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Monday, February 15, 2016

Música medieval, El Camino del Peregrino‏ - The Toronto Consort

Foto: Paul Orenstein

Giuliana Dal Piaz

En el marco de la Temporada 2015-2016 del ensemble The Toronto Consort, representa un momento muy significativo "The Way of the Pilgrim" (12 y 13 de Febrero, en el Trinity-St.Paul's Centre). Por un lado, el ensemble acaba de publicar una re-edición del CD del espectáculo, que estaba completamente agotado. Por el otro, el público presencia un evento importante tanto por lo que requirió desde el punto de vista de una minuciosa investigación histórica y filológica, como por la difícil preparación de los cantantes en interpretar textos, escritos en el latín macarrónico de la tardía Edad Media o en el antiguo francés occitano. Cuidadosamente trasladados al inglés, el programa de sala incluyó los textos en idioma original, una ulterior labor preparatoria que maneja personalmente el Director artístico David Fallis. Este Viaje de los Peregrinos fue de hecho un viaje musical sobre las huellas de los tantos y tan distintos viajeros de ese entonces.  Las piezas más antiguas son las "Canciones de las Cruzadas" (compuestas entre 1200 y 1260): Seigneurs sachiez y Dame einsi est, ambos de Thibaut de Champagne; Li departirs, de Chardon de Croisilles, Jerusalem se plaint, de Huon de Saint-Quentin, Chanterai por mon coraige, de Guiot de Dijon, y Chevalier mult estes guariz, de anónimo del siglo 13º. Se incluyen unos ejemplos de "Carmina Burana" (alr. de 1300) de los estudiantes universitarios medievales - los viajeros que a nadie le gustaba ver aparecer: Fas et nefas ambulantClauso Chronos (solo música) y Alte clamat Epicurus, como también Bache bene, todas piezas de Benediktbeuren MS. Y finalmente unos cantos ligados al 'camino de Santiago', el peregrinaje al santuario de Santiago de Compostela, con piezas sacadas del "LLibre Vermell" del Monasterio de Monserrat cerca de Barcelona, una de las etapas que los peregrinos acostumbraban hacer durante el largo camino: O Virgo splendensStella splendensCuncti simus concanentesImperaytriz de la ciutat joyosa y Los set Gotxs. Fuera de categoría por decirlo así (es en efecto una balada del último Minnesinger/trovador), el "lamento" Es Fuegt sich, de Oswald von Wolkenstein, interpretada en alemán por David Fallis, acompañado por John Pepper que leyó la versión inglesa de la balada, y por Ben Grossman a la gaita zamorana - un instrumento por lo general poco versátil del cual Grossman logró sacar una "voz" dúctil y expresiva. Es ésta por cierto la única pieza de la velada que me dejó perpleja: es bastante larga y pudo entenderla bien sólo alguien que hablara alemán, así que su inclusión en el programa me pareció más bien una autocomplacencia... Como de costumbre en los eventos de Toronto Consort, precedió el concierto una breve charla explicativa, impartida en este caso por la soprano y tocadora de "nyckelharpa" (especie de arpa portátil/chelo medieval), Katherine Hill. Los integrantes de 'Toronto Consort' son unos músicos extraordinarios, que tocan de manera única varios instrumentos de época: desde el director Fallis que también es tenor y flautista, a la soprano y chelista Katherine Hill, que también toca, como dije, la nyckelharpa; al teclista y tenor Paul Jenkins que toca además el arpa medievalal laudista Terry McKenna, que toca el "bouzouki" (antiguo instrumento griego parecido a una mandolina de astil muy largo); Ben Grossman, que además de la gaita toca varios tipos de percusiones; y Alison Melville, que toca tanto la flauta dulce como la transversa. La soprano Michele DeBoer, la magnífica mezzo-soprano Laura Pudwell y el bajo John Pepper son en cambio sólo cantantes.  Un agradable viaje a esa Edad Media, que nos aparece más y más frecuentemente no como "los siglos obscuros" sino más bien como un fértil laboratorio de la modernidad.

Monday, December 14, 2015

Concierto The Toronto Consort

Fotos Paul Orenstein

Giuliana Dal Piaz

Del 11 al 13 de Diciembre, The Toronto Consort, el más importante conjunto canadiense especializado desde hace más de cuarenta años en músicas que van desde la Edad Media hasta el Barroco (aprox. 1200-1675), fundado y dirigido por el Mº David Fallis, ha presentado Christmas at the Monastery of Santa Cruz, teniendo como director huésped al laudista de origen bosnio Mº Zak Ozmo, muy conocido por sus amplias investigaciones históricas en campo musical. Graciasa a la presenci entre los monjes de muchos músicos y compositores, el Monasterio portugués de Santa Cruz, en Coímbra, incluía en los cinco años de noviciado de los futuros monjes una formación musical obligatoria. El resultado era el de una comunidad monástica rica en talento y producción musical, cuyo patrimonio quedó en una abundante pero desordenada colección de manuscritos y partituras, fortunosamente reunidos en la Libreria General de la Universidad de Coímbra. Entre los manuscritos conservados, los más numerosos son precisamente villancicos (composiciones sacras dedicadas a la Navidad) y romances (canciones y composiciones de tipo profano). En ambos géneros, el texto muestra las frecuentes combinaciones de portugués, español y criollo, la lengua que hablaban esclavos y esclavos liberados de las colonias portuguesas. También la música de estas composiciones está fortemente influenciada por ritmos y armonías de origen africano, al punto que la Iglesia intentaba prohibir que los monjes la ejecutaran en los varios conventos. Prácticamente todas las composiciones conservadas son anónimas. El programa del concierto ha incluído seis piezas de música orquestal, cuyos títulos ya indican por sí solos el tipo de ritmo vivaz y por momentos turbinoso, Gagliarda, Terantela, Cumbé, Marisapoles Quarto Tom, Cubanco Setimo Tom e Pavana Primiero Tom, y nueve piezas vocales, siete de ellas villancicos, inspirados en el nacimiento de Cristo desde un punto de vista formal, aunque la Navidad sea en realidad un pretexto para compartir música y baile. Zak Osmo y Terry McKenna tocaron alternativamente la quitarra barroca y la tiorba; Christopher Verrette, violinista permanente de la Tafelmusik Baroque Orchestra, tocó, en calidad de concertista huésped, el violín barroco; Benn Grossman tocó las percusiones, desde el tambor de tabla a la pandereta, al triángulo; el tenor Paul Jenkins tocó el clavecín y el órgano; la soprano Katherine Hill tocó la viola da gamba; y Alison Melville toca ahora la flauta dulce, ahora la flauta transversa; sólo vocalistas fueron el bajo John Pepper, la soprano Michèle DeBoer y la mezzo-soprano huésped Jessica WrightLa dulzura y suavidad de las voces femeninas, por momentos guiadas y siempre sostenidas por el vigor profundo del bajo, la armonía de los instrumentos antiguos magistralmente ejecutada, la musicalidad de la lengua (muy hábiles los cantantes canadienses para expresarse en un idioma no sólo extranjero, sino anómalo) hicieron del concierto una delicada y agradable filigrana de ritmos y voces.

Wednesday, May 27, 2015

Ludius Danielis (La Obra de Daniel) con The Toronto Consort, Canada

Foto: Glenn Davidson

Giuliana Dal Piaz

La Obra de Daniel es (junto con el Sponsus – el episodio evangélico de las vírgenes sabias y las vírgines estultas), el más antiguo drama latino que nos haya llegado con su música original. Compuesto alrededor de 1130 (mas la música es probablemente posterior), narra episodios de la vida del profeta Daniel. Existen dos distintos ludi con diferente texto pero estructura similar, el de Hilario de Orléans y el ludus de los estudiantes de Beauvais (en latín Belvaco), totalmente musicado. Es en esta última versión que está basada la puesta en escena creada por el renombrado director de coro y orquesta canadiense David Fallis, en colaboración con The Toronto Consort y el coro juvenil Viva! Youth Singers of TorontoLa obra relata dos episodios de la vida del profeta Daniel, cuando era todavía un joven prisionero en la corte persa: ya conocido como profeta/adivino por haber correctamente interpretado un sueño del Rey Nabucodonosor, es consultado por su hijo Belshazzar (Baltasar), crapuloso y libertino, para explicar las palabras misteriosas que una mano sin cuerpo dibuja mágicamente sobre una pared durante un banquete: Mane, Thechel, Fares. La explicación es infausta para el Rey Baltasar. No obstante, el Rey agradece al joven profeta, lo encumbra como consejero real y se arrepiente de sus pecados; poco después es asesinado por dos emisarios de Darío, que ambiciona el trono de Persia. Darío sigue honrando a Daniel por su sabiduría pero dos de sus consejeros, envidiosos, calumnian al joven y lo hacen condenar a ser devorado por los leones. En la fosa de los leones, Daniel reza a Dios que lo libere de la muerte; aparece un ángel que con su espada inmobiliza a las fieras, luego el ángel arrastra a otro profeta menor, Habacuc, a la fosa para que le proporcione alimento al profeta Daniel. Cuando ve estos prodigios, Darío hace liberar a Daniel y echar a la fosa a los dos consejeros fraudulentos, que son de inmediato devorados por los leones. Reintegrado a su cargo en la corte, Daniel alaba al Señor y profetiza la llegada de Cristo. El Ludus Danielis forma probablemente parte de las composiciones que intentaban devolver a la sacralidad los poemas y las músicas que en la Francia medieval acompañaban las Fiestas de los Locos o Misa del Asno. Ritmos que, como escribe Paolo de Matthaeis en su "Alexámeno", tenían sus orígenes en antiguos ritos propiciatorios del mundo pre-romano y pre-cristiano. La misma Obra de Daniel conserva una estrofa en que se menciona el "asno hermoso y fortísimo, que soporta paciente grandes cargas" y viene de oriente. Como el mismo David Fallis escribe en las Notas del Director, era su intención poner en práctica lo que declaran los versos iniciales del drama (Ad honorem tui Christe/Danielis ludis iste/in Belvaco est juventus/et invenit hunc juventus) poniendo en escena el Ludus con jóvenes, en este caso los jóvenes coristas de Viva! y unos estudiantes del North Toronto musical Collegiate. Esta decisión le permitió crear una edición del Ludus Danielis lo más parecida posible al original, concebido por jóvenes y destinado a no ser interpretado por actores o cantantes profesionales, y a ser presentado no en un teatro sino en una iglesia, para la diversión y la edificación del pueblo común. Con la misma finalidad, para facilitar la labor de los intérpretes y la comprensión del público, Fallis decidió traducir en un inglés comprensible y rimado todas las canciones de la obra, dejando en latín sólo el coro inicial, el Te Deum conclusivo y unas cuantas estrofas propiamente religiosas, como el edicto del Rey Darío, la plegaria de Daniel y luego su profecía del advento de Cristo. Una compleja tarea para el director musical David Fallis, así como para su hermano, el director de escena Alex Fallis, para Glenn Davidson, responsable de la iluminación y de la proyección de imágenes, y Michelle Bailey, creadora del vestuario. Tarea realzada por cierto por el hecho que la obra se presentara – como ocurría en la Edad Media – en una ex iglesia reestructurada, la Trinity-St.Paul’s Centre, actualmente utilizada sólo como sede de conciertos y obras musicales. El resultado es extraordinario, bajo todo punto de vista. En sus largas túnicas multicolores, los pies descalzos, los jóvenes coristas se mueven lentamente por la nave central, se disponen a los pies del coro de madera donde se desarrolla la acción principal, vuelven a desfilar y a reunirse, siempre cantando con impecable armonía. La música de los varios instrumentos, casi todos de época, como el salterio y la flauta antigua (Alison Melville), el laúd medieval (Terry McKenna), la gaita zamorana y las campanas (Ben Grossman) o el violín medieval, el harpa medieval o la siringa (Kirk Elliott) le da vida a una ejecución ¡fuera de serie! Todos los intérpretes son muy buenos, desde los tenores Olivier Laquerre (Rey Baltasar), Derek Kwan (un noble en la corte de Baltasar, y luego Rey Darío), Paul Jenkins(un noble en la corte de Baltasar, el ángel de la fosa de leones), Bud Roach (un noble en la corte de Baltasar, un consejero celoso en la corte de Darío), y el mismo David Fallis (un adivino en la corte de Baltasar, un consejero celoso en la corte de Darío), al barítono John Pepper (un adivino en la corte de Baltasar, Habacuc), a la sopranoMichele DeBoer (la Reyna, un ángel) – a pesar de una frase musical demasiado aguda al inicio de su “solo” ante el Rey Baltasar, a los bailarines Heidi Strauss Brodie Stevenson (sirvientes en la corte de Baltasar, sirvientes en la corte de Darío, leones). Excepcional el protagonista, el tenor Kevin Skelton, cuya juventud y el dulce timbre de voz, especialmente adecuado para la música antigua, lo hacen perfecto en el papel del profeta Daniel. Muy bien resuelto el “cambio de lugar” de algunas escenas, obtenido a través de cambios en la iluminación o bien posicionando a unos cantantes en el balcón (por ejemplo, Daniel antes de su llegada a la corte o el ángel armado de espada que frena a los leones), o bien haciendo que los actores mismos “construyan”, con cintas de color, una imaginaria fosa de los leones en la sección anterior del escenario. Sobre una pantalla en forma de disco, como un caleidoscopio gigante, aparecen imágenes que sugieren primero el palacio de Baltasar, luego las tres palabras misteriosas escritas en yiddish, y finalmente el vitral de una catedral gótica.