jueves, 1 de abril de 2010

La Venexiana en el Teatro Comunal de Ferrara, Italia.

Foto: La Venexiana

Athos Tromboni

La temporada de conciertos de Ferrara Música trajo al teatro Comunale de Ferrara un ensamble de música antigua, protagonista de una labor ejemplar como fue La Venexiana, y con una obra ejemplar que se tituló Era la notte. Se trató de una recopilación musical ideada y realizada por el director de la Venexiana, Claudio Cavina, que unió en una sola representación algunas sinfonías y madrigales de Claudio Monteverdi (1567-1643), dos “canciones” de Tarquinio Merulla (1596-1665) y de Benedetto Ferrari (1597-1681). La función se realizó en forma semi escénica, con vestuarios modernos y de época, y la ejecución musical respetó el diapasón barroco y el color de los instrumentos antiguos. ¿Provocacion? No. Escuchamos de la boca (como de la pluma) de Monteverdi un concepto ejemplar para entender su intima filosofía y para promover la elección de Cavin, citando una carta que Monteverdi le escribió a Alessandro Striggio el 9 de diciembre de 1616, en la que el divino Claudio criticaba una obra teatral realizada por el Cardenal Montalto, señalando que “en el trabajo del cardenal cada actor/cantante componía su papel, mientras que en Arianna y Orfeo, que eran "de una sola mano" o de un único autor (Monteverdi), la tendencia debía ser al parlar cantando y no como en la otra al cantar parlando” Para Monteverdi, se había generado un “cantar parlando” aunque también agradable pero sin un fin especifico desde el punto de vista dramático, porque era un florilegio de motivos musicales finalizados por ellos mismos y puramente hedonísticos. Justo en referencia a la Arianna y al Orfeo, la contra tesis era que en la música y en el teatro se debía “parlar cantando” eso es modular emotivamente la palabra expresando con ello un fin que se persigue, que es el de mover los sentimientos. Cavina, profundo conocedor de la música y de la “practica” monteverdiana, puso en escena Era la notte, en la que el parlar cantando se realizó con plena eficacia, con caluroso gusto del publico y con un éxito muy positivo.

La escena se abrió solo con la luz de los atriles iluminando sutilmente a los instrumentos y a los músicos, y comenzó a sonar la sinfonía “Tempro la cetra” (séptimo libro de madrigales). Todo era negro, y las siluetas se definían vividas contra el fondo; y en esta atmosfera las sinfonías, obtenidas de los Libros de los Madrigales, fueron intercaladas con las partes cantadas, e interpretadas siempre en una penumbra que sugestionaba a los ojos. Posteriormente, llegamos a las partes cantadas y con diversos vestidos de escena, entró la soprano Roberta Mameli, que en el madrigal monódico Ohimè ch'io cado vistió la ropa de una ocupada secretaria de oficina tomando dos teléfonos y cuadernos de notas; en Con che soavità se transformo en una señora de edad y clase media; en la Canzona sopra la nanna (de Tarquinio Merula) en una mama amorosa que abrazaba un osito de peluche como si fuera un infante; en Amanti io vi so dire (de Benedetto Ferrari) como una señora de la limpieza que con delantal y guantes para lavar se transformaba en una atractiva escort digna de aspirar a relacionarse con los gobernantes italianos de la actualidad; en el Lamento di Arianna de la mítica diosa destrozada por la desilusión amorosa por el abandono de Teseo; y en el Lamento della ninfa en una conmovedora representación escénica de Marlene Dietrich que confiesa su propia tristeza al micrófono de la radio. El canto de Mameli fue entonado emotivamente, y privado de vibraciones y florituras (trinos y gorghe como los llamaba Monteverdi) pero su gesto escénico y la mímica fueron impresionantes, poniendo en segundo plano las traslaciones temporales y las provocaciones escénicas y conduciendo a los espectadores a la atmosfera justa, aquella que estuvo en auge en los tiempos de la “segunda practica” de Monteverdi. Los mejores resultados, desde el punto de vista emotivo, llegaron obviamente conseguidos con los lamentos y la ninna nanna, ya que son melodías elegiacas, capaces de impresionar hasta los corazones más duros. En la segunda parte de la velada se propuso, después de la breve sinfonía de Orfeo, el bellísimo madrigal Combattimento di Tancredi e Clorinda: y cabe recordar que estas octavas, de Monteverdi tan magistralmente musicalizadas, las escribió el trastornado Torquato Tasso justo aquí en Ferrara, mientras estuvo internado en el hospital de Santa Anna, donde hoy es posible visitar su celda en la plaza homónima de la ciudad. Para el Combattimento entraron a escena los tenores Vincenzo Di Donato y Raffaele Giordani (con Testo y Tancredi) con Mameli (Clorinda). Tancredi y Clorinda vistieron como rockabilly y fueron esposadas y vendados. Testo que parecía mariscal de la SS, cantaba volteándose cada tanto hacia los dolientes, que al final fueron liberados por el director Claudio Cavina, a fin de que Tancredi pudiera bautizar, y Clorinda perdonar pronunciando sus ultimas y famosas palabras "S'apre il ciel; io vado in pace". (Se abre el cielo y me voy en paz). Habrá sido el espíritu de Tasso que soplaba o la óptima interpretación de La Venexiana, habrá sido la unidad de espacio tiempo y lugar, sabrá dios lo que fue, pero este madrigal pareció ser el mas bello todos. Considerando el espectáculo entero se puede afirmar que rara vez se ha asistido a una ejecución monteverdiana de tan alto valor y tan envolvente impacto. ¡Todo el merito fue de la Venexiana!

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