sábado, 18 de diciembre de 2010

"Senza respiro" musica e imagenes de las peliculas de Hitchcock en el Teatro Salieri de Legnano, Verona - Italia

Foto: Teatro Verdi di Legnano
Massimo Crispi
Legnago (Verona), Teatro Salieri. "Senza respiro. Musica per immagini - La musica dei film di Hitchcock" Ese fue el título del espectáculo que Stefano Masi ofreció el pasado sábado 4 diciembre el Teatro Salieri de Legnago. Este espectáculo formó parte de un ciclo dedicado al cine dentro de la interesante y variada temporada de música del Salieri, y sigue siendo un espectáculo longevo. Estrenado en 2006 en Milán, su éxito se debe sin dudas a su original concepción y desarrollo, sin dejar de ser extremamente comunicativo. Sobre todo, gracias a la elección y a la sucesión de las imágenes seleccionadas y reconstruidas ad hoc por el autor y regista Stefano Masi, cuyo espectáculo ofrece una ancha galería de los tics, las situaciones, los sujetos y temas que Hitchcock desarrolló en su producción cinematográfica. Así Masi puso en evidencia un inusual paralelo entre artes como la arquitectura, pintura y escultura del pasado y del presente con obras del regista inglés: Alfred Hitchcock, que por si no lo sabe casi nadie, también era un experto historiador de arte. Estos temas no son separados, y viven como si tuvieran vida propia: y son como partes de un inmenso mosaico poético que cada vez se componen de nuevo, siempre distinto y siempre igual, en la obra cinematográfica del director. Esa lectura de Masi evidenció como Hitchcock inventó un nuevo lenguaje cinematográfico pasando también por una interpretación del exterminado archivo iconográfico de la historia del arte. Todo ello sucede mientras una grande y verdadera orquesta sinfónica ofreció las emociones de las bandas sonoras de sus películas, sobre todo las de Bernard Hermann y Miklos Rosza. Así los soberbios perfiles de Kim Novak, Ingrid Bergman, Joan Fontaine, Eve Marie Saint, Grace Kelly, Vera Miles y de otros infinitos iconos femeninos que aparecen en sus películas, se desarrollan a lado de las fuentes originales que seguramente inspiraron el director, que en ellos vio sus modernas mujeres: aquí estuvieron los retratos femeninos de Pollaiolo, Rossetti, Knopff, Monet y las pesadillas de Salvador Dalí y René Magritte mientras Gregory Peck cayó en su pesadilla personal y Cary Grant huyó al desierto perseguido por un avión desconocido, y Tippi Hedren hizo lo propio por espantosos cuervos negros... Se vieron en la pantalla, las imágenes de tantas de sus películas, más o menos conocidas, aun algunas del periodo del cine mudo, que ya contienen el material temático que en sus thrillers sonoros posteriores encontraron su adecuado desarrollo. La Orchestra della Fondazione Verdi di Milano, con el director Antonio Ballista (que no estuvo siempre al nivel adecuado de la situación, sobre todo en los des coordinados y desafinados maullidos de los violines de "Psycho", faltando también una exactitud rítmica), ofreció una lectura un poco de rutina, de vez en cuando bajo el tiempo real, de las preciadas suites sinfónicas de las bandas sonoras de "Psycho", "Vertigo", "North by Northwest", "Marnie", "Spellbound". Delicioso cameo fue la célebre "Marcha fúnebre por una marioneta" de Charles Gounod, que fue utilizada como banda sonora de los cortometrajes para la televisión "Alfred Hitchcock presenta", y que, en la realización del video de Masi se convirtió en un divertido homenaje-retrato-collage de todas las apariciones de director inglés en sus mismas películas. En ese caso la orquesta ofreció una buena ejecución, evidenciando el carácter humorístico-grotesco de la obra y del humor inglés del Hitchcock. Las animaciones, muy divertidas también, las realizó Cartobaleno y el montaje fue de Luca De Sensi. El éxito estuvo de todas formas, asegurado, porque hoy no es tan frecuente ver imágenes tan lindas, con actores tan buenos y capaces, y tan magistralmente dirigidos, en una gran pantalla y con música en vivo con gran orquesta. La secuencia final de besos mientras se escuchaba "Spellbound", donde afortunadamente la orquesta estuvo más cómoda, fue tan entusiasmante que el público aplaudió sonoramente y no quiso levantarse e irse, porque estaba contento del evento, como sorprendido de un espectáculo tan fino, articulado, y convencedor. Sin embargo la Orchestra della Fondazione Verdi di Milano desdeñó hacer aun un bis, dejando cierta amargura entre el público. Pecado de soberbia, porque un éxito como este en un teatro provincial "totalmente vendido", sobre todo en estos periodos donde la música y la cultura son como fantasmas que desaparecen, es algo que hay que cultivar, cuidar, privilegiar para preparar un mejor porvenir. Para ello, es necesaria una visión, y esa parece ser hoy el verdadero fantasma, a todos los niveles.

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