Showing posts with label Ricardo López. Show all posts
Showing posts with label Ricardo López. Show all posts

Monday, April 29, 2019

La Forza del Destino - Teatro Municipal de Santiago, Chile

Fotos crédito: Marcela González Guillén / Patricio Melo.

Joel Poblete

Aunque hubo más de un aspecto que generó divergencias o no convenció por completo, el muy esperado regreso de la ópera La fuerza del destino, inaugurando a mediados de abril la temporada lírica del Municipal de Santiago con dos elencos y tras 60 años de ausencia de escenarios chilenos, ofreció un balance general satisfactorio y memorable. De partida, porque se trata de una obra muy exigente y compleja, tanto por su estructura argumental, como por las demandas musicales que ofrece en especial a sus cantantes. Agréguese a eso que en esta ocasión no sólo casi todos los protagonistas estaban debutando en sus roles, sino además los directores musicales y el director de escena también la asumían por primera vez en sus carreras. Y tampoco hay que olvidar la fama de "mala suerte" que la tradición le atribuye a esta pieza, razón que según muchos la había tenido ausente de Chile por seis décadas. Tomando todo esto en consideración, los resultados en este retorno superaron todas las expectativas. Estrenada en Chile en 1873 (cuatro años después del debut de la versión revisada y definitiva que más se representa hasta hoy de esta obra, que data de 1869 en la Scala de Milán), precisamente en el Municipal de Santiago, en la historia de ese escenario sólo regresó en 16 temporadas, la última en 1959. Este retorno en el Municipal fue bastante completo y evitó cortes que a veces se realizan en esta obra, por lo que el espectáculo total, incluyendo dos intermedios, se extendió a lo largo de tres horas y media. Pero valió absolutamente la pena, de partida por lo musical en el elenco internacional: en su debut en Sudamérica y conduciendo por primera vez la obra, el director de orquesta italiano Giuseppe Grazioli obtuvo una excelente respuesta de la Filarmónica de Santiago, en una lectura energética y conmovedora, capaz de acentuar los momentos más dramáticos con los cómicos, resaltando especialmente el lirismo y la melancolía (por ejemplo, en el bello solo de clarinete que antecede la escena solista de Álvaro al comienzo del acto III). Muy bien también, tanto en lo vocal como actoral, el coro del Municipal que dirige el maestro uruguayo Jorge Klastornik.

En el rol de Leonora estuvo la soprano rusa Oksana Sekerina, quien ya dejó una grata impresión el año pasado en el Municipal, encarnando a Doña Ana enDon Giovanni y a Adalgisa en Norma; pero Mozart y Bellini son muy distintos a Verdi, compositor que asumía por primera vez en su ascendente carrera. Cauta y correcta en sus escenas iniciales, en un principio su voz no parece aún totalmente idónea al autor, pero en verdad es una cantante con mucho potencial, que deberá continuar estudiando y desarrollando su acercamiento al repertorio verdiano, pero fue ganando fuerza y seguridad a lo largo de la función, hasta culminar en una notable y ovacionada versión de "Pace, pace mio Dio!". Otro conocido del Municipal, el barítono ucraniano Vitaliy Bilyy, ha ido a ese teatro en diversas ocasiones, destacando especialmente en roles de Verdi: Attila (2012), El trovador (2013) y Aida (2017). Ahora debutó ahí su personaje número 16 del compositor, y nuevamente lució un canto recio, noble y sólido, destacando especialmente en su gran escena solista del acto III. También de regreso en ese escenario estuvo el bajo ruso Maxim Kuzmin-Karavaev, quien ya cantara ahí en 2012 en Lucrezia Borgia y fue ahora el Padre Guardiano, encarnado con una voz atractiva y toda la grave solemnidad vocal y de presencia que requiere el personaje. Y debutando en Chile, la mezzosoprano Anna Lapkovskaja se lució como la gitana Preziosilla, personaje breve y episódico, pero muy difícil y exigente en especial en la tesitura, escollos que la cantante rusa supo sortear con inteligencia y buen material, además de verse simpática y desenvuelta en escena. 
Entre tantas voces eslavas, también hubo un lugar importante para los cantantes chilenos. Radicado hace más de una década en Europa, donde se ha presentado en prestigiosos escenarios, el tenor Giancarlo Monsalve hasta ahora sólo había protagonizado en su país natal dos óperas en el Teatro Regional del Maule (en la ciudad de Talca), también de Verdi: Otello en 2016 y El trovador en 2017. Debutando al fin en el Municipal, encarnó ahora a Don Álvaro, papel que ya cantó previamente en la Ópera de Washington; como ya me pareció al oírlo en vivo en ese Trovador de hace dos años, canta con arrojo y un fraseo muy particular, con una voz cuyo registro y proyección, así como la forma de emitir las notas, en especial los agudos, probablemente no sea del gusto de todos los espectadores. En la primera escena no fue muy satisfactorio, pero fue convenciendo más a lo largo de la función y de todos modos fue muy aplaudido al final por el público, aunque lamentablemente fue el cantante más decepcionante entre los protagonistas. Entre los demás cantantes chilenos del reparto, quien sí arrasó con el favor de la audiencia fue el cada vez más sólido bajo-barítono Ricardo Seguel, excelente en canto y comicidad como Fray Melitone. En roles secundarios también estuvieron muy bien el tenor Gonzalo Araya (Trabuco), la soprano Paola Rodríguez (Curra), el bajo Jaime Mondaca (marqués de Calatrava) y el bajo-barítono Matías Moncada en dos papeles, el alcalde y un cirujano.  Lamentablemente, el segundo reparto, el llamado elenco estelar, no estuvo a la misma altura, a pesar que el director residente de la Filarmónica de Santiago, el chileno Pedro-Pablo Prudencio, condujo con entusiasmo y brío la partitura, pero los cantantes decepcionaron bastante, en especial la soprano armenia Lilit Soghomonyan, quien luego de su débil Tosca del año pasado en el Municipal ahora tampoco alcanzó el nivel vocal esperado en Leonora. Dos intérpretes mexicanos debutaron en el Municipal, y ambos partieron algo tímidos, pero fueron ganando fuerza a lo largo de la función: el tenor Héctor Sandoval como Álvaro y en especial el barítono Ricardo López. Quienes sí se lucieron fueron dos chilenos de ya probado talento: la mezzosoprano Evelyn Ramírez como Preziosilla y el barítono Patricio Sabaté como Fray Melitone, mientras la gran revelación de este elenco fue un espléndido bajo ucraniano, Taras Berezhansky, un sonoro Padre Guardiano de bella voz, cómodo en todo el registro. 
En cuanto a lo escénico, el director teatral italiano Stefano Vizioli, que en 1997 debutara en el Municipal con un Rigoletto que volvió a montarse en 2004, regresó con otro Verdi, ahora uno de los más exigentes de este autor para montar a nivel teatral, por su variedad de escenas, movimientos de multitudes, mezcla y contraste entre lo dramático y lo cómico y hasta inclusión de momentos de baile, entre otros obstáculos. Afortunadamente, todos esos aspectos estuvieron muy bien desarrollados en el espectáculo, en una producción que respetó los vericuetos e indicaciones de la historia, pero en un contexto escénico que quizás no convenció a todos por igual, pero en lo personal a mí me parece que fue muy efectivo: de acuerdo al concepto de Vizioli de abordar la obra como un "teatro de la vida", la bella, imponente y corpórea escenografía del argentino Nicolás Boni -quien debutó en el Municipal en 2015 con otro título verdiano, I due Foscari, y el mes anterior había inaugurado la temporada lírica del Colón de Buenos Aires con Rigoletto- reprodujo el interior de un gran teatro clásico de ópera "a la italiana", dañado y a medio derruir, que permanecía a lo largo de la obra y permitió distintas interpretaciones a modo de símbolo y metáfora, además de incluir la figura inclinada de un inmenso Cristo crucificado que recordó a montajes de otro diseñador argentino, el prestigioso régisseur Hugo de Ana, como La favorita de 2008 en el Municipal y precisamente La fuerza del destino de 2012 en el Colón porteño. 
No se puede negar que esta puesta en escena de La fuerza del destino logró impresionar, fue efectiva y tuvo un buen apoyo en el atractivo y elaborado vestuario de la chilena Monse Catalá, inspirado en Goya, y la iluminación de Ricardo Castro; además, no se puede dejar de resaltar las curiosas y tal vez anacrónicas, pero muy llamativas coreografías del italiano Pierluigi Vanelli.  En suma, fue un contundente inicio de temporada. Para los operáticos locales que nunca habíamos visto este título en vivo y hace años lo esperábamos, la emoción fue enorme. Y de paso, se logró derrotar una superstición.

Sunday, July 3, 2011

Orchestra Filarmonica dell´UNAM concerto diretto dal maestro israeliano Yoav Talmi, Città del Messico

Foto: Yoav Talmi - Musica UNAM

Ramón Jacques

L’Orchestra Filarmonica dell’UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), che compie 75 anni, ha concluso la sua stagione di primavera 2011 con un programma composito diretto dal maestro israeliano Yoav Talmi. Il concerto è iniziato con la prima esecuzione in Messico delle Dachau Reflections (Riflessioni di Dachau), la cui prima mondiale avvenne nel 1997 e che fu composta dallo stesso Talmi, nato nel 1943. Si tratta di un’elegia per orchestra d’archi, timpani e fisarmonica. Il breve brano dal carattere malinconico, nostalgico e riflessivo fu ispirato dalle visite del maestro alla pittoresca città di Dachau, che dal 1933 fu sede di un campo di concentramento nazista. In sostanza è un collage di pezzi o di idee, come dice lo stesso compositore, che contiene reminiscenze della Sarabanda dalla suite no. 5 per violoncello di Bach, frammenti dei Kindertotenlieder di Mahler, di una antica canzone yidddish, Sotto un cielo di stelle, quest’ultima caratterizzata dalla fisarmonica. La soavità e la leggerezza di questo brano era in palese contrasto con l’irruzione dei fiati e il carattere focoso dell’Ouverture Tragica op. 81 di Johannes Brahms, diretta da Talmi con entusiasmo. Gran finale con una splendida esecuzione della Grande Messa in do minore K. 427 de Mozart, che insieme al suo Requiem è forse una delle massime opere di musica sacra dell’Occidente, nella quale sono evidenti una visione sia barocca che operistica della musica liturgica. Il Coro de Cámara de la Escuela Nacional de Música, che in alcune parti si è diviso, ha dato una buona interpretazione e ha brillato nel Kyrie, nel Gratias e nel Sanctus; così come sono stati corretti i quattro solisti, il soprano Alejandra García, il tenore Leonardo Villeda e il basso Ricardo López. Il soprano israeliano Hila Baggio si è distinta per il suo colore caldo e argentino, unitamente alla spettacolare coloratura, e ha realmente commosso il pubblico nell’Et incarnatus est. La grande orchestra, soprattutto nella sezione degli ottoni, ha realizzato un suono compatto e omogeneo, nonché dinamico, guidata dal sicuro e ispirato braccio del direttore Talmi.

Yoav Talmi dirigió la Gran Misa en do menor de Mozart con la OFUNAM, México

Foto: Yoav Talmi - Musica UNAM

Ramón Jacques

La Orquesta Filarmónica de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) que celebra sus 75 años de existencia, concluyó su temporada de primavera 2011 con un programa variado que fue dirigido musicalmente por el maestro israelí, Yoav Talmi. El concierto comenzó con la primera ejecución local de Dachau Reflections (Reflexiones de Dachau), obra estrenada en 1997 y compuesta por el propio Talmi (1943) que fue concebida como una elegía para orquesta de cuerdas, con acompañamiento de timbales y acordeón. La breve pieza de carácter melancólico, nostálgico y reflexivo, fue inspirada en las visitas que realizó el director-compositor a la pintoresca ciudad de Dachau en Alemania, que albergó un campo de concentración en 1933, y es un collage de piezas o ideas (como lo llama el compositor) que contiene reminiscencias de obras como la Sarabanda de la suite no. 5 para violonchelo de Bach; fragmentos de los Kindertotenlieder de Mahler, así como de una antigua canción yidddish, Bajo el cielo estrellado, que es representada por el sonido del acordeón. La suavidad y ligereza contenida en esta pieza, contrastó con la irrupción de los metales, la musicalidad y el carácter fogoso y temperamental de la Obertura Trágica, op 81 de Johannes Brahms que Talmi dirigió con entusiasmo. Finalmente se realizó una satisfactoria ejecución de la Gran Misa en do menor, K. 427 de Mozart,  que junto a su Réquiem es quizás una de las obras cumbre de la música sacra de occidente, y en la que se percibe  una visión barroca y a la vez operística en la música litúrgica. El Coro de Cámara de la Escuela Nacional de Música, que se dividió en algunas partes, tuvo un correcto desempeño particularmente en el Kyrie, el Gratias y el Sanctus; así como el grupo de cuatro solistas, que incluyó a  la soprano Alejandra García, al tenor Leonardo Villeda y al bajo Ricardo López. Sobresalió particularmente la soprano israelí Hila Baggio, por su timbre calido y cristalino,  muy colorido y ágil  en cada una de sus intervenciones, como el Et incarnatus est el que fue capaz de conmover. De la amplia orquesta y su sección de metales, emanó un sonido compacto, homogéneo, pero sobretodo dinámico, bajo la segura y exaltada mano del director Talmi.