domingo, 5 de junio de 2016

Martha Argerich Cumple 75 años

Foto: Adriano Heitmann/Immagina Copyright: Warner Classics

María Santacecilia (ERS) / DW

Buenos Aires, década de los 40. Dos niños prodigio del piano se conocen en casa de un violinista y empresario que celebra veladas de música de cámara los viernes por la tarde. Los pequeños, Daniel y Martha, de 7 y 8 años respectivamente, juegan a esconderse bajo el piano. Martha recibe clases del pianista de origen calabrés Vicente Scaramuzza. A Daniel le enseña los secretos del instrumento su propio padre, que también estudió con Scaramuzza. Pocos años más tarde, ambos abandonan Argentina para hacer una brillante carrera internacional. Martha y Daniel se reúnen hoy domingo 5 de junio de 2016 en Berlín para festejar el 75 cumpleaños de la primera. La música ha dominado las vidas de ambos y la música protagonizará la celebración: la Sonata para dos pianos KV 448 de Mozart y los Conciertos números 1 y 2 de Beethoven. El escenario de la Philharmonie de Berlín albergará el encuentro de estos dos músicos enormes, que en los últimos años han intensificado su relación humana y musical, tras décadas de llevar vidas paralelas. "Nuestra relación es musical, claro, pero entre nosotros también existe un amor humano. Mi gran esperanza es que podamos tocar juntos tanto tiempo como nos sea posible. 

Esta es mi mayor alegría y la felicito de todo corazón por su cumpleaños", dice Daniel Barenboim con motivo del festejo. Los fondos recaudados en el concierto será destinados a las obras de reforma que actualmente se llevan a cabo en la Ópera Estatal de Berlín, entidad que dirige Barenboim y cuya reapertura en la sede de la avenida Unter den Linden está prevista para el 3 de octubre de 2017.El mismo Juan Perón recibió a la pequeña Martha Argerich y le procuró la beca que llevó a la joven a Viena, a estudiar con Friedrich Gulda. “Por él lo hubiera hecho todo”, confesó Argerich a Olivier Bellamy en la biografía que este le dedicó. Europa se convirtió en su lugar de residencia y aprendió el francés a la perfección. En su primera juventud, Argerich viajó a Nueva York para conocer a su ídolo, Vladimir Horowitz, con quien no llegó a encontrarse. En aquella ciudad sufrió una crisis que la llevó a dejar de tocar el piano durante dos años. “Es como quien está acostumbrado a correr a diario y, de repente, deja incluso de andar porque es incapaz hacerlo. A los 17 años me parecía llevar la vida de una persona de 40, viajando, dando conciertos… No estaba contenta con mi forma de tocar y no recibía clases de nadie en concreto”, recuerda Argerich en la película Bloody Daughter (2012) un documental sobre la relación de la pianista con su hija Stéphanie Argerich, directora del filme. 

En Nueva York quedó embarazada de Lyda, su primera hija, circunstancia que la llevó de vuelta a Europa. Su carrera prosiguió con brillantez: ganadora del Concurso Chopin de Varsovia en 1965, giras internacionales, colaboraciones con los mejores músicos, grabaciones…. En su vida personal contrajo matrimonio en dos ocasiones, la primera con el director Charles Dutoit, padre de Annie, su segunda hija, y con el también pianista Stephen Kovacevic, padre de Stéphanie. Pero no es Martha Argerich una mujer apegada a las convenciones sociales y así lo refleja Stéphanie en su documental Bloody Daughter. El mundo interior de Argerich parece afectar sus relaciones de pareja y dominar todos los aspectos de su vida. Su relación con su propia identidad sexual marca también su evolución vital: “(Mi madre) siempre se sintió andrógina. Con los años, la maternidad y las experiencias personales, fue siendo consciente de su condición femenina”

Martha Argerich tuvo una estrecha relación con su padre durante su niñez. “¿Por qué no se deja peinar…? Porque se le van los rulitos… Tiene mucho carácter, pero respeta las miradas severas de su papá. Es muy cariñosa y diplomática. Dice las cosas sin decirlas. Y pone tal picardía dentro de su ingenuidad, que la hace deliciosa”, escribe al dorso de una fotografía de la pequeña su progenitor, que apuntaba meticulosamente detalles de la vida cotidiana de Martha. “Todas las fotos de mi infancia las tomó mi papá en el Jardín Botánico de Buenos Aires. Casi todos los días me llevaba allí a dar un paseo y hacía trucos de magia para mí. Me contaba muchas historias. Siempre estaba conmigo,” recuerda Argerich en Bloody Daughter. Sin embargo, la relación con su madre fue compleja y “poco física”, según la pianista.

Compositores como Mozart, Beethoven, Chopin, Schubert, Schumann, Debussy, Ravel, Bartok, Prokofiev y Rachmaninov han sido los compañeros de viaje de Martha Argerich. De Chopin dice que es “un alma inalcanzable, un alma difícil de tocar”, con Schubert guarda “una relación difícil” y es con Schumann con quien asegura tener un vínculo especial: "Su música es espontánea e inesperada, siempre descubro en él cosas que me despiertan nuevas sensaciones", confiesa Argerich. El vigoroso y a la vez delicado pianismo de la argentina parece, efectivamente, encajar bien con los recovecos y aristas de la obra del músico alemán.

A Martha Argerich no le gusta tocar sola. Desde hace años se sube a los escenarios acompañada por amigos como el también pianista Nelson Freire, el violonchelista Mischa Maisky y los jóvenes talentos que reciben sus consejos en el marco del Martha Argerich Project que cada año tiene lugar en la ciudad suiza de Lugano. El día de su 75 cumpleaños no será una excepción: se subirá al escenario de la Philharmonie con Daniel, su amigo de la infancia.



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