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Friday, January 20, 2023

Mirandolina en Bolonia

Foto: Andrea Ranzi

Roberta Pedrotti

Por ser una obra rara, ajena al repertorio actual, de un compositor no precisamente familiar a nuestras carteleras, Mirandolina de Bohuslav Martinů (1890-1959) disfrutó de cierta fortuna italiana en el siglo XXI: en 2003 en Lugo di Romagna (coproducción con Wexford, donde Riccardo Frizza subió al podio), el conductor Polastri y el director Curran; en 2016 en la Fenice de Venecia, con conducción de Axelrod y la dirección de Aliverta; hoy, como inicio de la temporada 2023 para el Teatro Comunale de Bologna, la directora Oksana Lyniv y Gianmaria Aliverta lo la hace nuevamente. Sin embargo, no se trata de una verdadera reposición, aunque la idea básica sea la misma, ya que hoy nos encontramos ante la necesidad de una nueva producción que sea una puesta semi-escénica sobre el escenario del Auditorio Manzoni compartida entre cantantes. y orquesta. El teatro Comunale está cerrado por reformas y la temporada de ópera se traslada a la zona de Fiera (feria), pero para el preestreno nos quedamos en el centro, como el año pasado, cuando se propuso en concierto el primer acto de Die Walküre. Hoy se evita la forma de oratoria pura y simple, y es una gran fortuna que una comedia basada literalmente en la locandiera goldoniana prefiera sufrir con los cantantes bloqueados detrás de los atriles. Aliverta, pues, hace lo que puede y lo hace bien; se sabe, es precisamente haciendo virtud de la necesidad con medios mínimos como se ha señalado. No se necesita mucho y no solo porque debe ser suficiente, sino porque realmente se puede lograr mucho con algo de luz de color, dos sillas de jardin, dos perchas, una tabla de planchar, una bañera, trajes elegidos para acompañar una caracterización efectiva de los personajes, un buen juego de actuación. Por otro lado, el primer mandamiento del director, seguido por Aliverta, es tener buenas actuaciones, condición sine qua non para materializar cualquier idea, sea buena o cuestionable. Y cuando estallan algunas risas en la sala, tenemos la confirmación de que el espectáculo dio en el blanco. También porque, a decir verdad, puede que no sea fácil reír y divertirse con Mirandolina, especialmente para un público de habla italiana. Músico distinguido que combina la lengua eslava de sus orígenes con la fascinación por los ambientes mediterráneos ya experimentados muchos antes que él (y el Saltarello de esta obra se mira hacia Mendelssohn), Martinů en sus últimos años de vida se dedicó a componer Mirandolina directamente a partir del texto de Goldoni, apoyándose en el italiano aprendido durante sus estancias en la península. Un resultado extraordinario, si se piensa en la proeza del bohemio luchando con esta lengua, un poco menos si se mira solo al resultado puro, que adolece de una imperfecta familiaridad con la acentuación y la prosodia italiana, tan diferente de su lengua materna (A propósito, cambió el signo sobre la u final de su apellido con un acento tónico para pronunciarlo Martinù: la tónica está en la primera sílaba).  Paradójicamente, el primer elenco checo (17 de mayo de 1959) debió estar más a gusto que una compañía como esta de Bolonia, casi todos hablantes nativos y por lo tanto a menudo comprometidos con acentos y escaneos distintos a los instintivas, en busca del espíritu de la comedia, de la ligereza, malicia e insinuaciones. A pesar de los guiños dispersos de Gianmaria Aliverta (a la evidente relación entre Ortensia y Dejanira se le suma el inevitable juego sobre el Caballero enemigo de las mujeres), a los que les costó un poco salir adelante con la concertación de Oksana Lyniv, quien también tuvo que lidiar con un equilibrio acústico que no fue precisamente fácil. La orquesta sonó bien, muy bien, la precisión en la interpretación de una partitura muy compleja fue verdaderamente admirable por parte de todos; sin embargo, el peso instrumental a menudo pareció apabullante y poco inclinado a la sonrisa, tanto que los mejores momentos fueron sin duda los interludios con sus colores a menudo sombríos y, en general, el último acto, cuando con la disolución de la trama y la explosión de la pasión del Cavaliere, los tonos de pasión de se volvieron un poco más encendidos. De cualquier manera, el elenco, merece un aplauso colectivo e incondicional. La ucraniana Olga Dyadiv tiene una excelente pronunciación, con un toque apenas exótico en sus parlati, una figura adecuada, una voz fina y precisa en una parte muy compleja en cuanto a la articulación, en el estilo recitativo checo derivado de Janáček pero con texto italiano, así como poco espacio para la explosión cantabile o virtuosa. Simone Alberghini, marqués de Forlimpopoli, recuerda a Alberto Sordi por su capacidad de caracterizar con el gesto y la voz, en lo cómico y en lo dramático, creando máscaras y no caricaturas; y Omar Montanari perfiló el tipo áspero y propenso al exceso del Cavaliere di Ripafratta sin que el personaje se le vaya de las manos con inútiles énfasis o perdiendo el control de la emisión. El trío de invitados masculinos se completó con Andrea Schifaudo adecuadamente patán como Conte d'Albafiorita, mientras que la pareja (de facto) de comediantes Ortensia y Dajanira estuvieron bien interpretadas por Giulia Dalla Peruta y Aloisia Aisemberg, graciosa muñeca y "marimacha" masculina, respectivamente. Leonardo Cortellazzi confirmó toda su clase de tenor en el papel de Fabrizio, muy bien cantado y con una pizca de franca altivez que le va muy bien al amante de Mirandolina. Haruo Kawakami interpretó muy bien el papel del sirviente del Cavaliere, mientras que Alessandro Pasini (también asistente de dirección) y Filippo Gonnella fueron dos audaces sirvientes del escenario y clientes de la posada. El público fue numeroso: hubo quienes apreciaron esta versión musical de Goldoni y hubo quienes se mantuvieron un poco más fríos, los comentarios abarcan un amplio espectro que no se detiene en la forma del vestuario ni en la duración de los agudos, sino que se centra en la obra, en el tratamiento del texto, en la interpretación de la música en la relación entre voces, orquesta y acción. El balance final de los aplausos es positivo: eso es bueno.

Sunday, March 20, 2022

Il signor Bruschino en Bolonia

Foto Andrea Ranzi/ Studio Casaluci

Roberta Pedrotti

Aunque se ofreció con las disposiciones rituales impuestas por el covid, Il signor Bruschino fue considerado el verano pasado como el espectáculo más equilibrado y globalmente exitoso del Festival de Ópera Rossini 2021. Ahora, volviendo al uso antiguo, cuando la orquesta boloñesa aún veraneaba en Pesaro, después de unos meses la producción llegó al Comunale de Bolonia y por fin se sintió cómoda con los instrumentos en el foso y el público en la platea. La puesta en escena de Barbe & Doucet aquí repuesta por Luca Baracchini, con Michele Spotti que se mantuvo en el podio, y del elenco repitiron: Giorgio Caoduro como Gaudenzio, Manuel Amati como el hijo de Bruschino, Gianluca Margheri como Filiberto y Enrico Iviglia como el comisario. Las expectativas se cumplieron, aunque no se puede hablar de una reposición exactamente igual porque, a pesar de los diferentes espacios, esa es la naturaleza del teatro: nunca se puede repetir lo mismo. El trabajo de los directores, escenógrafos y figurinistas franco-canadienses sigue siendo ágil, claro, bien pensado, aunque esta reposición, comparada con la edición original fue un poco mecánica, menos minuciosa y espontánea en las caracterizaciones. Por su parte, y por primera ocasión frente a las agrupaciones del Comunale, Michele Spotti, reafirmó no solo su talento, sino también su madurez, la confianza en conducir la obra con una actitud agradable y fluida, con momentos alegres, no frenéticos o extasiados, y nunca sdilinquiti, y una minuciosa búsqueda de contrastes dinámicos. Giorgio Caoduro volvió a ser un excelente Gaudenzio, no el estereotipo del guardián un poco brusco, pero de buen corazón, sino un hombre honesto, cariñoso, sujeto también al mismo orgullo y tacañería que le reprocha a su vecino.  Gianluca Margheri continuó desempeñándose en el papel del posadero, y Enrico Iviglia personificó bien su papel, mientras que Manuel Amati labró un cameo cada vez más refinado como un temerario más borracho que arrepentido. Entre los nuevos llegados destacó Simone Alberghini, quien en el papel principal estuvo muy acertada,y fue la otra cara de la moneda de Gaudenzio: el impagable cascarrabias umarell (observador de construcciones jubilado) quien una vez que había entendido el engaño, logró convertirse en un ayudante benéfico para los amantes. Hasmik Torosyan tuvo mucho éxito como Sofía, que afrontó con la confianza de quienes se formaron en la Academia Rossini de Pesaro, aunque se tiene la sensación de que el desarrollo de la voz la esta llevando, con un centro más lleno y matizado, hacia otros puertos. Menos enfocado estuvo el Florville de Pierluigi D'Aloia, todavía con una vocalidad un poco inmadura y no siempre controlada en el vibrato, y Francesca Cucuzza fue una Marianna de voz penetrante. Parece increíble, pero Il signor Bruschino no se había visto en el Comunale desde hace veintiséis años (aunque se trató de una colaboración con el conservatorio: así que hay que remontarse hasta 1988 para recordar algunas funciones, coproducidas con Pesaro, de cierta relevancia). Por supuesto, que una farsa de noventa minutos lucha por "hacer una verdadera velada", como se dice, pero Rossini nunca debe faltar, y en la sala se respiró una atmósfera de descubrimiento: la de un público atento que se fue metiendo poco a poco, hasta que finalmente se escucharon aplausos muy cálidos.

Reseña en italiano en el sitio L’Apemusicale.

https://www.apemusicale.it/joomla/it/recensioni/70-opera/opera-2022/12910-bologna-il-signor-bruschino-18-02-2022?highlight=WyJhbGJlcmdoaW5pIl0=

 

Thursday, January 27, 2022

La Cenerentola en el Teatro Coccia de Novara

Foto: Mario Finotti

Renzo Bellardone

Enero 23, 2022 ‘La historia de la tarde en el Teatro Coccia’ es como se podría resumir en pocas palabras: ¡un espectáculo de verdadera belleza con música, dirección de voces y todo lo que es valioso! El espectáculo llama la atención porque manteniendo su carácter tradicional, luce casi como nuevo donde se pone en gran protagonismo la teatralidad de la interpretación y la narrativa fluye entre diferentes cambios de escenario, vestuario apropiado y escenografías de fabulas y cuentos de hadas. La dirección de la joven y muy hábil Teresa Gargano es dinámica y atenta a cada detalle: ¡se percibe que todo ha sido pensado y todo está hecho con el objetivo de divertir y suavizar! (y no se da por hecho ni siquiera para los nombres más conocidos y establecidos). Una producción digna también por las escenografías escénicas realizadas con simple eficacia y en algunos casos diría intuición, que fueron creadas por Sormani y Cardaropoli srl donde encajan bien los trajes clásicos de la sastrería Arrigo Costumi. La orquesta filarmónica italiana dirigida por el magistral Antonino Fogliani, establecido en el campo; desde la magnífica obertura se puede percibir la destreza tanto de la orquesta como del director que con maestría afirmada y con mucho respeto a la par del entusiasmo, acompaña al público a pasar unas horas en un mundo de musica sonriente y amabilidad de encuentro, también divertido por la dulzura del sonido del fortepiano interpretado por Nicola Pascoli. Además de la dirección femenina, la dirección del Colsper Choir también está encomendado a la habilidosa Francesca Tosi, quien, en sintonía con la dirección, ha realizado un excelente trabajo de vocalización y presencia actoral de los coristas. Hablando de ópera, inevitablemente pasamos a contar lo que hemos oído y escuchado, por lo tanto, se habla de voces y en este caso me atrevería a decir que nadie ha traicionado las expectativas; casi todos jóvenes que en su debut recibieron tantos aplausos como para consolidarse entre los buenos cantantes. La voz conocida es la del profundo barítono Simone Alberghini, ciertamente no nuevo en los roles rossinianos, quien con maestría siempre rinde con eficacia para la interpretación general, como en este caso quien interpreta a un Don Magnifico soberbiamente autoritario con los débiles y decididamente de manera contraria "visiblemente obsequioso” con los poderosos. Las dos medias hermanas: Tisbe de Caterina Dellaere, y Clorinda de María Eleonora Caminada son vocalmente buenas e igualmente efectivas como actrices, en unas roles integrantes y relevantes de la historia que conducen con brillantez y vivacidad. Francesco Leone, joven bajo de Cagliari, ha plasmado bien la figura de Alidoro con una voz joven pero profunda y con aire seguro de forma escénica. Dandini, el camarero que se presta al gag de cambiar personajes con el príncipe para probar la bondad de los sentimientos de las pretendientes, es igual una figura brillante y cómica y Emmanuel Franco ha sabido entretener de manera excelente casi con atrevimiento sin escatimar en la voz una emisión calibrada en tonalidad e ironía. Don Ramiro tuvo a Chuan Wang quien hizo el personaje del príncipe con hermosos colores y notas altas y confiadas. Cenicienta, la protagonista, fue interpretada por la debutante Mara Gaudenzi (por causa del destino en los días de San Gaudenzio patrón de Novara) que realmente sorprendió favorablemente a un público atento y en gran medida experto. Gaudenzi apareció en el escenario del Coccia con la confianza de los cantantes acostumbrados al papel, logrando expresar el papel de contralto sin fallas, incluso con consejos de excelente nivel, en fin, ¡un gran descubrimiento! La agilidad, los colores y las reminiscencias del barbero de Rossini aparecieron con brillante vivacidad en muchos momentos de la obra.Si un sentimiento colectivo debe reservarse tanto para la producción como para la realización real, solo puede ser un sentimiento de apreciación, también compartido con una parte experta del público.

 

La Cenerentola - Teatro Coccia di Novara

Foto: Mario Finotti

Renzo Bellardone 

Al di la dei singoli e collettivi comportamenti da “adulti” tutti quanti abbiamo “desiderio” di favole, anche per illuderci un po' e dimenticandoci  magari che le favole contengono narrazioni e morali di grande spessore! Questo è anche il caso di Cenerentola!

LA CENERENTOLA – Teatro Coccia Novara – 23 gennaio 2021 Musica di Gioachino Rossini
Libretto di Jacopo Ferretti Maestro concertatore e direttore d’orchestra Antonino Fogliani Regia Teresa Gargano Assistente alla regia Salvatore Sito Angelina Mara Gaudenzi Don Ramiro Chuan Wang Don Magnifico Simone Alberghini Dandini Emmanuel Franco Alidoro Francesco Leone Tisbe Caterina Dellaere Clorinda Maria Eleonora Caminada Scenografie Sormani-Cardaropoli SRL Sartoria Teatrale Arrigo Costumi Maestro del Coro Francesca Tosi Coro Colsper Maestro al fortepiano Nicola Pascoli Orchestra Filarmonica Italiana Produzione Fondazione Teatro Coccia Si ringrazia Atelier Fornasetti per il fortepiano

Si potrebbe sintetizzare il racconto del pomeriggio al Coccia con poche parole: spettacolo di vera bellezza con musica, voci regia e tutto quanto di pregio! Lo spettacolo colpisce perché pur mantenendo la tradizionalità, si presenta quasi come nuovo dove la teatralità dell’interpretazione è posta in gran rilievo e la narrazione fluisce tra diversi cambi di scena, costumi appropriati   e scenografie favolistiche e favoleggianti. La regia della giovane e molto abile Teresa Gargano è dinamica ed attenta ad ogni particolare: si percepisce che tutto è stato pensato e tutto è realizzato puntando al divertimento ed alla scorrevolezza! (e non è scontato nemmeno per nomi più conosciuti ed affermati).  Produzione meritevole anche per le scenografie a tutto palco realizzate con semplice efficacia ed in alcuni casi direi intuizione, che sono curate da Sormani e Cardaropoli srl dove ben si inseriscono i costumi classici della sartoria Arrigo Costumi.  L’orchestra filarmonica italiana  diretta dal magistrale Antonino Fogliani affermato nel campo; fin dalla magnifica ouverture si percepisce la bravura sia dell’orchestra che del direttore che con padronanza asseverata  e con molto rispetto  pari all’entusiasmo, accompagna il pubblico a trascorrere qualche ora in un mondo di ascolto sorridente e piacevolezza del ritrovarsi, trastullati anche dalla dolcezza del suono del fortepiano suonato da Nicola Pascoli. Oltre alla regia al femminile anche la direzione del Coro Colsper è affidata all’abile Francesca Tosi, che in sintonia con la regia ha compiuto un ottimo lavoro di vocalità e presenza attoriale dei coristi. Parlando di opera inevitabilmente si va a raccontare di quanto si è udito ed ascoltato, quindi si parla di voci ed in questo caso oserei dire che nessuno ha tradito le aspettative; quasi tutti giovani e al debutto hanno riscosso talmente tanti applausi da consolidarli tra i buoni cantanti. La voce conosciuta è quella del profondo baritono Simone Alberghini, non certamente nuovo a ruoli rossiniani, che con padronanza rende sempre efficacemente per la globale interpretazione, come in questo caso che interpreta un Don Magnifico superbamente autorevole con i deboli e decisamente succube e “viscidamente ossequioso” con i potenti. Brave vocalmente  ed altrettanto efficaci come attrici le due sorellastre   Tisbe, Caterina Dellaere e Clorinda Maria Eleonora Caminada parti integranti e di rilevo della storia che conducono brillantemente e con vivacità. Francesco Leone, giovane basso cagliaritano ha ben espresso la figura di Alidoro con voce giovane, ma profonda e con piglio sicuro scenicamente. Dandini il cameriere che si presta alla gag della sostituzione di persona con il principe per saggiare la bontà dei sentimenti delle pretendenti, è di per sé figura brillante e comica ed Emmanuel Franco ha saputo eccellentemente divertire quasi rocambolescamente  senza lesinare con l’emissione vocale calibrata in tonalità e ironicità. Don Ramiro ha incontrato Chuan Wang che ha reso con bei colori e note alte e sicure il personaggio del principe. Cenerentola, la protagonista, è stata interpretata dalla debuttante Mara Gaudenzi ( per un caso del destino proprio nei giorni di San Gaudenzio patrono di Novara) che ha veramente stupito favorevolmente un pubblico attento ed in buona parte esperto. La Gaudenzi si è presentata sul palco del Coccia con la sicurezza di cantanti avvezze al ruolo riuscendo ad esprimere il ruolo da contralto senza alcuna sbavatura, anche con punte di ottimo livello, insomma una bella scoperta! Le agilità rossiniane, le coloriture e le reminiscenze da Barbiere sono apparse con luminosa vivacità in molti momenti dell’opera. Se un sentimento collettivo si vuole riservare sia alla produzione che all’effettiva realizzazione, può essere solo un sentimento di apprezzamento, come condiviso anche con una parte esperta del pubblico. La Musica vice sempre.

Friday, May 10, 2019

Le Nozze di Fígaro en Denver, Colorado


Foto: Matthew Staver/Opera Colorado

Abigail Brambila

La ciudad de Denver cuenta con la majestuosa casa de ópera Ellie Caulkins Opera House, que fue construida en el 2005 dentro del antiguo edificio del Auditorio Municipal de la ciudad, creando un edificio que combina la belleza antigua de su exterior con la modernidad, comodidad y buena acústica en su interior. Ha sido precisamente allí donde la ópera de Colorado ha forjado su historia y repertorio atrayendo figuras de la lírica, pero lejos de la atención que reciben otros teatros estadounidenses.  Para concluir su temporada 2018-2019, el teatro se vistió de gala para ofrecer una grata puesta en escena de Las Bodas de Fígaro de Mozart, conservadora, elegante y brillante que se apega a la historia, y una buena dirección escénica de Matthew Ozawa, que supo extraer la comicidad donde le fue permitida, con movimientos precisos y bien trabajados. La dirección musical de Ari Pelto hizo que la función transcurriera con fluidez, y musicalmente complaciente y alegre en su elección de tiempos.  Fascinó con su interpretación vocal y actoral la soprano Maureen Mckay como Susanna, la gran ovación que se llevo al final fue por su simpatía, musicalidad en su tono y alcance. El barítono Ryan Kuster fue un expresivo Fígaro con voz profunda pero viva.   El Dr. Bartolo fue bien interpretado por Stefano de Peppo, en su debut local, quien deleito con su comicidad, y buen desempeño mostro la mezzosoprano Margaret Gwarsysiak como Marcellina.  Adriana Zabala derrochó jovial energía y picardía como Cherubino, provocando mas de una risa en el público.  Correctos estuvieron el resto de los comprimarios, así como el coro. Mención especial para el experimentado bajo-barítono italiano Simone Alberghini, quien regaló una excelente interpretación de un viril Conde Almaviva, comprometido escénicamente con un papel que domina completamente, emitió brillantes tonalidades vocales, seguridad y precisión; de igual manera la soprano Ellie Dehn como la Condesa Almaviva fue otra de las fortalezas del elenco, su presencia y porte escénico es único, y la complementó con sus conmovedoras arias y notables agudos.  



Friday, July 27, 2018

Le Nozze di Figaro - Teatro Regio di Torino


Foto: Ramella&Giannese - Teatro Regio 

Renzo Bellardone

Certo che con il caldo afoso della metropoli piemontese, correre, saltare, cantare, interpretare sul palco deve essere una gran fatica! Eppure i grandiosi artisti delle ‘Nozze’ della trilogia mozartiana ce l’hanno fatta ed in modo egregio ! Le Nozze di Figaro, con il Don Giovanni ed il Così fan tutte  rappresentano certamente l’apice raggiunto nell’opera buffa mozartiana, merito che l’amato compositore condivide con l’abate Lorenzo Da Ponte illuminato librettista. La riproposta del Teatro Regio è senza dubbio interessante anche per la riconferma che la linearità delle scene –Tommaso Lagattolla- , motivata da una regia attiva –Elena Barbalich- con un cast brillante e valido  sono sempre ottimi motivi per assistere ad una replica. L’orchestra del Teatro Regio negli ultimi anni si è affermata tra le migliori del panorama europeo ed in questa produzione è stata diretta da Speranza Scappucci con verve, brillantezza, molta attenzione e gesto forte e chiaro. Molto simpatico il momento quando Custer/Marcellina canta ‘Non mi resta che la Speranza…’  e corre un bel sorriso tra cantante e direttrice. Il cast è di tutto rilievo ed andando in ordine di locandina non si può che applaudire Simone Alberghini  superbamente nel ruolo del Conte, che esprime fraseggio, coinvolgimento e sempre quel bel colore brunito che lo contraddistingue. Serena Farnocchia nel ruolo della Contessa è agile e sicura con espressione vivida e di rilievo ‘E Susanna non vien…’ è davvero un gioiellino. Nel ruolo del titolo ovvero Figaro è il super Paolo Bordogna che ogni volta affascina per l’intera sua interpretazione: cantante eccezionale, timbricamente rilevante, attore indiscusso, ‘animale da palcoscenico’ senza dubbio! Sempre entra perfettamente nel personaggio e lo fa suo e dimenticando tutto il resto lo vive appieno donando al pubblico esattamente quando la vicenda narra. Susanna incontra Maria Grazia Schiavo che raggiunta una maturità vocale di forte interesse dona al personaggio, civetteria, freschezza e brillantezza con voce pulita e cistallina. Paola Gardina nel ruolo di Cherubino merita davvero un cenno speciale, in quanto sembra il personaggio tagliato su misura per lei, che interpreta con semplicità ed amorevolezza, utilizzando voce ed attorialità per dipingere questo capriccioso Cherubino. Marcellina, la governante che si scoprirà madre di Figaro, è Manuela Custer che con gioia, dopo molti anni,  abbiamo ritrovato sul palcoscenico del Regio – dove aveva iniziato la carriera-  e che qui speriamo ancora di ritrovare; la Custer è sempre sicura nel ruolo e da grande musicista sa cogliere ogni sfumatura della partitura facendola sua, riuscendo così ad imprimere al personaggio affidatole tutte le caratterialità che lo contraddistinguono. Fabrizio Beggi è il medico Bartolo di cui veste i panni con sicurezza vocale ed attoriale. Tutti gli altri interpreti sono validamente nella loro parte, così come il coro diretto da Andrea Secchi è sempre di grande rilievo creando un insieme davvero gradevole e interessante. La Musica vince sempre.


Wednesday, February 3, 2016

Il Turco in Italia - Teatro Municipale di Piacenza

Foto: Teatro Municipale di Piacenza
Renzo Bellardone

Rossini? Turco? Divertimento assicurato dalla prima nota all’ultima ! Se poi aggiungiamo una simpaticissima messa in scena ed un ‘BUON ‘cast il gioco è fatto e nessuno torna a casa deluso! Così è stato anche per ‘Il Turco in Italia’ rappresentato al Municipale di Piacenza a fine gennaio. La vivace Orchestra Giovanile Luigi Cherubini diretta da un attento e gioioso Giovanni Di Stefano è risultata frizzante e coinvolgente. Il Coro del Teatro Municipale diretto da Corrado Casati è piaciuto sia per la parte vocale che per l’interpretazione attoriale.  La Regia curata da Federico Bertolani è stata accolta con favore in quanto ricca di idee, gags contestualizzate e simpatiche intrusioni tra il pubblico; le semplici ed efficaci scene ed i costumi realizzati da Giulia Zucchetta e Federica Miani dell’Accademia di Belle Arti di Venezia, unite alle definite luci di Claudio Schmid,   hanno contribuito in modo determinante alla riuscita. L’attesa di questo ‘Turco’ era sentita anche perché sollecitata da un flash mob dei giorni precedenti alla prima: ottima trovata pubblicitaria che ha sicuramente solleticato gli interessi. La storia è nota ed è fatta di gelosie, ripicche, tradimenti e riappacificazioni; la musica  è tra le più divertenti del repertorio rossiniano ed i non sempre facili ruoli vanno assegnati con cura. Il Turco Selim è stato interpretato dal sempre bravo Simone Alberghini che con forte presenza scenica ed agilità fisiche, con tanto di flessioni a terra nel cuore della rappresentazione, offre altresì  il canto con bei toni baritonali ricchi di colore caldo e deciso. Leonor Bonilla con cipiglio sicuro ed accattivante sfodera man mano suoni sempre più argentini, affiancati da brillante interpretazione del ruolo di Donna Fiorilla. Il soprano si è resa particolarmente simpatica anche nella gag all’intervallo quando interagisce con un Don Geronio che la invoca di palco in palco fino a scendere in platea e dare l’avvio al secondo atto. Il Don Geronio in questione è stato interpretato dal brillante Marco Filippo Romano che sfodera sempre una bella voce ben modulata affiancata da  una interpretazione agile,  più che ammiccante, allegra  e divertente. Boyd Owen è stato l’interprete di Don Narciso, che ha simpaticamente tratteggiato e reso vocalmente. Andrea Vincenzo Bonsignore nei panni di Prosdocimo, oltre che rincorrere una macchina da scrivere motorizzata, che si muoveva apparentemente senza controllo sul palco, ha saputo con vitalità giovanile interpretare il poeta: facile nei movimenti ed altrettanto duttile con la voce ha espresso un colore scuro ed autorevole. Loriana Castellano, nei panni di Zaida, ha ‘astrologato’ con coloristica ed affabilità. Simpatico e bravo Manuel Amati in Albazar. Ed ancora una volta ci si è divertiti con un cast giovale e brillante per un’opera che è e resterà giovane e brillante. La Musica vince sempre.

Wednesday, July 2, 2014

BELLE o BRUTTE, COSI’ FAN TUTTE (…e belli o brutti ci cascan tutti) - Teatro Comunale di Bologna

Foto: Rocco Casaluci

Renzo Bellardone.

Nel 1770  Mozart soggiornò a Bologna, dove ospite del Conte Gian Luca Pallavicini, conobbe addirittura Farinelli ed ebbe anche l’occasione di prendere lezioni di contrappunto da Padre Martini. Venti anni dopo al Burgtheater di Vienna, la prima di “Così fan tutte, ossia la scuola degli amanti” ed ora  con  spirito omaggiante al grande compositore si è ascoltata e vista la messa in scena dell’allestimento del Lirico di Cagliari con coro e orchestra del  Comunale di Bologna. La lettura registica di Daniele Abbado ormai ha una ventina d’anni, ma i molti inserimenti di azione scenica in platea sia con i solisti che con il coro e gli allievi attori della Scuola di Teatro Alessandra Galante Garrone ed alcune ‘pensate’, hanno decisamente ravvivato e coinvolto il pubblico. La scena pressoché fissa è un susseguirsi di boccascena con effetto profondità; Luigi Perego oltre alle scene ha disegnato i  costumi con classicità pertinente all’idea di allestimento, ma con la  brillante intuizione di un semplice camicione da giardiniere per Despina –dottore. Le luci disegnate da Coloretti e riprese da Daniele Naldi sono risultate  interessanti, salvo qualche proiezione di non immediata efficacia. I cantanti sono stati tutti bravi ed insieme hanno realizzato un cast di ottimo livello. Yolanda Ayuanet è una deliziosa Fiordiligi dalla voce cristallina e poeticamente armoniosa che si  muovei frizzantemente  sul palco con la tranquillità della protagonista. Anna Goryachova è  il buon mezzosoprano dalle tinte ambrate  che interpreta Dorabella, ammiccante e tentatrice; nei duetti le due interpreti hanno reso con partecipata consapevolezza, offrendo un piacevole ascolto. Simpatico l’aver essenzializzato le scene, lasciando alle interpreti il compito di visualizzare e far visualizzare. Il mezzosoprano Giuseppina Bridelli, con voce ferma e ben articolata ha reso con vivacità Despina strappando ben più di una risata, interpretando un giardiniere con pompa per il verderame  spruzzato nell’aria, piuttosto che il solito dottore che estrae boccettine di sali ed essenze miracolose. Dmitry Korchak  agilmente è Ferrando; con chiaro fraseggio ed accenti di tenorile duttilità è stato simpaticamente innamorato prima, deluso poi, riacciuffato al finale.. Il bass-bariton Simone Alberghini crea un Guglielmo ammiccante,  astuto ma prudente,  con la ben nota voce scura, ma fresca, agile e convincente. Il basso Nicola Ulivieri  per accattivarsi Despina le passerà lo smalto sulle unghie dei piedi tanto che questa sta seduta sul palchetto vicino alla barcaccia, mentre alla conclamata vittoria della scommessa si mangerà una mela rossa a fondo palco, mentre osserva gli accapigliamenti degli amanti. Dal punto di vista vocale non è una sorpresa essere subito coinvolti dal timbro caldo e passionale; L’età del suo personaggio – Don Alfonso-,  certifica la conoscenza del mondo e con ironia Ulivieri diventa irriverente e saggiamente presuntuoso. Interessanti gli interventi del coro diretto da Andrea Faidutti e degli attori che rappresentano giusta integrazione ai canti d’insieme  (fino a sei voci) ed ai recitativi di qualità. L’orchestra del Comunale è stata in simbiosi diretta dal giovane talentuoso e sensibile Michele Mariotti, attento spasmodicamente ai due punti di produzione musicale, gestendo con raffinatezza ed ottime scelte l’orchestra con  perseverante attenzione ai cantanti che lo hanno seguito d’intesa. La Musica vince sempre.




Thursday, August 22, 2013

Guillermo Tell en el Festival Rossini de Pesaro 2013

Foto: Amati Bacciardi
 
Massimo Viazzo
 
El espectáculo mas esperado del festival fue sin dudas Guillaume Tell, tanto por el hecho de ser representado en la versión original francesa, casi integral, como también porque representaba el debut italiano de Juan Diego Flórez en el papel de Arnold, el legendario reto vocal del siglo diecinueve entre Adolphe Nourrit y Gilbert Duprez, un reto que aun hoy apasiona a los estudiosos, críticos y melómanos, y que tiene la irreversible consecuencia de recorrer el camino hacia la vocalidad romántica. Juan Diego Flórez encarnó de manera extraordinaria todo lo que caracterizaba a su personaje, en lo poético, .lo sensible, lo estático y lo elegiaco perdiendo quizás un poco de su actitud heroica (en la cabaletta del cuarto acto). Pero su prueba fue mayúscula por su solidez, su prontitud vocal, y rapidez en los agudos con la que logró electrizar a la platea en más de una ocasión. También Nicola Alaimo pudo obtener muchos matices de su personaje (Guillaume) mostrando carisma escénico, por momentos hierático y austero como un profeta bíblico y en otros con mucha ternura (“Sois immobile”).Marina Rebeka (Mathilde) exhibió un timbre atractivo y un fraseo suave, pero su expresividad y su calor parecieron estar un poco contenidos. El elenco completo fue adecuado en todos los papeles, como por ejemplo: se resalta el cristalino Ruodi de Celso Albelo por su canto refinado y musical; a la desenvuelta Amanda Forsythe en el papel masculino de Jemmy para el cual se recuperó el aria de bravura “Ah, que ton âme se rassure”, Veronica Simeoni fue una conmovida Edwige, y Simone Alberghini (Melchtal) y Simón Orfila (Walter Furst) estuvieron ambos muy participativos y vibrantes.  Pero la verdadera sorpresa de esta producción fue la valorización no contada de un papel frecuentemente omitido o casi secundario en esta opera.  Me refiero al papel del “malo” Gessler, que aquí fue interpretado con desbordante carisma por Luca Tittoto. Para el, el director Graham Vick construyó un tercer acto de notable impacto visual y escénico.  Se trató de una grandiosa fiesta (en esta edición fueron interpretados todos los bailables rossinianos) durante la cual  los opresores pisoteaban la dignidad de los opresos, y no solo de manera metafórica! Volaron patadas y puñetazos, y hubo violencia incluso hacia las mujeres. Esto pudo haber molestado al público del Adriatic Arena, pero Vick supo captar muy bien el seño, mostrando así que el odio y el rencor del pueblo sometido (y exasperado) iban bien entre los inocuos y habituales cuadros holográficos “de postal”.  En casi todo el espectáculo, el director ingles pareció estar más interesado en contar los elementos de un conciente conflicto entre clases que la simple historia del libreto. Michele Mariotti, al frente de los cuerpos artísticos del Teatro Comunal de Bolonia, encontró el paso justo, acompañado con refinamiento a los cantantes, aunque por momentos pareció faltar una visión de equilibrio más orgánico.

Tuesday, August 20, 2013

Guillaume Tell - Rossini Opera Festival, 2013

Foto: Amati Bacciardi
 
Massimo Viazzo
 
Ma lo spettacolo più atteso del festival era senz’altro il Guillame Tell, sia per il fatto di essere eseguito nella versione originale francese pressoché integrale, sia perché rappresentava il debutto italiano di Juan Diego Flórez in quello che fu il ruolo (Arnold) della leggendaria sfida vocale ottocentesca tra Adolphe Nourrit e Gilbert Duprez, una sfida che ancora oggi appassiona studiosi, critici e melomani, e che ebbe l’irreversibile conseguenza di tracciare la strada verso la vocalità romantica. Juan Diego Flórez ha incarnato in modo straordinario tutto ciò che di poetico, di sensibile, di estatico ed elegiaco caratterizzava il suo personaggio, perdendo solo un po’, forse, in piglio eroico (cabaletta dell’atto quarto). Ma la sua prova è stata maiuscola per saldezza, prontezza vocale, scatto negli acuti, riuscendo più volte ad elettrizzare la platea. Anche Nicola Alaimo ha saputo trarre molte sfumature dal suo personaggio (Guillame) mostrando carisma scenico, ora ieratico e austero come un profeta biblico, ora tenerissimo (“Sois immobile”). Marina Rebeka (Mathilde) ha sfoggiato una timbrica suadente e un fraseggio morbido, ma l’espressività e il calore sono parsi un po’ frenati. Il cast nel complesso è apparso adeguato in tutti i ruoli, come, ad esempio, è da segnalare il cristallino Ruodi di Celso Albelo, dal canto rifinito e musicale, la disinvolta Amanda Forsythe, nei panni maschili di Jemmy per il quale si recuperava l’aria di bravura “Ah, que ton âme se rassure”, Veronica Simeoni, una commossa Edwige, Simone Alberghini (Melchtal) e Simon Orfila (Walter Furst), entrambi partecipi e vibranti. Ma la vera sorpresa di questo allestimento è stata la valorizzazione non scontata di una parte spesso ritenuta, in quest’opera, quasi secondaria. Mi riferisco al ruolo del “cattivo” Gessler, qui interpretato con carisma debordante da Luca Tittoto. Per lui, il regista Graham Vick ha costruito un terzo atto di notevole impatto visivo e scenico. Si trattava di una grandiosa festa (in questa edizione sono stati eseguiti tutti i ballabili rossiniani) durante la quale gli oppressori calpestavano la dignità degli oppressi, e non solo metaforicamente! Volavano, infatti, calci e pugni, e c’erano violenze anche sulle donne. Questo potrebbe aver disturbato un po’ il pubblico dell’Adriatic Arena, ma certamente Vick ha colto benissimo nel segno, mostrando così che l’odio e il livore del popolo soggiogato (ed esasperato!) andavano ben oltre gli innocui e consueti quadretti oleografici “da cartolina”. E un po’ in tutto lo spettacolo il regista inglese è parso più interessato a raccontare gli elementi d’una sempre più consapevole lotta di classe piuttosto che la semplice vicenda del libretto. Michele Mariotti, a capo dei complessi del Teatro Comunale di Bologna, ha trovato il passo giusto, accompagnando con raffinatezza i cantanti, anche se a volte pareva mancare una visione d’insieme più organica.

 

Thursday, July 18, 2013

Italiana en Argel en el Teatro Regio de Turín, Italia

Foto: Edoardo Piva- Ramella&Giannese - Teatro Regio.
 
Renzo Bellardone
 
La lectura tradicional única y la simplicidad constructiva, han hecho que  esta opera italiana, que es muy representada, haya encontrado su hábitat natural en el escenario del Teatro Regio de Turín, con la dirección de Vittorio Borrelli, la clásica y arabesca escenografía de Claudia Boasso, correctos vestuarios diseñados por Santuzza Calì, y mucho movimiento en escena así como ideas resolutivas en vez de gags convencionales fueron el punto de fuerza de esta producción que divirtió mucho.  La conducción confiada al joven Daniele Rustioni pareció puntual y rica,  y subrayando las evidencias de la elegía y la ironía rossiniana, fue vigorosa y atenta, y desde la sinfonía delineó el diseño arquitectónico de todo el conjunto. Con un parpadeo fantasioso, la obra bien podría ser una historia de amor, infidelidad o reflexión en la que domina la gracia y la seducción femenina.  Daniela Pini es una contralto de bellas y bronceadas coloraturas y facilidad en los agudos, que prestó su voz a la bella italiana Isabella.  “Per lui che adoro” se convirtió en un aria rica de poesía. Su fiel enamorado Lindoro vivió gracias al a aguda voz de Antonino Siragusa, bien adaptado al papel por ductilidad vocal como por comicidad actoral.  Linda Campanella soprano de tonos mórbidos pero vibrantes fue la mujer de Mustafá que fue interpretado por el bajo Simone Alberghini quien ofreció colores oscuros y tonos profundos unidos a una divertida gestualidad y acción.  El bajo Marco Filippo Romano interpretó a Taddeo con una mímica sorprendente y con dotes vocales apreciables por extensión y por tonalidades de colores que valorizaron su interpretación.  Alessia Nadin fue una simpática Zulma y aunque es breve el papel lo delineó muy bien.  Haly interpretado por Federico Longhi fue apreciado por su profundidad y rotundidad.  El coro dirigido por el Claudio Fenoglio representó un componente de valor. La música vence siempre

 

Wednesday, August 31, 2011

¡También en la opera es bueno divertirse! - La Scala di Seta, Rossini Opera Festival, Pesaro


Foto: Studio Amati Bacciardi

Renzo Bellardone

ROSSINI OPERA FESTIVAL 2011- PESARO 18 Agosto, ore 20,00 Per i 150 anni dell'Unità di Italia. LA SCALA DI SETA Farsa cómica di Giuseppe Foppa con música de Gioachino Rossin. Edición critica della Fondazione Rossini,en colaboración con la Casa Ricordi, y cuidado de Anders Wiklund. Director JOSÉ MIGUEL PÉREZ-SIERRA, Director de escena DAMIANO MICHIELETTO, Escena y vestuarios. PAOLO FANTIN, Iluminación ALESSANDRO CARLETTI. Personaggi Interpreti: Dormont JOHN ZUCKERMAN, Giulia HILA BAGGIO, Lucilla JOSÈ MARIA LO MONACO, Dorvil JUAN FRANCISCO GATELL, Blansac SIMONE ALBERGHINI, Germano PAOLO BORDOGNA. ORCHESTRA SINFONICA G. ROSSINI

Sin consideraciones oportunistas sobre la crisis mundial que nos corroe y que en ocasiones atenúa y hasta apaga las sonrisas, es evidente que en tal situación el deseo por reír y divertirse crece aun para lo que frecuentan la opera. Rossini, quien es mas famoso por sus operas “bufas” que por sus operas “serias”, dejo algunas farsas musicales que el Rossini Opera Festival sapientemente ha puesto y repuesto en escena valiéndose de la frescura juvenil de algunos interpretes, como en esta edición 2011 de “La Scala di Seta” Como se había ya mencionado, el elenco fue caracterizado por la juventud, aunque también los “viejos zorros” con barbas y probada experiencia en el escenario se mostraron vocalmente frescos y actoralmete atléticos como anagraficamente jóvenes.  “Planta primer piso A/10 Via Rossini n. 2 Pesaro” Es la escritura que aparece al frente del escenario sobresaliendo del foso y que describe el establecimiento casi fijo, pero muy original de la producción escénica: que contenía divisiones entre las habitaciones (sin paredes), con baños con ducha, camas matrimoniales, sala, una moderna cocina, y un techo a 2.50 metros de altura, todo ello se reflejaba en un gran espejo inclinado creando el techo, además de una puerta-ventana en el imaginario balcón al fondo del escenario y un cuarto familiar. La escena fue montada casi toda en directo por un obrero en overol, y bajo el vigilante ojo de un presunto arquitecto, se hicieron arreglos inquietantes, y según la escena, se usaban los originales vestuarios de Paolo Fantin, así como la dirección artística del emprendedor Damiano Michieletto que sorprende en cada ocasión con sus ingeniosas actualizaciones, perfectamente adaptadas a la obra (absolutamente digno de mencionar son su “Gazza Ladra” en el ROF y su Madama Butterfly del Teatro Regio de Turín). El camino de la opera fue llevado por director de orquesta, el joven José Miguel Pérez Sierra quien con gesto elegante y refinado dejo transpirar la vivacidad de la partitura con nítidas coloraciones, definidas y de estilo, con una Orquesta Sinfónica G. Rossini que lo siguió bien para lograr imprimir el fascinante divertimento. El apartamento con solo el inmobiliario y sin los inquilinos significo poco por lo que para completar la opera durante la briosa obertura, unos estibadores entraron con maniquíes que como en un cuento para niños comenzaron a moverse y a tener vida, pero los maniquíes eran nada menos que los cantantes. El joven amante (clandestinamente casado) Dorvil fue confiado a Juan Francisco Gatell atlético y tatuado, interpretó al personaje con desenfreno juvenil, fogoso y decidido, vestido de motociclista no se negaba a una relación con su mujer secreta. Su timbre particular y su agilidad vocal definieron bien a su personaje. Gatell supo moverse con desenvoltura y espontaneidad emitiendo con una apreciable línea y tonalidad. La soprano israelí Hila Baggio interpretó a su vez una atlética Giulia que en escena se presentó entre flexiones y movimientos gimnásticos mientras cantaba ‘O quanto son grata’ con un bello timbre cristalino y un fraseo definido sin temerle a los agudos.
Esta debutante en el ROF presentó una maliciosa Giulia a la que le dio voz con bellas coloraciones.  El viejo gruño, al final compresivo y acomodaticio Dormont fue John Zuckherman quien personifico al viejito del jardín que jugaba a los bolos al detalle, que fue vocalmente apreciado y supo resaltar las notas que divierten. ‘Sento talor nel core’ es el aria de Lucilla que aquí interpretó de Josè Maria Lo Monaco quien renunció a su agraciada feminidad en favor de la rigidez del personaje, que apenas pudo se soltó para ir en contra el amor. Grato color, buen timbre y extensión segura fue lo que ofreció Lo Monaco.  Simone Alberghini, divirtió divirtiéndose en el papel de Blansac. Todo un experto del escenario con emisión segura se convivió en caricaturesco no solo con su delantal blanco si no cuando estuvo listo para jurar amor eterno y fidelidad. Con la modulación de su voz pudo hundirse, explotar y susurrar. Alberghini es siempre una carta ganadora. Una presencia fiel en el ROF es la de Paolo Bordogna que en Scala di Seta fue un graciosísimo Germano, el sirviente oriental que limpiaba y que intrigaba, deja salir el agua de la ducha, y soñaba con el amor, con una notable cifra vocal y bien cortada para el papel. Cómico por vocación y atento a todas las sutilezas interpretativas que realiza con voz plena y segura ‘…Amore dolcemente…’ De gran clase se escuchó el clavecín en los recitativos y cuando se marcaba. En suma, fue un agradable espectáculo que funciono por su alegría, su simpatía y su profesionalismo. ¡La música vence siempre!

Monday, August 22, 2011

Anche all’Opera è bello divertirsi!!!!!! La Scala di Seta, Rossini Opera Festival 2011, Pesaro

Foto: Studio Amati Bacciardi

Renzo Bellardone

ROSSINI OPERA FESTIVAL 2011- PESARO 18 Agosto, ore 20,00.Per i 150 anni dell'Unità di Italia. LA SCALA DI SETA. Farsa comica di Giuseppe Foppa. Musica di Gioachino Rossini. Edizione critica della Fondazione Rossini, in collaborazione con Casa Ricordi, a cura di Anders Wiklund, Direttore JOSÉ MIGUEL PÉREZ-SIERRA. Regia: DAMIANO MICHIELETTO. Scene e Costumi: PAOLO FANTIN. Progetto luci: ALESSANDRO CARLETTI. Personaggi Interpreti. Dormont JOHN ZUCKERMAN. Giulia HILA BAGGIO. Lucilla JOSÈ MARIA LO MONACO. Dorvil JUAN FRANCISCO GATELL. Blansac SIMONE ALBERGHINI. Germano PAOLO BORDOGNA. ORCHESTRA SINFONICA G. ROSSINI

Senza opportunistiche considerazioni sulla crisi mondiale che ci attanaglia e che talvolta attenua se non addirittura spegne i sorrisi, è di tutta evidenza che in tale situazione la voglia di ridere e divertirsi cresce anche per i frequentatori dell’ ‘Opera’!! Rossini, ben più famoso per le sue opere ‘buffe’ che non per quelle ‘serie’, ha lasciato delle farse musicali che sapientemente il Rof propone e ripropone avvalendosi anche della freschezza giovanile degli interpreti, come in questa edizione 2011 de ‘La Scala di Seta’!!!! Come anticipato, il cast è improntato alla giovinezza ed anche ‘le vecchie volpi’, in barba alla ‘provata esperienza’ in palcoscenico sono vocalmente freschi, attorialmente atletici ed anagraficamente giovani. ‘Pianta piano primo A/10 via Rossini n.2 Pesaro’ È la scritta che appare sul frontale del palco sovrastante la buca e che descrive l’impianto pressoché fisso, ma originalissimo dell’allestimento scenico; a terra le delimitazioni delle stanze (senza pareti) bagno, letto, soggiorno, cucina, tettoia altezza 2,50 metri….il tutto riflesso specularmente sul grande specchio inclinato che crea il soffitto…..una porta finestra sull’immaginario balconcino a fondo palco, box doccia ed elementi bagno, cucina moderna, un soggiorno ed un letto a due piazze: la scena è montata quasi tutta in diretta da operai in tuta sotto il vigile occhio di un presunto architetto d’arredi affettatamente inquieto, ma ovviamente in virtù delle scene (suoi anche i costumi originali) di Paolo Fantin. e della direzione registica dell’intraprendente Damiano Michieletto che ogni volta sorprende per l’attualizzazione ingegnosa, ma perfettamente calzante con la vicenda (assolutamente da menzionare ‘Gazza Ladra’ al Rof e Butterfly per il Regio di Torino). Il via all’opera viene dato dal direttore d’orchestra che in questo caso è il giovane José Miguel Pérez-Sierra : gesto elegante e raffinato lascia trasparire la vivacità della partitura con colorazioni nitide, definite e di stile; l’orchestra sinfonica G. Rossini lo segue bene riuscendo nell’impresa del divertimento fascinoso. Ma l’appartamento con i soli arredi, senza gli inquilini..beh! significa poco e per completare l’opera i soliti uomini di fatica, durante la briosa ouverture, portano dei manichini che come in una favola per bambini inizieranno a muoversi e prendendo vita, la daranno ai personaggi; i manichini altri non erano che i cantanti…… L’aitante amante (nascostamente già sposo) Dorvil è affidato a Juan Francisco Gatell: palestrato e tatuato rende il personaggio con intemperanza giovanile; focoso e deciso, in tuta da motociclista, non disdegna un amplesso con la sua moglie segreta. Timbro particolare ed agilità vocale definiscono bene il personaggio; Gatell sa muoversi con scioltezza e spontaneità emettendo con linearità e tonalità apprezzabili.

Il soprano israeliano Hila Baggio interpreta invece una atletica Giulia che in scena si presenta tra flessioni e movimenti ginnici mentre canta ‘O quanto son grata..’: bel timbro cristallino e fraseggio definito non teme gli acuti. Debuttante al Rof presenta una maliziosa Giulia, dandole voce con belle coloriture. Il vecchio burbero, ma alla fine comprensivo ed accomodante Dormont, è John Zuckerman che impersona il vecchietto da giardinetti e bocciofila, con dettaglio ricercato; anche vocalmente è apprezzato e sa indulgere sulle note ‘che divertono’. ‘Sento talor nel core’ è l’aria di Lucilla qui con l’interpretazione di Josè Maria Lo Monaco che rinuncia alla sua aggraziata femminilità a favore della rigidezza del personaggio, ma appena potrà scioglierà però gli ormeggi per andare in contro all’amore: bel colore, buon timbro ed estensione sicura sono le offerte di Lo Monaco. Diverte divertendosi Simone Alberghini nei panni di Blansac; esperto del palcoscenico e con emissione sicura diventa caricaturale non solo con il grembiulino bianco, pronto a giurare eterno amore e fedeltà, ma anche con la modulazione della voce che fa sprofondare, tuonare o sussurrare: Albergini è sempre una carta vincente. Presenza fedele al Rof è quella di Paolo Bordogna che in Scala di Seta è un buffissimo Germano, cameriere orientaleggiante che spolvera, intriga, fa partire l’acqua dalla doccia e sogna amor….con una cifra vocale notevole e ben tagliata sul ruolo. Comico per vocazione, è attento a tutte le sottigliezze interpretative che rende con voce piena e sicura ‘…Amore dolcemente…’ Esilarante il quartetto ‘Si che unito a cara sposa’ che impegna Alberghini, Baggio, Gatell e Bordogna. Di gran classe il clavicembalo nei recitativi e delle marcature.Insomma uno spettacolo piacevolmente gradevole che funziona per allegria, simpatia e professionalità. La Musica vince sempre.

Tuesday, March 15, 2011

Il turco in Italia di Gioachino Rossini in scena alla Los Angeles Opera

Foto: Armin Bardel & Robert Millard
Ramón Jacques
Il Regietheater tanto di moda in Germania comincia al momento ad essere rappresentato, nella sua forma più conservatrice, sempre più frequentemente nei teatri d’opera statunitensi. Grazie alla sua vicinanza e alla stretta collaborazione con il mondo del cinema di Hollywood, la Los Angeles Opera è la compagnia nordamericana che ha mostrato una maggiore apertura nell’offrire spettacoli non tradizionali e anche controversi, spesso ideati da registi cinematografici ed europei. Pertanto, per la prima locale de Il Turco in Italia di Rossini (opera poco rappresentata e praticamente sconosciuta a queste latitudini) per renderlo più piacevole e divertente si è importata la produzione che Christof Loy e Herbert Maurauer hanno ideato per l’Opera di Stato di Amburgo. Qui, la vicenda viene collocata in un campo nomadi a Napoli degli anni ‘60, in uno scenario composto da pochi elementi, con abiti correttamente allusivi a quel tempo. Un buon disegno delle luci e la scelta delle tonalità coloristiche hanno reso la messa in scena molto attraente per lo spettatore. La conduzione di Axel Weidauer, era diretta e di giusta comicità, senza esagerazioni, ma con un tocco di assurdo in quei personaggi che continuamente si spostavano da un alto all’altro del palcoscenico con movimenti lenti e cadenzati, al fine di distrarre il pubblico dalla scena centrale e ad irritarlo. Sulla carta il cast vocale sembrava solido, ma nonostante una buona prestazione esibita, per il fatto di non essere cantanti specializzati nel repertorio rossiniano, l’opera a volte mancava della tipica parte pirotecnica e di fuochi d’artificio.
Il soprano Nino Machaidze è stata una simpatica, gentile e capricciosa Donna Fiorilla esibendo voce lieve di timbrica cristallina e vocalmente agile. Da parte sua il tenore Maxim Mironov era il cantante che si mostrava più rossiniano in quanto a timbro, calore e flessibilità, anche se dal punto di vista attoriale non pareva intendere il ruolo che a Narciso era destinato in questa intricatissima trama. Il baritono Paolo Gavanelli ha cantato a volte con troppa forza e ha creato un Don Geronio nevrotico. Ridicolo e farsesco, ma molto attivo sul palco è stato il leggendario baritono inglese Sir Thomas Allen nella parte del poeta Prosdocimo. Il mezzosoprano Kate Lindsey ha cantato correttamente il ruolo di Zaide, ma è parsa un po’ sovraccaricata, e Simone Alberghini, che ha esibito una voce robusta e timbrata, ha divertito il pubblico con la sua caratterizzazione di un Selim sfacciato e spudorato. Non abituato a dirigere opere liriche del bel canto, James Conlon ha condotto l’orchestra con sicurezza e buon dinamismo, estraendo musicalità ed effervescenza dalla partitura.

Sunday, March 13, 2011

El Turco en Italia de Rossini en la Opera de Los Ángeles

Fotos: Nino Machaidze (Fiorilla) Crédito Robert Millard

Ramón Jacques

El "Regietheater" tan popular en Alemania, y por el momento en su versión mas conservadora, comienza a verse representado de manera mas frecuente en los teatros de opera estadounidenses. Debido a su cercanía y estrecha colaboración con el mundo cinematográfico de Hollywood, la Opera de Los Ángeles es la compañía norteamericana que más apertura ha mostrado a la hora de ofrecer espectáculos poco tradicionales e incluso polémicos, frecuentemente concebidos por directores de cine y directores europeos. Por ello, para el estreno local de Il Turco In Italia (una obra poco representada y prácticamente desconocida por estas latitudes) y con el fin de hacerla mas amena y divertida, se importó la producción que Christof Loy y Herbert Maurauer idearon para la Opera Estatal de Hamburgo. Aquí, la trama se situó en un campo de gitanos en Nápoles de los años 60, en un escenario de pocos elementos en escena y con vestuarios correctamente alusivos a ese tiempo y época. La buena iluminación y los colores ayudaron que el montaje fuera atractivo desde la perspectiva del espectador. La dirección de Axel Weidauer, fue directa y de justa comicidad, nunca exagerada, pero con un toque de lo absurdo como el de los personajes que constantemente de desplazaban de un lado al otro del escenario con movimientos lentos y pausados, con la finalidad de distraer al publico de la escena central y de irritarlo. De inicio el elenco vocal lucia sólido en el papel, y a pesar de un buen desempeño exhibido, por el hecho de no tratarse de cantantes especializados en el repertorio rossiniano, la obra careció por momentos de la habitual pirotecnia y los fuegos artificiales contenidos en este tipo de obras. La soprano Nino Machaidze fue una simpática, afable y caprichosa Donna Fiorilla que exhibió una voz ligera de timbre cristalino y agilidad vocal. Por su parte, el tenor ruso Maxim Mironov, fue el cantante que mostró la voz mas rossiniana en cuanto a timbre, calidez y flexibilidad se refiere, aunque actoralmente pareció no entender cual era el rol de Don Narciso dentro de la intricada trama. El barítono Paolo Gavanelli cantó por momentos con desmedida fuerza y creó un neurótico Don Geronio. Jocoso y burlesco pero muy participativo en escena estuvo el legendario barítono Sir Thomas Allen en el personaje de Prosdocimo, el poeta. La ascendente mezzosoprano Kate Lindsay cantó correctamente el papel de Zaide, pero actuó de manera sobrecargada, y Simone Alberghini exhibió una voz robusta de colorido timbre, y divirtió con su caracterización del sinvergüenza e insolente Selim. Poco habituado a dirigir operas belcantistas, James Conlon dirigió a la orquesta con seguridad y buena dinámica, extrayendo musicalidad y efervescencia de la partitura.

Saturday, September 12, 2009

Les Contes d’Hoffmann (cast 2) – Teatro Regio di Torino

Fotos: Ramella & Giannese © Fondazione Teatro Regio di Torino

Massimo Viazzo

Dal punto di vista visivo questi Contes d’Hoffmann sono piaciuti moltissimo. Nicolas Joël (la sua regia è stata ripresa per l’occasione da Stephane Roche) li ha ambientati al tempo della 1° Esposizione Universale londinese. Un sipario dipinto su cui campeggiava la scritta Crystal Palace -il nome della costruzione di vetro e metallo eretta in Hyde Park nel 1851 e qui riprodotta con eleganza dalla scenografo Ezio Frigero- e sul quale si potevano anche ammirare, sempre dipinti, cani ammaestrati, donne serpente e persino un enorme King Kong, faceva da trait d’union, alzandosi ed abbassandosi rispettivamente all’inizio e alla fine delle scene. Tutti ci siamo così sentiti parte di questa straordinaria Fiera. Oltre ad Olympia, la bambola meccanica (esilarante la sua “camminata” resa scorrevole da un carrello sottostante), si potevano così ammirare altri oggetti meravigliosi. Sbalorditiva ad esempio l’orchestrina –un’arpa, un contrabbasso e una batteria- perfettamente automatizzata con tanto di arti e mani semoventi, che ha accompagnato la tragica fine di Antonia. All’opposto non ha convinto la bacchetta un po’ anonima di Emmanuel Villaume. La sua è stata una direzione inficiata da qualche pesantezza, attacchi imprecisi e scarsa teatralità. Il capolavoro di Offenbach è così scivolato via senza lasciare una traccia profonda. In questo secondo cast, venendo ora ai cantanti, vorrei segnalare l’Hoffmann morbido, delicato, intimo di Marc Laho, non sempre a fuoco in alto, ma comunque espressivo. Estroversa, disinvolta sulla scena e vocalmente Manuela Custer. L’eclettico mezzosoprano italiano ha tratteggiato un Nicklausse affabile, simpatico, ma commosso (ultima scena, nei panni della Musa). Diabolico, luciferino, caustico invece Simone Alberghini che ha interpretato con grande consapevolezza e sicurezza vocale i quattro ruoli “malvagi” dell’opera, Lindorf, Coppélius, Docteur Miracle e Dapertutto. La sua è stata una prova teatralmente davvero maiuscola. Dalle “tre donne” di Hoffmann giungono invece note più contrastanti. L’Olympia simpaticissima di Anna Skibinsky, sicura nel registro sovracuto, ha mostrato qualche incertezza nell’intonazione e una certa fretta nell’affrontare la coloratura. Deludente poi l’Antonia di Raffaella Angeletti (unico elemento facente parte anche del primo cast). Poco calore, una linea di canto un po’ scomposta, qualche problema di appoggio non le hanno permesso di delineare un personaggio credibile e coinvolgente. Un po’ anonima anche la Giulietta di Patrizia Orciani. Tra i ruoli secondari segnalo infine la buona prova di Alessandro Guerzoni, un Crespel dall’accento nobile e commosso, lo Spalanzani straniato e stordito di Emanuele Giannino, e Carlo Bosi che ha impersonato i ruoli buffi di Cochenille, Frantz e Pitichinaccio con una voce ben sonora nei centri. Buon successo di publico.
Versión en Español

Foto: Ramella & Giannese © Fondazione Teatro Regio di Torino
Massimo Viazzo

Desde el punto de vista visual, estos Cuentos de Hoffman han agradado bastante. Nicolas Joël (cuya regia fue repuesta en esta ocasión por Stephane Roche) la ambientó en el tiempo de la 1ra exposición universal londinense. Una cortina pintada en el cual resaltaba el Crystal Palace –la construcción de vidrio y metal erecta en el Hyde Park en 1851 y aquí reproducida con elegancia por el escenográfo Ezio Frigerio – y sobre la cual se podían admirar, pinturas, de perros amaestrados, mujeres serpientes y un enorme King Kong, funcionaba como trait d’union, subiendo y bajando respectivamente, al inicio y al fin de cada escena. Todos los presentes presenciamos esta extraordinaria feria. Además a Olympia, la muñeca mecánica (excitante como caminaba alrededor con un carrito mecánico), se admiraron también otros objetos maravillosos. Sorprendió, por ejemplo la pequeña orquesta con un arpa, un contrabajo y una batería- perfectamente automatizada con arte y manos movientes, que acompañaron el trágico fin de Antonia. Al contrario, la baqueta un poco anónima de Emmanuel Villaume no convenció. Su dirección fue invalidada por cierta pesadez, impresiones y escasa teatralidad. La obra de Offenbach pasó sin dejar una huella profunda. En cuanto a los cantantes es necesario señalar al Hoffman mórbido, delicado, íntimo de Marc Laho, no siempre enfocado, pero sin embargo expresivo. Extrovertida, desenvuelta en escena y en lo vocal estuvo Manuela Custer. La ecléctica mezzosoprano italiana delineó una Nicklause afable, simpática, pero conmovedora (como en la última escena en el papel de la musa). Diabólico, luciferino, cáustico a su vez, fue Simone Alberghini que interpretó con gran conciencia y seguridad vocal los cuatro papeles malvados de la opera. Lindorf, Coppélius, Docteur Miracle y Dapertutto. La suya fue una prueba teatralmente mayúscula. Las otras tres mujeres de Hoffman fueron a su vez contrastantes. La simpatiquísima Olympia de Anna Skibinsky, segura en el registro sobre agudo, mostró inseguridad en la entonación y cierta rapidez para afrontar la coloratura. Desilusionó la Antonia de Rafaella Angeletti. Poco calor, una línea de canto un poco descompuesta, algunos problemas de apoyo no le han permitido delinear un personaje creíble y desenvuelto. Un poco anónima fue también la Giulietta de Patricia Orciani. Entre los papeles secundarios señalo la buena prueba de Alessandro Guerzoni un Crespel de acento noble y emocionante, el Spalanzani extraviado y aturdido de Emanuele Giannino, y Carlo Bosi que recrearon los papeles buffos de Cochenille, Frantz e Pitichinaccio con una buena voz sonora en el centro. Buen éxito para el público.