martes, 3 de julio de 2012

Albert Herring en la Ópera de Los Ángeles


Foto: Robert Millard / LA Opera
Estrenada en Glyndebourne en 1947, Albert Herring, la única opera cómica de Benjamin Britten y una de sus tres operas de cámara, se representó nuevamente en el escenario de la Opera de Los Ángeles después de una ausencia de veinte años, y como un homenaje por el centenario del nacimiento del compositor, que se celebrará en el 2013. La trama es divertida, pero detrás de esa farsa se encuentra una sutil y picaresca crítica de las costumbres y valores conservadores de la Inglaterra victoriana, que aun prevalecían en tiempo que la obra fue compuesta. Fue precisamente esta critica en lo que se basó el director de escena escocés Paul Curran, para exaltar la moralidad e hipocresía de algunos personajes y para construir una entretenida sátira que nunca estuvo estática y tuvo la justa comicidad, con una actuación que en no fue forzada ni exagerada. Sobresaliente fue el marco escénico y elegantes vestuarios, creados originalmente para la Opera de Santa Fe, por el diseñador Kevin Knight, quien sitúo la obra en un pueblo ingles en los años cuarenta. La escena se complementó con la radiante y solar iluminación de Rick Fischer. Muy bien logradas fueron las escenas dentro de la tienda de víveres de Albert, y las miniaturas de casas y castilos al fondo del escenario que representaban el extenso campo ingles.  El elenco vocal, que fue una mezcla de juventud y experiencia, fue en términos generales homogéneo. Notable es el nivel adquirido en pocos años por el tenor  estadounidense Alek Shrader, que en el papel principal, mostró un calido y flexible timbre lírico. Buen desempeño vocal y escénico mostraron el tenor Robert McPherson como Mr. Upfold y la mezzosoprano argentina Daniela Mack como Nancy.  La experiencia la aportaron el sólido barítono Richard Bernstein como Bud, Jane Bunnell como la Sra. Herring y la  soprano escocesa Janis Kelly como Lady Billows.  Correctos estuvieron los demás cantantes. En el foso y frente a una reducida orquesta, James Conlon dirigió con brillantez, vitalidad y seguridad toda la función, y elevó los momentos más armoniosos y amenos de la partitura. RJ

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