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Tuesday, June 6, 2023

War Réquiem de Britten en San Francisco

Foto: Michael Poehn

Ramón Jacques

Davies Symphony Hall, San Francisco CA. USA. En 1961, Benjamín Britten (1913-1976) compuso su War Réquiem (o Réquiem de Guerra), Opus 66, 22 años después de que la catedral de Coventry en West Midlands Inglaterra fuera destruida durante los bombardeos aéreos en la Segunda Guerra Mundial, y el motivo de su creación fue la consagración de la nueva catedral que fue construida adyacente a las ruinas de la catedral original. En su monumental obra, Britten contrastó textos de la misa de Réquiem en latín, con textos en lengua inglesa de Wilfred Owen (1893-1918) considerado un prolífico poeta de guerra; logrando impregnar en ella sus profundas y arraigadas creencias y espíritu pacifista. El estreno absoluto de la obra ocurrió el 30 de mayo de 1962 en Coventry, y casi 7 años después, en abril de 1969, la San Francisco Symphony la ejecutó por primera ocasión bajo la batuta de Hans-Schmidt-Isserstedt, A pesar de ser una atractiva y sugestiva partitura de gran dimensión, lamentablemente no es una obra que se programe con la frecuencia que merecería, y desde noviembre del 2013, cuando fue dirigida por Semyon Bychkov, hasta esta ocasión en el 2023, sus acordes musicales no habían sido escuchadas en San Francisco. El resultado final de este concierto se debe resumir como una sobresaliente y sobrecogedora ejecución musical para todos los presentes en la sala de conciertos Davies Symphony Hall de esta ciudad californiana. Parte del éxito se gestó gracias a la sublime conducción del maestro suizo Philippe Jordan, actual titular musical de la Ópera Estatal de Viena. Jordan luce inexpresivo en su gesto, y pesar de su sobriedad, es un director con mucho oficio preciso y detalladoen sus movimientos para marcar las entradas, en el control las fuerzas musicales, en la dinámica, los timbres, y las intervenciones individuales de cada una de las secciones de la orquesta, como los metales, las cuerdas; y evidentemente las intervenciones de los coros y de los solistas. Jordan fue capaz de emocionar con estrepitosos, enérgicos o dramáticos pasajes, y de conmovedor y vibrar con los más tenues, casi imperceptibles pasajes corales ofrecidos por el coro de niños Ragazzi Boys Chorus, dirigidos por Kent Jue, que se escucharon cantando desde el exterior de la sala. Mencionaría la destreza con la que el director suizo logró hilar de manera ligera, continua y sin pausas, las partes corales en latín con los poemas de Owen cantados en ingles por el barítono y el tenor, dándole continuidad a los seis movimientos. Las partes cantadas en ingles nos remiten indudablemente al estilo de la recitación y el canto tan característico de las óperas de Britten, en especial a Peter Grimes. Personalmente destacaría el segundo movimiento, el Dies Irae como el más completo desde el punto de vista musical y vocal, a una pieza a la que cada vez que se escuche en vivo se le descubren nuevas aristas, detalles y matices. La San Francisco Symphony en conjunto agradó por la conjunción, homogeneidad y profesionalismo mostrado por sus músicos. Por ello, referirse en la actualidad a las “Big 5” (la denominación introducida en los años 50 para designar a las mejores cinco orquestas estadounidenses) es incurrir en un término erróneo, en desuso y obsoleto considerando la prestancia y distinción que han alcanzado orquestas como la propia San Francisco Symphony, la LA Philaharmonic o la Dallas Symphony Orchestra, por mencionar solo unas. No se puede olvidar el aporte y el nivel exhibido por el San Francisco Symphony Chorus, bajo la conducción del maestro Joshua Habermann, y la marcada distinción entre las voces femeninas y las masculinas requerida en varios pasajes. Como también es importante resaltar la voz oscura, profunda y sentida de la soprano Jennifer Holloway, quien se colocó en la parte trasera, superior de la sala, una fila delante del coro, como del barítono estadounidense Brian Mulligan, quien como se anunció al inicio del concierto, ocupó el lugar del bajo-barítono escoces Ian Paterson, ausente por problemas de su visa de trabajo, un obstáculo y sobre todo una realidad post-covid que aún incide con frecuencia en la programación o cuando invitan artistas extranjeros, los teatros y orquestas estadounidenses. Mulligan fue un muy digno interprete que mostró su experiencia cantando y declamando sus partes con intensidad e ímpetu y una voz de grata coloración. Finalmente, fue encomiable la participación del tenor Ian Bostridge, que conoce y canta como pocos la parte de tenor en este réquiem, que ha interpretado en diversas ocasiones, por ejemplo, con la orquesta de Boston en el 2022, para redondear un competente elenco de solistas en un memorable concierto.  

Monday, October 17, 2011

IMPONENTE ELEKTRA DE STRAUSS EN EL TEATRO REAL DE MADRID

Fotos: Javier del Real - Manuela Uhl, Christine Goerke

Alicia Perris

Elektra de Richard Strauss. Tragedia en un acto en lengua alemana. Libreto de Hugo von Hofmannsthal. Nueva producción en el Teatro Real, procedente del Teatro San Carlo de Nápoles. Del 30 de septiembre al 15 de octubre. Ficha artística: Director musical: Semyon Bychkov. Director de escena: Klaus Michael Grüber, Realizadora: Ellen Hammer, Escenógrafo y figurinista Anselm Kiefer, Director del Coro: Andrés Máspero. Clitemnestra: Jane Henschel/Rosalind Plowright. Elektra: Christine Goerke/Deborah Polaski. Chrysotemis: Manuela Uhl/Riccarda Merbeth. Egisto: Chris Merrit. Orestes: Samuel Youn y elenco. Coro y orquesta Titulares del Teatro Real.

Una obra viril, masculina, falócrata. Es el ámbito del hombre, de Agamenón, el poderoso Átrida que va a la guerra de Troya y a la vuelta de diez años, al regresar, es asesinado por su esposa Clitemnestra y su amante, Egisto. Una nube de sangre enturbia las paredes del palacio real. Antes, el rey y padre de Elektra, había asesinado a su hija Ifigenia, como obligado tributo a los dioses. Elektra sin embargo, reclama la venganza para poder limpiar, como si se tratara de un Hamlet femenino, al que recuerda, la muerte de su progenitor. Desaparecido Orestes de la escena, la hermana trata de convencer a Chrysotemis, dulce y tierno exponente de su condición de mujer que solo quiere ser amada y tener hijos “aunque sea con un pastor” de asesinar al padrastro y a la madre impía y este objetivo se convierte en la gran aspiración de su vida, una existencia rota por la pérdida, la falta de deseo vital y el peso inconmensurable de la ausencia paterna. La escenografía y el vestuario son en esta ocasión digno exponente de la austeridad y la conventual apariencia de los actores del drama. Una especie de cárcel blanquecina contextualiza la acción y da sí cabe aún más dramatismo a los acontecimientos del hecho teatral. Los cantantes realizan un trabajo fundamental en esta ópera, dura, descarnada, donde la propia aridez visual es la demostración del exceso emocional y psíquico. Hay dos tríos femeninos que engrandecen la ópera y se esfuerzan durante la hora y cincuenta minutos (no hay descansos) en que se desarrolla la trama: Christine Goerke (Elektra), Jane Henschel ( Clitemnestra) y Manuela Uhl (Chrysotemis) y en otro elenco Deborah Polaski, Rosalind Plowright y Ricarda Merbeth.  Todas ellas avezadas intérpretes de ópera alemana, (Wagner y Strauss) renombradas en el ámbito internacional, algunas conocidas con anterioridad por sus colaboraciones con el Teatro Real, como Jane Henschel (en Mahagony) o Manuela Uhl en el rol de Marie en Die tote Stadt. El director musical, Semyon Bychkov, de origen ruso, persigue con ahínco la excelencia y tiene una trayectoria notable, vivió en muchos lugares y viaja por muchos sitios haciendo de esa trashumancia la riqueza multicultural de su calidad interpretativa.  Como explica muy bien Erika Bornay, el personaje de Elektra, como muchos otros de la antigüedad griega, básicos y fundacionales en la consecución de la cultura que tiene su origen en Grecia y Roma y todas sus constelaciones, ha sido estudiado y recordado por numerosos autores, cada uno de los cuales le concedió un perfil y unas características propias: O´Neill, Sartre, Giraudoux, Pérez Galdós y el Hugo von Hofmannsthal (Viena 1874-1929), que firma el libreto de esta ópera de Strauss, teniendo como inspiración la obra homónima de Sófocles. Psicoanalítica donde las haya ésta es una historia que estudió también Sigmund Freud porque aparece como la quintaesencia de los vínculos afectivos entre padres e hijos, más concretamente en este caso, la relación filial padre-hija. No está lejos de la recreación de la ópera, la propia relación que mantuvo Strauss con su madre, una mujer con enfermedad mental, que tuvo que ser recluida en una clínica psiquiátrica cerca de Munich, justo en el momento en que el compositor empieza a esbozar su ópera y las casualidades, no existen, más bien las causalidades.  Hay también en el argumento un perfume reconcentrado de toda la obra de Nietzsche, Karl Kraus e incluso Jung y una reverberación de los fuegos fatuos que jalonan el declive irrevocable del Imperio Austro-Húngaro con sus miserias y oropeles. Tiempos de descomposición social, la Elektra que se presenta ahora en el Teatro Real, acompaña la decadencia de una monarquía dual que reinó durante siglos, arrastrando todo un universo de ideas, sentimientos, filosofías, arte y política con ella. Es la vigencia plena de la literatura y el zeitgeist de los griegos, en la envoltura carnal y moribunda de la Viena fin de siglo y sus enfermedades. Elektra no es sensual y cautivadora como Salomé, el otro gran personaje de Strauss. Mujer que ha perdido sus atributos solo puede realizarse paradójicamente en el ejercicio del sacrificio y la muerte. Theodor W. Adorno lo explicó de esta manera: “Ha recogido Richard Strauss todo el brillo de la época, reflejándolo en el espejo de su música: ha perfeccionado el aspecto exterior de la música y la ha hecho transparente como el cristal…” (1924). Un hallazgo.

Thursday, March 10, 2011

Concerto della Wiener Philharmoniker di Vienna - Costa Mesa, California

Foto:Semyon Bychkov (c) Thomas Kost

Ramón Jacques
Considerando la sua storia di quasi 160 anni, la solidità e l’alto livello interpretativo, partecipare a un concerto dei Wiener Philharmoniker è di per sé una esperienza storico-musicale Inoltre, l’evento assume un valore aggiunto se il lavoro scelto da eseguire in questa occasione non è altro che la formidabile Sinfonia n. 6 in la minore di Gustav Mahler, un lavoro poco eseguito di un compositore la cui carriera è strettamente legata a quesya formazione Il concerto è stato ospitato nella modernissima sala da concerti Renée & Henry Segerstrom di Costa Mesa, una città situata a 50 km a sud di Los Angeles, in una parte della tournee che ha condotto l’orchestra per varie città in California, organizzata dalla prestigiosa Società Filarmonica di Orange County come parte del ciclo di orchestre internazionali invitate. La versione di questa “Tragica” è stata solenne e maestoso. Senza sacrificare la precisione e la chiarezza, notevole nella sua ampia sezione di archi e ottoni e percussioni straripanti, questa formazione di musicisti viennesi ha suonato con libertà ma unità stilistica, cercando di estrarre una varia gamma di timbri e colori, sottolineando contrasti e comunicando sentimenti, alcuni oscuri e beffardi, contenuti nella partitura. Dal podio, la mano di Semyon Bychkov era sicura e piena di intensità, nei passaggi dov’era richiesta, e la sua prestazione era più vicina a a quella di un partner di pari livello, così che la musica scorreva naturale Si è potuto ascoltare un commovente ed emozionante Scherzo, un vibrante e pulsante primo movimento Allegro energico, ma non troppo, e anche se i passaggi finali e la chiusura del concerto mostravano un che di incompiuto e freddo, non si alterava il risultato di una serata molto soddisfacente e di successo.

Tuesday, March 8, 2011

La Sexta sinfonía de Mahler interpretada por la Orquesta Filarmónica de Viena en California

Foto: Terry Linke

Ramón Jacques

Considerando su trayectoria de casi 160 años de existencia, su consistencia y su alto nivel interpretativo, asistir a un concierto de la Orquesta Filarmónica de Viena (Wiener Philharmoniker) es per se participar de una experiencia histórica-musical. Pero además, el evento adquiere una mayor dimensión cuando la obra elegida para ser ejecutada en dicha ocasión es nada menos que la formidable Sinfonía No. 6 en la menor de Gustav Mahler, una obra poco interpretada, de un compositor cuya carrera estuvo muy vinculada a esta agrupación. El concierto que tuvo como sede la modernísima sala de conciertos Renée & Henry Segerstrom Concert Hall de Costa Mesa, ciudad ubicada a 50 kms al sur de Los Ángeles, formó parte del tournee que realizó la orquesta por diversas ciudades de California, y que fue organizado por la prestigiosa asociación The Philarmonic Society of Orange County como parte de su ciclo de orquestas internacionales invitadas. La versión de esta “Trágica” fue solemne y majestuosa. Sin renunciar a la precisión y a la claridad, notable en su extensa sección de violines y metales como estruendosas fueron sus percusiones, esta asociación de músicos vieneses tocó con libertad y con unidad en su estilo, buscando extraer la gama de timbres y colores, de resaltar los contrastes y de comunicar sentimientos, algunos oscuros y devastadores, contenidos en la partitura. Desde el podio, la mano de Semyon Bychkov fue segura y estuvo cargada de intensidad, en los pasajes en los que así fue requerida, y su presencia y prestación se acercó más a la de un colaborador o facilitador, para que la música fluyera con naturalidad. Se escuchó un conmovedor y emocionante Scherzo, un vibrante y palpitante primer movimiento Allegro energico, ma non troppo; y aunque los pasajes finales y el cierre del concierto dejaron una sensación de un estremecimiento inconcluso y frío, no se altera el resultado de que se trató de una velada muy satisfactoria y grata.

Monday, October 26, 2009

WDR Sinfonieorchester Köln - Lingotto Musica, Torino

Foto: Semyon Bychkov, Katia & Marielle Labèque
Crédito: Associazione Lingotto Musica
@ Pasquale Juzzolino

Massimo Viazzo

Magmatica, incandescente l’Alpensinfonie che ha inaugurato la nuova stagione del Lingotto. Sul podio Semyon Bychkov non è parso solo attratto dal mero descrittivismo che emerge dall’ultimo poema sinfonico straussiano, peculiarità di una pagina di straordinario impatto virtuosistico concepita probabilmente dall’autore per sfoggiare le proprie brillanti qualità direttoriali (la première ebbe luogo a Berlino il 28 ottobre del 1915 e fu diretta da Strauss in persona). Il direttore russo-americano ha declinato il lavoro in un’unica arcata espressiva all’interno della quale i richiami motivici andavano a costituirsi come effettiva sostanza, tessuto connettivale vivo e tesissimo in grado di rivelarne le qualità squisitamente musicali. Certo, seduzioni timbriche, nuances d’eloquio, colorazioni sezession, abbandoni nostalgici (“Ausklang”) non le abbiamo colte. Ma grazie anche ad una prova maiuscola della WDR Sinfonieorchester Köln, l’impressione di grande compattezza di fondo (per Bychkov le Alpi non risiedono, evidentemente, nella camera da letto della Marescialla!) resta vivida, smagliante, con quei temi sempre affilatissimi e arrotati, intagliati nel marmo. Nella prima parte la serata era iniziata all’insegna della festa, del gioco, del divertissement, con le sorelle Labèque alle prese con il giovanile Concerto per due pianoforti in mi maggiore di Mendelssohn, pagina di gusto biedermeier portata però qui a temperature emotive inusitate (sentire il clima pre-chopiniano dell’ “Adagio non troppo” ). Serrato e affiatatissimo il dialogo tra le due carismatiche pianiste, con una Katia più variegata in termini di fraseggio e una Marielle digitalmente funambolica. Il tutto concertato da un Bychkov sfumato e trasparente. La scelta della Polka di Adolfo Berio (il nonno di Luciano!) come bis non avrà sorpreso gli aficionados: Katia e Marielle Labèque hanno in repertorio il clownesco brano da tempo e lo hanno pure inciso. Prossimo appuntamento il 17 dicembre con un programma russo-francese (più una inconsueta incursione in territorio straussiano) affidato alla London Symphony Orchestra diretta da Valery Gergiev.

Versión en Español
Foto: Semyon Bychkov, Katia & Marielle Labèque
Crédito: Associazione Lingotto Musica @ Pasquale Juzzolino

Massimo Viazzo

Magmática, incandescente la Alpensinfonie que inauguró la nueva temporada del Auditorio Lingotto en Turín. En el podio Semyon Bychkov no pareció estar solo atraído por el mero descriptivísimo que emerge del ultimo poema sinfónico straussiano, peculiaridad de una pagina de extraordinario impacto virtuoso concebida probablemente por el autor para mostrar su propia y brillante calidad directoral (la première tuvo lugar en Berlín el 28 de octubre de 1915 y fue dirigida personalmente por Strauss). El director ruso-americano declinó el trabajo en una única arcada expresiva al interior del cual los requeridos motivos se constituyeron como una efectiva sustancia, tejido ensamblado, vivo y probado al grado de revelar sus cualidades exquisitamente musicales. Cierta seducción tímbrica, nuances d’eloquio, coloración, sezession, abandono nostálgico (“Ausklang”) no se ha podido sentir. Pero gracias también a una prueba mayúscula de la WDR Sinfonieorchester Köln, la impresión de gran consistencia de fondo (para Bychkov los Alpes no habitan, evidentemente en el dormitorio de la Mariscala!) permanece viva, radiante, con los temores siempre afiladísimos, agudizados y tallados en el mármol. La primera parte de la velada se inició con la insignia de la fiesta, del juego, del divertissement, con las hermanas Labèque a la carga con el juvenil Concierto para dos pianos en mi mayor de Mendelssohn, pagina de justo biedermeier llevada aquí a temperaturas emotivas inusitadas (como se sintió el clima pre-chopiniano del “Adagio non troppo” ). Cerrado y afiatadisimo el dialogo entre las dos carismáticas pianistas, con una Katia mas abigarrada en términos de fraseo y una Marielle digitalmente acrobática El todo fue concertado por un Bychkov suavizado y transparente. La elección de la Polka de Adolfo Berio (el abuelo de Luciano) como bis no habrá sorprendido a los aficionados ya que Katia y Marielle Labèque tienen en su repertorio la clownesca pieza por mucho tiempo y la han grabado. La próxima cita, el 17 de diciembre con un programa ruso-francés (mas que nada una inusual incursión en territorio straussiano) confiada a la London Symphony Orchestra dirigida por Valery Gergiev.