un Super Bowl, expresó que las arias ofrecidas, en su mayoría, corresponden a sus personajes femeninos favoritos del repertorio operístico internacional, del cual ha participado en cerca de 50 títulos. Luego del intermedio y con un nuevo vestuario, esta vez un brillante vestido largo color marrón y capa, demostró en la segunda parte de la gala su amplia gama de tonalidades, emociones y temperamentos con canciones que han implicado un reto para su voz y su trayectoria, pero refrendado su estatus como una de las mejores sopranos de la actualidad. Dedicó amplio espacio a temas de Serguei Rajmaninov en los que se pudo apreciar también el virtuosismo de su acompañante. 
La soprano, quien se ha presentado en los más diversos foros –desde ceremonias del Nobel hasta Juegos Olímpicos, y ante reyes y presidentes– demostró su amplio registro vocal con canciones de Stefano Donaudy (O del mio amato ben), Francesco Paolo Tosti (Aprile), Arrigo Boito (L’altra notte in fondo al mare) y Ruggero Leoncavallo (Mattinata). Cerca del final, tomó un rebozo color naranja para interpretar la clásica composición de Ponce, Estrellita, que conmovió al público, y, con abanico en mano, ofreció La morena de mi copla de castellano. La artista recibió prolongados aplausos que la hicieron volver, junto con el pianista, hasta en tres ocasiones al escenario, para complacer al público que pedía más y más canciones. El concierto fue apreciado también por varios cientos de personas que se instalaron frente a la pantalla gigante colocada a un costado del Palacio de Bellas Artes.


Debut de la Sinfónica Simón Bolívar en el Auditorio Nacional de México

Foto: Auditorio Nacional

Bajo la batuta de Diego Matheuz, la noche de ayer la Sinfónica Simón Bolívar se presentó por primera vez en el Auditorio Nacional.  El programa que interpretó esta orquesta, integrada por 120 músicos, fue Suite Margariteña de Carreño; la Sinfonía núm. 2 Sinfonía india de Chávez, y la Sinfonía núm. 1 en Re mayor Titán de Mahler. Este ensamble es la orquesta pionera del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Infantiles de Venezuela, cuya tarea es el rescate pedagógico, ocupacional y ético de la infancia y la juventud venezolana, mediante la instrucción y la práctica colectiva de la música. Como gran cierre de este concierto en el foro de espectáculos más importante de América Latina, la Sinfónica Simón Bolívar, fundada en 1978 por José Antonio Abreu, tocó las piezas Huapango, del mexicano José Pablo Moncayo y Alma llanera del venezolano Pedro Elías Gutiérrez.

Concierto de Anna Netrebko en Los Ángeles

Fotos: The Broad Stage

Ramón Jacques

El inesperado regreso de Anna Netrebko a Los Ángeles, después de que sus últimas presentaciones en esta ciudad se dieran hace diez años en Manon de Massenet al lado de Rolando Villazón, se debió a una casualidad, la cancelación del recital que Jonas Kaufmann tenía previsto dar en este escenario (The Broad Stage) para cerrar el ciclo de ‘recitales con estrellas de la lirica mundial’ que se realiza desde hace varias temporadas en esta sala de conciertos de Santa Mónica, California. Quedará como dato anecdótico y para una futura ocasión el debut local del tenor alemán aunque francamente, a nadie pareció importarle ante la expectativa que generó la presencia de Anna Netrebko, quien personifica el glamour operístico moderno con sus constantes cambios de vestidos de diseñador y joyas y pose de diva. Vocalmente se escuchó a una artista cuyo instrumento vocal ha adquirido mayor peso y volumen,  que se ha robustecido, pero sin perder homogeneidad y atractivo en el color. Así fue como brindó interpretaciones que agradaron de “Io Son “L'umille Ancella” de Adriana Lecouvreur: de “Un bel di vedremo” de Madama Butterfly;  o de ‘Stridono lassù’ de I Pagliacci, como también la movida y vivaz ‘Heia, heia!  In den Bergen ist mein Heimatland’ de la opereta “La princesa de las csárdás” de Emmerich Kálmán con la que se atrevió a mostrar sus dotes de bailarina. Cada una de sus intervenciones fue muy celebrada por un público que se caracteriza por no ser muy exigente, que va a gozar y a celebrar todo, incluso por momentos con desbordado entusiasmo. Muy sentido y conmovedor se escuchó su canto en la Canción de la luna de Rusalka, que en conciertos, ha sido uno de sus caballos de batalla. En esta velada estuvo acompañada por su actual pareja, el tenor Yusif Eyvazov quien a pesar de poseer un timbre metálico poco grato, no defraudó por la pasión, el empuje y la entrega que imprime  a su desempeño artístico, algo que indudablemente desearía verse más en los escenarios operísticos que en las galas y conciertos. Yusif, por su cuenta cantó arias como: "È la solita storia del pastore" de L’Arlesiana, Pourquoi me reveiller de Werther, E Luceven le stelle de Tosca, o Vesti la giubba de Pagliacci, con aprobación del público. No faltaron algunas canciones napolitanas, que pienso banalizaron un poco el espectáculo por las innecesarias y cargadas bromas  de los artistas e intercambios con el público, pero en Hollywood, capital del show business todo parece estar permitido y más a una artista del calibre de Netrekbo. El programa se completó con dos duetos O soave fanciulla de La Boheme y un emotivo Vicino a te de Andrea Chénier, y ante los aplausos se regalaron algunos bises como Nessun Dorma y O mio babbino caro. Muy bueno fue el acompañamiento de la orquesta, que agrupa a destacados músicos de la ciudad, bajo la conducción del maestro italiano Marco Boemi, quien conoce diversos estilos, y que dirige con seguridad, control y cadencia. En solitario, la orquesta destacó por Danse des Heures de La Gioconda, el Intermezzo de Manon Lescaut y el de L’Amico Fritz  y la obertura de Die Fledermaus.