miércoles, 3 de febrero de 2016

Concierto de la Sinfónica de San Diego dirigido por Karina Canellakis y con el pianista Marc-André Hamelin

Foto de Karina Canellakis/ Crédito de Masataka Suemitsu

Ramón Jacques

La actividad musical del 2016 inició en San Diego California con la primera edición del festival “Upright and Grand” dedicado al piano y a la interpretación de algunas de las piezas más representativas compuestas para este instrumento. A esta iniciativa, que se espera se pueda realizar cada año, con la participación de diversas entidades culturales y musicales de la ciudad, se unió la Sinfónica de San Diego que compaginó su temporada de conciertos con esta celebración. Un interesante programa fue el que dirigió la joven directora estadounidense Karina Canellakis, actualmente directora asistente de la Sinfónica de Dallas cuyo director titular es el holandés Jaap Van Zweden. Además, este nuevo valor de la dirección orquestal, forma parte de la lista de candidatos para asumir la titularidad de esta agrupación californiana, en el 2017, que requiere una pronta renovación en su dirección y en su repertorio para seguir atrayendo y creando nuevo público. En esta ocasión, se escucharon dos obras poco conocidas, escritas para piano, en sus respectivas transcripciones para orquesta como la breve pero dinámica L’Isle joyeuse de Claude Debussy pieza cargada de diversas tonalidades y animación que cierra con un sonoro y exitoso final.  Mas sentimental e intima fue la ejecución de los Cinq Études-tableaux de Sergei Rachmaninov, en la versión orquestada por Ottorino Respighi, con brillantes solos de violín y el toque dado por las violas solistas a cada uno de los cinco movimientos. Karina Canellakis demostró ser una dinámica, pero meticulosa y precisa conductora, que derrochó elegancia y seguridad, a pesar de su juventud. La orquesta tuvo en términos generales un buen desempeño en cada una de sus secciones, resaltando la homogeneidad de los metales. El plato fuerte del concierto fue la emocionante ejecución de la Rapsodia en Azul de George Gershwin, el seductor clásico estadounidense que la orquesta tocó con naturalidad e intuición generando una tumultuosa ovación al finalizar. El solista invitado fue el pianista quebequense Marc-André Hamelin, quien además de su buen desempeño en la pieza de Gershwin, regaló habilidad y destreza en el Concierto para la mano izquierda en re mayor de Maurice Ravel.  Como un detalle curioso y poco habitual, se colocó una cámara en el teclado del piano que transmitía sobre una pantalla colocada arriba del escenario imágenes en las que se podían apreciar a detalle los movimientos de los dedos y manos del pianista.


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