lunes, 5 de diciembre de 2011

Agrippina de Haendel - Ópera de Lille, Francia

Foto: Sonya Yoncheva (Poppea) - Gilles Abegg

La Ópera de Lille, en coproducción con la Ópera de Dijon, presentó Agrippina la opera que Handel compuso en Venecia en 1709 con apenas veinticuatro años de edad. Este dramma per musica que se distingue principalmente por la abundancia y la variedad de su brillante y refinada música, combina con eficacia dramática la épica con la tragedia y la comedia.  El éxito de esta producción se gestó en el foso, de la mano de la joven directora Emmanuelle Haïm, quien desde el clavecín mostró su autoridad y amplio conocimiento de un repertorio que le apasiona, y con mano segura y energía contagió a los músicos de su orquesta Le Concert d'Astrée para dar lo mejor de si mismos, y extrajo un sonido compacto, uniforme y colorido, pero sobretodo cargado de gran emotividad. Sobresalió particularmente la soprano Sonya Yoncheva quien encarnó el personaje de una  tentadora y seductora Poppea, mostrando un admirable manejo pirotécnico de la voz y un timbre brillante, ligero y cristalino.  A su vez, la soprano Alexandra Coku actuó con elegancia y desenvoltura al personaje de la intrigante Agrippina, a la que dotó de una voz profusa y penetrante, brillante en los agudos. Renata Pokupić cantó muy bien con su oscuro tono de mezzosoprano el papel de Nerón pero su participación escénica fue un poco anónima.  Emotivo y conmovedor por canto y actuación, se mostró el contratenor Tim Mead. El papel del obsesionado y neurótico Claudio fue confiado al bajo ingles Alastair Miles quien exhibió solidez vocal y buena línea de canto. Escénicamente divertidos y vocalmente correctos estuvieron el contratenor Pascal Bertin, como Narciso, y el barítono Riccardo Novaro como Pallante.  Escénicamente, el director de escena Jean-Yves Ruf, situó la obra en una época moderna, cercana a los años 50s, con elegantes vestuarios, pocos elementos en escena y algunas ingeniosas ocurrencias, la mas notable la de colocar a un hombre-perro o bestia en escena que acompañó en toda la función al personaje principal. Sorprendió la entusiasta reacción final mostrada por el público, en su mayoría conformado por jóvenes, lo que demuestra el gusto y la vigencia que tiene la opera barroca en Francia. RJ

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