Showing posts with label Hila Baggio. Show all posts
Showing posts with label Hila Baggio. Show all posts

Wednesday, August 31, 2011

¡También en la opera es bueno divertirse! - La Scala di Seta, Rossini Opera Festival, Pesaro


Foto: Studio Amati Bacciardi

Renzo Bellardone

ROSSINI OPERA FESTIVAL 2011- PESARO 18 Agosto, ore 20,00 Per i 150 anni dell'Unità di Italia. LA SCALA DI SETA Farsa cómica di Giuseppe Foppa con música de Gioachino Rossin. Edición critica della Fondazione Rossini,en colaboración con la Casa Ricordi, y cuidado de Anders Wiklund. Director JOSÉ MIGUEL PÉREZ-SIERRA, Director de escena DAMIANO MICHIELETTO, Escena y vestuarios. PAOLO FANTIN, Iluminación ALESSANDRO CARLETTI. Personaggi Interpreti: Dormont JOHN ZUCKERMAN, Giulia HILA BAGGIO, Lucilla JOSÈ MARIA LO MONACO, Dorvil JUAN FRANCISCO GATELL, Blansac SIMONE ALBERGHINI, Germano PAOLO BORDOGNA. ORCHESTRA SINFONICA G. ROSSINI

Sin consideraciones oportunistas sobre la crisis mundial que nos corroe y que en ocasiones atenúa y hasta apaga las sonrisas, es evidente que en tal situación el deseo por reír y divertirse crece aun para lo que frecuentan la opera. Rossini, quien es mas famoso por sus operas “bufas” que por sus operas “serias”, dejo algunas farsas musicales que el Rossini Opera Festival sapientemente ha puesto y repuesto en escena valiéndose de la frescura juvenil de algunos interpretes, como en esta edición 2011 de “La Scala di Seta” Como se había ya mencionado, el elenco fue caracterizado por la juventud, aunque también los “viejos zorros” con barbas y probada experiencia en el escenario se mostraron vocalmente frescos y actoralmete atléticos como anagraficamente jóvenes.  “Planta primer piso A/10 Via Rossini n. 2 Pesaro” Es la escritura que aparece al frente del escenario sobresaliendo del foso y que describe el establecimiento casi fijo, pero muy original de la producción escénica: que contenía divisiones entre las habitaciones (sin paredes), con baños con ducha, camas matrimoniales, sala, una moderna cocina, y un techo a 2.50 metros de altura, todo ello se reflejaba en un gran espejo inclinado creando el techo, además de una puerta-ventana en el imaginario balcón al fondo del escenario y un cuarto familiar. La escena fue montada casi toda en directo por un obrero en overol, y bajo el vigilante ojo de un presunto arquitecto, se hicieron arreglos inquietantes, y según la escena, se usaban los originales vestuarios de Paolo Fantin, así como la dirección artística del emprendedor Damiano Michieletto que sorprende en cada ocasión con sus ingeniosas actualizaciones, perfectamente adaptadas a la obra (absolutamente digno de mencionar son su “Gazza Ladra” en el ROF y su Madama Butterfly del Teatro Regio de Turín). El camino de la opera fue llevado por director de orquesta, el joven José Miguel Pérez Sierra quien con gesto elegante y refinado dejo transpirar la vivacidad de la partitura con nítidas coloraciones, definidas y de estilo, con una Orquesta Sinfónica G. Rossini que lo siguió bien para lograr imprimir el fascinante divertimento. El apartamento con solo el inmobiliario y sin los inquilinos significo poco por lo que para completar la opera durante la briosa obertura, unos estibadores entraron con maniquíes que como en un cuento para niños comenzaron a moverse y a tener vida, pero los maniquíes eran nada menos que los cantantes. El joven amante (clandestinamente casado) Dorvil fue confiado a Juan Francisco Gatell atlético y tatuado, interpretó al personaje con desenfreno juvenil, fogoso y decidido, vestido de motociclista no se negaba a una relación con su mujer secreta. Su timbre particular y su agilidad vocal definieron bien a su personaje. Gatell supo moverse con desenvoltura y espontaneidad emitiendo con una apreciable línea y tonalidad. La soprano israelí Hila Baggio interpretó a su vez una atlética Giulia que en escena se presentó entre flexiones y movimientos gimnásticos mientras cantaba ‘O quanto son grata’ con un bello timbre cristalino y un fraseo definido sin temerle a los agudos.
Esta debutante en el ROF presentó una maliciosa Giulia a la que le dio voz con bellas coloraciones.  El viejo gruño, al final compresivo y acomodaticio Dormont fue John Zuckherman quien personifico al viejito del jardín que jugaba a los bolos al detalle, que fue vocalmente apreciado y supo resaltar las notas que divierten. ‘Sento talor nel core’ es el aria de Lucilla que aquí interpretó de Josè Maria Lo Monaco quien renunció a su agraciada feminidad en favor de la rigidez del personaje, que apenas pudo se soltó para ir en contra el amor. Grato color, buen timbre y extensión segura fue lo que ofreció Lo Monaco.  Simone Alberghini, divirtió divirtiéndose en el papel de Blansac. Todo un experto del escenario con emisión segura se convivió en caricaturesco no solo con su delantal blanco si no cuando estuvo listo para jurar amor eterno y fidelidad. Con la modulación de su voz pudo hundirse, explotar y susurrar. Alberghini es siempre una carta ganadora. Una presencia fiel en el ROF es la de Paolo Bordogna que en Scala di Seta fue un graciosísimo Germano, el sirviente oriental que limpiaba y que intrigaba, deja salir el agua de la ducha, y soñaba con el amor, con una notable cifra vocal y bien cortada para el papel. Cómico por vocación y atento a todas las sutilezas interpretativas que realiza con voz plena y segura ‘…Amore dolcemente…’ De gran clase se escuchó el clavecín en los recitativos y cuando se marcaba. En suma, fue un agradable espectáculo que funciono por su alegría, su simpatía y su profesionalismo. ¡La música vence siempre!

Cuatro operas en el Festival de Rossini (ROF) en Pesaro

Foto: Studio Amati Bacciardi

Massimo Viazzo

MOSE IN EGITTO (20 agosto 2011, Adriatic Arena, Pesaro)

El espectáculo que más ha dado que hablar de si en la edición 2011 del Rossini Opera Festival – una edición de alto nivel que ha colocado a la manifestación de Pesaro ¡y con razón! entre las metas mas deseadas del verano para los melómanos de todo el mundo- ha sido sin dudas el Mosè in Egitto firmado por Graham Vick. El director de escena ingles no solo realizó una actualización de los eventos (aquí los eventos bíblicos perdieron su colocación natural de espacio y tiempo para asumir una dimensión universal sobre un escenario dividido en diversos niveles) si no que radicalizó sus elecciones en una óptica pacifista tout court en las cuales las culpas de los integralismos religiosos por demás monoteístas, como fueran el israelí o el islámico, fueron igualmente distribuidas. Es claro que ver a Mosè (Moisés) con un Kalashnikov en mano mientras entonaba la sublime plegaria del tercer acto fue una imagen muy fuerte, pero la idea de Vick de apuntar el dedo acusatorio sin hacer distinción entre los “presuntos” buenos y malos fue llevada hasta el fondo con gran coherencia pera crear un espectáculo de rara fuerza emotiva y espesor espiritual. Me parecían verdaderamente fuera de lugar las cartas enviadas a los periódicos locales de algunos judíos presentes en el festival que se sintieron “ofendidos” por esta visión. Aquí, se trató de hacer arte, pero arte viva, apasionada y no aislada de la realidad. Bien por Graham Vick, quien eligió, quizás, la vía más incomoda entre tantos otros, sobre los escenarios italianos, frecuentemente condicionados por un público perezosamente tradicionalista, lo que hizo parecer las cosas aun mas incomodas. Esta producción entrará por derecho en la historia del ROF, y se espera que sea repuesta en los próximos años, o por lo menos que alcance a ser grabada en video. Es así, porque también la parte estrictamente musical fue de un óptimo nivel, comenzando por el granítico faraón de Alex Esposito de nítida y esculpida dicción. Menos carismático, aunque correcto estuvo el Mosè (Moisés) de Riccardo Zanellato, mientras que la Elcia de Sonia Ganassi, a pesar de mostrarse afligida y apasionada pareció tener una emisión un poco pesada. Seguro e incisivo estuvo Dmitry Korchak en el papel del príncipe Osiride, y muy preparados estuvieron también los dos tenores Enea Scala (Mambre) y Lijie Shi (Aronne). Roberto Abbado dirigió con pulso y rigor sin dejarse malear por fáciles abandonos y apuntó definitivamente hacia la continuidad dramática.

LA SCALA DI SETA (21 agosto 2011, Teatro Rossini, Pesaro)

La Scala di Seta en la producción de Damiano Michieletto era ya un espectáculo probado y puesto en escena aquí mismo en Pesaro hace dos temporadas. Solo un cantante del antiguo elenco se presentó en esta ocasión, se trataba de aquel sobre el cual Michieletto prácticamente había construido todo su espectáculo. Me refiero a Paolo Bordogna, en el papel del distraído y descuidado sirviente filipino, entorno al cual giraron las acciones. La ambientación y los vestuarios modernos le infundieron vitalidad y exuberancia a una intriga que se asimila mucho a la del Matrimonio Segreto de Domenico Cimarosa (de hecho fue por este motivo que en la premier de1812 en el Teatro San Moisè de Venecia, la farsa rossiniana no tuvo el éxito que merecía). Sobre el escenario del Teatro Rossini se montó una escena que representaba un apartamento moderno con sala, cocina y baño. El publico, y aquí es donde estuvo la vivaz ocurrencia, pudo seguir el desarrollo del acontecimiento viendo también desde la parte de arriba, ya que el fondo se colocaron paredes reflejantes. Las situaciones inventadas por el joven director Veneto eran con frecuencia muy divertidas, nunca desbocadas, ni vulgares y sobretodo siempre estuvieron a tiempo con la música de Rossini, como en su momento lo había mostrado Jean-Pierre Ponnelle. Así, todo el elenco brilló por propiedad vocal y osada recitación, comenzando por el divertidísimo Germano de Paolo Bordogna, triunfador de la velada; sin olvidar a la espiritosa Giulia de Hila Baggio, o al volcánico Blansac de Simone Alberghini, para el cual en esta producción se recuperó la difícil aria de concierto “Alle voci dell’amore”, así como al atormentado Dorvil de Juan Francisco Gatell. Brillante y burbujeante fue la dirección de José Miguel Pérez-Sierra quien estuvo acompañado por una Orchestra Sinfónica G. Rossini en muy buena forma.

IL BARBIERE DI SIVIGLIA (22 agosto 2011, Teatro Rossini, Pesaro)

Alberto Zedda, director artístico del ROF, presentó a su publico la nueva edición critica del Barbiere di Siviglia publicada por la Fondazione Rossini de Pesaro. Las diferencias con la versión actual no parecen ser significativas (solo alguna modificación textual y algún retoque musical), pero sobretodo esta la presencia de un nuevo personaje, la criada Lisa, y para llamar la atención, Lisa de hecho interviene en el Fínale I (sus notas habían sido confiadas siempre a Berta, y aquí Lisa canta en una tesitura mas grave). Para la ocasión se pensó en una ejecución en forma de concierto justo para hacer resaltar de la mayor manera posible, las cualidades de la partitura rossiniana. De cualquier manera, los cantantes efectuaron sus entradas y salidas y algunos movimientos escénicos, ofreciendo autenticidad teatral al evento. Zedda demostró gran sensibilidad para guiar a la dinámica orquesta boloñesa obteniendo fluidez ritmica y brillantez timbrica. El director milanes de ochenta y tres años supo acompañar a los cantantes en un modo estilísticamente impecable durante sus gustosísimas y acrobáticas variazioni. Marianna Pizzolato interpretó una agradable Rosina con voz de timbre comunicativo, pero con algunas indecisiones en la zona más aguda de la tesitura. Franco, arrogante, de buen volumen y sonido rotundo y con cuerpo, estuvo el Fígaro de Mario Cassi. Adecuado estuvo Juan Francisco Gatell en el papel del Conde Almaviva, que sobretodo en el centro pareció recordar el fraseo de Luigi Alva. El desbordante Bartolo de Nicola Alaimo, un barítono de voz clara y perfectamente cómodo en el canto en silabas, supo divertir al público también por la calidad de su muy personal mímica; mientras que Nicola Ulivieri acentuó los trazos de astucia de Don Bartolo con voz plena y resonante. Grandes aplausos y ovaciones se dieron también en la Piazza del Popolo, donde la opera fue transmitida en una gran pantalla.

ADELAIDE DI BORGOGNA (23 agosto 2011, Teatro Rossini, Pesaro)

Pier’ Alli el director de escena de Adelaide di Borgogna, opera de una belleza inesperada, que fue presentada por primera ocasión aquí en el ROF (y cuya música terminaría en buena parte en la futura opera Eduardo e Cristina es una demostración de lo mucho que Rossini tenia en consideración a esta partitura) pareció estar mas interesado en las proyecciones al fondo del escenario, de lagos y hierros, de militares y fuertes, de marchas y procesiones de mujeres indudablemente sugestivos y elegantes (con su ligero toque de ironía y surrealismo) y menos interesado en los movimientos escénicos de los cantantes. No fluyó un espectáculo de innegable impacto visual, pero teatralmente un poco pobre. Se pensaba en un elenco de primer orden, acompañado por la musicalidad y la fineza de Dmitri Jurowski bajo la guía del Coro y la Orchestra del Teatro Comunale de Bolonia. (agrupación que participó también en Mosè y en Barbiere), para electrizar la función. Jessica Pratt donó a Adelaide un timbre adiamantado y pastoso sobretodo en el centro, con facilidad en la coloratura, y privilegió la vena más elegiaca de la princesa prematuramente convertida en viuda. El Ottone de Daniela Barcellona se impuso por el acento heroico aunque también patético, por su osada agilidad y por la solidez de su línea. Nicola Ulivieri diseñó un Berengario de notable espesor vocal con color oscuro y esculpido y rotunda dicción. A la vez, Bogdan Mihai (Adelberto) resultó ser el elemento débil del elenco ya que a pesar de demostrar cierta seguridad en la agilidad y una indudable musicalidad, pero el timbre que no era particularmente seductor, el volumen trémulo y cierta carencia de squilo invalidaron en general su participación. Muy cómodos estuvieron el resto de los personajes y un aplauso para la preciosa y muy fantasiosa realización de los recitativos con el fortepiano, aunque casi no nos habíamos dado cuenta que se trataba, en su totalidad, “solo” de recitativi secchi.

Monday, August 29, 2011

Rossini Opera Festival 2011

Foto: Studio Amati Bacciardi

Massimo Viazzo

MOSE IN EGITTO (20 agosto 2011, Adriatic Arena, Pesaro)

Lo spettacolo che più ha fatto parlare di sé nell’edizione 2011 del Rossini Opera Festival – un’edizione di alto livello tale da collocare la manifestazione pesarese (a ragione!) fra le più ambite mete estive dei melomani di tutto il mondo, è stato senz’altro il Mosè in Egitto firmato da Graham Vick. Il regista inglese non ha effettuato soltanto un’attualizzazione degli eventi (qui le vicende bibliche perdevano la loro naturale collocazione spazio-temporale per assumere una dimensione universale su un palcoscenico suddiviso su più livelli), ma ha radicalizzato le sue scelte in un’ottica pacifista tout court in cui le colpe degli integralismi religiosi per lo più monoteisti, israeliano o islamico che fossero, venivano equamente distribuite. E’ chiaro che vedere Mosè con un kalashnikov in mano mentre intona la sublime Preghiera del Terzo Atto era un’immagine molto forte, ma l’idea di Vick di puntare il dito accusatorio senza fare distinzioni fra i “presunti” buoni o i “presunti” cattivi viene perseguita fino in fondo con grande coerenza per uno spettacolo di rara forza emotiva e di spessore spirituale. E mi sembrano veramente fuori luogo le lettere giunte ai giornali locali di alcuni ebrei presenti al Festival che si sono sentiti “offesi” da questa visione. Qui si tratta di fare arte, ma arte viva, appassionata e non avulsa dalla realtà. Bravo Graham Vick a scegliere, forse, la via più scomoda, che oltretutto sui palcoscenici italiani, spesso condizionati da un pubblico pigramente tradizionalista, pare ancora più scomoda. Ma questo allestimento entrerà di diritto nella storia del ROF ed è sperabile che venga ripreso nei prossimi anni, o almeno che raggiunga la via della registrazione video. E sì, perché anche la parte strettamente musicale era di ottimo livello, a cominciare dal Faraone granitico di Alex Esposito dalla dizione nitida e scolpita. Meno carismatico, ancorché corretto, il Mosè di Riccardo Zanellato, mentre la Elcia di Sonia Ganassi, pur struggente e appassionata, è parsa di emissione un po’ appesantita. Sicuro e incisivo Dmitry Korchak nel ruolo del principe Osiride, e molto preparati anche gli altri due tenori Enea Scala (Mambre) e Iijie Shi (Aronne). Roberto Abbado ha diretto con polso e rigore senza farsi ammaliare da facili abbandoni e puntando decisamente sulla continuità drammatica.


LA SCALA DI SETA (21 agosto 2011, Teatro Rossini, Pesaro)
La Scala di seta nell’allestimento di Damiano Michieletto era invece uno spettacolo già collaudato andato in scena qui a Pesaro due stagioni fa. Solo un cantante del vecchio cast compariva questa volta: si trattava di quello sul quale Michieletto aveva praticamente costruito tutto il suo spettacolo. Mi riferisco a Paolo Bordogna, qui nei panni di uno sbadato e spensierato servitore filippino attorno al quale ruotava tutta la vicenda. Ambientazione e costumi attuali infondevano vitalità ed esuberanza ad un intrigo che assomiglia molto a quello del Matrimonio segreto di Domenico Cimarosa (e anche per questo motivo alla première del 1812 al Teatro San Moisè di Venezia la farsa rossiniana non aveva avuto quel successo che meritava). Sul palcoscenico del Teatro Rossini viene montata una scena che rappresenta le camere di un appartamento moderno, il salotto, la cucina, il bagno..... Il pubblico, e qui sta la spiritosa trovata, può seguire lo sviluppo degli avvenimenti anche dall’alto in quanto il fondale è dotato di una parete riflettente. E le situazioni inventate dal giovane regista veneto erano spesso esilaranti, mai sboccate o volgari, e soprattutto sempre a tempo con la musica di Rossini, come a suo tempo aveva insegnato Jean-Pierre Ponnelle. Tutto il cast brillava così per proprietà vocali e recitazione spericolata, a cominciare proprio dallo spassosissimo Gemano di Paolo Bordogna, trionfatore della serata, ma senza dimenticare la spiritosa Giulia di Hila Baggio, il vulcanico Blansac di Simone Albergini, per il quale questa produzione recuperava la difficile Aria da concerto “Alle voci dell’amore”, e il tormentato Dorvil di Juan Francisco Gatell. Frizzante, spumeggiante la direzione di José Miguel Pérez-Sierra ben assecondato da un Orchestra Sinfonica G. Rossini in buonissima forma.

IL BARBIERE DI SIVIGLIA (22 agosto 2011, Teatro Rossini, Pesaro)
Alberto Zedda, direttore artistico del ROF, ha presentato al suo pubblico la nuova edizione critica del Barbiere di Siviglia pubblicata dalla Fondazione Rossini di Pesaro. Le differenze con la precedente non sono parse significative (qualche modifica testuale, qualche ritocco musicale), ma è soprattutto la presenza di un nuovo personaggio, la cameriera Lisa, ad attirare l’attenzione: Lisa, infatti, interviene nel Finale I (le sue battute sono sempre state affidate a Berta, pur cantando, Lisa, in una tessitura più grave). Per l’occasione si è pensato ad un’esecuzione in forma di concerto proprio per dar maggior risalto possibile alle qualità della partitura rossiniana. I cantanti hanno comunque effettuato le entrate e le uscite, e alcuni movimenti scenici, offrendo verità teatrale alla vicenda. Zedda ha mostrato grande sensibilità nel guidare la dinamica orchestra bolognese, ottenendo fluidità ritmica e brillantezza timbrica. L’ottantatreenne direttore milanese ha anche saputo assecondare i cantanti, in modo stilisticamente impeccabile, durante le loro gustosissime e funamboliche variazioni. Marianna Pizzolato ha interpretato una Rosina piacevole con voce di timbrica comunicativa, ma con qualche indecisione nella zona più acuta della tessitura. Franco, spavaldo, di buon volume il Figaro di Mario Cassi, dal suono rotondo e corposo. Adeguato Juan Francisco Gatell nei panni del Conte di Almaviva, che, soprattutto nei centri, è parso ricordare il fraseggio di Luigi Alva. Il debordante Bartolo di Nicola Alaimo, un baritono di voce chiara perfettamente a suo agio nel canto sillabato, ha saputo divertire il pubblico anche in qualità di una mimica molto personale, mentre Nicola Ulivieri ha accentuato i tratti furbeschi di Don Basilio con voce piena e risonante. Grandi applausi e ovazioni anche in Piazza del Popolo, dove l’opera è stata trasmessa su maxi-schermo.

ADELAIDE DI BORGOGNA (23 agosto 2011, Teatro Rossini, Pesaro)
Pier’Alli, il regista di Adelaide di Borgogna, opera dalle bellezze insospettate per la prima volta qui al ROF (la cui musica finirà in buona parte nel futuro Eduardo e Cristina a dimostrazione di quanto lo stesso Rossini tenesse in considerazione questa partitura) è parso più interessato alle proiezioni sul fondale del palcoscenico, lacustri e ferrigne, di militari e di fortezze, di marce e di cortei muliebri, indubbiamente suggestive ed eleganti (e non senza un tocco leggero di ironia e surrealismo), ma meno ai movimenti scenici dei cantanti. Ne scaturiva uno spettacolo di innegabile impatto visivo, ma teatralmente un po’ povero. Ci pensava un cast di prim’ordine, accompagnato con musicalità e finezza da Dmitri Jurowski alla guida del Coro e dell’Orchestra del Teatro Comunale di Bologna (complessi impegnati con successo anche in Mosè e nel Barbiere), ad elettrizzare la recita. Jessica Pratt donava ad Adelaide un timbro adamantino, pastoso soprattutto nei centri, con facilità nella coloratura, privilegiando la vena più elegiaca della principessa prematuramente divenuta vedova. L’Ottone di Daniela Barcellona si imponeva per l’accento, eroico ma anche patetico, per la spericolatezza delle agilità, per la saldezza della linea. Nicola Ulivieri disegnava un Berengario di notevole spessore vocale, colore scuro e dizione scolpita e rotonda. Bogdan Mihai (Adelberto) risultava, invece, l’elemento debole del cast. Pur dimostrando una certa sicurezza nelle agilità e una indubbia musicalità, il timbro non particolarmente seducente, il volume flebile e una certa mancanza di squillo ne inficiavano la resa complessiva. A loro agio le parti di fianco e un plauso per la preziosa e fantasiosissima realizzazione dei recitativi al fortepiano: ebbene, non ci siamo quasi accorti che si trattava, nella loro totalità, “soltanto” di recitativi secchi.






Monday, August 22, 2011

Anche all’Opera è bello divertirsi!!!!!! La Scala di Seta, Rossini Opera Festival 2011, Pesaro

Foto: Studio Amati Bacciardi

Renzo Bellardone

ROSSINI OPERA FESTIVAL 2011- PESARO 18 Agosto, ore 20,00.Per i 150 anni dell'Unità di Italia. LA SCALA DI SETA. Farsa comica di Giuseppe Foppa. Musica di Gioachino Rossini. Edizione critica della Fondazione Rossini, in collaborazione con Casa Ricordi, a cura di Anders Wiklund, Direttore JOSÉ MIGUEL PÉREZ-SIERRA. Regia: DAMIANO MICHIELETTO. Scene e Costumi: PAOLO FANTIN. Progetto luci: ALESSANDRO CARLETTI. Personaggi Interpreti. Dormont JOHN ZUCKERMAN. Giulia HILA BAGGIO. Lucilla JOSÈ MARIA LO MONACO. Dorvil JUAN FRANCISCO GATELL. Blansac SIMONE ALBERGHINI. Germano PAOLO BORDOGNA. ORCHESTRA SINFONICA G. ROSSINI

Senza opportunistiche considerazioni sulla crisi mondiale che ci attanaglia e che talvolta attenua se non addirittura spegne i sorrisi, è di tutta evidenza che in tale situazione la voglia di ridere e divertirsi cresce anche per i frequentatori dell’ ‘Opera’!! Rossini, ben più famoso per le sue opere ‘buffe’ che non per quelle ‘serie’, ha lasciato delle farse musicali che sapientemente il Rof propone e ripropone avvalendosi anche della freschezza giovanile degli interpreti, come in questa edizione 2011 de ‘La Scala di Seta’!!!! Come anticipato, il cast è improntato alla giovinezza ed anche ‘le vecchie volpi’, in barba alla ‘provata esperienza’ in palcoscenico sono vocalmente freschi, attorialmente atletici ed anagraficamente giovani. ‘Pianta piano primo A/10 via Rossini n.2 Pesaro’ È la scritta che appare sul frontale del palco sovrastante la buca e che descrive l’impianto pressoché fisso, ma originalissimo dell’allestimento scenico; a terra le delimitazioni delle stanze (senza pareti) bagno, letto, soggiorno, cucina, tettoia altezza 2,50 metri….il tutto riflesso specularmente sul grande specchio inclinato che crea il soffitto…..una porta finestra sull’immaginario balconcino a fondo palco, box doccia ed elementi bagno, cucina moderna, un soggiorno ed un letto a due piazze: la scena è montata quasi tutta in diretta da operai in tuta sotto il vigile occhio di un presunto architetto d’arredi affettatamente inquieto, ma ovviamente in virtù delle scene (suoi anche i costumi originali) di Paolo Fantin. e della direzione registica dell’intraprendente Damiano Michieletto che ogni volta sorprende per l’attualizzazione ingegnosa, ma perfettamente calzante con la vicenda (assolutamente da menzionare ‘Gazza Ladra’ al Rof e Butterfly per il Regio di Torino). Il via all’opera viene dato dal direttore d’orchestra che in questo caso è il giovane José Miguel Pérez-Sierra : gesto elegante e raffinato lascia trasparire la vivacità della partitura con colorazioni nitide, definite e di stile; l’orchestra sinfonica G. Rossini lo segue bene riuscendo nell’impresa del divertimento fascinoso. Ma l’appartamento con i soli arredi, senza gli inquilini..beh! significa poco e per completare l’opera i soliti uomini di fatica, durante la briosa ouverture, portano dei manichini che come in una favola per bambini inizieranno a muoversi e prendendo vita, la daranno ai personaggi; i manichini altri non erano che i cantanti…… L’aitante amante (nascostamente già sposo) Dorvil è affidato a Juan Francisco Gatell: palestrato e tatuato rende il personaggio con intemperanza giovanile; focoso e deciso, in tuta da motociclista, non disdegna un amplesso con la sua moglie segreta. Timbro particolare ed agilità vocale definiscono bene il personaggio; Gatell sa muoversi con scioltezza e spontaneità emettendo con linearità e tonalità apprezzabili.

Il soprano israeliano Hila Baggio interpreta invece una atletica Giulia che in scena si presenta tra flessioni e movimenti ginnici mentre canta ‘O quanto son grata..’: bel timbro cristallino e fraseggio definito non teme gli acuti. Debuttante al Rof presenta una maliziosa Giulia, dandole voce con belle coloriture. Il vecchio burbero, ma alla fine comprensivo ed accomodante Dormont, è John Zuckerman che impersona il vecchietto da giardinetti e bocciofila, con dettaglio ricercato; anche vocalmente è apprezzato e sa indulgere sulle note ‘che divertono’. ‘Sento talor nel core’ è l’aria di Lucilla qui con l’interpretazione di Josè Maria Lo Monaco che rinuncia alla sua aggraziata femminilità a favore della rigidezza del personaggio, ma appena potrà scioglierà però gli ormeggi per andare in contro all’amore: bel colore, buon timbro ed estensione sicura sono le offerte di Lo Monaco. Diverte divertendosi Simone Alberghini nei panni di Blansac; esperto del palcoscenico e con emissione sicura diventa caricaturale non solo con il grembiulino bianco, pronto a giurare eterno amore e fedeltà, ma anche con la modulazione della voce che fa sprofondare, tuonare o sussurrare: Albergini è sempre una carta vincente. Presenza fedele al Rof è quella di Paolo Bordogna che in Scala di Seta è un buffissimo Germano, cameriere orientaleggiante che spolvera, intriga, fa partire l’acqua dalla doccia e sogna amor….con una cifra vocale notevole e ben tagliata sul ruolo. Comico per vocazione, è attento a tutte le sottigliezze interpretative che rende con voce piena e sicura ‘…Amore dolcemente…’ Esilarante il quartetto ‘Si che unito a cara sposa’ che impegna Alberghini, Baggio, Gatell e Bordogna. Di gran classe il clavicembalo nei recitativi e delle marcature.Insomma uno spettacolo piacevolmente gradevole che funziona per allegria, simpatia e professionalità. La Musica vince sempre.

Sunday, July 3, 2011

Orchestra Filarmonica dell´UNAM concerto diretto dal maestro israeliano Yoav Talmi, Città del Messico

Foto: Yoav Talmi - Musica UNAM

Ramón Jacques

L’Orchestra Filarmonica dell’UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), che compie 75 anni, ha concluso la sua stagione di primavera 2011 con un programma composito diretto dal maestro israeliano Yoav Talmi. Il concerto è iniziato con la prima esecuzione in Messico delle Dachau Reflections (Riflessioni di Dachau), la cui prima mondiale avvenne nel 1997 e che fu composta dallo stesso Talmi, nato nel 1943. Si tratta di un’elegia per orchestra d’archi, timpani e fisarmonica. Il breve brano dal carattere malinconico, nostalgico e riflessivo fu ispirato dalle visite del maestro alla pittoresca città di Dachau, che dal 1933 fu sede di un campo di concentramento nazista. In sostanza è un collage di pezzi o di idee, come dice lo stesso compositore, che contiene reminiscenze della Sarabanda dalla suite no. 5 per violoncello di Bach, frammenti dei Kindertotenlieder di Mahler, di una antica canzone yidddish, Sotto un cielo di stelle, quest’ultima caratterizzata dalla fisarmonica. La soavità e la leggerezza di questo brano era in palese contrasto con l’irruzione dei fiati e il carattere focoso dell’Ouverture Tragica op. 81 di Johannes Brahms, diretta da Talmi con entusiasmo. Gran finale con una splendida esecuzione della Grande Messa in do minore K. 427 de Mozart, che insieme al suo Requiem è forse una delle massime opere di musica sacra dell’Occidente, nella quale sono evidenti una visione sia barocca che operistica della musica liturgica. Il Coro de Cámara de la Escuela Nacional de Música, che in alcune parti si è diviso, ha dato una buona interpretazione e ha brillato nel Kyrie, nel Gratias e nel Sanctus; così come sono stati corretti i quattro solisti, il soprano Alejandra García, il tenore Leonardo Villeda e il basso Ricardo López. Il soprano israeliano Hila Baggio si è distinta per il suo colore caldo e argentino, unitamente alla spettacolare coloratura, e ha realmente commosso il pubblico nell’Et incarnatus est. La grande orchestra, soprattutto nella sezione degli ottoni, ha realizzato un suono compatto e omogeneo, nonché dinamico, guidata dal sicuro e ispirato braccio del direttore Talmi.

Yoav Talmi dirigió la Gran Misa en do menor de Mozart con la OFUNAM, México

Foto: Yoav Talmi - Musica UNAM

Ramón Jacques

La Orquesta Filarmónica de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) que celebra sus 75 años de existencia, concluyó su temporada de primavera 2011 con un programa variado que fue dirigido musicalmente por el maestro israelí, Yoav Talmi. El concierto comenzó con la primera ejecución local de Dachau Reflections (Reflexiones de Dachau), obra estrenada en 1997 y compuesta por el propio Talmi (1943) que fue concebida como una elegía para orquesta de cuerdas, con acompañamiento de timbales y acordeón. La breve pieza de carácter melancólico, nostálgico y reflexivo, fue inspirada en las visitas que realizó el director-compositor a la pintoresca ciudad de Dachau en Alemania, que albergó un campo de concentración en 1933, y es un collage de piezas o ideas (como lo llama el compositor) que contiene reminiscencias de obras como la Sarabanda de la suite no. 5 para violonchelo de Bach; fragmentos de los Kindertotenlieder de Mahler, así como de una antigua canción yidddish, Bajo el cielo estrellado, que es representada por el sonido del acordeón. La suavidad y ligereza contenida en esta pieza, contrastó con la irrupción de los metales, la musicalidad y el carácter fogoso y temperamental de la Obertura Trágica, op 81 de Johannes Brahms que Talmi dirigió con entusiasmo. Finalmente se realizó una satisfactoria ejecución de la Gran Misa en do menor, K. 427 de Mozart,  que junto a su Réquiem es quizás una de las obras cumbre de la música sacra de occidente, y en la que se percibe  una visión barroca y a la vez operística en la música litúrgica. El Coro de Cámara de la Escuela Nacional de Música, que se dividió en algunas partes, tuvo un correcto desempeño particularmente en el Kyrie, el Gratias y el Sanctus; así como el grupo de cuatro solistas, que incluyó a  la soprano Alejandra García, al tenor Leonardo Villeda y al bajo Ricardo López. Sobresalió particularmente la soprano israelí Hila Baggio, por su timbre calido y cristalino,  muy colorido y ágil  en cada una de sus intervenciones, como el Et incarnatus est el que fue capaz de conmover. De la amplia orquesta y su sección de metales, emanó un sonido compacto, homogéneo, pero sobretodo dinámico, bajo la segura y exaltada mano del director Talmi.