José Noé Mercado
Dejar la peluca empolvada de Mozart o las exigencias de la ópera contemporánea para calzarse unas botas de campo y cantar al cobijo de un banjo no es un tránsito común en el mundo de la lírica. Sin embargo, cuando se parte de una sólida inteligencia interpretativa y un respeto genuino por las raíces populares, el resultado puede ser atípico y, por ello mismo, delicioso. Eso es exactamente lo que ocurre con The Sondheim Project, un atractivo EP cantado por la soprano estadounidense Sara Shiloh Rae junto a la banda Bluebird Junction.
Bajo el nombre de Sara Shiloh Rae se esconde, en realidad, la reconocida soprano angelina Sarah Hershkowitz. Descrita por la revista Opernwelt —que la ha nominado en tres ocasiones a Cantante del Año— como “una intérprete de una presencia enorme, como un hermoso animal salvaje”, la voz de Hershkowitz se ha consolidado en escenarios internacionales con obras de compositores tan contrastantes como Johann Adolf Hasse, Wolfgang Amadeus Mozart, Luigi Nono, György Ligeti o Chaya Czernowin.
No obstante, esa carrera que la distingue como uno de los referentes líricos más electrificantes de su generación, en The Sondheim Project la soprano se despoja de las etiquetas y densidades de la academia, para abrazar una identidad artística paralela. No estamos ante el típico capricho de una cantante de ópera en busca de un crossover fácil, comercial y edulcorado. Por el contrario, esta es una propuesta dispuesta al gozo, al deleite y a la diversión, pero resuelta con una rigurosa solvencia técnica y sensibilidad musical.
El principal valor de este material surge de los arreglos de Myles Sloniker, quien ha tomado las intrincadas y teatrales melodías de Stephen Sondheim —uno de los titanes indiscutibles del musical norteamericano—, y las ha trasladado con exquisitez y transparencia al lenguaje de una banda de cuerdas (string band). Con el banjo estelar de Max Hoetzel y el violín de Alex Hargreaves como hilos conductores —que suman a algunas de las estrellas más destacadas de la escena bluegrass contemporánea: Mike Robinson a la guitarra, Jacob Jolliff a la mandolina, Molly Aronson al violonchelo y el propio Sloniker al bajo—, las canciones adquieren un fresco aire de música country, con pinceladas de bluegrass e incluso sonoridades de la world music.
El resultado sintoniza y resignifica la sofisticación neoyorquina de Sondheim con la raíz sonora más orgánica de la música estadounidense. Y funciona, puesto que el abordaje vocal de Sara Shiloh Rae resulta estilizado y fascinante. Aunque en el fondo se percibe un avezado manejo del instrumento, proyectado con la huella de su formación clásica, la soprano se mimetiza por completo con el género. Al explorar las texturas de la música de vibración norteamericana, recurre de forma orgánica a recursos como la raspy voice o la gravelly voice, recursos que no solo aportan relieves en la superficie de su emisión, sino que le permiten construir interpretaciones sumamente expresivas y ricas en intenciones. La voz de Shiloh Rae es capaz de sonar ensoñada y frontal, pero también pícara, juguetona y cargada de un delicioso sarcasmo, sin rehuir momentos burbujeantes de furia, sentencia o de calculada ebriedad, que el universo de Sondheim exige como código interpretativo.
El EP traza su propia dramaturgia a través de cinco piezas icónicas que, por lo demás, demuestran la maleabilidad de la obra de Sondheim cuando se le despoja de la gran orquesta de foso: ‘Send in the Clowns’, ‘Broadway Baby’, ‘Sooner or Later’, ‘The Miller’s Son’ y ‘Ladies Who Lunch’. La melancolía suspendida, que dialoga en intimidad con las cuerdas, la aspiración ingenua por pertenecer y triunfar en la Gran Vía Blanca, la picardía nocturna de sensualidad contenida, la agilidad trepidante a manera de juego músico-instrumental o la explosión sarcástica pero seductora, son coordenadas por las que transita la intérprete. Y al hacerlo, Sara Shiloh Rae & Bluebird Junction —en el segundo álbum de la banda y la cantante—, configuran una aproximación fina, transparente y contemporánea a un clásico. The Sondheim Project prueba, con un sonido original, que la música de cámara y la tradición popular pueden dialogar al más alto nivel sin perder la sonrisa, el corazón o la calidad, mientras se calza botas y sombrero.


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