lunes, 28 de diciembre de 2020

Arturo Márquez: 70 aniversario La épica del baile de salón

Foto: Arturo Márquez

Por José Noé Mercado

A ningún melómano escapa la noción de que dos obras principales sintetizan el catálogo sinfónico mexicano, bien por su éxito y popularidad; acaso por su constante programación en salas de concierto, nacionales e internacionales; o de plano por su uso publicitario y propagandístico para anuncios comerciales, fiestas patrias y como representación misma del rostro nacionalista de nuestro país: Huapango (1941) del jalisciense José Pablo Moncayo (1912-1958) y Danzón No. 2 (1994) del sonorense Arturo Márquez (1950), quien el 20 de diciembre de este pandémico 2020 cumplió 70 años de edad. En ambos casos, esa consagración en el espectro musical clásico proviene del ámbito popular y, no menos importante, del terreno bailable. Quizá por ello algunos aficionados al arte sonoro miran estas piezas con cierta extrañeza, con ceja arqueada, y se reservan para repertorios, en apariencia, más profundos y elitistas.

Lo cierto es que las orquestas más relevantes del planeta han interpretado este par de obras y así confieren un prestigio inocultable a sus compositores, lo que les mantiene vigentes, actuales y frescos al oído de los degustadores musicales de cualquier edad o estirpe. De hecho, Huapango y Danzón No. 2 suelen brindarse no como contenido anunciado en los programas de conciertos, sino que pertenecen a ese conjunto elegido de encores con el que se corona una función sinfónica, a esos regalos ofrecidos para agasajar y agradecer al público y que a la vez permiten el lucimiento y gozo interpretativo. Aunque, desde luego, los autores de estas afamadas obras son también creadores de catálogos más amplios, cuya solidez y calidad ciertamente florece a la sombra de la luminosidad de sus piezas referenciales.

En el caso de Arturo Márquez, Premio Nacional de Bellas Artes 2009, su abanico sonoro comprende otros ocho danzones, títulos sinfónicos, conciertos, música para cine, obras para conjuntos de cámara, cantatas e incluso la reconstrucción que realizó de la orquestación del segundo acto de la ópera Atzimba (1900) del compositor duranguense Ricardo Castro (1864-1907), reestrenada en el Teatro del Palacio de Bellas Artes en 2014 —luego de medio siglo de su más reciente presentación—, por la Compañía Nacional de Ópera. Pero, sobre todo, Arturo Márquez es autor de un lenguaje que se nutre de géneros y colores latinoamericanos para alcanzar una voz propia y distintiva, rítmica, sensual y preñada de idealismo, de una épica bailable: es el creador de una sonoridad inconfundible.

Composición

Como el doctor y cantante Alfonso Ortiz Tirado y la actriz María Félix, Arturo Márquez nació en el pintoresco pueblo de Álamos, Sonora. Creció en el marco de esas calles empedradas o adoquinadas, cuando no abiertamente terrosas, de aire tranquilo y colonial fronterizo. La música de algún piano sonaba detrás de los balcones, más que como un rumor, como una certeza de aquellas casas y callejones con innumerables arcos y leyendas fantasmales; llegaba en formato de banda o mariachi en los pasadizos, la Alameda y otras plazas públicas. Márquez, el mayor de 9 hermanos, quería ser músico a semejanza de su padre, mariachi y carpintero. Pero para su madre no era la mejor opción, sobre todo porque no quería ver a su hijo en ese ajetreo de la infaltable bohemia donde corre la música.

Pero el entusiasmo y la pasión se impusieron, sin demasiado esfuerzo. Arturo Márquez comenzó su carrera musical a los 14 años de edad, cuando la familia se había mudado a los Estados Unidos. Desde los 6 años y hasta los 18, vivió entonces en Los Ángeles, California. Regresó a su pueblo natal, temeroso de la guerra de Vietnam, pero ya con una vocación clara que no abandonaría hasta el momento: la música. Ya tocaba el violín, el trombón, la tuba, la guitarra, pero su sueño era el piano. Luego de dos años en Álamos, se trasladó a la Ciudad de México para ingresar en el Conservatorio Nacional de Música. Ahí lo miraron con extrañeza, porque ya no tenía la edad temprana promedio para iniciarse en el instrumento deseado. Se inscribió, entonces, en la carrera de Educación Musical; sin embargo, fue reprobado en piano.

Lo mismo le ocurrió en el Conservatorio de París, cuando gracias a una beca se aventuró a trasladarse a Francia. Más allá de ese rechazo, aprovechó la oportunidad para complementar con el maestro Jaques Castérède la formación musical que en México había iniciado con Carlos Barajas, José Luis Alcaraz, Joaquín Gutiérrez Heras, Héctor Quintanar, Raúl Pavón y Federico Ibarra. Para entonces tenía algunas canciones escritas y varias piezas para piano solo. Su idea original de ser arreglista se había transformado y se afianzó en la composición cuando llenó lo que él consideraba lagunas; asignaturas como armonía, solfeo y orquestación, arte en el que destacaría por su elegancia y contundencia.

Como orquestador, las dotes de Arturo Márquez son significativas y elocuentes. Su capacidad para lograr fuerzas expresivas arrolladoras, combinadas con cambios de tiempo y texturas provenientes de instrumentos particulares como el güiro, el arpa, las claves o el pandero, le dan una transparencia melódica seductora y, en no pocas ocasiones, hipnótica.De regreso en México, luego de dos años en el país galo, estuvo en el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical Carlos Chávez (Cenidim) lo que sin duda ha complementado su perfil académico, pero a los 29 años de edad volvió a Estados Unidos. Esa vez al Instituto de Artes de California, como becario de la Fundación Fullbright

Ahí estudi.ó con Morton Subotnick, Mel Powell, Stephan “Lucky” Mosko y James Newton. Una faceta no muy conocida del autor de Danzón No. 2 es que durante esos inicios de la década de los 80 sentía una gran atracción por el mundo contemporáneo del arte y la interdisciplina; en específico, por la música electrónica y experimental en la que no tardó en incursionar.También se sentía atraído por el jazz, la world music y la danza. Y por el danzón.

Síntesis

El ritmo y la sensualidad de ese género musical se volvió una definitoria frecuencia expresiva para Arturo Márquez cuando conoció los salones de baile. Danzón No. 1 lo hizo sin haber asistido —y se nota— a uno de esos salones donde la música de Acerina y su danzonera y otras agrupaciones cobraban forma en las parejas de baile. Todo cambió con Danzón No. 2, una obra por encargo de la Orquesta Filarmónica de la UNAM, que desde su estreno ha sido dirigido por figuras de la talla del venezolano Gustavo Dudamel, para no ir muy lejos, una de las celebridades mundiales de la música clásica actual. Márquez se dio cuenta de que componía un danzón sólo hasta que descubrió sus características plasmadas en la partitura. Su vena musical se había transformado con el salón y con el cultivo de ese género de contacto íntimo y a la vez estético a través del baile.

El ansia de experimento sonoro del mundo contemporáneo dejó lugar a la música tonal; volvió sin reparos y con fortuna a esa entraña modal, al ritmo, al sonido popular, que además estaba impregnado de simpatía y solidaridad con el movimiento zapatista de aquellos años. Si bien Arturo Márquez no es propiamente un activista y su música mucho menos podría catalogarse de esa manera, en su obra puede encontrarse el idealismo por la justicia indígena y de una nación (Juárez a Maximiliano), por la épica de personajes históricos como Emiliano Zapata (La leyenda de Miliano), por la lucha sin violencia de Mahatma Gandhi, por la igualdad de derechos de Martin Luther King (Sueños) o por el anhelo de paz en el mundo (Alas [A Malala]).

Además del danzón, Márquez ha incursionado en otros géneros caribeños como la conga y la cumbia, en singulares síntesis donde la sensualidad del baile, el aire nostálgico de los salones y el corazón popular laten inyectadas de cierta esperanza de naturaleza rítmica. Y se amalgaman con el mundo clásico de las formas, técnicas, colores y texturas sonoras. La acogida del público es tan notable a su obra, que incluso puede afirmarse que cubre al personaje, aun cuando suba con cierta frecuencia a dirigir alguna de sus piezas, en su faceta como director de orquesta, o suela ser objeto de homenajes y reconocimientos diversos en instituciones o medios de comunicación.

La obra de Arturo Márquez se toca en todo el mundo, por infinidad de orquestas y conjuntos musicales de dotación disímil. Se interpreta incluso en transcripciones múltiples para instrumentos solos: piano, arpa, metales, balalaikas; para banda, para compañías de danza. En el catálogo de Arturo Márquez hay, como punto de partida, pasión. Vigor. Placidez elegante de las cuerdas; sinuosidad seductora de las maderas; ritmo inagotable en las percusiones; agrestes cruces del destino humano en los metales. Y, sobre todo, una nostálgica intimidad que se remece hasta estallar como un orgasmo sonoro, extrovertido en el público que así también lo comparte.

¡Cuánta vida a los 70 años de edad!

domingo, 27 de diciembre de 2020

Cavalleria Rusticana en Chicago

Foto: (c) Todd Rosenberg

Ramón Jacques

Chicago Symphony Hall. Ya convertida en una tradición de muchos años y en la actualidad una de las fechas más esperados de cada temporada de la Orquesta Sinfónica de Chicago, es la inclusión de un titulo operístico.  Con la llegada de Riccardo Muti a la titularidad de la agrupación, la elección natural ha sido la de obras del repertorio italiano, que incluye ya memorables ejecuciones de óperas como: Otello, Aida, Turandot y el Réquiem de Verdi, por mencionar solo algunas de las que se han escuchado en la sala de conciertos sede de la orquesta, como también de gira, especialmente en el Carnegie Hall, donde la orquesta tiene una cita todos los años.  Con motivo del decimo aniversario del celebre director napolitano al frente de la orquesta, el eligió dirigir Cavalleria Rusticana de Pietro Mascagni. A priori parecía que un concierto de una hora quince minutos, sin intermedio, seria muy poco para la ocasión, pero Muti y su orquesta demostraron lo contrario, ofreciendo una velada de emocionantes pasajes orquestales y corales. Cavalleria Rusticana es una obra que se presta para el lucimiento de la orquesta, como aquí quedó demostrado. La homogeneidad y el sonido que emergió de la sección de cuerdas y metales de la orquesta fue brillante, conmovedor y apasionante, por la amplia gama de colores y matices que Muti le imprimió con su autoritaria y segura mano, aunado a su maestría al concertar un repertorio que le pertenece ejecuta con la dinámica y la precisión de un motor muy bien aceitado.  Sobresaliente estuvo también el coro de la Sinfónica de Chicago en su desempeño, sus elementos que se ubicaron detrás de los músicos además de ocupar todas las butacas traseras de la sala de conciertos cuya forma es circular, cantaron con ímpetu e intensidad en cada una de sus intervenciones. El elenco vocal, con nombres de primer nivel, como en todas las óperas ejecutadas por la orquesta, cumplió su cometido de manera satisfactoria. Como Santuzza, la mezzosoprano Anita Rachvelishvili desplegó sensualidad y maestría con su opulento instrumento, cargado de intensidad y dramatismo. Por su parte el tenor Piero Pretti dejó una grata impresión por la calidez y brillantez de su timbre, ofreciendo un Turridu febril y creible. No corrió con la misma suerte el barítono Luca Salsi cantando a Alfio, quien tuvo altibajos cantando por momentos con desmedida fuerza y en otros con cierta pasividad, como si el papel le quedara justo o incómodo. Un lujo fue escuchar a la mezzosoprano Sasha Cooke, quien sobresalió en el breve papel de Lola, por su insólita y refinada elegancia vocal y un timbre de nítidos visos y matices La mezzosoprano Ronita Miller confirió autoridad al personaje de la mama Lucia, con su voz oscura y vigorosa y voluminosa.

Houston Grand Opera: Live from The Cullen with Sasha Cooke Friday, January 8, 7:30pm CT

Photo: Sasha Cooke (mezzosoprano) - Stephanie Girard

Houston Grand Opera Presents Live from The Cullen with Sasha Cooke

Virtual recital features talented mezzo soprano Sasha Cooke

What:   Houston Grand Opera presents the January installment of Live from The Cullen on January 8. Viewers will be transported to the Wortham Theater Center’s Cullen Theater for a performance by talented mezzo soprano Sasha Cooke. Cooke is an experienced recitalist who has performed at Carnegie Hall and the Kennedy Center, among many others, and will draw from her extensive repertoire for her digital recital. Her appearances with HGO include an acclaimed performance of Verdi’s Requiem in 2017. Cooke will be accompanied by HGO principal coach Kirill Kuzmin on piano.

Who: Two-time Grammy Award-winning mezzo-soprano Sasha Cooke has been called a “luminous standout” (New York Times) and “equal parts poise, radiance and elegant directness” (Opera News). She is sought after by the world’s leading orchestras, opera companies, and chamber music ensembles for her versatile repertoire. Cooke has sung at the Metropolitan Opera, San Francisco Opera, English National Opera, Seattle Opera, Opéra National de Bordeaux, and Gran Teatre del Liceu, among others, and with over 70 symphony orchestras worldwide. She is a graduate of Rice University and The Juilliard School and lives in Houston.

When:  Friday, Jan. 8, 2021.  7:30 p.m. C.T.

Where: Stream the recital for free on your computer, tablet, or smartphone by logging into HGO.org or marquee.tv. Or stream the recital on your television by accessing the Marquee TV app using your Roku, Apple TV, Fire TV, or other device. Available on-demand through February 7.

 Tariff:    Free

 

jueves, 17 de diciembre de 2020

La mezzosoprano Ilaria Ribezzi y el barroco

 

Foto: @Italphotomesagne; abajo  Ilaria Ribezzi y Ensamble Autarena 

Ramón Jacques

La mezzosoprano italiana Ilaria Ribezzi dio a conocer a inicios del mes de diciembre su nuevo proyecto de música barroca. Se trata de una grabación -disponible en you tube, así como en diversas plataformas- que contiene tres exigentes arias de obras barrocas en las que la artista demuestra su afinidad y buen gusto en la interpretación de este repertorio.  Ilaria que cuenta ya con un sobresaliente recorrido interpretando operas belcantistas y veristas, había tenido algunas aproximaciones a la música antigua habiendo interpretado en vivo el Mesías de Handel, el Stabat Mater, Gloria y Magnificat de Vivaldi; así como arias de Handel en concierto; y ahora decidió profundizar más en este género musical con un trabajo muy bien realizado y cuidado en cada detalle.  La grabación se realizó rodeada de frescos en la antigua Iglesia de Sant’Andrea en Brignano Gera d’Adda en la provincia de Bérgamo, Lombardía, que fue construida en el año 1120.  La elección de arias permite escuchar a Ilaria cantando: Armatae face et anguibus del personaje de Vagaus parte II de Juditha Triumphans Antonio Vivaldi (1678-1741) que cantó con un tono oscuro de acento dramático, en la que ofrece un sobresaliente despliegue de agilidad y ornamentación vocal, sin mengua de su elegancia y clase como interprete.  Del propio Vivaldi, canta el aria de Agrippo: Se lento ancora del il fulmine de Zenaida acto I, una aria en la que Ilaria muestra un tono más íntimo, expresivo, pero igual de virtuoso.  Finalmente, del oratorio Sanctus Petrus et Sancta Maria Magdalena de Johann Adolf Hasse (1699-1783) interpreta el Mea tormenta, proparate - Petrus, parte I, en el que recorre diversos estados de ánimo, ofreciendo una conmovedora y melancólica ejecución.  En la grabación Ilaria es acompañada por el Ensamble Autarena, un conjunto de cuerdas con instrumentos antiguos de un sonido nítido, homogéneo, que con ligereza y dinamismo en su conjunción creó un marco musical adecuado para el fácil desempeño de la artista.  Se espera que el proyecto sea acompañado de una serie de conciertos en un futuro próximo.


Para mas información sobre Ilaria Ribezzi favor de consultar sus cuentas de redes sociales

https://www.facebook.com/ilariaribezziOfficial/

https://www.instagram.com/invites/contact/?i=1hwpzslevdcwa&utm_content=3trt5u

Ensemble Autarena: http://www.ensembleautarena.it

Video:



viernes, 11 de diciembre de 2020

New Marshland and Trail Open to Presidio Visitors on December 18 - San Francisco, California


 

New Marshland and Trail Open to Presidio Visitors on December 18, Reaching a Milestone in the National Park's Watershed Restoration

 

Quartermaster Reach Improves Habitat and Visitor Access

San Francisco, CA (December 11, 2020) – Next week, the Presidio Trust unveils to visitors seven acres of restored tidal marshland and a new pedestrian trail near San Francisco Bay, marking a significant milestone in the 20-year revitalization of one of San Francisco’s original watersheds.

The site is known as Quartermaster Reach, named for the U.S. Army’s Quartermaster Corps, which operated in the area when the Presidio was a military post. The project transforms a formerly paved construction site under the “Presidio Parkway” approach to the Golden Gate Bridge into a beautiful new wetland ecosystem. Creeks now flow above ground along the Presidio’s largest watershed known as Tennessee Hollow to San Francisco Bay through Crissy Marsh, improving the biodiversity of the Presidio. The site will allow visitors to enjoy an intimate experience of nature just minutes from downtown.

Work at Quartermaster Reach brought an 850-foot length of stream once buried in a pipe back above ground through excavation. Box culverts were then installed beneath Mason Street at Crissy Marsh to allow the fresh water of the stream to flow into the saltwater marsh and San Francisco Bay, creating unique brackish habitat that is vital to a variety of plant and animal species.

Specially fabricated fiberglass panels installed within the culverts, and concrete and shell “reef balls” placed in the marsh channels, are part of a unique experiment to promote the resurgence of the native Olympic oyster. The team is currently planting 23,000 plants - including more than 40 different species of saltmarsh and dune plants grown in the Presidio Nursery - to create habitat attractive for the Presidio’s many migrating shorebirds and water animals like fish and crabs.

“Our planet is in the midst of an extinction crisis due to the destruction of habitat. Projects like this give us hope that we can turn the tide. We’ve turned back time more than a century to restore the natural systems of the Presidio’s shoreline. We hope the lessons we learn here will be helpful to others who are also committed to restoring Bay ecology,” says Jean Fraser, CEO of the Presidio Trust.

With the addition of a pedestrian bridge and trail connector, visitors can hike from Crissy Field’s East Beach, under the Presidio Parkway, and along the Tennessee Hollow Trail all the way to the southern end of the Presidio.

“The pandemic has shown us how critical access to nature is, with the myriad of health benefits it provides for human beings - especially in an urban environment,” says Laura Joss, Superintendent of Golden Gate National Recreation Area. “With the adjacent Presidio Tunnel Tops project opening in October of 2021, these new park sites will continue our work in providing a national park experience for all.”

Quartermaster Reach is a huge milestone in the 20-year effort of the Presidio Trust, the Golden Gate National Parks Conservancy, and the National Park Service to restore the park’s largest watershed. Work has been completed in sections at sites including El Polin Spring, MacArthur Meadow, and Thompson Reach. Other sections will be restored in coming years.

“We are so grateful to the people who have supported the restoration of this watershed, from individual donors to Parks Conservancy members and volunteers,” says Christine Lehnertz, President & CEO of the Golden Gate National Parks Conservancy. “This is an incredible gift to this region, and builds on the work that began in 2001 with the restoration of Crissy Field and Crissy Marsh.”

About Tennessee Hollow Watershed

The Presidio of San Francisco is the traditional territory of the Yelamu, a local tribe of Ramaytush Ohlone peoples of the San Francisco Peninsula. Yelamu familes lived in the village of Petlenuc.

The Tennessee Hollow Watershed’s creek system is comprised of three tributaries that converge at MacArthur Meadow. The stream, dubbed Petlenuc Creek, then continues north in a single channel through a variety of habitats, ultimately emptying into Crissy Marsh and San Francisco Bay. For centuries, people used this creek system as a water source, beginning with the native Ohlone and later Spanish settlers. Over time, the militaries of Spain, Mexico, and the United States substantially altered where and how the creeks flow, creating dams and wells, and ultimately forced the water underground into pipes to create dry land for building.

Restoration of the Tennessee Hollow Watershed began in the late 1990s at the headwaters near the Presidio’s Inspiration Point. Major revitalization projects have included the restoration of Crissy Marsh (2001), Thompson Reach (2005/2006), El Polín Spring (2010/2011), YMCA Reach (2013/2014), Quartermaster Riparian (2014/2015), and MacArthur Meadow (2015/2017). After Quartermaster Reach (2020), the final sections to be restored are the Eastern Tributary (under Morton Field) and Central Tributary (between El Polin and MacArthur Meadow).

Project Support

Quartermaster Reach restoration is made possible through the support of the Environmental Protection Agency through the San Francisco Bay Water Quality Improvement Fund, the San Francisco International Airport wetlands mitigation agreement, the National Park Service, the Evelyn and Walter Haas, Jr. Fund, and the David L. Davies Fund of the Weeden Foundation. Generous members of the public have made substantial donations in other areas of the watershed through the Golden Gate National Parks Conservancy.

About the Partnership for the Presidio

The Partnership for the Presidio works to sustain the Presidio’s natural beauty, preserve its history, maintain its funding, and create inspiring national park experiences for visitors. Two federal agencies manage the Presidio jointly: the Presidio Trust and the National Park Service, with support from their non-profit partner, the Golden Gate National Parks Conservancy. Together, the partnership has transformed one of America’s most storied military posts into the centerpiece of one of the most visited places in the national park system.