jueves, 11 de febrero de 2016

La Novena Sinfonía de Beethoven con la Tafelmusik Baroque Orchestra en Toronto

Foto: Christina Gapic

Giuliana Dal Piaz

De jueves 4 a domingo 7 de febero, la Tafelmusik Baroque Orchestra ha ejecutado la Novena Sinfonía de Beethoven en la Koerner Hall de Toronto, dirigida por el director alemán, Mº Bruno Weil.  La sinfonía fue grabada en vivo durante el estreno, completando así el ciclo de las sinfonías beethovenianas bajo la batuta de Weil con la Tafelmusik. Es la primera vez en NorteAmérica que esto ocurre con una orquesta barroca que toca con instrumentos de época lo cual explica también - entre otras razones - la reciente "nomination" de la Tafelmusik Baroque Orchestra (con otro grupo canadiense sobre un total de 30 candidatos) al Premio 2016 de CLASSICAL: NEXT, el foro internacional profesional con sede en Berlín, que otorga reconocimientos a nuevas tendencias, experimentaciones y enfoques futuristas por conjuntos de música clásica. Auditorio lleno por el evento, una tarea titánica y muy valiente para una orquesta de época relativamente "pequeña" (sólo 50 elementos cuando una normal orquesta sinfónica cuenta con 80-90 instrumentos) que se midió con Beethoven, el coloso de la música, y al mismo tiempo autor de extraordinaria vanguarda en su época: debe haber sido poco menos que imposible para una orquesta de 1824 tocar correctamente una composición tan difícil y distinta al repertorio habitual, al punto que - como señalaba el violista Stefano Marcocchi - sólo a partir de la ejecución de 1840 en Londres, la Novena empezó a ser ejecutada de la manera justa.  En el concierto, la sinfonía de Beethoven fue precedida por tres piezas para coro solo, la Abendlied compuesta por Joseph Gabriel Rheinberger cuando apenas tenía 16 años; una pieza contemporánea, Valediction, bonita música de Jeffrey Ryan sobre un bonito poema de Norma West Linder, ambos canadienses; y el motete de Johann Brahms Warum ist das Licht gegehen. La selección de estas obras, que reflexionan cada una a su modo acerca de la soledad del ser humano ante la muerte, quiso introducir a la atmósfera de la Novena Sinfonía, con el Tafelmusik Chamber Choir, dirigido por Ivars Taurins.  En conjunto, se trató de un evento extraordinario: el Mº Weil es un óptimo director, cuya larga carrera está marcada por éxitos y premios, y que en los últimos tres años ha guiado la Tafelmusik en las nueve sinfonías de Beethoven, llevando al límite sus brillantes instrumentistas. La orquesta dio lo mejor de sí interpretando con gran fuerza y participación el "viaje" del hombre hacia la luz, que la Novena representa: desde el tormento interior del Allegro ma non troppo, a la valiente batalla contra el mal y el destino del Molto vivace-Presto, a la conciencia de la impotencia humana y el abandono al hado/Dios, en el Adagio del Tercer Movimiento, hasta el resurgir del espíritu y de la esperanza en el futuro de la humanidad, en el Himno a la Alegría. El coro - perjudicado por el número reducido (sólo 32 cantantes, para una interpretación que ocupa desde los 100 del Coro del Teatro a la Scala a los 150 de la Orquesta Sinfónica de Chicago dirigida por Muti) - no logró transmitir la imponencia de la inspiración beethoveniana. En cuanto a los solistas, los agudos de la soprano Sigrid Plundrich fueron a ratos forzados, la voz del tenor Colin Balzer resultó algo débil, mientras que la mezzo-soprano Mary-Ellen Nesi  y el bajo-barítono Simon Tischler impostaron la voz de manera satisfactoria.  Una vez más, la Tafelmusik Baroque Orchestra de Toronto confirma ser una de las mejores orquestas de época que conozco.

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