miércoles, 31 de julio de 2013

Los Cuentos de Hoffman en la Ópera de San Francisco

Foto: Cory Weaver / San Francisco Opera
 
Ramón Jacques
 
La Ópera de San Francisco presentó Los Cuentos de Hoffman de Offenbach en la versión de Jean Christoph Keck y Michael Kaye que restituye a la obra su origen de opéra-comique, alternando arias con diálogos y que incorpora arias y duetos que son indispensables para la coherencia dramática de la historia.  Se estrenó la producción de Laurent Pelly, coproducida con el Liceu de Barcelona (donde fue estrenada el pasado mes de febrero) de elegantes vestuarios y escenografias, inspiradas en las pinturas simbolistas del flamenco Léon Spilliaert,  que transmitieron la idea de que Hoffmann se mueve indistintamente entre el mundo real con el de sueños y su locura.  El tenor Mathew Polenzani estuvo sobresaliente, cantando con una voz robusta de calida tonalidad y clara dicción francesa. En escena se movió con naturalidad y desenvoltura.  En la que probablemente haya sido su último compromiso estadounidense después de anunciar recientemente su retiro, la soprano francesa Natalie Dessay personificó una delicada y creíble Antonia. Su canto se escuchó brillante y cargado de sentimiento y emoción. La soprano Hye Jung Hong mostró virtuosismo vocal como Olympia y aportó su dosis gracia. Discreto estuvo el bajo Christian Van Horn quien interpretó a los villanos con voz profunda, pero con rigidez y poca presencia. Muy bueno fue el desempeño de Angela Brower como Niklausse /La Musa, Simpática y desenvuelta escénicamente, aunque vocalmente de voz tenue pero oscura; y correcta estuvo Irene Roberts como Giulietta con buenos medios vocales. Como es costumbre, la orquesta, una de las fortalezas de este teatro, demostró precisión y homogeneidad en cada una de sus secciones, bajo la segura conducción de Patrick Fournillier.
 

 
 

Recital de Werner Güra en la Schubertiade, Austria


Foto: Werner Gura

Suzanne Daumann
 
Hace mucho tiempo durante los años de penuria, las familiares más pobres de Bregenzerwald enviaban a alguno de sus hijos a Swabia, para que en sus ricos valles y campos de cereales encontraran trabajo y comida así como vestimenta y calzado. Una exhibición en el pequeño museo de Schwarzenberg cuenta estas historias y aventuras.  Pero ¿acaso no es ese la aspiración de la música de Schubert que expresa esta melancolía y el deseo de encontrar un refugio en las montañas del frio y del calor?  No sé si Werner Güra habrá visto esta exhibición, pero pensando en las vidas e historias de aquellas familias bien podría haber afectado el sutil y emocional balance de su recital. Güra no es un cantante seguro, pero acompañado de su pianista de tantos años, él profundiza hasta el final. Sus interpretaciones no son las que solo consisten en emitir sonidos dulces, ni es una dulce, cálida y cómoda voz de tenor, sino que entiende el significado de cada una de las palabras y enfatiza todo lo dice y canta (lo que lo convierte en uno de los evangelistas más creíbles que existen). La sobriedad de su canto hace que los contenidos textuales y musicales sean más conmovedores. Este recital dedicado en su totalidad a Schubert, que dieron Christoph Berner y Werner Güra está construido sobre una entera vida humana. Comenzaron con la amarga “Heidenröslein” Güra tiene el truco de cantar al límite, para enfatizar mejor ciertas palabras, pero de una manera muy sutil. Así, cada palabra clave da en el blanco, por lo que sentimos como se rompía el tallo de la rosa mientras el joven enamorado decía“ ich breche dich” sentimos el piquete de la espina cuando responde “ich steche dich” y sentimos también todo el arrepentimiento en el último verso.  A partir de aquí, los artistas no trasladaron a un mundo complejo de emociones que tiene que ver con la niñez, en “Schlummerlied” y “Wiegenlied”. Hay ternura en el sueño del inocente y remordimiento por los tiempos perdidos de inocencia. Aquí se extrañó la ausencia de “Bei meiner Wiege” Otro tipo de ternura nos invadió con “Geheimes”, donde llegamos al reino del amor de un joven que espera un nuevo encuentro con su amada.  El ardor se hizo profundo con “Ganymed” y “Auf der Bruck”. En “Der Fischer” de Goethe un pescador es seducido por una sirena, y si Goethe hubiese escuchado las ondas de agua que Christoph Berner delineó y las profundidades de Güra tal vez hubiera aceptado las composiciones de Schubert. En “Dass sie hier gewesen”, de Rückert “Dass sie hier gewesen”, el eco de un suspiro expresó arrepentimiento, con simplicidad, un respiro, un sonido, así como el amor los encuentros, las despedidas y la alegría de un marinero atravesando una tormenta. Posteriormente Werner Güra demostró su propio Schubert, con desgarradores pianísimos, hermosas líneas legato, y todo esto no fue para causar un efecto sino para servir un propósito. En la deliciosa e irónica “Der Einsame”  Escuchamos el silencio en una casa y los grillos cantando. Brener les dio vida, igual que a la nieve que cae en “Winterabend”, en el que un hombre reflexiona a la luz de la luna. El romance de “Rosamunde” acerca de un amor imposible en la vida pero con unión en la muerte es demasiado, y cuando finalmente en “Nachtstück” llega la muerte al hombre viejo, después de un silencio sepulcral el público estalló en aplausos.  Finalmente los artistas ofrecieron “Wanderers Nachtlied II” (Über allen Gipfeln ist Ruh) y “An den Mond” una gran elección para mandar a casa a un emocionalmente cansado público que presenció no solo un espectáculo si una experiencia.

 

Recital de Bernarda Fink y de Marcos Fink en la Schubertiade, Austria

Foto: Schubertiade
 
Suzanne Daumann
 
La mezzosoprano Bernarda Fink, el bajo barítono Marcos Fink y su pianista acompañante Anthony Spiri prepararon lo que pareció ser un programa muy personal y cosmopolita. El primer dueto de Brahms “So wünsch ich dir eine gute Nacht” fue casi tragado por el sonido de la fuerte lluvia que caía sobre el techo de la sala. Sin embargo, para la siguiente pieza captaron la atención del público y la triste historia de “Schwesterlein” quien muere de amor conmueve a todos. El dueto entre hermanos con sus cálidas e intensas voces personificó de manera convincente a “Brüderlein” y “Schwesterlein” sin demostrar lo obvio. Nos trasladaron con carisma y convicción a traves de otro de los arreglos de las canciones populares de Brahms “Vergebliches Ständchen”.  Voces cálidas que con gracia se entretejían dieron profundidad y personalidad a los cuatro duetos elegidos con cuidado de Schubert, así como a dos lieds de Wolf “Spanisches Liederbuch” y una selección más de duetos de Brahms. Pero fue después del intermedio cuando los dos cantantes mostraron otra faceta de su talento, una delicia que nos dejó sin palabras cuando interpretaron su primera selección de canciones en esloveno trasladados en todas las maneras de lenguajes. Cuestiones de perfecto entendimiento del texto y la pronunciación fueron algo que no pude evaluar, pero permaneció es la gran belleza de la canciones, y la fascinación de observar como el timbre de un cantante y su voz cambian con el idioma. Se alternaron para cantar y después se reunieron nuevamente, y así apreció el público que apreció la sonora belleza del lenguaje, el desarrollo del bajo-barítono y de la mezzosoprano hacia inesperados colores y texturas. Aun sin una orquesta es posible crear un mundo de música utilizando diferentes colores y sonidos y diferentes idiomas y texturas. Cada canción que escuchamos fue un tesoro desconocido, al menos para mí, y una inesperada sorpresa. Lo mismo sucedió con las canciones en español, solo que al tener los textos originales en el programa hizo posible seguir a los cantantes. Escuchamos como cada poeta y cada compositor se expresó como es, desde las piezas florales de Carlos Guastavino, hasta los profundamente conmovedores poemas de Borges “Jacinto Chiclana” cantado por Marcos Fink, y “El Títere” cantado por Barnarda. Otra gema desconocida para mí, fue “Vidala” del compositor argentino Carlos López Buchardo, interpretada por ambos. La dulce melancolía en esta canción pareció compenetrarse con Schubert, y con esas dos voces doradas. Maravillosa elección de poemas, musicalizados por tantos compositores desconocidos, eslovenos y argentinos. Un descubrimiento y un éxito que fue recibido con grandes aplausos. Hubo una propina, claro, y más, pero en un momento tuvo que terminarse. Ha dejado de llover y se escucha el canto de los grillos, con un aire cálido y dulce de perfumes.

martes, 30 de julio de 2013

Mélodies de jeunesse - Le premier CD de Julie Fuchs (soprano)

Suzanne Daumann
 
Debussy – Mahler . Mélodies de jeunesse .Le premier CD de Julie Fuchs, soprano, et Alphonse Cemin, piano
Par où commencer pour commenter ce CD ? Par la voix de Julie Fuchs, généreuse, ronde et pleine, toujours plaisant à écouter, jusque dans les aigus les plus dramatiques ? Par le jeu remarquable d’Alphonse Cemin? Par le choix intelligent des morceaux ?  Comme sur la scène de l’opéra, Julie Fuchs sait aussi dans la petite forme incarner ses personnages, les habiter et rendre vivants, sans pour autant les écraser par sa propre personnalité. Alphonse Cemin au piano illustre à merveille les ambiances des compositeurs.  Sur ce disque, les jeunes artistes nous invitent à un voyage aux pays de la jeunesse. Le point de départ est un recueil de lieder de Mahler, clairières ensoleillées, fraîcheur printanière, amours juvéniles, tout est espoir et enchantement. Cependant, l’on passe sans mal d’une « Phantasie » de Mahler à la « Reverie » de Debussy. Joli trait d’union entre la France et l’Allemagne d’ailleurs, d’avoir choisi deux textes de Richard Leander, qui rêve et écrit ses plus jolis contes près des cheminées de France, lors de la guerre de 1870/71… Rêves et amours de jeunesse, dans les mélodies de Debussy, que Julie Fuchs chante comme si c’était pour la première fois. Et pour finir, « Das himmlische Leben » une vision naïve et populaire du paradis que Gustav Mahler dépouille de toute mièvrerie – et Julie Fuchs et Alphonse Cemin ont tout compris. Bravi, les jeunes artistes, nous vous attendons au récital !

Schubertiade – Recital Bernarda and Marcos Fink



Photo: Schubertiade
 
Suzanne Daumann
 
My last Schubertiade day: In the morning I catch a bus to the little village of Schoppernau, where my hero, Franz-Michael Felder, was born. I spend a more than interesting hour chatting with the director of the museum, gleaning insights and inspirations. After a short walk through the village with its old wooden farmhouses, having lit a candle in the church for my beloved ones, I take the next bus back in the direction of Bezau and my hotel. The bus stops at the cableway station to the Diedamskopf, and it’s a hot day. The gondolas are going up and down non-stop, and the snow up there looks so cool. So I leave the bus and take the cableway instead. Ten minutes later, I find out that I can’t get to the very mountain top, the snow is too slippery for my sandals. So I content myself with a cup of coffee and a sandwich, in the cool breeze, and the wonderful vista. Clouds are building in the West however; there will be a storm tonight.  A nap and a swim at the hotel later, and I’m ready for tonight’s recital. Having arrived early, I have time for a last visit of the open gallery that runs all along the left side of the concert hall, overlooking the valley and then mountains beyond. Dark grey clouds have built over the mountains; a warm wind carries the sound of distant thunder, and lighting flashes in the distance. A lady is standing by the railing, enjoying the spectacle, and we chat a while, about the upcoming recital, about concerts heard this year and last and the year before. We look at the vision before us and she says: “No wonder we all come back again and again.”  Bernarda Fink, mezzo-soprano, and Marcos Fink, bass-baritone, and their piano accompanist Anthony Spiri, have prepared what seems to be a very personal and cosmopolitan programme. The first Brahms duet “So wünsch ich dir eine gute Nacht” is almost swallowed up by the noise of the rain that is drumming on the roof of the gallery now. In the next one they have recovered the public’s undivided attention however, and the sad story of the “Schwesterlein” who is dying of unfulfilled love comes movingly across, brother and sister with their warm, intense voices, impersonating “Brüderlein” und “Schwesterlein” convincingly, without stating the obvious. They take us through another one of Brahms’s folksong arrangements, “Vergebliches Ständchen”, with the same charm and conviction.
 
Warm voices, gracefully intertwining, give depth and personality also to four carefully selected Schubert duets, two lieder from Wolf’s Spanisches Liederbuch” and another selection of Brahms duets.  It is after the intermission however, when the two singers show the other side of their talent, that speechless delight takes over: they interpret first a selection of songs in Slovenian, translated in their turn from all manner of languages. Questions of perfect text understanding and pronunciation being out of my power of evaluation now, all that remains is the sheer beauty of those songs, and the fascination of observing how the timbre of one and the same voice changes with the language. They are taking turns now to sing, and then reunite, the better for the public to appreciate the sonorous beauty of the language, and the unfolding of the bass-baritone and the mezzo-soprano to unexpected colours and textures. Without an orchestra it is still possible to create a world of music by using the different sound colours of different textual and musical languages. Each song we hear is an unknown treasure, to me at least, and an unexpected treat. It is much the same with the songs in Spanish language, only that having here the original texts in the program, it is possible to follow the singers through their pieces. And so we can hear how every poet and every composer come totally into their own, from the floral pieces by Carlos Guastavino to the deeply moving Borges poems “Jacinto Chiclana”, sung by Marcos Fink and “El titere”, sung by Bernarda Fink. Another unknown gem (to me) proves to be “Vidala”, by Argentinean composer Carlos Lopez Buchardo, sung by the two of them together. The sweet melancholy in this song goes well with our Schubert indeed, and with those two warm golden voices.  Such a wonderful choice of amazing poems, set to music by so many unknown composers, Slovenian, Argentinean:  A discovery, and a success, this last evening, and it is greeted with warm applause. There is an encore, of course, there has to be, there should be a night full of encores, but at one point we have to leave all the same.  The storm has abated during the concert, crickets are singing again, the air is warm and sweet with perfumes of hay and alder.  And I have to leave…

Schubert, Schubertiade, Schwarzenberg – Werner Güra and Christoph Berner

Photo: Schubertiade
 
Suzanne Daumann
 
Long ago, in the days of poverty, the poorest families in the Bregenzerwald were forced to send one or more children away, to Swabia. In its rich cereal farming valleys, they would find work and bread, and a new set of clothing and pair of shoes as proof of their travels. An exhibition in the little museum of Schwarzenberg relates their stories and adventures. Doesn’t the eternal longing in Schubert’s music express their homesickness, their yearning for warmth and shelter during their wanderings through mountains, cold and snow?  I doubt that Werner Güra saw the exhibition and maybe that’s just as well. Thinking of the lives and tales of those families might well have affected the subtle emotional balance of his recital. Werner Güra is not a safe singer. Accompanied by his long-time piano partner, he always goes the whole way. His are not the interpretations that consist of sweet sounds alone. Sweet, warm and comforting tenor voice not withstanding, he understands the meaning of each and every word and he means whatever he says and sings (which makes him one of the most credible evangelists around, needless to say). The sobriety of his singing makes the textual and musical contents all the more poignant.  The all Schubert recital that Christoph Berner and Werner Güra present this year is built along a human life’s timeline.  They begin with the bittersweet “Heidenröslein”. Werner Güra has this trick of singing on tiptoe as it were, the better to emphasize certain words, again in a very subtle way. Thus, every key word strikes really home:  we feel the rose’s stalk break as the young man says “ ich breche dich”,  and we feel the sting of it’s thorn when it replies” ich steche dich” and we feel all the regret in the world over the outcome in the last verse.  From here, the artists take us through a whole complex of emotions having to do with childhood, in “Schlummerlied” and “Wiegenlied”. There is tenderness for the sleep of the innocent, and a bit of regret for the times of innocence gone by. Personally, I always regret the absence of “Bei meiner Wiege” at this place.
 
However, another kind of tenderness takes over with “Geheimes”. Now we are in the realms of young love: in “Geheimes”, a young lover whispers his joy about the next rendezvous with his beloved. The ardour gets deeper with “Ganymed”, and the lovely galloping  “Auf der Bruck”. In Goethe’s “Der Fischer”, a fisher gets seduced by a mermaid’s song. If Goethe had been able to hear the gracefully rippling water Christoph Berner  paints, and the cool depths Werner Güra describes, maybe he would have been more accepting of Schubert’s compositions. In Rückert’s “Dass sie hier gewesen”, the echo of a breath of a notion expresses regret and dying love and unutterable Sehnsucht. Simplicity, a breath, a sound, it’s over… And so it goes. Love and welcomes and farewells, and the macho joy of a shipman riding a storm – in fact, this is a man’s life that is painted here, but who cares, it’s painted so vividly by poets, composers and interpreters.  After the intermission, we get to the later years in life, and now Werner Güra comes into his Schubert’s own, heartrending pianissimos, breathtaking legato lines, and none of this is reaching out for effect, it all serves a purpose. In the deliciously ironic “Der Einsame”  we get to hear the silence in the lonely one’s home and the crickets chirping on his hearth. Christoph Berner brings them to life, just as he lets snowflakes fall on the “Winterabend”, one of my personal Schubert favourites, where a man reflects in the sole company of the moon upon his life and past love. There is not much left to say after this. The sweet little romance from “Rosamunde”, about impossible love in life and union in death is almost too much, and when finally in “Nachtstück” death has bent to the old man for the last time, it takes a long moment of stunned silence for the public to finally break out in almost exhausted applause.  Like exhausted children after a long evening of story-telling we beg for more however, and the artists oblige first with “Wanderers Nachtlied II” (Über allen Gipfeln ist Ruh) – and why is this not on the CD? – and then with “An den Mond”. A perfect choice to send the emotionally exhausted public home after this evening. A concert with Werner Güra, definitely, is not just a moment of beauty and entertainment; it is an experience in its own right.  The time is gone, the concert’s over, but the thought of little boys leaving home keeps haunting me. Farmhands and shepherds, certainly, but didn’t also Schubert himself leave his home as a child, and also Werner Güra, for that matter?  Oh yes, there is definitely something of Schubert’s Sehnsucht around the thought of those little wanderers.

 

Recital del tenor Christoph Prégardien en la Schubertiade, Austria.

Foto: C. Prégardien © Marco Borggreve
 
Suzanne Daumann
 
En el tiempo que Schubert vivió, tanto el cómo sus amigos realizaban encuentros musicales de manera informal que llamaron Schubertiads.  Por ello, el nombre Schubertiade fue la elección obvia para crear un festival dedicado a este compositor. Fundado en 1976 por Hermann Prey, el festival atrajó a los mejores intérpretes de lied y músicos de cámara de ese tiempo. Después de realizarse en diversas localidades, festival cuenta ahora con dos perfectas salas: el Markus-Sittukus-Saal en Hohenems y la Angelika-Kauffmann-Saal en Schwarzenberg. La segunda es un salón renovado y construido de madera cuya ubicación permite un magnifico panorama de montañas y pastizales, en un exuberante valle verde. Su cálida e íntima atmosfera crea una verdadera sensación de Schubertiade, de amigos que se reúnen para celebrar la vida y la música. La sala cuenta con una maravillosa acústica, aire acondicionado, acceso para gente deshabilitada, brillantes y limpios asientos de madera, y está considerado como uno de las mejores salas para recitales. Christoph Prégardien y Michael Gees inauguraron el festival de este año con un recital de baladas de varios poetas y compositores. Los compositores incluyeron al propio Gees, cuya composición de “Zauberlehrling” de Goethe no tiene nada que envidiarle a las de Lachner, Wolf o Loewe.  Comenzaron con “Der Nöck” de Loewe, y después de unas notas tenebrosas, ambos ingresaron a un mundo de magia y cuentos de hadas, de drama y de risa, con el público acompañándolos. La tersa y dulce voz tenoril de  Christoph Prégardien, y la sutil presencia al piano de Michael Gees, dieron vida a cada uno de los personajes de las obras y a su ambiente y atmosfera. Una tormenta de rayos en el exterior, añadió un poco de drama a la velada y mientras los rayos se podían ver desde la sala de conciertos. Para mí el arte de las canciones de lied es el arte de entender e interpretar la poesía. Las baladas fueron una forma original de canciones de baile, antes que el nombre fuera utilizado para poemas de extensa narrativa, particularmente en la literatura alemana del siglo 18 en adelante, por ello es lógico que aquellos poemas hayan sido musicalizados. Cada balada es en sí un drama real que requiere de mucha habilidad para hacer resaltar cada detalle, cada matiz del texto y su tratamiento musical.  Gees y Prégardien poseen esa habilidad y nos transportaron a través de una velada musical tecnicolor. Sentimos escalofríos mientras “Zwerg” de Schubert, asesinaba a su aristocrática amante, y contuvimos la respiración en “Bürgschaft” de Schiller, el héroe que atraviesa diversos obstáculos para mantener su promesa de salvar a su amigo de la cruz.  Suspiramos con el amor imposible de “Meerfrau” de Heine, compuesta por Franz Lachner, y reímos con el aprendiz de brujo y su desobediente escoba – una vez más bravo para Michael Gees! En “Ritter Kurt’s Brautfahrt” de Goethe y de Wolf reímos a carcajadas con la irónica descripción de los problemas de los caballeros con sus amantes, sus luchas y con usureros; y temblamos nuevamente con “Feuerreiter” de Wolf y “Traumbild” de Heine, con música de Franz Lachner.  El público ovacionó a los artistas con fuertes aplausos, por ello se ofreció una propina. Pero ¿A quién que no fuera Prégardien se le ocurriría interpretar  “Erlkönig” como la pieza apropiada para el momento? Al retirarnos de la sala, la tormenta había menguado, media luna brillaba en un mundo mágico y muchas historias y melodías aún permanecían en nuestros pensamientos.  ¡Así es como debe ser una noche de Scubertiade!

 

 

Schubert, Schubertiade, Schwarzenberg – The Region

Photos: S. Daumann

Suzanne Daumann

Making the 30-km-drive from Bregenz to Schwarzenberg means coming into a different world. It is a small world, 22 villages, and they are really villages, 30 000 inhabitants and almost as many cows. Mountains, forests, pastures and farms, and the Bregenzer Ach, the river that runs through the valley, comprise an idyllic background for the SchubertiadeIn former times however, this idyllic country life was a life of hard work at best, and a life of dire poverty for many others. Since the soil doesn’t allow the growth of cereal, the region always was dependent on trade with other parts of Austria. The valley’s main produce was and is wood, and dairy products. In the 19th century, a few big farmers and traders took over the cheese monopoly and ruined many a family who had been able to make a precarious but independent living before.  One of the region’s most astonishing characters, Franz Michael Felder (1839 – 1869) took up the fight against those cheese barons, and ultimately their supremacy was put an end to. Felder was the only surviving son of a poor farmer and his wife, who eventually became a writer and politician. Whoever reads his autobiography must feel drawn to this singular character, much like Schubert lovers always love their “Schwammerl”, beyond his music. Music was an important part of Felder’s life as well, contemporary composers have set some of his poems to music, but they are rarely performed today. The Tyrolian brass-banda “Franui” have set some of Schubert’s lieder to traditional brass instruments. Their music is another link between traditions and new ideas, so typical for modern Austria.  Things have changed since Felders’s or Schubert’s day. Somewhere along the line the major drawback for industrialisation, the region’s out-of-the-world-ness, must have joined forces with growing tourism and a rising conscience of the values of traditional arts and crafts. The natural sense of beauty, that comes to rural populations through the observation of the beauty and harmony present in the dance of the seasons and the wild flowers, in the song of the brooks and the calls of the shepherds on the rocks, this natural sense of beauty has always made for an architecture in keeping with the features of the surrounding landscapes, for an appreciation of music and poetry in whichever form. 
 
Painters and builders went out from here to decorate baroque churches all over Europe, and one of the region’s most famous children is a woman painter, who was as famous as her male colleagues in her time: Angelika Kauffmann (1741 – 1807). So today we come to a place where old ways and new ideas, are not at odds, but further and help each other. The main productions are still wood and dairy farming. Wooden houses, old or new, are one of the main features of the villages, and beautiful they are. I stayed in an ancient-new inn in the village of Bezau, the Hotel Post, a former post-coach station. Today its rooms are entirely renovated and a modern wing, all of wood, allows accommodation for further guests. The clear and clean lines of the furniture and architecture, combined with a lovely view from the large wooden balcony, make for a restful stay. The hotel also owns a swimming-pool and spa, where wood and water get together in an atmosphere of peace. Its tennis-hall, another breath-taking wooden structure, was used as a venue for the Schubertiade, until in 2005 a flood destroyed the wooden planking and structures that allowed the transformation from tennis- to concert-hall.  The Bregenzerwald today, this means also small distances and public transport. Whoever stays more than three nights is given a Guest-Card, allowing the free use of buses, swimming pools and cable cars to the mountaintops.  Between nature and culture – unforgettable times are in store for who comes here!

Schubert, Schubertiade, Schwarzenberg – Christoph Prégardien and Michael Gees

Photo: Schubertiade
Suzanne Daumann
 
In Schubert’s life and time, he and his friends used to come together for informal musical meetings, the Schubertiads. And so the name Schubertiade was the obvious choice for a festival dedicated to Schubert. Initiated in 1976 by Hermann Prey, the festival soon attracted the best lied singers and chamber musicians of their time. Having moved around for some time, the festival now disposes of two perfect concert halls in two different locations: the Markus-Sittikus-Saal in Hohenems, and the Angelika-Kauffmann-Saal in Schwarzenberg. The latter is a renovated village hall, built of wood, set in a magnificent panorama of meadows and mountains, overlooking a lush green valley. Its warm and intimate atmosphere makes for the real Schubertiade feeling, friends having come together to celebrate life and music. The hall also disposes of wonderful acoustics, as well as air condition, access for disabled persons, clear and clean wooden furniture, and is ranking among the world’s best venues.  Christoph Prégardien and Michael Gees open this year’s festival with a recital of ballads by various poets and composers. The composers include Michael Gees himself, whose composition of Goethe’s “Zauberlehrling” has nothing to envy of Lachner, Wolf or Loewe.  They begin with Carl Loewe’s “Der Nöck”, and after a few scary high notes, they are off into a world of magic and fairytales, of drama and laughter, and the public with them. Christoph Prégardien, honey-smooth tenor voice, and Michael Gees, subtle piano presence, bring to life each and every character, and their atmospheric settings. A thunderstorm outside adds another bit of drama to the evening, as lighting flashes every once and then through the concert hall.  To me, the art of lied singing is furthermost the art of understanding and interpreting poetry. Ballads being originally a form of dancing song, before the name was used for long narrative poems, particularly in German literature from the 18th century on, it is logical that those poems should be set to music again. Every ballad being a real drama in its own right, it takes considerable skill to highlight every detail, every nuance of the text and its musical treatment. Gees and Prégardien have this skill in spades and take us through a Technicolor evening of music. We shiver as Schubert’s “Zwerg” murders his royal mistress, and hold our breath as in Schiller’s “Bürgschaft” the hero has to cope with obstacle after obstacle to hold his vow and save his best friend from the cross. We sigh about the impossible love of Heine’s “Meerfrau”, composed by Franz Lachner, we chuckle about the sorcerer’s apprentice and his insubordinate broom – again, bravo, Michael Gees!  In Goethe’s and Wolf’s “Ritter Kurt’s Brautfahrt” we laugh out loud at the ironic account of a knight’s troubles with lovers, fights and money lenders, and we shiver again with Wolf’s  “Feuerreiter” or Heine’s “Traumbild”, set to music by Franz Lachner … The public celebrates the artists with thunderous applause, and they have to give an encore before being able to retire. And who but Christoph Prégardien would think of “Erlkönig” as a suitable piece for this?  As we leave the concert hall, the storm has passed, a half moon shines on a magic world, and so we wander home, stories and melodies spinning in our heads.  A Schubertiade night as it should be.

Romeo y Julieta en el Teatro Municipal de Santiago, Chile

 Fotos: Patricia Melo TMS
 
Johnny Teperman.
 
Con un elenco de excelentes voces y una producción brillante en todos sus aspectos, regresó al Teatro Municipal, tras 13 años de ausencia,  la ópera 'Romeo y Julieta', del compositor francés Charles Gounod. Particularmente atractivas, resultaron las interpretaciones de los protagonistas, la soprano japonesa Eri Nakamura y el tenor rumano Teodor Ilincai, ambos con voces privilegiadas, todos bajo la dirección de escena del francés Jean Louis Pichon y el conductor orquestal franco canadiense Yves Abel.
'Romeo y Julieta 2013' Ninguna otra historia de amor ha logrado traspasar generaciones y formatos tanto como lo ha hecho la de 'Romeo y Julieta'. La pintura, la literatura, la música sinfónica, el ballet y la comedia musical han revivido el mito y, en 1867, Charles Gounod hizo lo suyo al convertir la tragedia de William Shakespearte en ópera. Desde su estreno en París, la obra ha cosechado innumerables éxitos y entre el 20 y el 30 de julio la obra ha retornado al Teatro Municipal de Santiago. 

El tercer título de la Temporada 2013  presenta una nueva producción del director de escena francés, Jean- Louis Pichon –autor, entre otros, del premiado montaje de 'Diálogo de carmelitas' ofrecido en este escenario en 2005–, y con la dirección musical de  Yves Abel quien ha debutado en nuestro país, tras exitosas presentaciones en el MET de Nueva York, la Ópera Estatal de Viena y la de Baviera, entre otras.
 
Dos artistas de ascendente carrera dan vida a la pareja de amantes más famosa del planeta. El rol de Romeo es interpretado por el tenor rumano Teodor Ilincăi,quien tras su debut en la Royal Opera House en 2009 ha destacado por su voz dulce y completa y por su técnica segura. Eri Nakamura, soprano lírica japonesa considerada una de las grandes promesas jóvenes de Convent Garden de Londres, interpreta el rol de Juliet "Ella es una mujer pequeña, con una sorprendente gran voz, proyectada con efectos que recuerdan a Mirella Freni. Eri impresiona en el ária "Je veux vivre"  de Julieta". se comentó de la soprano asiática, tras su participación en la final del BBC Cardiff Singer of the World Competition.
 
El elenco internacional lo completaron virtuosos cantantes, entre ellos, Homero Pérez-Miranda, Gäelle Arquez y Marc Canturri.El reparto estelar fue encabezado por otra talentosa dupla, compuesta por el tenor estadounidense Zach Borichevskyy  y la soprano chilena Paulina González, quienes compartieron escena con destacados artistas nacionales como Ricardo Seguel, Marcela González y Patricio Sabaté. Las funciones contaron  también con el Coro del Teatro Municipal y la Orquesta Filarmónica de Santiago, todos dirigidos por el Maestro Abel, importante difusor dela ópera francesa en Estados Unidos.
 
La grandiosa partitura de Gounod, con libreto de Jules Barbier y Michel Carré, acentúa los aspectos amorosos de la pieza teatral. Los constantes encuentros de Romeo y Julieta –desde la dicha inicial hasta el mutuo encuentro con la muerte– dieron pie para cuatro maravillosos dúos, que se suman a las célebres arias solistas “Je veux vivre” de Julieta y “Ah! léve-tuoi soleil” de Romeo. En este sentido, la puesta en escena de Jean-Louis Pichon–cuya escenografía y vestuario fueron diseñados por el recientemente fallecido Frédéric Pineau–buscó resaltar que Romeo y Julieta es, ante todo, una tragedia.
 
“Poco importa que la historia se desarrolle en Verona, en Nueva York o en cualquier lugar del planeta, sea durante la Antigüedad, la Edad Media o la Edad Contemporánea. Lo que sí es relevante, y que explica las decisiones de una escenografía que evita la reconstitución histórica y el decorativismo muchas veces apreciado en la ópera, es que nada debe desviar la atención del espectador de lo que el mito de Romeo y Julieta viene comunicándonos desde hace siglos: la dimensión trágica de la condición humana”, expresa Pichon.

sábado, 20 de julio de 2013

LA NAPOLI DI PERGOLESI - Baveno Festival

Foto: Baveno Festival
 
Renzo Bellardone
 
Lunedì, 15 luglio ore 21,15 – Feriolo Chiesa di San Carlo LA  NAPOLI  DI  PERGOLES Concerto degli allievi della Master Class tenuta da Gemma Bertagnolli e Claudio Astronio. Maestro al cembalo classe di canto : Simone Ori
In collaborazione con il centro studi Pergolesi dell’Università di Milano, è stata realizzata una serata consapevole dal sapore familiare, ricca di emozioni e di fuori programma. Il concerto si apre con la Sinfonia da “Lo frate ‘nnamorato” di Pergolesi con l’esecuzione allegra, ricca di virtuosismi, dolcemente appassionata e poi focosa di Enrico Gramigna,Ingrid Neyza Copa violini, Filippo Bergo viola, Anna Camporini violoncello, Elide d’Atri cembalo. La prima aria in programma è “Luce degli occhi miei” cantata con corretto atteggiamento dal soprano Michela Marconi brillante nel registro alto e con voce ben adatta al repertorio. “Tiranna ingrata” di Scarlatti è l’aria cantata dal basso Samuele Adamo con timbro prossimo al bass baritone  in un crescendo di partecipazione. Monica Zeni, a chiusura del concerto allievi, da ‘Orfeo’ interpreta “Nel chiuso Centro” di Pergolesi con coloristica interessante che sfocia nel tono del mezzosoprano e che si avvale di forte presenza scenica e facilità negli acuti. Dopo un intermezzo esplicativo della serata, riappare Gemma Bertagnolli accompagnata da Claudio Astronio che sedutosi al cembalo la accompagna in arie da Monteverdi, che la frizzante e  spumeggiante soprano affronta con la spigliatezza  derivante dalla bella voce e dalla più che salda tecnica. Al cembalo si siede poi l’abile Simone Ori per l’accompagnamento di ‘Tanti affanni in petto’ dall’Arianna di Haendel che Bertagnolli offre con la passionalità espressa attraverso tutta se stessa a sublimare il canto con dolci rotondità; per l’Olimpiade di Pergolesi torna Astronio al cembalo a sottolineare ed esaltare l’aggressività passionale che il soprano con acuti possenti e cromatismi rilucenti infonde all’ultima aria. Ulteriore fuori programma, alla fine del concerto, sul sagrato della chiesa con misurata amplificazione  ritroviamo Claudio Astronio seduto ad altro clavicembalo posizionato ad insaputa di un piacevolmente sorpreso pubblico che resta affascinato dal suo morbido  pizzicar le corde tra lumi di candela con sullo sfondo la notte stellata sul Lago Maggiore. La Musica vince sempre.

 



 
 


 

“Il ricordo”. Omaggio a Umberto Giordano - BAVENO FESTIVAL – Umberto Giordano – XVI edizione 2013

Foto: Baveno Festival - Matteo Vecchi
 
Renzo Bellardone
 
BAVENO FESTIVAL – Umberto Giordano – XVI edizione 2013 Emozioni… Sabato 13 luglio, ore 17,30  -  Baveno Hotel Lido Palace. “Il ricordo”. Omaggio a Umberto Giordano Esecuzione in forma semiscenica di Andrea Chenier. Vincitori del Concorso lirico “U.Giordano” di Foggia: Andrea Chenier- Alessandro Moccia, Maddalena di Coigny - Bianca Elena Margean, Gerard - Matteo Suk, Berci e la vecchia Madelon   Maria Rosaria Daloiso, Roucher- Massimiliano Guerrieri, Regia- Maria Paola De Luca, Maestro preparatore -Valentina Usai, Pianoforte - Marcello Parolini
L’ambientazione nella sala dell’Hotel Lido Palace –messa gentilmente a disposizione dalla proprietà famiglia D’Amico’- con le vetrate finemente serigrafate e l’impareggiabile vista sul lago sono di per sé una scenografia eccellente, ma viene comunque implementata con arredi suggeriti dallo scenografo Sebastiano Romano che ricreano la temporalità dell’ambientazione. La regia di Maria Paola de Luca, merita un plauso per quanto movimentata e per la gestualità ricercata che fanno dimenticare l’assenza di  un vero palcoscenico teatrale.  Dopo la preparazione al pianoforte di Valentina Usai che si percepisce accurata, alla rappresentazione è  Marcello Parolini a sedere al pianoforte; abituale presenza al festival  si riconferma valido interprete che riesce a trarre ‘l’emozione’ che in Umberto Giordano è liricamente espressa in un soffio di poesia. Le voci, vincitori e segnalati del Concorso Lirico internazionale ‘U.Giordano’ di Foggia sono apprezzabili e giustamente meritevoli di segnalazione. Apre il baritono Matteo Suk  con temperamento forte a presagire gli avvenimenti; vibrante e ricco di partecipazione ‘razza leggiadra e rea…è l’ora della morte’ mantiene forza interpretativa che sottolinea il timbro scuro e le belle modulazioni. Bianca Elena Margean è il soprano che interpreta Maddalena di Coigny con buona linea di canto e con accenti di liricità drammatica ‘la mamma morta, mi hanno alla porta della stanza mia’:buona presenza e coloristica interessante. Il ruolo del titolo  Andrea Chenier è affidato al giovane tenore Alessandro Moccia, che presenta voce possente nei vari registri con particolare accentazione negli acuti fermi e prolungati; interpreta un Chenier più battagliero che poeta, ma ben rende nei vari duetti, vera chicca dell’opera. ‘Son la vecchia Madelon’ e velata di nero si ripresenta Maria Rosaria Daloise dopo il ruolo di Berci: mezzosoprano con un bel colore oltre l’ambrato, tiene bene anche nei toni alti. Il baritono Massimiliano Guerrieri veste i panni  di Roucher e  seppur con poche battute di canto, tratteggia il personaggio compiutamente offrendo anche un timbro caldo e scuro con fermezza e partecipazione. Con qualche dolce rimando pucciniano e l’impeto giovanile si è realizzata una bella produzione. La Musica vince sempre
      

viernes, 19 de julio de 2013

BAVENO FESTIVAL – Umberto Giordano – XVI edizione 2013 Emozioni…


Foto: Baveno Festival
 
Renzo Bellardone
 
BAVENO FESTIVAL – Umberto Giordano – XVI edizione 2013 Emozioni… Venerdì 12 luglio – Isola Bella, Chiesa di San Vittore. AMOR PERCHE’ M’ACCENDI. Arie di: Mauro Giuliani, Niccolò Paganini, Vicente Martin y Soler, Domenico Cimarosa, MARINA BARTOLI: soprano. ROSARIO CONTE: chitarra
Il sottotitolo al concerto è “Viaggio Musicale nell’arietta da camera, tra Settecento ed Ottocento” e di un vero viaggio musicale infatti si è trattato, dalla Spagna al sud d’Italia per risalire fino a nord, in compagnia delle Emozioni che impetuose ed incontrollabili scaturiscono dalle umane passioni siano esse religiose che ancor più amorose. Con il morbido tocco della chitarra di Rosario Conte  si apre il concerto che da subito con la musica di Mauro Giuliani, infonde serenità; al ritornello, in mise vagamente spagnoleggiante, compare  Marina Bartoli dolcissima ‘Ah non dir che non t’adoro’ cui seguirà un assolo di chitarra con un minuetto di Niccolò Paganini. Con attento alternarsi di sola chitarra e voce e chitarra il concerto perviene ad una equilibrata e coinvolgente piacevolezza. Rosario Conte attraverso segnata professionalità esprime variegati sentimenti su ampia tavolozza, raggiungendo il clou con ‘Romanza, più tosto largo amorosamente’  dove si cimenta nei ben noti virtuosismi   di Paganini in un’alternanza  di ballabili e  cantabili traendo suoni molto simili alla voce umana. Marina Bartoli, partecipe e sensibile in “Confuso, smarrito” di Giuliani e molto ammiccante e vezzosa in “La risoluta;La volubile” di Vicente Martin y Soler  riesce a creare l’atmosfera da salotto buono dove tutti si è partecipi, coinvolti dalla stessa passione; ha voce molto possente che sa declinare fino al pianissimo con colorazioni luminose e scintillanti in atmosfere metasensoriali.  La maggior parte dei brani proposti sono frutto di ricerca e non appartenenti al repertorio usuale, mentre le tre bellissime arie conclusive, seppur non frequentatissime sono già più note all’udito: di Mauro Giuliani “alle mie tante lagrime”, “Ad altro laccio” e “Fra tutte le pene” dove la simbiosi chitarra e voce perviene ad una vera goccia di trasparenze e di passione rimandando alla tematica della focosità, linea guida del concerto. La Musica vince sempre
 

jueves, 18 de julio de 2013

LA MUJER SIN SOMBRA EN EL TEATRO COLÓN DE BUENOS AIRES

 
Foto: Teatro Colón de Buenos Aires
 
Joel Poblete
LA MUJER SIN SOMBRA (Die Frau ohne Schatten), de Richard Strauss. Teatro Colón de Buenos Aires (Argentina), funciones entre el 11 y 18 de junio. Intérpretes: Manuela Uhl (Emperatriz), Elena Pankratova (Mujer del tintorero), Iris Vermillion (Nodriza), Barak (Jukka Rasilainen), Stephen Gould (Emperador), Jochen Kupfer (Mensajero), Marisú Pavón (Guardián del templo), Pablo Sánchez (Aparición de un joven), Victoria Gaeta (Voz del halcón), Mario De Salvo (Hermano tuerto), Emiliano Bulacios (Hermano manco), Sergio Spina (Hermano jorobado), Alejandra Malvino (Voz de lo alto). Orquesta Estable del Teatro Colón, dirigida por Ira Levin. Coro Estable del Teatro Colón, dirigido por Miguel Martínez. Coro de Niños del Teatro Colón, dirigido por César Bustamante. Director de escena: Andreas Homoki. Escenografía y vestuario: Wolfgang Gussmann. Iluminación: Frank Evin. 
 
Por la enigmática naturaleza de su historia -llena de símbolos y alegorías- y las enormes exigencias para la orquesta y los cantantes, y aunque cada vez más melómanos y críticos reconocen su enorme importancia en la trayectoria de Richard Strauss, la ópera La mujer sin sombra no aparece tan a menudo como debiera en los teatros líricos, al menos no con la frecuencia de otras obras del autor. Basta con pensar, por ejemplo, que en noviembre próximo este título regresará al MET de Nueva York, recién luego de diez años de ausencia. 
 
Considerando especialmente las demandas musicales de la partitura, las funciones que acaba de ofrecer el Teatro Colón de Buenos Aires fueron en verdad memorables y merecen entusiastas elogios, incluso tratándose de un escenario que desde el estreno local de la obra en 1949, dirigido por Erich Kleiber, la volvió a programar en otras tres ocasiones -1965, 1970 y 1979- contando con intérpretes tan prestigiosos como Ingrid Bjoner, Ludwig Suthaus, Grace Hoffman, Donald McIntyre, Birgit Nilsson, Eva Marton, Sigmund Nimsgern y Jess Thomas, entre otros. 34 años después de la última vez que se presentara en el coliseo porteño, por más que algunos miembros del público que alcanzaron a ver esas representaciones del pasado pudieran apelar a la nostalgia haciendo las ineludibles comparaciones, es indudable que el reparto reunido en la versión 2013 estuvo al nivel de cualquier escenario europeo. 
 
Por su notable y atemorizadora presencia escénica y la espléndida y pareja entrega vocal incluyendo los extremos agudos y graves del registro, la mefistofélica Nodriza de la mezzosoprano Iris Vermillion brilló por encima de todos los demás, obteniendo una merecida ovación del público. Muy destacadas en lo teatral y musical estuvieron además las sopranos a cargo de los dos roles femeninos principales: Manuela Uhl fue una delicada Emperatriz, de bella voz, sensible estilo de canto y acertados agudos, mientras Elena Pankratova marcó un logrado contraste como la mujer del tintorero, tosca y ruda en un principio, pero finalmente llena de humanidad y emoción, cantando con arrojo, potencia y un material generoso. 
 
Los protagonistas masculinos estuvieron algunos peldaños más abajo, pero de todos modos se lucieron: el recio Barak del barítono Jukka Rasilainen exhibió una voz robusta y fue convincente en su transición conyugal, mientras el Emperador del tenor Stephen Gould mostró un canto más irregular y de cierta tirantez en las demandantes notas agudas, pero teniendo en cuenta que este rol es tan ingrato como casi todos los personajes straussianos para tenor, su desempeño fue más que aceptable (y que el mismo artista cante el papel en la versión del Festival de Salzburgo editada en dvd y blu-ray, confirma que quizás en la actualidad no son muchos los colegas que pueden abordarlo sin dificultades). Por su parte, en el breve pero contundente rol del Mensajero, el barítono Jochen Kupfer causó una positiva impresión con su voz cálida y sonora. Muy bien estuvieron en los desempeños secundarios un grupo de adecuados cantantes argentinos, destacando particularmente los tres hermanos de Barak que interpretaron Mario De Salvo, Emiliano Bulacios y Sergio Spina, muy divertidos en sus alocadas y casi infantiles personificaciones. 
 
Dirigir una obra tan compleja como La mujer sin sombra no es tarea menor, y es por eso que la labor de Ira Levin al frente de la Orquesta Estable del Teatro Colón fue totalmente digna de elogios: equilibrando los balances sonoros, su batuta consiguió acentuar los numerosos matices y sutilezas que ofrece la partitura, que va del desborde orquestal y la intensidad y agitación al lirismo más exacerbado y conmovedor, incluyendo atmósferas de misterio y ensoñación. Los variados detalles sonoros estuvieron muy bien balanceados por Levin y una orquesta en estado de gracia, de expresiva riqueza timbrística, lo que sumado a la siempre espléndida acústica del Colón permitió momentos ciertamente inolvidables, como el final del segundo acto, los maravillosos momentos solistas para el chelo y el violín o el sublime desenlace de la ópera. Tampoco puede dejar de destacarse el excelente desempeño del Coro Estable dirigido por Miguel Martínez, y el Coro de Niños a cargo de César Bustamante. Eso sí, para acentuar teatralmente algunos pasajes, la producción requirió el uso de amplificación sonora, un recurso que al parecer en la función de estreno molestó a varios espectadores y críticos, pero al menos en las dos veladas a las que pudimos asistir funcionó bastante bien (tal vez dependía del lugar del teatro en el que se encontrara el público).
 
Considerando la particular e inclasificable naturaleza de esta obra y su carácter de cuento para adultos lleno de símbolos y elementos fantásticos que permiten diversas interpretaciones, incluyendo alcances filosóficos y sicológicos, es siempre muy delicado abordarla desde el punto de vista teatral, especialmente si se busca mantener el diálogo entre los mundos que deben convivir en la trama, alternando y mezclando lo terrenal con lo fabuloso y onírico. Es por ello que aunque no convenza a todos por igual, creemos que fue muy acertado el montaje del actual director de la Ópera de Zúrich, Andreas Homoki, proveniente de la Ópera Holandesa de Ámsterdam, estrenado originalmente hace dos décadas y que se ha presentado en escenarios como el Liceu de Barcelona. 
 
Minimalista y jugando con la abstracción, la puesta en escena de Homoki cuenta con una interesante propuesta de escenografía y vestuario a cargo de Wolfgang Gussmann, en base a pocos elementos que sugieren la ambientación y al uso de una reducida pero muy efectiva gama de colores que adquieren connotaciones simbólicas muy adecuadas a la trama, como el amarillo, el azul y el rojo, además del blanco y el negro, todo acentuado por la expresiva iluminación de Frank Ervin. Un estilo de producción que tal vez no habría funcionado bien en otro tipo de ópera, pero siendo La mujer sin sombra un trabajo tan atípico, enmarcado en un contexto atemporal y de leyenda, la labor de Homoki es espléndida, destacando por la dirección de actores, el sugerente uso del espacio y el ritmo y fluidez de los desplazamientos y cambios de escena. Realmente, ver y escuchar una versión como la del Colón, fue un privilegio excepcional.


 
 

Italiana en Argel en el Teatro Regio de Turín, Italia

Foto: Edoardo Piva- Ramella&Giannese - Teatro Regio.
 
Renzo Bellardone
 
La lectura tradicional única y la simplicidad constructiva, han hecho que  esta opera italiana, que es muy representada, haya encontrado su hábitat natural en el escenario del Teatro Regio de Turín, con la dirección de Vittorio Borrelli, la clásica y arabesca escenografía de Claudia Boasso, correctos vestuarios diseñados por Santuzza Calì, y mucho movimiento en escena así como ideas resolutivas en vez de gags convencionales fueron el punto de fuerza de esta producción que divirtió mucho.  La conducción confiada al joven Daniele Rustioni pareció puntual y rica,  y subrayando las evidencias de la elegía y la ironía rossiniana, fue vigorosa y atenta, y desde la sinfonía delineó el diseño arquitectónico de todo el conjunto. Con un parpadeo fantasioso, la obra bien podría ser una historia de amor, infidelidad o reflexión en la que domina la gracia y la seducción femenina.  Daniela Pini es una contralto de bellas y bronceadas coloraturas y facilidad en los agudos, que prestó su voz a la bella italiana Isabella.  “Per lui che adoro” se convirtió en un aria rica de poesía. Su fiel enamorado Lindoro vivió gracias al a aguda voz de Antonino Siragusa, bien adaptado al papel por ductilidad vocal como por comicidad actoral.  Linda Campanella soprano de tonos mórbidos pero vibrantes fue la mujer de Mustafá que fue interpretado por el bajo Simone Alberghini quien ofreció colores oscuros y tonos profundos unidos a una divertida gestualidad y acción.  El bajo Marco Filippo Romano interpretó a Taddeo con una mímica sorprendente y con dotes vocales apreciables por extensión y por tonalidades de colores que valorizaron su interpretación.  Alessia Nadin fue una simpática Zulma y aunque es breve el papel lo delineó muy bien.  Haly interpretado por Federico Longhi fue apreciado por su profundidad y rotundidad.  El coro dirigido por el Claudio Fenoglio representó un componente de valor. La música vence siempre

 

Meteorite in Giardino - Torino

Renzo Bellardone
Torino – Fondazione Merz. Martedì 9 luglio 2013  ore 21,30. METEORITE IN GIARDINO 6 F. Liszt: Due Etude dall’opera n. 1, C.Czerny: Quattro studi dalla ‘Scuola della Velocità’, F.Liszt: Grande Etude de Paganini n. 6 in la minore, C.Debussyì: L’Isle Joyeuse, D.Carmarino: ‘Vertigine’ – prima esecuzione assoluta su testo di Rimbaud. Vertigine  installazione di Paolo Leonardo. Suona, Suona Rimbaud ! Musiche a cura di Massimiliano Genot. Voce Recitante – Licia Di Pillo

“NON SI E’ MAI MOLTO SERI A 17 ANNI” è il concetto, che  ripetuto per ben due volte va a contribuire alla costruzione  dell’impianto del melologo  condotto a due voci: l’una è quella del pianoforte sotto l’esperta interpretazione di Massimiliano Genot e l’altra è quella variegata dell’attrice Licia Di Pillo che termina la prima lettura sulla parola “libertà” e sulla cui ultima sillaba si innestano le note di Liszt, introspettive ed intime attraverso l’esaltazione del tocco di Genot. Complici la bella serata dell’estate torinese e la particolare location della Fondazione Merz che ha permesso diverse note registiche, la serata è iniziata con l’arrivo del pianista in bicicletta con l’attrice sul seggiolino posteriore  con  fondale scenico dell’installazione ‘Vertigine’ in nero su fondo rosso di Paolo Leonardo; a vivacizzare la regia l’attrice  ha letto addirittura in  cima ad una scaletta illuminata da occhio di bue rosso (a richiamare il colore dominante dell’installazione) e quasi sospesa nel vuoto ad evocare il senso della vertigine.  Molto  ben assemblata tra parole e musica la serata si è snodata accattivante. Massimiliano Genot, ben noto ed affermato interprete, riesce a trasmettere la leggerezza della giocosità, intervallandola con leit motivs ossessivi a sottolineare la vita maledetta di Rimbaut, fino a scavare nelle viscere della terra e nella profondità dell’io, per concludersi in un pianissimo finale di grande sospensione. Violento ed appassionato, tenero e dolce nel tocco, crea atmosfere impalpabili, ma clamorosamente reali! Licia Di Pillo è raffinata interprete    che sa usare voce e sguardi per coinvolgere ed appassionare con alternanza di intenzioni ed intonazioni, portando il melologo molto vicino ad una composizione operistica, sia per la partecipata esposizione con  chiaro fraseggio che per le tonalità ricercate. Dall’inizio le parole e la musica vanno via via a fondersi fino all’apprezzato melologo finale appositamente scritto da un attento e sensibile Davide Carmarino sull’intero testo di ‘Vertigine’ di Rimbaud, che nell'espressione musicale di Carmarino ha incontrato il suo habitat elettivo. La Musica vince sempre.