martes, 30 de julio de 2013

Recital del tenor Christoph Prégardien en la Schubertiade, Austria.

Foto: C. Prégardien © Marco Borggreve
 
Suzanne Daumann
 
En el tiempo que Schubert vivió, tanto el cómo sus amigos realizaban encuentros musicales de manera informal que llamaron Schubertiads.  Por ello, el nombre Schubertiade fue la elección obvia para crear un festival dedicado a este compositor. Fundado en 1976 por Hermann Prey, el festival atrajó a los mejores intérpretes de lied y músicos de cámara de ese tiempo. Después de realizarse en diversas localidades, festival cuenta ahora con dos perfectas salas: el Markus-Sittukus-Saal en Hohenems y la Angelika-Kauffmann-Saal en Schwarzenberg. La segunda es un salón renovado y construido de madera cuya ubicación permite un magnifico panorama de montañas y pastizales, en un exuberante valle verde. Su cálida e íntima atmosfera crea una verdadera sensación de Schubertiade, de amigos que se reúnen para celebrar la vida y la música. La sala cuenta con una maravillosa acústica, aire acondicionado, acceso para gente deshabilitada, brillantes y limpios asientos de madera, y está considerado como uno de las mejores salas para recitales. Christoph Prégardien y Michael Gees inauguraron el festival de este año con un recital de baladas de varios poetas y compositores. Los compositores incluyeron al propio Gees, cuya composición de “Zauberlehrling” de Goethe no tiene nada que envidiarle a las de Lachner, Wolf o Loewe.  Comenzaron con “Der Nöck” de Loewe, y después de unas notas tenebrosas, ambos ingresaron a un mundo de magia y cuentos de hadas, de drama y de risa, con el público acompañándolos. La tersa y dulce voz tenoril de  Christoph Prégardien, y la sutil presencia al piano de Michael Gees, dieron vida a cada uno de los personajes de las obras y a su ambiente y atmosfera. Una tormenta de rayos en el exterior, añadió un poco de drama a la velada y mientras los rayos se podían ver desde la sala de conciertos. Para mí el arte de las canciones de lied es el arte de entender e interpretar la poesía. Las baladas fueron una forma original de canciones de baile, antes que el nombre fuera utilizado para poemas de extensa narrativa, particularmente en la literatura alemana del siglo 18 en adelante, por ello es lógico que aquellos poemas hayan sido musicalizados. Cada balada es en sí un drama real que requiere de mucha habilidad para hacer resaltar cada detalle, cada matiz del texto y su tratamiento musical.  Gees y Prégardien poseen esa habilidad y nos transportaron a través de una velada musical tecnicolor. Sentimos escalofríos mientras “Zwerg” de Schubert, asesinaba a su aristocrática amante, y contuvimos la respiración en “Bürgschaft” de Schiller, el héroe que atraviesa diversos obstáculos para mantener su promesa de salvar a su amigo de la cruz.  Suspiramos con el amor imposible de “Meerfrau” de Heine, compuesta por Franz Lachner, y reímos con el aprendiz de brujo y su desobediente escoba – una vez más bravo para Michael Gees! En “Ritter Kurt’s Brautfahrt” de Goethe y de Wolf reímos a carcajadas con la irónica descripción de los problemas de los caballeros con sus amantes, sus luchas y con usureros; y temblamos nuevamente con “Feuerreiter” de Wolf y “Traumbild” de Heine, con música de Franz Lachner.  El público ovacionó a los artistas con fuertes aplausos, por ello se ofreció una propina. Pero ¿A quién que no fuera Prégardien se le ocurriría interpretar  “Erlkönig” como la pieza apropiada para el momento? Al retirarnos de la sala, la tormenta había menguado, media luna brillaba en un mundo mágico y muchas historias y melodías aún permanecían en nuestros pensamientos.  ¡Así es como debe ser una noche de Scubertiade!

 

 

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