jueves, 11 de febrero de 2016

Otello en el Liceu de Barcelona

Fotos: Antoni Bofill

Gustavo Gabriel Otero

Barcelona, 01/02/2016. Gran Teatre del Liceu. Giuseppe Verdi: Otello, ópera en cuatro actos. Libreto de Arrigo Boito sobre la tragedia homónima de Shakespeare. Andreas Kriegenburg, director escénico y coreógrafo. Harald Thor, escenografía. Andrea Schraad, vestuario. Stefan Bolliger, iluminación. Claudia Gotta, repositora. Producción original de la Deutsche Oper Berlín. José Cura (Otello), Ermonela Jaho (Desdémona), Marco Vratogna (Iago), Alexey Dolgov (Cassio), Roman Ialcic (Lodovico), Olesya Petrova (Emilia), Vivenç Esteve Madrid (Roderigo), Damián del Castillo (Montano), Ivo Mischev (Un Heraldo). Orquesta Sinfónica y Coro del Teatre del Liceu. Director del Coro: Conxita Garcia. Cor Infantil Amics de la Unió. Director del Coro de Niños: Josep Vila Jover. Dirección Musical: Philippe Auguin.

En febrero de 2006 fueron las últimas representaciones de ‘Otello’ de Verdi en el Teatro del Liceu de Barcelona, tras diez años era buena idea que el moro de Venecia retorne al escenario. Pero estas representaciones tuvieron importantes cancelaciones y sustituciones: el protagónico inicial estaba a cargo de Alexsandrs Antonenko y en el segundo elenco se contaría con Stuar Neil. Pero Antonenko canceló y fue sustituido por José Cura, en otras funciones Carl Tanner y Marc Heller se hicieron cargo del rol y no apareció en la cartelera el anunciado Neill. Carmen Giannattasio canceló su participación como Desdémona y, entonces, Ermonela Jaho pasó del segundo al primer elenco y se llamó a sustituirla a María Katzarava. Siempre las cancelaciones son problema para un teatro lírico, pero mucho más en Otello, obra en la que la cancelación del protagonista es una auténtica tragedia. Es sabido que desde su estreno en 1887 el protagónico del Otello verdiano es monopolizado, en cada generación por no más de tres intérpretes. Retirado Plácido Domingo de las lides tenoriles los intérpretes actuales del moro de Venecia en el mundo son Johan Botha, Gregory Kunde, Alexsandrs Antonenko, José Cura y alguno más. Kunde estaba programado para el Otello de Rosini en la misma sala casi en paralelo con el verdiano, Botha acaba de cancelar su participación en Salzburgo, Antonenko se retiró -como ya comentamos- y por lo tanto sólo quedaba un protagonista de nivel internacional: José Cura. El argentino volvió a cantar un Otello personal, entregado y convincente. Ya son conocidas sus formas de emitir con frases habladas o recitadas, notas apenas tocadas, sonidos nasales, engolamientos y fraseo errático. Pero el resultado final es conmovedor. Marco Vratogna fue un Iago de voz potente y línea de canto errática que cubre el rol con profesionalismo. Ermonela Jaho ofreció una Desdémona de primer nivel. Con excelente fraseo e intencionalidad, bellos pianos, buen volumen y adecuada llegada al extremo agudo. El tenor Alexei Dolgov fue un correcto Cassio y nada más. El bajo Ronman Ialcic fue un Ludovico intrascendente mientras que Vincenç Esteve Madrid fue un muy buen Roderigo. Olesya Petrova fue una Emilia más que interesante. Damián del Castillo fue un discreto Montano mientras que cumplió con su pequeño rol Ivo Mischev como el Heraldo. 
Philippe Auguin dirigió con conocimiento de la partitura redondeando una adecuada versión, mientras que los Coros no pasaron de una profesional corrección sin vuelo. La producción escénica que lleva la firma de Andreas Kriegenburg, procede de la Deutsche Oper de Berlín, donde se estrenó en noviembre de 2013. La acción se sitúa en tiempos actuales en un campo de refugiados, y Otello parece el encargado de custodiarlos. La idea que intenta ser provocativa no es más que tediosa y por momentos absurda. La tempestad es vista por los refugiados en televisores, Otello llega con sus valijas de un viaje, Desdémona da de comer a los niños refugiados cuando debe recibir el homenaje del pueblo, la llegada del Embajador de Venecia es intrascendente, los coros vivan a Otello cuando éste es su custodio u opresor pero nunca su líder, los niños rodean a Iago en el ‘Credo’ y éste les da monedas al igual que en el tercer acto. Casi toda la acción tiene lugar a la vista de todos los refugiados que no se mueven de sus sitios, sólo se mueven los protagonistas principales y los niños.  Risible es el escape de Iago en la última escena y la muerte de Otello con todos los personajes mirando la pared. Si se abstrae la ambientación general el juego actoral de los protagonistas en casi toda la obra está bien resuelto, sin dejar de señalar los absurdos ya comentados. Quizás lo mejor sea cuando Otello destroza el pañuelo en el tercer acto y luego lo ata para reconstruirlo y la utilización de esos desechos para asesinar a Desdémona. La escenografía de Harald Thor es casi única para toda la obra: ocho pisos de camastros situados de arriba abajo en el fondo del escenario. Sólo cambia en el último acto y en el final del primero, en los que se ve el cuarto de Otello y Desdemona: un gran lecho en un espacio pequeño de paredes marrones. El vestuario de Andrea Schraad es funcional a la idea de Kriegenburg y la iluminación de Stefan Bolliger no aporta demasiado.

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