viernes, 20 de noviembre de 2015

La Cenerentola en Múnich

Fotos:Staatstheater am Gärtnerplatz

Federico Figueroa

Esta ópera de Rossini permite a los directores de escena, por el argumento y la chispeante música, dar rienda suelta a su imaginación. Esta nueva producción del Staatstheater am Gärtnerplatz lleva la firma de la Brigitte Fassbaender (mezzosoprano con una gran carrera profesional a cuestas) y un equipo de creadores que no tuvieron que ir muy lejos para encontrar la inspiración para situar este “cuento de hadas”. La escenografía y el vestuario (Dietrich von Grebner) situaron la acción un lugar y tiempo no muy lejano: la del excéntrico Luis II de Baviera. La entrada en el escenario de Dandini caracterizado como aquel provocó las primeras carcajadas de la noche. Desde la subida del telón se pudo apreciar el ingenio en la solución escénica. En el preludio nos mostraron el salón de clase donde un grupo de niños hacen rabiar a su professor (Don Magnifico). Después descubrimos que los armarios para la ropa son las apostentos de las hermanas “malas”, Clorinda y Tisbe, mientras que Angelina ocupa el armario-cocina. Más tarde volvieron a sorprender al público con saltos temporales (la inclusión de un flamante coche deportivo, por ejemplo) y con el estrambótico diseño y color del vesturario. La iluminación (Wieland Müller-Haslinger) fue de no poca ayuda en el mejor desarrollo de la representación. La dirección de actores también estuvo a la altura, casi siempre apegada a las indicaciones del libreto. Las funciones se han realizado en el precioso teatro rococó conocido como “de Cuvilliés” porque la sede oficial de la compañía, que cumplió ciento cincuenta años de vida, se encuentra en rehabilitación. La orquesta y coro masculino del Staatstheater am Gärtnerplatz están bien engrasados y fueron un sólido soporte a la dirección acertada de Michael Brandstätter que buscó en la ligereza y en los tiempos ligeramente rápidos el motor de su lectura. El sobresaliente elenco estuvo capitaneado por Tamara Gura, una mezzosoprano de timbre aterciopelado y sobrado caudal vocal para el personaje de Angelina. Las agilidades en su sitio, el sonido bien proyectado y cubierto. Un poco más de entrega a la vertiente escénica y podría convertirse en una de las grandes Cenicientas del momento. El tenor ligero Miloš Bulajić exhibió un bonito instrumento canoro de menor caudal sonoro que el de su compañera. Su lado histriónico le empujó a cosechar nutridos aplausos al final dela representación. El baritono rumano Alexandre Aghenie fue un Dandini fanfarrón, de canto certero aunque poco refinado. El bajo-barítono Luciano Di Pasquale dió buena cuenta del de Don Magnifico. Perfiló el bufonesco personaje con pinceladas precisas y supo mostrar el lado más oscuro (malos tratos a sus hijas) sin dejar de ser el “gracioso” del imaginario colectivo. Brillantes las dos hermanas de Angelina, la mezzosoprano Dorothea Spilger(Tisbe) con timbre oscuro pero bien diferenciado del de aquella y especialmente la soprano argentina Mercedes Arcuri (Clorinda) que exprimió hasta la última nota de su aria “Sventurata mi credea” y consiguió una gran ovación. Su magnífico desarrollo como cantante es paralelo a sus avances como actriz. Menos alegrías nos aportó el bajo Holger Ohlmann como Alidoro, con voz de escaso volúmen y opacidades en la zona media del registro. La Cenerentola en Múnich tiene una nueva y divertida propuesta, muy diferente de la ya clásica propuesta de Ponnelle que atesora la Bayerische Staatsoper. Si pasa por la ciudad bávara y la ve en cartel, no lo piense dos veces y pase a disfrutarla.

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