José Noé Mercado
Figaro! Figaro!
Opera-Musica Foto: Die Feen - Wagner - Théâtre du Châtelet, Paris - 04/2009(c) Marie-Noëlle Robert.
Thursday, January 8, 2026
Blue Moon: un artista al paso del tiempo
Thursday, January 1, 2026
Monday, December 22, 2025
Entrevista con la soprano Carmela Remigio
Ramón Jacques
La soprano Carmela Remigio, que se encuentra actualmente en el festival Donizetti Opera de Bérgamo, donde es invitada frecuentemente, nos habla en esta entrevista sobre el recorrido que ha llevado a lo largo de su carrera a cantar los papeles de las obras más importantes y exigentes de Gaetano Donizetti; así como su relación con las obras Mozart y lo que este compositor le ha aportado para llegar a ser actualmente una de las intérpretes más reconocidas del bel canto italiano; como también ahonda sobre el papel principal, de la última y poco conocida ópera de Donizetti: Caterina Cornaro, de la cual nos describe ampliamente al personaje y porque se eligió el título.
Carmela, en
la primera entrevista que hicimos hace algunos años, hablamos como tu carrera en
aquel entonces se centraba en interpretar personajes de obras de Mozart, y que
esto seguías tu voz, que te llevaba a ese repertorio. Ahora tu carrera parece inclinarse hacia el
repertorio belcantista de Donizetti. ¿Consideras
que ser una gran interprete de Mozart, y dominarlo, te ha ayudado para abordar
con éxito el belcanto?
Si, es verdad
hablamos casi hace veinte años e hicimos una entrevista que se centraba en el
repertorio mozarteano, que siempre ha sido la base sólida de mi carrera, desde
que inicié, que continúa siendo parte de
mi planeación artística, y no lo abandonaré hasta el día que deje de
cantar. Dicho lo anterior, considero a
Mozart el más grande genio musical, aquel que compuso para la voz junto al
teatro, y que permite a las voces mismas ejecutar como un binomio perfecto. De alli, pasando al belcanto, ya desde los
primeros años de mi carrera comencé a cantar I Capuletti e I Montecchi, y hace
más de veinticinco años debuté Maria Stuarda, aquí mismo en Bérgamo,
posteriormente canté la Regina Elisabetta, también en Maria Stuarda, también
canté Anna Bolena y con el doble papel papel de Giovanna, en diversas
circunstancias. Hice Anna Bolena, también en el festival de Bérgamo, que fue
interpretada en una versión integral, con
una nueva revisión, que me hizo acreedora al premio Abbiati ese año, junto a la
ejecución del papel de Alceste de Gluck. Considero que la música del siglo XVII
y de principios del XIX son dos repertorios complementarios, es decir no se
llega al siglo XVII sin haber pasado y tenido una sólida técnica mozarteana
porque lo que naturalmente, para los artistas cantantes de otra época, era el
recorrido natural que en entonces se les imponía a los cantantes. Se pasaba por las grandes prime donne
mozarteanas: Anna Bolena y la Condesa, para después terminar después dentro de
los repertorios del belcanto italiano: Rossini, Donizetti, Bellini y todo el
siglo XVII que es un poco desconocido, como la escuela napolitana italiana que
hoy se conoce menos pero que era la costumbre.
Si hablamos de un proceso natural para la voz, siempre he interpretado personajes
que van de acuerdo con mi vocalidad, orillándome incluso hacia el siglo XX, donde
podrían ser adecuados para mí, papeles de óperas como: Rake’s Progress de
Stravinski, la Donna Serpente de Alfredo Casella, Der Vampyr de Heinrich
Marschner; que es todo aquello que una soprano lirico puede interpretar.
Además de tus propias capacidades vocales
¿Que más que te ha inspirado para profundizar más en el estilo del belcanto?
He dicho muchas
veces que siempre ha sido un punto de partida y una inspiración para grandes
belcantistas del pasado, la gran Montserrat Caballé, de quien pienso es la
madre del belcanto. Considero que con ella, en su época, junto a otras más, que
ella verdaderamente hizo una revolución sobre las que han han sido las prime
donne donizetianas; y no era por nada, la señora Caballé abordaba también
el repertorio mozarteano, como las grandes de ese repertorio, que ha sido de
cualquier modo, la escuela para llegar hasta allí, así como es fue recorrido
histórico de aquellos compositores.
Que le puedo
decir a quien no conoce Caterina Cornaro, darle una motivación más para
escuchar este título bastante inédito desconocido, y un poco desafortunado de
nuestro amado Gaetano Donizetti. Es una ópera de tintes fuertes, y la ultima
ópera de las reinas que compuso, y que además fue fuertemente censurada por sus
argumentos que aborda la obra, como el envenenamiento de un rey que era algo
que no podría ser representado. Esta fue
la motivación principal para la censura, no tanto por le amor de Caterina por
otro hombre, porque es la dinámica que encontramos en las otras reinas
donizetianas, como Anna Bolena que se enamoran de Percy, siendo la mujer de
Enrico VIII; al igual que en Maria Stuarda donde esta Leicester, que
improvisamente se hace su amante, y ella termina pagando las consecuencias, en suma,
el tenor es el que esparce cizaña. Una motivación más es que como parte del
festival se ejecutara un final alternativo que Donizetti compuso, pero que
nunca pudo escuchar, un final que ha pensado ampliamente con Giacomo Sacchero,
el libretista; y al contrario de lo que sucede con las otras reinas
donizetiannas, Caterina no concluye con la grande cabaletta final, plena
de agilidad, agudos, trinos, y si queremos, sobreagudos, si no que hace
concluir la ópera con un dueto de amor, en el que Lusignano perdona a Caterina,
es un un dueto conmovedor de un moribundo, que continua a amar y que perdona, y
ella que responde sobreponiéndose a su línea de canto con tanta alma, atrapada
y poética. Despues, a un cierto punto, leyendo una carta de Donizetti a Sacchero,
“.me gustaría.” escribe Donizetti, “concluir
la ópera con el solo grito de ella.”’ y de hecho concluye la ópera con un recitativo
acompagnato, en el cual muere Lusignano, y después ella inicia un grito de
ocho o diez compases, sola en la segunda línea, con insistencia, justo para
describir su desesperación de esta muerte, tal vez querida por ella o no, pero
es una muerte que se parece quizás a la muerte que Donizetti, estaba viviendo
con sus seres queridos, porque no olvidemos que mientras Donizetti compuso esta
ópera, pasa los últimos meses de su vida, y murió con gran sufrimiento por que
le administraban punciones de mercurio que eran muy dolorosas, así que
seguramente no la pasó bien en los últimos momentos de su vida. Es así es que al morir Lusignano, con la
desesperación de Caterina, murió también el grande Donizetti. Mi camino con Gaetano
Donizetti ha sido muy hermoso hasta ahora, porque lo he amado y respetado
siempre, y buscado de ejecutarlo con gran puntualidad musical y teatral, y
estoy endeudada con el porque me ha dado la posibilidad de interpretar grandes
personajes, a través esta comisión entre música y teatro, así como también
estaré en deuda eterna con Mozart por lo que nos ha dado. ¡Viva Donizetti!
¿Existe algún
papel que te hubiera gustado cantar pero que aún no has podido hacerlo, o está
fuera de tus alcances vocales?
Seguramente que
en mis sueños estaría una Lady Macbeth, pero mi vocalidad no me lo permite, y
no la cantaré nunca. No siempre se pueden realizar algunos sueños, pero me
basta con escuchar algunas grandes interpretaciones y soñar a través de ellas.
Sunday, December 21, 2025
Lady Macbeth Mtsensk en Milán
Massimo Viazzo
Con motivo del cincuentésimo
aniversario de la muerte de Dmitri Shostakovich (1906-1975), el Teatro alla
Scala inauguró su nueva temporada de ópera con la representación de Ledi
Makbet Mtsenskovo Uyesda” (Lady Macbeth del distrito de Mtsenk),
inquietante y perturbadora obra maestra del siglo XX. Después de haber obtenido un notable éxito en
su primera representación en 1934, en Leningrado y los dos años sucesivos, la
ópera fue prohibida por Stalin en 1936. Se piensa que después de haber asistido
a una función en el Bolshoi, Stalin contribuyó en primera persona a la
redacción de las duras críticas publicadas en el diario Pravda algunos días
después, con el título de “Caos, en vez de música”. Stalin y su más
cercano séquito condenaron el llamado formalismo de la ópera,
sosteniendo que la música debía ser simple, inmediata y optimista, así como un
medio artístico para la educación de las masas. A su vez, la partitura de
Shostakovich se distingue por una profunda inquietud y un crudo realismo, y se
caracteriza por sus asperezas harmónicas, ritmos frenéticos y obstinados, así
como de contrastes violentos. Sin embargo, la obra conserva también un lirismo
muy intenso que se manifiesta con frecuencia en los desgarradores solos de la
protagonista. Mas allá de la feroz crítica hacia la familia patriarcal y
autoritaria de la Rusia de mediados del siglo XIX, a Stalin le provocó un
descontento especial las escenas de sexo. El compositor fue obligado en 1963 a
volver a su partitura para atenuar los tonos y suavizar las asperezas, como
único modo para poder ponerla de nuevo en escena. La censura de Stalin infligió
una herida profunda al joven compositor quien venía apenas 24 años cuando
inició la composición de Lady Macbeth. Esta obra debió haber constituido la
primera entrega de una trilogía dedicada a las condiciones de las mujeres
rusas, pero claramente no se hizo nada al respecto. En la Scala, Lady Macbeth
del distrito de Mtsensk ya había sido interpretada en versión original, dos
veces, en 1992 y en el 2007, respectivamente, y una vez en una versión revisada
titulada Katerina Ismailova, en 1964, en una versión rítmica italiana. A pesar
de su naturaleza criminal y sanguinaria, Shostakovich presentó a la
protagonista principalmente como una víctima del mundo intolerante, obtuso,
machista y autoritario del campo ruso. En consecuencia, el público desarrolló
hacia ella empatía y una cierta comprensión. Es
como si el compositor ruso invirtiera el carácter original de Katerina,
eliminando del relato de Leskov del que se toma el libreto, un asesinato
adicional, el de un joven pariente asesinado por cuestiones hereditarias, y el
abandono del hijo recién nacido. Katerina emerge como emblema de rebelión y de
emancipación, independientemente de las circunstancias que al estar envuelta en
el envenenamiento de su despótico y libidinoso suegro mediante el uso de veneno
para ratas en unos hongos, en el estrangulamiento de su marido Zinovy con la
complicidad de Sergej, o en el homicidio de la nueva amante de este último,
durante el traslado al campo de prisioneros en Siberia. Para narrar la
dramática historia Vasily Barkhatov, utilizó el recurso del flashback,
adoptando un montaje cinematográfico. La idea del director de escena ruso es
hacer que Katerina cuente las fases de la historia durante un interrogatorio.
Entre una escena y otra, el escenario se oscurece, una mesita con una lámpara
sube al proscenio y un oficial de policía hace una multa. Los testigos se
alternan para contar su versión de los hechos, mientras en el telón de fondo se
proyectan sus rostros en primer plano y otras imágenes relacionadas a la
investigación. De esta manera, las escenas de sexo y las más cruentas, fueron
aquí solamente narradas y no fueron vistas en realidad sobre el escenario,
debilitando deliberadamente el realismo que podría haberlas hecho demasiado
explícitas y perturbadoras. Por otra parte, la música de Shostakovich, contribuyó
a crear una atmosfera de angustia claustrofóbica y una violencia punzante, que
tal vez no hacía falta amplificar más allá del punto de vista visual. Esta
extraordinaria partitura presenta además momentos grotescos (cifra típica de la
música de Shostakovich), como, por ejemplo, la intervención del sacerdote
después de constatar el deceso de Boris, o el episodio humorístico en la
comisaría en el que el sargento se queja de no haber sido invitado a la boda de
Katerina y Sergej, o aquel en el que un campesino borracho descubre el cadáver
en el sótano (aquí solucionado metiendo a Barkhatov en una caja fuerte). El
director de escena ruso cambió temporalmente la narración a los años 50 del
siglo pasado (apropiados fueron las moviles escenografías creadas por Zinovy
Margolin, los trajes confeccionados por Olga Shaishmelashvili y la
iluminación curada por Alexander Sivaev), periodo que coincidió con los
últimos años del régimen de Stalin, transformado la finca de campo del libreto
en un restaurante con una gran sala de comedor de estilo Art Déco,
característico de la Rusia de aquel periodo histórico. Por tanto, el amante Sergei asume el papel del cocinero, en lugar de ser un simple trabajador en
la finca de los Ismailov. Naturalmente que en esta producción hubo algunas
adaptaciones a la escena, pero el cambio más significativo se refiere al final
de la ópera, en el que Katerina, en un imprevisto coup de théâtre, se
prende fuego inmolándose como antorcha humana, quemando también a Sonetka, la
rival. Las consideraciones finales del
guardia, atribuyen la muerte de las dos mujeres por ahogamiento (como indica el
libreto), a pesar del fuego que se ve en el escenario, no crearon de ninguna
manera una discrepancia e hicieron que funcionara. “Las dos se ahogaron, era
imposible salvarlas, la corriente es fuerte. ¡Silencio! ¡A sus puestos!” dice
el guardia, y esta parecería ser la versión oficial de los hechos que se deben
contar a sus superiores. Mejor callar sobre el homicidio-suicidio. Mejor no
contar la realidad de los hechos, algo que no se sabra nunca. Sin embargo, al final, diría que, aunque se
aprecia y se entiende la puesta en escena de Barkhatov, uno habría esperado
algo más abrasivo y provocador por parte del joven director ruso. La verdadera
provocación provino justo de la música de Shostakovich que abrumó y conmocionó al
público con su potencia expresiva.
Riccardo Chailly dirigió a la orquesta de la Orchestra del Teatro
alla Scala, mostrando un notable dominio de la partitura, ofreciendo una
concertación de alto nivel, caracterizada por lucidez, tensión, implacable
ritmo y un precioso cuidado de los timbres, más allá de la amplia respiración
lirica. La narración de rara fuerza teatral alternó momentos de desgarradora audacia con otros de doloroso
y desesperado lirismo, como también un oasis de profunda introspección. La formidable
Passacaglia que une las dos escenas del segundo acto fue quizás el
momento más impactante de hierática y fatalista velada. El momento en el que
Katarina y Sergei comienzan a ser aspirados por el remolino de sus atroces acciones,
y nosotros, los oyentes, quedamos atrapados, hipnotizados por los densos
entramados musicales que cobran vida y se enroscan como insidiosas espirales. Un aplauso también para todos los músicos de
la orquesta, que mostraron una dedicación extraordinaria hacia esta partitura,
galvanizados por la batuta de su director musical, en su última inauguración en
el teatro Scala. El próximo año, lo sustituirá Myung-Whun Chung y el
título inaugural elegido será Otello de Giuseppe Verdi. El elenco elegido por
la Scala es para recordar, homogéneo por calidad y alto nivel. La protagonista Sara
Jakubiak demostró saber afrontar su exigente parte sin nunca recurrir al
grito, un resultado que merece respeto vista el constante requerimiento del
registro agudo. La soprano estadounidense se impuso con una sólida técnica y
una notable fuerza teatral, sin nunca renunciar al canto. Su voz de distinguió
por amplitud, proyección vocal y por intensidad dramática. A su lado, Najmiddin
Mavlyanov esbozó un Sergei de fuerte impacto, áspero y esencial. Su fraseo,
quizás no tan pulido, comunicó, de cualquier manera, una notable urgencia
expresiva. Alexander Roslavets personificó un Boris de timbre redondo,
fluidez en el frase y musicalidad, permitiendo emerger también el lado
despótico y tiránico del personaje. El experto Yevgeny Akimov en el
papel del débil Zinovy, mostró una cierta seguridad y musicalidad para
representar de la mejor manera al marido de Katerina, que es tan indeciso e
inestable. Entre los numerosos personajes que se encuentran en la ópera, todos
los intérpretes con preparación, empeño y eficiencia dramática, deseo y evidencia
se distinguieron teniendo papeles particularmente significativos: Ekaterina
Sannikova fue una incisiva y penetrante Aksin’ja; Elena Maximova,
mezzosoprano de grato timbre bruñido, en el papel de una Sonetka perversa y cruel;
Oleg Budaratskiy dio vida a un sargento de policía un poco aburrido y un
poco brusco, pero listo para reafirmar la autoridad de su uniforme. Valery
Gilmanov trazó un sacerdote bufo, grotesco, pero quizás un poco
caricaturesco; Alexandre Kravets se distinguió como un campesino
harapiento, alegre y burlón, mientras que Goderzi Janelidze, viejo convicto,
cantó una de las partes mas emocionantes, en la última escena de la ópera con transporto
y solida voz. Muchos elogios para Alberto Malazzi y para su Coro del
Teatro alla Scala ¡una vez más estuvo espectacular! Un gran éxito para esta que
debe considerarse como una de las mejores inauguraciones de la Scala de los
últimos años.
Lady Macbeth del distretto di Mcensk - Teatro alla Scala
Massimo Viazzo
In occasione del cinquantesimo
anniversario della scomparsa di Dmitri Shostakovich (1906-1975), il Teatro alla Scala ha inaugurato la nuova stagione operistica con la rappresentazione di “Ledi Makbet Mtsenskovo Uyesda” (Una Lady Macbeth del distretto
di Mcensk), capolavoro inquietante e disturbante del Novecento. Dopo aver
riscosso un notevole successo alla prima rappresentazione nel 1934
a Leningrado e nei due anni
successivi, l’opera fu proibita da Stalin nel 1936. Si ritiene che Stalin, dopo aver assistito ad una recita al
Bolshoi, abbia contribuito in prima
persona alla redazione della celebre stroncatura pubblicata sulla Pravda alcuni giorni dopo, intitolata
«Caos, anziché musica». Stalin e il suo più stretto entourage condannavano il
cosiddetto formalismo dell’opera, sostenendo che la musica doveva essere semplice, immediata e ottimista, un mezzo artistico per
l’educazione delle masse. La partitura di Shostakovich si
distingue invece per una profonda
inquietudine e un crudo realismo, ed è caratterizzata da asprezze armoniche, ritmi frenetici e ostinati,
nonché da contrasti violenti. L’opera
conserva, tuttavia, anche un tesissimo lirismo che si manifesta frequentemente negli strazianti assoli
della protagonista. Oltre alla feroce
critica nei confronti della familia patriarcale e autoritaria della Russia di metà Ottocento, a Stalin
suscitarono particolare disappunto le scene di sesso. Il
compositore russo fu costretto, nel 1963, a
tornare sulla sua partitura per attenuarne i toni e smussarne le asprezze, unico modo per poterla rivedere
sulle scene. La censura staliniana
inflisse una ferita profonda al giovane compositore che aveva appena 24 anni quando iniziò la stesura
della Lady Macbeth. Quest’opera
avrebbe dovuto costituire il primo pannello di una trilogia dedicata alla condizione della donna russa, ma
chiaramente non se ne fece nulla. Alla Scala, Una Lady Macbeth del distretto di Mcensk era già stata eseguita in versione originale due volte, rispettivamente nel 1992 e nel 2007, e una volta nella
versione revisionata, intitolata Katerina Ismailova, nel 1964, in versione rítmica italiana. Nonostante la sua natura
criminale e sanguinaria, Shostakovich presenta la protagonista principalmente come vittima, una vittima
del mondo bigotto, ottuso,
maschilista e autoritario della campagna russa. Di conseguenza, il pubblico sviluppa nei suoi confronti empatia e
una certa comprensione. É un po’ come se il compositore russo ribaltasse
ilcarattere originario di Katerina, eliminando dal racconto di Leskov da
cui è tratto il libretto, un ulteriore omicidio, quello di un
giovane Parente ucciso per questioni
ereditarie, e l’abbandono del figlio appena nato. Katerina emerge come emblema di ribellione e di emancipazione,
indipendentemente dalle circostanze che la vedono coinvolta
nell’avvelenamento del suocero dispotico e libidinoso tramite
l’uso di un topicida nei funghi, nello
strangolamento del marito Zinovy con la complicità di Sergej, o nell’omicidio della nuova amante di
quest’ultimo durante il trasferimento al
campo di prigionia in Siberia. Vasily Barkhatov, per narrare la drammatica vicenda, utiliza l’espediente del flashback, adottando un montaggio
cinematografico. L’idea del regista russo è
quella di far raccontare a Katerina le fasi della storia durante un interrogatorio. Tra una scena e l’altra il palco
si oscura, un tavolino con una
lampada sale in proscenio e un ufficiale di polizia redige il verbale. I testimoni si alternano per raccontare
la propria versione dei fatti, mentre sul
fondale vengono proiettati i loro volti in primo piano e altre immagini relative all’indagine. In questo
modo, le scene di sesso e quelle più
cruente, essendo qui solamente narrate e non vissute realmente in quel momento sulla scena, vengono
volutamente depotenziate di quel realismo che avrebbe potuto
renderle troppo esplicite e disturbanti.
La musica di Shostakovich, d’altronde, contribuisce già a creare un’atmosfera di angoscia claustrofobica
e sferzante violenza e forse non
c’è bisogno di amplificarla ulteriormente dal punto di vista visivo. Questa straordinaria partitura presenta
anche numerosi momenti grotteschi
(cifra tipica della musica di Shostakovich), quali ad esempio l’intervento del pope dopo la constatazione del
decesso di Boris, o l’episodio umoristico presso la stazione di
polizia in cui il sergente si lamenta di
non essere stato invitato al matrimonio di Katerina e Sergej, o quello in cui un contadino ubriaco scopre il
cadavere in cantina (qui sistemato da Barkhatov nella cassaforte).
Il regista russo sposta
temporalmente la narrazione agli anni ’50 del secolo scorso (appropriate le scene scorrevoli preparate da Zinovy Margolin, i costumi confezionati da Olga Shaishmelashvili e le luci curate da Alexander Sivaev), periodo coincidente con gli ultimi anni del regime di Stalin, e trasforma il podere di campagna del libretto,
in un ristorante con grande sala da
pranzo in stile Art Déco, caratteristico della Russia di quel periodo storico. L’amante Sergej assume
quindi il ruolo di cuoco, anziché di
semplice lavorante nella tenuta degli Ismailov. In questa produzione ci sono naturalmente alcuni
adattamenti registici, ma il cambiamento
più significativo riguarda il finale dell’opera, in cui Katerina, con un improvviso coup de théâtre, si dà fuocoimmolandosi come torcia umana, dando fuoco anche a
Sonetka, la rivale. Le considerazioni
conclusive della guardia che attribuiscono la morte delle due donne ad annegamento (come da libretto),
nonostante il fuoco che si vede in
palcoscenico, non crea comunque una discrepanza e mi fare funzionare. «Sono annegate entrambe, era impossibile salvarle, la corrente è forte. Zitti! Ai propri
posti!» dice la guardia, e questa sembrerebbe la versione ufficiale degli eventi da
raccontare ai propri superiori. Meglio tacere
dell’omicidio-suicidio. Meglio non raccontare la realtà
dei fatti, non si sa mai… Alla fine
direi però che pur apprezzando e comprendendo la messa in scena di Barkhatov, ci si sarebbe aspettato qualcosa di più
abrasivo e provocatorio da parte del
giovane regista russo. La vera provocazione è giunta così proprio dalla musica di Shostakovich, che ha travolto
e commosso il pubblico con la sua
potenza espressiva. Riccardo Chailly ha diretto l’Orchestra del Teatro alla Scala mostrando una notevole padronanza della partitura, offrendo una concertazione di alto
livello caratterizzata da lucidità,
tensione, ritmo incalzante e una preziosa cura timbrica, oltre che di ampio respiro lirico. La narrazione, di
rara forza teatrale, ha alternato momenti
di graffiante audacia ad altri di lirismo straziante e disperato, e ancora ad oasi di profonda
introspezione. La formidabile Passacaglia che unisce le due scene del secondo atto è stato forse il momento più sconvolgente della serata, ieratica,
fatalistica, il momento in cui Katerina e Sergej cominciano ad
essere risucchiati dal gorgo delle
loro efferate azioni e noi ascoltatori veniamo irretiti, ipnotizzati dalle fitte trame musicali che si animano e
si avviluppano come spire
insidiose. Un plauso anche a tutti gli orchestrali, che hanno mostrato una dedizione straordinaria verso
questa partitura, galvanizzati dalla bacchetta del loro direttore
musicale, alla sua ultima inaugurazione
scaligera. L’anno prossimo, subentrerà Myung-Whun Chung e il titolo inaugurale prescelto sarà l’Otello di
Giuseppe Verdi. Il cast predisposto dalla Scala è di quelli da ricordare, omogeneo
per qualità e di alto livello. La
protagonista, Sara Jakubiak, ha dimostrato intanto di saper affrontare la sua impegnativa parte senza mai ricorrere
all’urlo, un risultato di tutto rispetto vista la costante
sollecitazione del registro acuto. Il soprano
statunitense si è imposta con una técnica salda e una notevole forza teatrale, senza mai rinunciare al
canto. La sua voce si è distinta per
ampiezza, proiezione vocale e intensità drammatica. Accanto a lei, Najmiddin Mavlyanov ha tratteggiato uno Sergej di forte impatto, ruvido ed essenziale. Il suo fraseggio,
forse noncosì levigato, ha comunque comunicato una notevole urgenza
espressiva. Alexander Roslavets ha impersonato Boris con tímbrica rotonda, fluidità di fraseggio e musicalità, lasciando emergere
anche il lato dispotico e tirannico del
personaggio. L’esperto Yevgeny Akimov, nei panni del debole Zinovy, ha mostrato una certa sicurezza e
musicalità nel rappresentare al meglio il marito di Katerina, così
indeciso e instabile. Tra i numerosi personaggi che si incontrano nell’opera, tutti
interpretati con preparazione, impegno ed
efficienza drammatica, desidero evidenziare coloro che si sono distinti avendo un ruolo
particularmente significativo: Ekaterina Sannikova come Aksin’ja, incisiva e penetrante; Elena Maximova, mezzosoprano di bella timbrica brunita, nei panni di una Sonetka perversa e
crudele; Oleg Budaratskiy ha impersonato un sergente
di polizia un po’ annoiato e un po’
brusco, ma pronto a riaffermare l’autorità
della sua divisa; Valery
Gilmanov ha tratteggiato un pope buffo, grottesco, ma forse
un po’ troppo caricaturale; Alexander Kravets si è distinto come contadino cencioso allegro e beffardo, mentre Goderdzi Janelidze, vecchio forzato, ha cantato uno dei brani più
emozionanti, nell’ultima scena dell’opera, con trasporto e voce salda. Grandi lodi ad Alberto Malazzi e al suo Coro del Teatro alla Scala ancora una volta strepitosi! E grande successo per questa che è da considerarsi come una delle
migliori inaugurazioni scaligere degli ultimi anni.






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