miércoles, 6 de junio de 2012

Le Nozze di Fígaro en la Opera de Rennes, Francia

Foto: Laurent Guizard

Suzanne Daumann

¿Como se representa una opera que ya ha sido montada de tantas maneras?  ¿Cómo se evita caer en la trampa de la originalidad a cualquier precio?  En esta producción del Théâtre National de Lorraine presentada en Rennes Jean Liernier encontró una respuesta que fue simple, elegante y funcional. Su propuesta simplemente se apegó al libreto sin innecesarias gesticulaciones, acrobacias o streap tease.  Creó un ambiente en los años veintes en el que el conde y la condesa son jóvenes, elegantes y glamorosos y Fígaro y Susanna son sirvientes en vestidos clásicos. Los vestuarios de Werner Strub claramente mostraban las diferencias sociales que marca la historia.  Raffaela Milanesi, interpretó a la condesa, una orgullosa y lastimada mujer, con pasión y dignidad. Siempre elegante hasta el pianissimo más alto que sorprendió, mostró emociones que la hicieron ser conmovedora.  En una simple bata de seda, no perdió su aplomo ni tomó los efectos cómicos del formidable final.  La obra se interpretó con los correctos tiempos con gags que causaron risa y divirtieron, y que conmovieron, a la vez que se admiró la sutileza de la composición que la Orchestre de Bretagne ejecutó fielmente. Conducida con profundidad y espíritu por Ernesto Martínez Izquierdo la orquesta se convirtió en un personaje, dando una dimensión especial a la obra que tanto gusta.  Caterina di Tonno con voz cristalina y felixle dio vida a Susanna, una mujer simple, optimista y divertida. Cherubino fue la mezzosoprano Hélène Delalande quien con rica voz de un cierto metal masculino y su delgada figura de niño hizo un creíble personaje.  Hubiese gustado escuchar mas la voz rica y llena de Kathleen Wilkinson pero su aria de Marcellina fue cortada. El conde Almavida fue un elegante y simple hombre, como un niño que quiere lo que ve, así Kevin Greewlaw dio profundidad y credibilidad a su personaje y cantó con espíritu y sutileza. Youri Kissin fue Fígaro cuyo talento cómico supero su talento como cantante, su arias fueron forzadas y secas, y palideció ante su enérgica Susanna. Los escenarios de Phillipe Miesch fueron una variación más en el tema de la elegante simplicidad, brillante. El final estuvo lleno de juegos pirotécnicos que hicieron que el publico se retirara contento después de esta función.

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