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Sunday, April 14, 2024

Música barroca francesa en Houston

Fotos: Pin Lim

Ramón Jacques

Como parte de su vigésima temporada Ars Lyrica, la agrupación especializada en repertorio e instrumentos antiguos de Houston ofreció un estupendo y placentero concierto titulado “Visions and Reveries” (Sueños e Ilusiones) en el que se adentró en el repertorio de compositores franceses de principios del siglo XVIII. El programa se compuso de evocadoras obras, pertenecientes a tres reconocidos compositores pertenecientes ancien régime – como se le conocía el sistema político y social en el periodo previo a la Revolución Francesa- quienes encauzados por los mitos e ilusiones se inspiraban para composiciones de música de cámara y vocal.  Con un ensamble de siete músicos, incluido el maestro Matthew Dirst, director artístico, y clavecinista de la agrupación, dio inicio el concierto con la suntuosa Sonade de L’Imperiale, la troisième ordre o tercer grupo de piezas pertenecientes a Les Nations (1726) de François Couperin (1668-1733) una sonata ligera y apasionante que mezcla estilos predominantes de la música de cámara francesa e italiana, que la hace sutil, dinámica y rica, destacando la brillantez de las cuerdas y del bajo continúo encabezado por Dirst. Del mismo compositor, se escucharon también los movimientos de baile, más apegados a la tradición francesa, que contienen la alegre Bourrée, la tierna Sarabande, y la Chaconne, como punto más alto de esta suite, por su melodioso patrón armónico.  El programa incluyó la Troisième cantate avec symphonie: Le Sommeil d’Ulysse, una cantata secular para soprano, flauta y cuerdas basada en la Odisea de Homero, de la compositora Élisabeth Jacquet de La Guerre (1665-1729) quien se distingue por un amplio catálogo de composiciones, especialmente para clavecín, y esta cantata forma parte de sus Cantates françoises, livre II (1711).  La solista invitada fue la soprano texana Lauren Snouffer, quien exhibió nitidez y agilidad en su canto, claridad en su expresión y buena dicción en los pasajes y recitativos más dinámicos como: Apres mile travaux, o la expresiva y triste aria Sur une mer oragause et profonde con el resplandeciente y radiante acompañamiento de la flauta traversa de Colin St. Martin y de los violines. De Jean-Phillipe Rameau (1683-1764), considerado el compositor francés más notable después de Jean Baptiste Lully (1632-1687) considerado como el creador del estilo francés de música barroca, se escuchó su Cinquième Concert, con sus tres movimientos La Fourqueray, La Cupis y La Marais que pertenecen a su composición titulada Les Pièces de clavecin en concerts, de 1741, que en su momento fue un estilo novedoso, colorido y  popular de música de cámara para clavecín obbligato, con acompañamiento opcional de otros instrumentos. Aquí, el maestro Dirst mostró maestría y destreza en el teclado –una copia del instrumento de Nicolas Dument (Paris, 1704)-  especialmente en la ornamentación del III Rondement, La Marais, que como su nombre lo indica fue compuesto en honor al violista Marin Marais (1656-1728).  Del propio Rameau se pudo disfrutar la cantata para soprano 'Le Berger fidéle' inspirada en la obra del poeta italiano del siglo XVI Giovanni Battista Guarini, cuyo título en italiano es: Il Pastor fido, que es también el de una ópera de Handel, basado en el mismo poema.  Con un conjunto instrumental reducido – violines, bajo continuo, y la buena interpretación de los recitativos y de las arias de carácter melancólico por parte de Lauren Snouffer, cuya voz lució con afinidad y apego al estilo, concluyo el concierto de apenas una hora y cuarto, y que gracias a la cuidada, minuciosa y muy atinada selección de piezas realizada por Matthew Dirst agradó al público que se hizo presente en la sala Zinka Hall del Hobby Center for the Arts. Este espacio de dimensiones inmejorables para escuchar este repertorio, tendrá a finales del mes de mayo, y como cierre de la temporada de Ars Lyrica, la ópera Amadigi di Gaula de Handel (HWV 11) , en versión escénica.



Thursday, February 8, 2024

Ein deutsches Requiem en Houston

Foto: Melissa Taylor

Ramón Jacques

El Réquiem Alemán (o Ein deutsches Requiem, nach Worten der heiligen Schrift, Op 45 titulo original de la obra) compuesta por Johannes Brahms (1897-1897) entre 1865 y 1868, tuvo su estreno absoluto en Leipzig Alemania el 18 de febrero de 1869 en su versión final de siete movientes, que es la que se conoce y se interpreta en la actualidad.  Considerada una obra pilar del repertorio sinfónico, esta obra coral sagrada a gran escala contiene algunas particularidades que la diferencian de otros réquiems tan conocidos como el de: Verdi, Mozart, Faure, y el de Berlioz. Su texto, tomado principalmente de la Biblia luterana, se canta precisamente en lengua alemana, mientras que la mayoría de los otros compuestos suelen utilizar texto en latín, y especialmente, su énfasis está en el bienestar y el consuelo para los vivos, por lo que se considera una obra de carácter humanista, en vez de centrarse en el día del juicio y la salvación.  Esta fue la obra que ejecutó de manera ampliamente satisfactoria la Houston Symphony, como parte de su actual temporada, que incluye diversas obras sinfónico-corales, oratorios y la ópera Salome, en versión de concierto, bajo la mano de su director musical, Juraj Valčuha, quien apenas en la segunda temporada de haber asumido el puesto, recibió hace algunas  semanas una extensión a su contrato, una acertada decisión de la  dirección de la orquesta, que asegura los servicios del joven director eslovaco durante varias temporadas futuras.  A pesar de contar con un destacado currículum, que incluye la dirección musical del Teatro San Carlo de Nápoles en Italia, que explica su afinidad por el repertorio lírico y vocal, y de no tener con un nombre mediático o muy conocido, está logrando plasmar su sello en esta ciudad, atrayendo nuevamente al público que se había alejado de la renovada sala de conciertos Jones Hall, además de que es un placer escuchar a la orquesta cuando él la dirige. El concierto inicio con la ejecución del Réquiem para cuerdas (1957) del compositor japonés Tōru Takemitsu (1930-1996) una breve, pero sentida obra de tintes orientales. A continuación, se escuchó una emocionante y esplendida ejecución de la obra de Brahms.  Bajo la elegancia y los sutiles movimientos en la conducción de Valčuha hizo resaltar el desempeño de una orquesta, nunca estática, con sensibilidad y energía, particularmente en su sección de metales y percusiones. Por su parte, el coro Houston Symphony Chorus, que dirige Allen Hightower, tuvo su aporte buscando encontrar balance, y más allá de cantar con plenitud, precisión y vigor, paso de lo tierno a lo solemne e incluso al impacto visceral cuando fue necesario.  La claridad del coro ayudó a que la rica textura de la música de Bramhs tejiera su hechizo. De los solistas, el barítono Andrew Foster-Williams, cantó su parte con opulencia, pero un discreto desempeño debido a una emisión por momentos profunda, pero cavernosa y poco mesurada en su proyección. En su intervención la soprano texana Lauren Snouffer agradó con su angelical canto y luminoso timbre en “Der Tod ist verschlungen in den Sieg”.  Los próximos conciertos vocales serán Carmina Burana de Carl Orff y la ópera-oratorio El Niño del compositor estadounidense John Adams

Monday, April 17, 2023

Clori, Tirsi e Fileno a Houston

Foto: Lynn Lane

Carlos Rosas-Torres 

George Frideric Handel compose la sua cantata a tre Clori, Tirsi e Fileno (HWV 96) o Cor fedele in vano speri nel 1707 durante il suo soggiorno a Roma, proprio nella terra dove nacquero l'opera e la cantata, due generi rappresentati nel lavoro e che si completano a vicenda. Il libretto pastorale farebbe pensare ad una cantata, ma la sua strumentazione e il canto esplosivo suggeriscono influenze operistiche. Sebbene sia un'opera poco conosciuta e interpretata (ci sono, tuttavia, alcune registrazioni discografiche in commercio) la sua partitura contiene arie che lo stesso Handel incorporò anni dopo in alcune sue opere come Rodrigo, Aci e Galatea, Rinaldo e Agrippina. L'orchestra di musica antica di Houston, Ars Lyrica, sotto la direzione del suo direttore Matthew Dirst, ha regalato questo piccolo gioiello musicale, anche se purtroppo solo in una occasione e in versione da concerto. La semplice storia di questo affascinante lavoro musicale parla dell'astuta pastorella Clori, che ama due giovani pastorelli - Tirso e Fileno - ma finisce per perdere entrambi i corteggiatori quando scoprono la sua instabilità e infedeltà. La particolarità dell'opera è che presenta tre personaggi en travesti, qui interpretati da un soprano, un contralto e un controtenore, e anche se sembrerebbe un'opera comica non lo è, anzi è un'opera musicalmente ricca e ampia nella sua arie e passaggi musicali. Alla piacevole serata, un altro successo tra quelle proposte da Ars Lyrica, hanno partecipato tre giovani cantanti americani come il contralto Cecelia Mckinley (Fileno) dalla penetrante vocalità e nitidezza che ha offerto momenti commoventi nell'aria 'Son come que nocchiero' o nel suo vibrante duetto “Scherzando sul tuo volto” accompagnata dal controtenore Key'mon W. Murrah, che si è distinto come Clori, per il suo piacevole colore quasi sopranile, capace di raggiungere acuti brillanti e agilità. Già con una illustre carriera internazionale alle spalle e una notevole esperienza nel repertorio di musica antica, il soprano texano Lauren Snouffer (Tirsi) ha affascinato per  l'autorevolezza, la musicalità e la pirotecnica vocalità mostrate nella sua sorprendente aria “Tra le fere la fera più cruda” o nel duetto finale con McKinley 'Senza occhi e senza accenti', per citare un paio di esempi di quella che è stata una collaborazione straordinaria. Va detto che gli artisti hanno interagito durante i recitativi e le arie, dando fluidità allo spettacolo di appena un'ora e mezza. L'orchestra guidata dal maestro Matthew Dirst al clavicembalo, ha accompagnato i cantanti, eseguendo la ricca partitura con maestria, delicatezza e dinamismo, con una buona sezione degli archi, senza dimenticare gli interventi solistici e gli ornamenti del primo violino Stephen Redfield, gli eleganti accompagnamenti del fagotto e oboe, e la tiorba di Michael Leopold, rinomato interprete americano di musica antica.

 

 

 

Thursday, April 13, 2023

Clori, Tirsi e Fileno en Houston



Foto: Lynn Lane

Carlos Rosas-Torres 

George Frideric Handel compuso su cantata a tre Clori, Tirsi e Fileno (HWV 96) o Cor fedele in vano speri en 1707 durante su estancia en Roma, precisamente en la tierra donde nació la ópera y la cantata, dos géneros representados en la obra en la que se complementan. Su pastoral libreto indica que se trata de una cantata, pero su instrumentación y explosivo canto sugiere influencias de la ópera. Aunque es una obra poco conocida e interpretada (existen, sin embargo, algunas grabaciones discográficas en el mercado) su partitura contiene arias de óperas que el propio Handel incorporó años después a algunas de sus óperas como: Rodrigo, Acis and Galatea, Rinaldo y Agrippina.  La orquesta de música antigua de Houston, Ars Lyrica bajo la conducción de su director Matthew Dirst, regaló esta pequeña joya musical, aunque lamentablemente en una sola ocasión y en versión de concierto. La simple historia de este encantador juego musical versa sobre la astuta pastora Clori, que ama a dos jóvenes pastores – Tirso y Fileno- pero que termina perdiendo a ambos pretendientes cuando ellos descubren su inestabilidad e infidelidad. La peculiaridad de la obra es que cuenta con tres personajes en travesti, aquí interpretados por una soprano una contralto y un contratenor, y aunque parecería tratarse de una obra cómica, no lo es así, si no que se trata de una pieza musicalmente rica y vasta en sus arias y pasajes musicales. La entretenida y velada, una más de la bien cuidada y elegida selección que ofrece Ars Lyrica, contó con la presencia de tres jóvenes cantantes estadounidenses como la contralto Cecelia Mckinley (Fileno) de penetrante vocalidad y nitidez que ofreció momentos conmovedores como su aria ‘Son come que nocchiero’ o en su vibrante dúo “Scherzando sul tuo volto” acompañada del contratenor Key’mon W. Murrah, que destacó como Clori, por su agradable color casi sopranil, capaz de alcanzar  brillantes agudos y agilidad. Ya con una destacada carrera internacional a cuestas y considerable experiencia en el repertorio de música antigua, la soprano texana Lauren Snouffer (Tirsi) cautivó por la autoridad, la musicalidad y la pirotecnia vocal exhibida en su asombrosa aria:  Tra le fere la fera più cruda o en el dúo final con McKinley ‘Senza occhi e senza accenti’, por mencionar un par de ejemplos de lo que fue una notable colaboración. Se debe mencionar que los artistas interactuaron durante los recitativos y arias, dándole fluidez al espectáculo de una escasa hora y media de duración. La orquesta bajo la conducción en el clavecín del maestro Matthew Dirst, acompañó a los artistas, ejecutando la rica partitura con maestría, delicadeza y dinamismo, con una buena sección de cuerdas, sin dejar de mencionar las intervenciones solistas y ornamentos del concertino Stephen Redfield, los elegantes acompañamientos del fagot y el oboe, y de la tiorba de Michael Leopold, reconocido interprete estadounidense de música antigua. 



 

Tuesday, February 1, 2022

Diálogos de Carmelitas de Francis Poulenc en Houston - Houston Grand Opera

Foto: Lynn Lane / HGO

Ramón Jacques

Después de más de treinta años de ausencia Dialogues des Carmélites de Francis Poulenc vuelve al escenario de la Gran ópera de Houston. A pesar de que en Norteamérica sus representaciones son escasas, se trata de una obra maestra del siglo XX que no ha perdido su lugar dentro del repertorio operístico tradicional. Recientemente, el Metropolitan de Nueva York la presentó en el 2019; y a parte de estas funciones en Houston, la ópera de San Francisco (compañía donde fue presentada por primera vez en Estados Unidos, en septiembre de 1957, tan solo tres meses después de su estreno absoluto en lengua francesa en junio de 1957 en Paris) la programó para octubre del 2022, a futuro es incierto que otro teatro podría tenerla en su agenda. La producción de Houston logró cumplir parcialmente con las expectativas que se generan cuando se escenifica una obra de este calibre. El montaje diseñado por Hildegard Bechter, agradó por su sencillez y minimalismo, consistente de tres muros circulares sobre la escena, que giraban con cada cambio de escena y ambiente, y algunos motivos religiosos y mínimos elementos; aunado al brillante manejo de la iluminación, que provenía de ambos extremos, o del fondo del escenario, ideado por del iluminador Mark McCullough, se creó una constante sensación de angustia, inquietud y zozobra.  Bechter se inspiró para sus diseños en de la capilla de Notre Dame de Haut de Ronchamp, Francia, del arquitecto Le Corbusier. De muy buena manufactura y apariencia lucieron los elegantes vestuarios de época de Claudie Gastine. La combinación creó estéticos y sublimes cuadros, que supusieron un problema para la dirección escénica de Francesca Zambello, que fue prácticamente inexistente, ya que el desarrollo de la función se pareció más a la sucesión de hermosos cuadros o pinturas en un museo, que a una obra con continuidad e hilo conductor. La sobreactuación, y cargado dramatismo en la actuación de algunos personajes, fue innecesaria dado el contexto de la historia y por la tensión ya implícita en la orquestación. Su manera de resolver la escena de la guillotina, con las monjas entrando a una capsula dorada, además de romper con la artística visual, fue un recurso discutible y caricaturesco. La exuberante y expresiva música contenida en la partitura habló por sí sola con el profesional desempeño de los músicos de la orquesta, a pesar de la errática y superficial conducción de Patrick Summers, quien pareció no profundizar en la búsqueda de colores y matices, y por los cambios inesperados en la dinámica, que por momentos fue demasiado aprisa y en otros con aletargada y fastidiosa lentitud. Del elenco vocal, se puede destacar la experiencia y solidez vocal de la soprano Patricia Racette en el papel de Madame Croissy, en sustitución de la originalmente anunciada Anna Caterina Antonacci.  Como Blanche, la soprano galesa Natalya Romaniw mostró un timbre robusto, con buena proyección y sensibilidad.  Por su parte Lauren Snouffer, agradó en el papel de Constance por la nitidez y la claridad de su voz, la gama de colores en su timbre, su admirable dicción y el carácter juvenil e ingenuo con el que dotó a su personaje. La mezzosoprano Jennifer Johnson-Cano, cantó con profundidad y calidez como Marie de l’ncarnation. Christine Goerke, desplegó una voz potente y uniforme, y tuvo un convincente desempeño escénico como Madame Lidoine. Correctos estuvieron el resto de cantantes del elenco, y los miembros del coro, con una mención para el veterano barítono Rod Gilfry como el Marquis de la Force, para el tenor Chad Shelton como el Capellán, y para el tenor Eric Taylor que dio vida al personaje del Chevalier de la Force. Debe mencionarse también la conmovedora, melancólica y escalofriante ejecución del ‘Salve Regina’ en el final de la obra, uno de los momentos cumbres de la ópera y quizás del repertorio operístico, por lo menos del siglo XX.



Sunday, September 9, 2018

Lulú en el Teatro Municipal de Santiago, Chile


Fotos: Marcela González Guillen.

Joel Poblete

Es curioso como al tiempo que recientes producciones de óperas tan populares en el repertorio como Las bodas de Fígaro, Don Giovanni y Tosca no han conseguido el consenso y entusiasmo del público y la crítica en lo ofrecido últimamente en el Teatro Municipal de Santiago, sean los estrenos en Chile de títulos del siglo pasado, menos "clásicos" y masivos y en buena medida más complejos y demandantes, los que han obtenido resultados más contundentes y memorables. Así ha ocurrido por ejemplo en las temporadas líricas de la última década con partituras como Ariadna en Naxos en 2011, Billy Budd en 2013, The Rake's Progress en 2015 o Auge y caída de la ciudad de Mahagonny en 2016. Y así acaba de pasar con Lulú, de Alban Berg, uno de los trabajos fundamentales en el repertorio operístico del siglo XX, que al fin tuvo su debut en ese país durante los últimos días de agosto, como cuarto título de la temporada lírica 2018 del Municipal. Y no es un mérito menor: por sus demandas musicales y escénicas, a pesar de su importancia, esta pieza no es fácilmente "digerible" para el espectador tradicional -para el cual la experiencia puede no sólo ser ardua y agotadora, sino además casi una tortura- y no se representa tan a menudo como se podría esperar; sin ir más lejos, en Sudamérica sólo se ha ofrecido en Argentina, en el Colón de Buenos Aires (en 1965 y 1993) y hace apenas seis años en Brasil, en el Teatro Amazonas de Manaos. A 18 años del debut en ese mismo escenario de Wozzeck, la otra ópera del compositor austriaco, Lulú llegó al Municipal precedida por muchas expectativas. Y este montaje del Municipal no sólo las superó, sino además a mi juicio en lo musical y escénico y considerando las enormes dificultades de montar un título como este, es una de las producciones de ópera más atractivas y elaboradas que se han ofrecido ahí en mucho tiempo.  Lo escénico corrió por cuenta de la régisseur francesa Mariame Clément, quien desde 2004 ha estado dirigiendo producciones en escenarios tan reconocidos como la Ópera de París, el Festival de Glyndebourne y la Royal Opera House. Debutando en una obra tan difícil y compleja como Lulú, que además de tener distintas capas, matices y detalles para ser interpretada, tiene una considerable extensión, una dramaturgia intermitente y a menudo confusa y diversos cambios de escena, el trabajo de la directora fue muy atractivo, si bien hubo críticos que opinaron que la puesta fue "convencional" y que le faltó "intensidad teatral". 
Los movimientos escénicos fueron fluidos, con buen trabajo actoral de los cantantes, los cambios de escenografía dinámicos, y el concepto mismo resaltó con su tránsito entre la estética de circo, lo sórdido y patético, la comedia de situaciones, la parodia en la fiesta en París donde los invitados parecen simios, la no inclusión de una película en el interludio de la "música de cine" y la idea de reemplazar el retrato de Lulú por la célebre y controvertida pintura de Courbet "El origen del mundo", a modo de símbolo de cómo la protagonista es vista y representada por los hombres que la rodean. Fue muy valioso que una obra como esta, con una protagonista que puede encarnar tantos aspectos del universo femenino que justo en estos tiempos actuales se están revisando, revisitando y reinterpretando, haya tenido un montaje precisamente a cargo de una mujer. En la entrega de Clément, con la complicidad del chileno Ricardo Castro en la iluminación, destacó especialmente el talento de la diseñadora alemana Julia Hansen, quien además de un logrado y variado vestuario desarrolló una escenografía efectiva y que contribuyó a los distintos ambientes, desde los interiores en habitaciones amobladas hasta la desoladora escena final, pasando por una gigantografía de la sala del propio Municipal, casi a modo de "teatro en el teatro" o una suerte de espejo que involucraba al público en lo que estaba aconteciendo en el escenario. Y por supuesto, los elementos circenses y de pantomima, muy bien apoyados por los actores figurantes y comparsas a través de movimientos coreográficos a cargo del director del Ballet Nacional Chileno, BANCH, el francés Mathieu Guilhaumon. Por otro lado, uno de los grandes atractivos que tendría originalmente el estreno local de esta ópera era el regreso al foso orquestal del Municipal del Premio Nacional de Música de Chile 2012 Juan Pablo Izquierdo, quien aunque en los últimos años ha vuelto a dirigir a la orquesta de la que fuera titular en los años 80 y en la que actualmente es director emérito, la Filarmónica de Santiago, no había dirigido una ópera en ese escenario desde 1984. Y considerando la destacada labor que ha cumplido en su carrera difundiendo la música contemporánea, que volviera a dirigir un título lírico ahí y se tratara de la primera Lulú de su ilustre trayectoria, parecía indudablemente prometedor. Pero por problemas de salud el ya octogenario maestro debió abandonar el proyecto luego de un intenso período previo de preparación y ensayos, y por eso no queda más que elogiar el logro del director residente de la Filarmónica, el maestro chileno Pedro-Pablo Prudencio, quien asumió el inmenso desafío de abordar la partitura a menos de tres semanas del estreno. 
Si bien Izquierdo pudo preparar a los músicos en el tiempo previo, no dejó de ser casi titánico el desafío de Prudencio; abordando una partitura de tremenda exigencia, extensa, con contrastes sonoros y abruptos giros armónicos, el director y la Filarmónica obtuvieron uno de sus más completos desempeños del último tiempo. En lo que respecta al elenco, estuvo encabezado por la soprano estadounidense Lauren Snouffer debutando en el rol titular, donde además de su físico atractivo muy adecuado al rol y buenas dotes escénicas lució una voz atractiva y bien dispuesta a las enormes demandas de Lulú, que incluyen repentinos ascensos al agudo, variedad de estilos y la transición entre el canto y el diálogo hablado. Quizás fue más cándida y menos expresiva que lo habitual en este papel, y por supuesto que al ser su debut, aún hay detalles que la cantante deberá ir desarrollando y perfeccionando, pero para ser su primer abordaje en este titulo, su desempeño fue totalmente digno de aplausos.  El resto del reparto internacional estuvo muy bien cubierto por intérpretes como la mezzosoprano Michaela Selinger como la condesa Geschwitz, el tenor alemán Benjamin Bruns como Alwa, la mezzosoprano estadounidense Rebecca Jo Loeb (como la camarinera, el estudiante y un criado), el tenor coreano Robin Yujoong Kim como el pintor y el "negro" de la última escena. Destacaron especialmente el bajo germano Jens Larsen, de imponente presencia y buena expresión vocal, en el muy particular papel del anciano Schigolch, y el bajo-barítono argentino Hernán Iturralde, quien como en anteriores actuaciones en el Municipal, casi siempre en roles en óperas del siglo XX, se confirmó como un excelente cantante y dúctil actor, asumiendo ahora los roles del domador de animales que abre la partitura, y además el atleta.  En cuanto al barítono alemán Stefan Heidemann, aunque le faltó mayor potencia vocal estuvo correcto en lo actoral en dos personajes tan determinantes como el doctor Schön y la breve intervención de Jack el destripador, pero lamentablemente tuvo problemas de salud en dos de las cinco funciones, y si bien por deferencia al público igual actuó en ambas, en la penúltima velada prácticamente se limitó a realizar mímica en escena. Al menos logró recuperarse para la última... En los restantes personajes, muy sólidos estuvieron ocho cantantes chilenos: el bajo-barítono Arturo Espinosa, el tenor Gonzalo Araya, la soprano Carolina Grammelstorff, la mezzosoprano Evelyn Ramírez, el bajo-barítono Francisco Salgado, el bajo Jaime Mondaca, la soprano Cecilia Barrientos y el barítono Javier Weibel.



Saturday, January 6, 2018

The House Without a Christmas Tree en Houston


Fotos: Lynn Lane

Ramón Jacques

The House Without a Christmas Tree (La casa sin árbol de navidad) es el título de la nueva ópera del ciclo de estrenos que la compañía de Houston lleva a cabo desde hace varias temporadas durante el periodo navideño. Esta ópera de cámara en un acto y diez escenas es obra del compositor estadounidense Ricky Ian Gordon, más conocido por obras como: The Grapes of Wrath y A Coffin in Egypt; con libreto de Royce Vavrek. La trama está basada en la novela homónima de Gail Rock, de la cual existe una película filmada para televisión en 1972, en cuya simple y sentimental historia la niña Addie Mills nunca ha tenido un árbol de navidad porque su padre (James Addisson Mills) no puede superar la muerte de su esposa, la madre de la niña, ocurrida durante una navidad. Musicalmente la obra es grata, colorida y melancólica, mezclando ritmos de musicales, con tintes de jazz y música tradicional navideña americana, como los conocidos carols, aquí interpretados por un coro infantil. Realizado en su escenario temporal, el HGO Resilience Theater, el montaje de Allen Moyer, que consistió en una plataforma giratoria en el centro del escenario, mostró diferentes ambientes, como el interior de la casa de Addie, aparadores de una calle en navidad etc. resulto atractiva; y la dirección escénica, a cargo de James Robinson fue directa y puntual.  Un buen elenco fue elegido para la ocasión, como la soprano Lauren Snouffer, que dio vida a Addie Mills, con voz clara y reluciente; el barítono Daniel Belcher como James Adisson Mills, o la legendaria soprano Patricia Schuman como la abuela Mills. Correctos en intervenciones. Sobresalieron por su participación vocal y escénica la mezzosoprano Megan Mikailovna Samarin como Carla Mae, amiga de Addie; y la soprano Heidi Stober en su doble interpretación de Addie adulta y de Helene Mills. La orquesta tuvo en la batuta de Bradley Moore una lectura segura, y orquestalmente libre y dinámica en la que resaltó la sección de cuerdas.  


Saturday, April 15, 2017

Fidelio con la Sinfónica de Houston

Foto: Anthony Rathbun

Lorena J. Rosas

La Sinfónica de Houston (Houston Symphony) ofreció en versión semi-escénica Fidelio de Beethoven, concluyendo así el ciclo completo de obras de este compositor, que fueron ejecutadas a lo largo de dos años, bajo la conducción de su titular Andrés Orozco-Estrada. El maestro colombiano había dirigido apenas unos días antes de estas representaciones, las sinfónicas 6 y 7, y eligió para cerrar el ciclo la única ópera del compositor alemán.  La sala de conciertos Jones Hall carece de toda posibilidad de hacer un montaje escénico, pero la ayuda de algunas modificaciones al escenario, como una pasarela frente al público y a espaldas del director, o tarimas realzadas al fondo del escenario, dejando a la orquesta en una especie de foso de teatro, aunado a  brillantes efectos de iluminación y  un poco de actuación, se creó un ambiente más “operístico y teatral”, por llamarlo así, aunque el resultado de hacer una ópera estrictamente en concierto puede ser igual o más efectiva.  El concierto contó con la presencia del sólido y comprometido Coro de la Sinfónica (o Houston Symphony Chorus) y la dirección actoral le fue encomendada a Tara Faircloth. La actuación y movimientos de los artistas dieron fluidez a la obra e hicieron la velada entretenida, pero la sobreactuación difícilmente transmitió las profundas creencias y valores humanos que contiene la trama como la libertad y la lealtad marital. De igual manera se omitieron los diálogos en alemán, bajo la premisa que “ello dificulta la compresión de la obra para el público” y fueron sustituidos por la lectura de citas de personajes como: Ghandi, Nelson Mandela etc.  De ello se encargó la artista Phylicia Rashad, originaria de esta ciudad, y que es mejor conocida por sus apariciones en televisión y cine. Finalmente, fue la música y el canto lo que habló por sí mismo, ya que vocalmente el elenco se mostró solido y comprometido. El papel de Leonora fue encarnado  por la soprano inglesa Rebecca Von Lipinksi, quien sobresalió con su clara y límpida vocalidad, conmovedora,  de buena proyección y brío, aunque se le vio un poco restringida en su expresividad a causa de las ideas actorales. 
El tenor estadounidense Russell Thomas, hizo gala de una voz plena de uniformidad y dominio de la partitura. Un artista que ha tenido un importante crecimiento y que es muy apreciado en los escenarios norteamericanos, que regaló intensidad y grato color de timbre. Lauren Snouffer como Marzelline y Joshua Dennis como Jaquino, sacaron provecho a sus personajes desde su dueto inicial, y se preocuparon por ofrecer más, que solo cumplir en papeles secundarios. Nathan Stark es un bajo de interesantes cualidades, que tuvo un desempeño correcto en el papel de Rocco. El siniestro Don Pizarro, fue personificado literalmente así por Alfred Walker, un efectivo bajo barítono que dotó de malicia al papel con solidez y profundidad en su voz oscura y potente, y en su actuación. Andrew Foster-Williams cumplió con su breve intervención como Don Fernando.  Reflexionando sobre el desempeño vocal de esta velada, se puede concluir que el éxito vocal de cualquier ópera u obra vocal, no depende solo de contratar nombres o estrellas,  sino de hacer un trabajo serio de casting, para encontrar las voces y artistas adecuadas, donde quiera que estos se encuentren, y en ese sentido la administración artística de la orquesta cumple cabalmente con su tarea. Bajo la batuta de Andrés Orozco-Estrada, la Sinfónica de Houston ofreció un sonido homogéneo, pulido y cargada de la energía y el entusiasmo que le imprime su conductor. Estuvo muy atento al detalle, y al balance, y muy bien la orquesta en sus líneas, aunque los metales se lucieron.