domingo, 16 de marzo de 2014

La Traviata en Zaragoza España.

Fotos de: Giulio Boschetti

Luis Alfonso Bes

La “prima donna” que encarna a Violetta en La Traviata jamás debe desaprovechar el lucimiento que le brinda Verdi al final del primer acto.   La soprano Ainhoa Garmendia lo sabe bien y tanto su recitativo “follie! follie!” como la cabaletta ‘sempre libera’ fueron un paseo triunfal por encima de todas las dificultades de la partitura, coronadas al final con un sobreagudo estratosférico, un mi bemol, no escrito por Verdi que la cantante española dio con bastante naturalidad.  Todo ello con un marcado sentido estético. Resultado: el publico subyugado, rendido a sus pies al caer el telón en medio de una sonora ovación. En la función, la temperatura interpretativa fue subiendo grados en un Teatro Principal casi lleno de un público de espectro cada vez más amplio, ávido por disfrutar de esta fastuosa fiesta de color, luz y sombra que es la opera.   Garmendia, de timbre cálido y buen equilibrio entre registros exhibió un volumen regulado a la perfección.  Tras una excelente actuación en el segundo acto, cantó con tremendo sentimiento hasta la trágica escena final en la que logró aflorar las lágrimas de algunos sectores de la audiencia.  La soprano se ajustó adecuadamente a la difícil disciplina verdiana en acento flexibilidad y longitud de la frase.  Su canto contrastó rotundamente en los dúos con el tenor Juan Carlos Valls, quien estuvo gritón y su afinación poco firme.  El cantante uruguayo con cierta consistencia en la zona interior y media, mostró agudos algo engolados en “De miei vollenti spiriti”. Martin Mazik, desde su podio de director, con gesto amplio exigía toneladas de sentimiento al barítono Paolo Ruggiero.  Sentimiento que Ruggiero no tardó en expresar  en su aria del segundo acto ‘Pura siccome un angelo, de enorme belleza y más aun en “Di Provenza” que sonó en todo su esplendor en la voz luminosa, notablemente impostada y rotundamente baritonal del italiano.  El resto del elenco cumplió bien, al igual que el coro y el ballet. Muy buen papel de la orquesta, con más de 40 músicos en el foso. Roberta Mattelli resolvió bien el desafío escénico.

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