jueves, 9 de junio de 2016

I Capuleti e I Montecchi en Buenos Aires

Foto gentileza Buenos Aires Lírica. Crédito Fotofráfico: Liliana Morsia

Gustavo Gabriel Otero 

Buenos Aires. 05/06/2016. Teatro Avenida. Vincenzo Bellini: I Capuleti e I Montecchi. Ópera en dos actos. Libreto de Felice Romani. Marcelo Perusso, dirección escénica y diseño de escenografía. Stella Maris Müler, vestuario. Rubén Conde, iluminación. Cecilia Pastawski (Romeo). Rocío Giordano (Julieta), Santiago Ballerini (Tebaldo). Sebastián Angulegui (Lorenzo). Walter Schwarz (Capellio). Orquesta y Coro de Buenos Aires Lírica. Director del Coro: Juan Casasbellas. Dirección Musical: Javier Parodi. Espectáculo presentado y producido por la Asociación Buenos Aires Lírica.

Con corrección general pero sin exaltar volvió I Capuleti e I Montecchi a los escenarios de la Argentina. La acción de la obra se trasladó a una modernidad vaga que no molestó pero no aportó nada para hacer más atractiva la acción dramática. Las familias rivales son aquí pandillas de poca monta y todo parece frío y lejano. El movimiento actoral diseñado por Marcelo Perusso es razonable pero en ningún momento entusiasma. No ayudó en este punto la ascética escenografía -con tres paneles en negro simulando vidrio o mármol que van cambiando de lugar- del propio Perusso, ni la iluminación siempre en gamas de colores fríos de Rubén Conde. El diseño de vestuario de Stella Maris Müller de esmerada corrección apenas diferenciaba a las dos facciones. Una correcta lectura efectuó desde el podio el maestro Jorge Parodi con algunos tiempos lentos y falta de garra. Brilló en el rol de Tebaldo el tenor Santiago Ballerini con una faena de primer nivel. Belleza de timbre, fraseo y expresividad sin mácula fueron sus fortalezas. Mientras que Cecilia Pastawski, como su rival Romeo, convenció en todo momento. Roció Giordano compuso una adorable Julieta con algunos pequeños problemas vocales en el extremo agudo de la partitura pero con natural entrega y encomiable profesionalismo. Sebastián Angulegui fue un Lorenzo de perfectos acentos mientras que no desentonó el Capellio de Walter Schwarz. Mientras que el coro cumplió su cometido con corrección y gran solidez. En suma: una muy correcta versión de la gran obra de Bellini que no llegó a entusiasmar en ningún momento.

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