lunes, 28 de julio de 2014

Le Comte Ory de Rossini en el Teatro alla Scala de Milán

Foto: Brescia & Amisano - Teatro alla Scala 

Massimo Viazzo

El principal motivo de interés de esta producción scaligera de Le Comte Ory de Rossini (ya vista en hace algún tiempo en Lyon) era la presencia en el papel principal de Juan Diego Flórez. Desafortunadamente, y después de una premier cantada en precarias condiciones vocales debido a una fastidiosa bronquitis, el tenor peruano tuvo que cancelar todas las fechas por indisposición.  Por ello, comentamos la prueba de Colin Lee, quien cantó en todas las funciones de la producción. El tenor sudafricano, mostrando facilidad y squillo en el registro más agudo, dio vida a un Comte seguro y presumido.  Sin embargo, su fraseo pareció un poco monótono y todo sumado resultó poco interesante.  En esta divertida producción firmada por Laurent Pelly, Ory vestía en el primer acto el papel bufo de un verdadero gurú de nuestros días que manipulaba a todas las mujeres que entraban en su radio de acción. En el segundo acto, donde la bella escenografía permitía ver en un escenario corredizo, cada estancia del castillo, desde la cocina, hasta las habitaciones para dormir y baños; se estaba ante un grupo de monjas burlonas que comían, bebían y seducían (o al menos intentaban hacerlo). La Condesa de Aleksandra Kurzak, que estuvo escénicamente atractiva y segura de sí misma, no convenció vocalmente.  La soprano polaca careció de desenvoltura para afrontar las agilidades, y la línea musical fluyó de manera anónima a causa de una emisión por momentos problemática.  Estuvo mejor la espontanea Isolier de María Josè Lo Monaco, no obstante algunos agudos un poco forzados.  Una nota positiva a Stephane Degout en el papel de un comunicativo Rimbaud, un barítono de segura técnica y con una optima dicción, también en el canto sillabato.   Voz amplia y timbre frondoso tuvo el Gouverneur de Roberto Tagliavini, mientras que Marina De Liso (Ragonde) mostró una línea vocal un poco desigual. Optimo como de costumbre estuvo el Coro del Teatro alla Scala, dirigido por Bruno Casoni, mientras que la orquesta dirigida por Donato Renzetti sonó monocorde y poco brillante. 

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