Saturday, July 11, 2020

Los cuatro ejes de Beethoven


Ludwig van Beethoven
Por José Noé Mercado

En términos de conmemoración musical, 2020 era el año de Ludwig van Beethoven. Pero no lo fue y no lo será. Los festejos sonoros, artísticos y culturales por el 250 aniversario de esta referencial figura nacida en Bonn, Alemania, entre el 15 y 16 de diciembre de 1770, planeados alrededor del mundo por diversas orquestas, compañías de ópera e intérpretes —por sus públicos e incluso por editoriales y sellos discográficos—, se interrumpieron de manera abrupta y quedaron cancelados ante el estridente impacto sanitario, económico y social provocado por la pandemia del virus SARS CoV-2 causante del Covid-19.

El corazón de los melómanos ha tenido que lidiar con el cierre de teatros líricos y salas de concierto que en 2020 incluirían numerosos programas con diversas obras del catálogo musical de Beethoven que, si bien nunca han escaseado en las carteleras musicales, en esta conmemoración sería posible apreciar con artistas y agrupaciones relevantes y consagradas en este repertorio; en la diversidad e importancia de sus múltiples géneros y dotaciones instrumentales, que acometen sólo en ocasiones relevantes, casi siempre como parámetros o puntos de comparación en la cumbre de las ejecuciones del compositor.

La universalidad de Ludwig van Beethoven venció al paso del tiempo, incluso a críticas que recurren a señalamientos de sobrevaloración, extrema popularidad u omnipresencia para refutar su estatura artística.

Pero es claro que a un cuarto de milenio de su nacimiento y de cara a un periodo complejo e histórico para la humanidad, como el que ha generado la pandemia, la relevancia de su obra y el alcance de su impacto cultural cobran mayor relieve justo porque pueden contrastarse y por lo imprescindibles que resultan en el espectro sonoro.

Impacto cultural que puede explicarse transversalmente a través de cuatro ejes que cruzan la figura de Beethoven.

1. Fama

La notoriedad no siempre va acompañada del mérito.

Ya desde mitologías clásicas como la griega o la romana, la representación de la fama podía ir por carriles humanos muy distintos a los del talento, la verdad o la justicia.

Se podía estar en boca de otros, de la colectividad entera, por rumores, mentiras o calumnias francas. En las actuales redes sociales, en los medios de comunicación masiva, abundan los ejemplos de que un famoso puede ser muestra de la desgracia, de lo despreciable, de aquello que la comunidad desea evitar; de la frivolidad o de todo tipo de carencias que no acarrearán ninguna gloria aunque las ostente una auténtica celebridad.

Pero esa personificación mitológica de la fama tenía también su reverso, pues no había personaje, gobernante o pueblo que le cerrara abiertamente las puertas o le escatimara aprecio; era la fama la encargada de difundir las gestas heroicas, las proezas, la distinción en una comunidad, en una época o en la historia misma.

Ludwig van Beethoven ostenta diversos créditos en las esferas de la fama. Hay etiquetas típicas que lo ubican como uno de los mejores compositores de la historia; una de las mayores potencias creativas; de los primeros artistas no sólo freelance, sino independientes —dotado incluso de irreverencia— al poder que acotó la voluntad de innumerables colegas en el pasado; y que aun así, podía ser financiado por su trabajo musical como quedó demostrado en Viena, a finales del siglo XVIII y en las primeras décadas del XIX.

Beethoven también acarrea fama como un intérprete y compositor que si bien era consumado exponente de las formas clásicas, era lo suficientemente romántico —o revolucionario, si así se desea consignar— para nutrirlas, remecerlas o redefinir los parámetros de un género o instrumento, a través de su genio, capacidad técnica e incluso un temperamento tempestuoso.

La inclusión de la voz en una sinfonía es un aporte astronómico —en su momento impensable, insolente y descabellado incluso en términos financieros. La Novena ha sido motor para numerosos ensayos que abordan la importancia de su irrupción creativa y significado humano global—; sin él, resultaría incompleto el rostro de compositores ulteriores tan disímbolos como Hector Berlioz, Gustav Mahler, Dmitri Shostakóvich o Henryk Górecky.

El tratamiento y la redacción de la voz cantada beethoveniana es a una vez expresión dramática, orquestal y poética tan contundente como vehículo musical, que influiría de forma sustantiva en autores del calibre de Carl Maria von Weber o Richard Wagner; y contribuiría, sin ninguna duda, a la solidificación de toda la escuela lírica alemana.

De hecho, a través de su incursión musical, retomada en las páginas de la historia universal y artística, de los libros, de las pantallas del cine y la televisión, de una generosa disco y videografía que alienta su programación diaria en escenarios de todo el mundo, Beethoven es reconocido como el famoso autor de piezas referenciales, cimeras, en cada género que abordaba y que podían sintonizarse con las turbulencias personales, sociales y políticas de su época: cambios de regímenes y mentalidades de gobierno; revoluciones armadas o intelectuales; invasiones militares; pérdidas europeas de colonias; industrialización; crisis de clases y surgimiento del proletariado.

Tempestades, todas ellas,  que sin duda le reservarían a Ludwig un sitio en el mundo contemporáneo, al grado de identificar a un popular San Bernardo con su nombre o estar presente en las actuales máquinas de baile Pump It Up con el ya canónico Beethoven virus, variación electrónica de alta energía del tercer movimiento de su Sonata para Piano número 8 opus 13, conocida como Patética.

Porque la fama de Beethoven no se limita al ámbito musical ni se circunscribe al pasado. Aun en décadas recientes, el impacto de sus composiciones han llegado a los primeros sitios de la revista Billboard, entre otras razones por el celebrado soundtrack de la película La amada inmortal (1994) de Bernard Rose protagonizada por Gary Oldman; o la cinta de Agnieszka Holland con Ed Harris Copiando a Beethoven (2006). 

2. Obra

En el caso de Ludwig van Beethoven, la fama no sólo dista de ser gratuita sino que parte de una labor musical de primer orden ampliamente documentada como pianista, director musical y compositor.

El pequeño Ludwig, en estricto sentido, no fue un niño prodigio. Su primer concierto público lo ofreció a los 8 años de edad, el 26 de marzo de 1778 —aunque su padre intentó quitarle un par de años para hacerlo aparentar más pequeño e impresionante, pues quiso replicar los exitosos pasos de Leopold y Wolfgang Amadeus Mozart—, pero el fuelle creativo de Beethoven se dispararía en el segundo y tercer periodo de su vida creativa.

El primero de ellos, en el que tuvo a diversos maestros —entre ellos su padre, varios de sus amigos, y en especial Christian Gottlob Neefe, quien lo motivó para dar el salto de intérprete a compositor—, Beethoven pudo aprender y catar las fórmulas clásicas que habría de intervenir con su talento y determinación artística.

Su primera composición llegaría poco después de los 10 años de edad, bajo el título de Nueve variaciones sobre una marcha de Ernst Christoph Dressler. La técnica de la variación en Beethoven no sólo habría de ser fructífera como forma musical, sino también como método de trabajo.

Los cambios en una melodía, en el ritmo, en los timbres, en la orquestación y sus múltiples combinaciones y posibilidades, incluyendo la ampliación como parte de una nueva obra, serían útiles para el compositor en lo referente a perfilar versiones previas para —por razones estéticas, discursivas o hasta de especificidad de público— luego consolidar otras definitivas. Varios lieder o su decena de oberturas son prístinos ejemplos de ello.

Además de esa música concebida para la escena —lírica, ballet, teatro—, la copiosa pero sobre todo aquilatada obra beethoveniana incluye 16 cuartetos de cuerdas, 9 sinfonías, 32 sonatas para piano, una ópera, cinco conciertos para piano, 10 sonatas para violín y piano, música sacra, canciones y coros.

No se trata sólo de un catálogo más o menos destacado, como el que podría presumirse en una enorme cantidad de casos relevantes de la historia musical, sino de pruebas contundentes de una mina de valor incalculable que incluye obras monumentales que son auténticos himnos, oportunidades de virtuosismo y consagración; misterios sonoros que exploran las inquietudes vitales del hombre, que sintetizan su ciclo de existencia o se convierten en cartas de presentación humana al destino o saludos enviados al cosmos a través de las sondas Voyager 1 y 2.

Un puñado de obras como sus sinfonías (la Tercera, la Quinta, la Novena, que a su vez son caminos para entender las otras seis); sus sonatas (la Claro de Luna, la Apasionada, la Patética; la Número 32, junto con las Variaciones Diabelli, cima y despedida del piano); su Fidelio (más que fidelidad conyugal, un estandarte de libertad, justicia y arrolladora expresividad política); sus últimos cuartetos (en los que las pasiones humanas de una personalidad vehemente cedieron su lugar a un elevado diálogo con el universo); sus conciertos (Cuarto y Quinto, el Emperador), así como algunas bagatelas (Para Elisa, Para Teresa o para el mundo entero) y otra piezas inmortalizadas por la cultura pop, son irrefutables semillas de la fama de mayor mérito creativo en la historia.

A partir de los 30 años de edad del compositor (poco antes de sus problemas de audición que lo arrastrarían a la desesperación por un destino trágico que incluyó la incomprensión artística, los chubascos familiares; el desprecio amoroso y la enfermedad), la obra de Beethoven cobró una relevancia de tintes heroicos; una segunda etapa creativa preñada de romanticismo y epicidad indomable, con aportaciones precisas a las formas clásicas de las que partió y que allanarían el camino para autores futuros.

La madurez de su tercera época compositiva, cada vez más afectado como intérprete, huraño, solitario y con múltiples padecimientos, habría de resplandecer hacia el final de su vida con un dominio técnico absoluto, que permitió una profunda transformación sonora y espiritual, una vez superadas las tormentas mundanas y acaso superficiales.

3. Narrativa

La obra de una figura titánica en el quehacer musical, como en el caso de Beethoven, sería suficiente para explicar su trascendencia 250 años después de su nacimiento. Pero hay personajes, como él, que se configuran de forma aún más compleja y sólida en la colectividad por medio de una interesantísima narrativa.

La vida de Beethoven no sólo puede contarse con tintes estrictamente cronológicos, sino que en cada etapa vital o de creación pueden encontrarse pasajes de atractivo humano, artístico, social o biográfico. Florecen las anécdotas.

Desde su entraña familiar (el origen de su apellido, la tutela y el alcoholismo de su padre, las peleas fraternas, el apuro con su sobrino) y su apartado sentimental (los constantes rechazos por su condición de músico y su ninguneada estatura socioeconómica, pese a ser uno de los mayores genios creativos de la humanidad), la riqueza biográfica de Beethoven es innegable.

Y es tan narrable como sus procesos de creación, su valiosa labor en la capital musical austriaca, su inigualable independencia o su abismo trágico a la sordera; o como las insoportables dolencias de estómago y la cefaleas recurrentes que lo minaban, pero que sólo hasta el borde de la muerte pudieron acabar con una naturaleza creadora de su envergadura.

Sus admiraciones, secretos y dedicatorias, sus momentos depresivos que contemplaron la miseria de su destino e incluso el suicidio como consta en el Testamento de Heiligenstadt, son sustantivas premisas para comprender su inspiración y aproximarse a un personaje fascinante, enigmático y admirable.

Porque por más o por menos que se le conoce, a Beethoven se le mira hacia arriba; está en lo profundo, se divisa en lo universal y en la enigmática genialidad; es decir, se le intuye como un personaje único e irrepetible.

4. Leyenda

Es probable que mucho de lo que se supone de Ludwig van Beethoven pertenezca, más bien, al terreno de lo mítico; a ese espectro en el que lo estrictamente humano y comprobado se funde con el resplandor portentoso de la ficción, con lo que no hay forma de afirmar con certeza o desmentir con reservas.

Así son esa clase de figuras cúspides de la humanidad que se transforman en mesías, en dioses, en leyendas, que se nutren de la imaginación, de la fe, de la necesidad de creer que existen entre nosotros y nos iluminan como faros en la cruda y mundana existencia.

En el caso de Beethoven, con numerosas biografías más o menos aceptadas durante años, aunque con claras limitaciones de raíz, hay interrogantes abiertas y que seguramente jamás se resolverán.

No sólo porque buena parte de la narrativa partió de Anton Felix Schindler, músico austríaco y exasistente de Beethoven, que por múltiples razones es una fuente directa no del todo confiable producto de sus falsificaciones, inventos, acomodo a conveniencia de la historia del músico y de las perspectivas, exageraciones, ocultamientos, insertos apócrifos, entre otras adulteraciones; los enigmas de Beethoven también permanecerán en esa condición irresuelta porque ciertamente poseía un genio creativo que pocos seres humanos han demostrado y desentrañar su mecanismo es una tarea que escapa a toda exactitud.

Sin perder de vista que Beethoven tenía de igual forma una vida interior intensa y rica, reservada, de mucho mayor significado que su cotidianidad externa.

¿De qué murió? ¿Un cabello de su frondosa y salvaje cabellera puede descifrarlo? ¿Recibía terapias médicas heterodoxas, bebía brebajes infortunadamente tóxicos con ansias de sanar sus males físicos? ¿Quedó completamente sordo? ¿Tiene algún sentido deconstruir su espíritu?

¿Quién fue su amada inmortal?

Los secretos de Beethoven se encuentran en su expresividad sonora, en la inagotable riqueza de su obra musical. Y esa, por fortuna, sí quedó a nuestro alcance, es vigente y continúa brindando significado a un arte, a un mundo, a la humanidad, 250 años después del nacimiento de su autor.

En un año de celebración que no fue. 

Ludwig van Beethoven falleció el 26 de marzo de 1827, a los 56 años de edad; un 26 de marzo, curiosamente, como el día en el que ofreció su primer concierto al público cuando era niño.

Monday, July 6, 2020

Falleció el compositor italiano Ennio Morricone


Crédito Foto: Acervo Auditorio Nacional. Foto: Fernando Aceves

El músico italiano compuso más de 450 piezas para cine, teatro, radio y televisión

El mundo de la música se llena hoy de luto, ante la muerte del maestro italiano Ennio Morricone (1928-2020), uno de los compositores más influyentes del cine, el teatro, la radio y la televisión, quien también destacó como director de orquesta. Tras graduarse en el Conservatorio de Santa Cecilia, su ciudad natal, Morricone inició su carrera como compositor de música para películas en 1961, con el filme El federal, dirigido por Luciano Salce. Posteriormente trabajó en algunas de las piezas cinematográficas más icónicas de Sergio Leone, entre ellas, Por un puñado de dólares (1964), El bueno, el malo y el feo (1966) y Érase una vez en el Oeste (1968). Durante más de cinco décadas, Morricone realizó la banda sonora de aproximadamente 450 películas y trabajó con directores de la talla de Brian De Palma, Giuseppe Tornatore, Oliver Stone, Pedro Almodóvar, Pier Paolo Pasolini, Quentin Tarantino y Terrence Malick.Su destacado trabajo en el mundo del cine fue premiado con diversos galardones como dos Grammy, tres Globos de Oro, seis premios BAFTA, ocho Nastri D'Argento, un León de Oro, un Óscar a Mejor banda sonora por la película Los 8 más odiados (2016) y un Óscar honorífico en 2007. En 2009 fue nombrado Caballero de la Orden de la Legión de Honor en Francia y recientemente se le otorgó el premio Princesa de Asturias de las Artes 2020. Debido a la calidad de su obra y a la gran recepción de ésta entre el público, esta gran figura de la música instrumental recibió 27 discos de oro y siete discos de platino. Actualmente cuenta con más de dos millones de oyentes mensuales en la plataforma de streaming Spotify. Como compositor de música absoluta, realizó más de 100 piezas musicales entre 1946 y 2020; muchas de las cuales interpretó junto a su trabajo realizado para el cine, en los más de 100 conciertos sinfónicos y polifónicos que realizó por todo el mundo. Entre 2016 y 2019 realizó su última gira como parte de la celebración por sus 90 años de vida y 60 de trayectoria. En ella ofreció 50 conciertos en 35 países como Polonia, Dinamarca, Hungría, Suecia y finalmente el 22 de junio se presentó en las Termas de Caracalla en Roma. Con estas presentaciones logró sumar más de 650 mil espectadores en el tour. Durante su primera visita a México en 2008, Ennio Morricone realizó una presentación especial en el Auditorio Nacional junto a la Orquesta Roma Sinfonietta y el Coro de México. El repertorio de la gira Musica per il Cinema incluyó piezas de las películas El bueno, el malo y el feo (1966), La Misión (1986), Los intocables (1987) y Cinema Paradiso (1988). En ese mismo año, Morricone recibió un galardón de las Lunas del Auditorio en la categoría Espectáculo clásico. El compositor tenía agendada una nueva presentación en el Auditorio Nacional en febrero de 2015, pero fue cancelada debido a cuestiones de salud que le impidieron viajar fuera de Europa. El álbum tributo We All Love Ennio Morricone fue lanzado en 2007 como parte de un homenaje ofrecido por artistas mundialmente reconocidos y exponentes de diversos géneros musicales. En este proyecto participaron Celine Dion, Quincy Jones, Andrea Bocelli, Roger Waters, Metallica, Bruce Springsteen y otros nueve artistas más que reversionaron algunas de sus composiciones más reconocidas.

Saturday, July 4, 2020

Entrevista con la mezzosoprano italiana Ilaria Ribezzi

Foto: Ilaria Ribezzi
Foto: @Italphotomesagne

Ramon Jacques y Jordi Pujal

El mundo convulso de la actualidad por el que atraviesan el canto y la lírica que ha puesto en pausa la carrera de sus principales actores, los cantantes, los ha llevado también a plantearse cuál es el valor de su carrera, del canto; y cuáles son sus expectativas laborales y personales de cara al futuro.  En este sentido, la mezzosoprano italiana Ilaria Ribezzi, uno de los valores ascendentes actuales de la cantera italiana de voces, quien amablemente aceptó realizar esta entrevista, nos comparte sus profundas reflexiones e interesantes puntos de vista sobre lo significa para ella el canto y como lo concibe.  Ilaria, es ganadora de diversos concursos internacionales de canto como el:  Rose Ponselle Music Execution Competition en Roma; se ha presentado en el circuito de teatros italianos de tradición y salas de concierto en operas de Rossini, Puccini, Handel, y en salas de concierto de su país. 

¿Quién es Ilaria Ribezzi? ¿Cómo te definirías: por tipología vocal y personalidad artística? Háblanos, por favor, de tus inicios, de tus estudios, de tu primer contacto con la música clásica y con la lírica, de por qué te dedicaste al canto

Ilaria Ribezzi es una mezzo-soprano (igualmente cómoda en el repertorio de contralto) que ha decidido hacer de la música su vida, su objetivo y su forma de expresión. Me considero una persona positiva y enérgica, extremadamente escrupulosa y exigente conmigo misma en la vida y el trabajo. Mi amor por la ópera creció día a día. Gracias al soporte de mi familia a la edad de seis años inicié los estudios de piano simultáneamente con la danza, lo que me permitió empezar a pisar escenarios teatrales. Mi aproximación al canto fue gracias a la música sacra, ganando el premio "Giovane Promessa" en el Concorso Internazionale di Musica Sacra en Roma, llegando posteriormente la ópera, cuando presencié "Aida" de Giuseppe Verdi en el Teatro Politeama en Lecce. Su magia y su encanto me fascinaron al momento dada la fusión de tres mundos diferentes, el canto, el teatro y la danza. Posteriormente, inicié mis estudios de canto lírico-operístico en el Conservatorio de Taranto, continué perfeccionándome en la Academia de Música de Osimo y en la Academia Chigiana de Siena con el Maestro Renato Bruson. No obstante, el punto de inflexión en mis estudios fue el encuentro con mi actual maestro de técnica vocal, Fernando Cordeiro Opa, un punto de referencia absoluto y una figura esencial y presente en mi trayectoria artística.

¿Escuchas a cantantes del pasado? ¿Alguno te ha servido como modelo, fuente de inspiración o ejemplo de cómo debe ser una carrera? ¿Crees que es importante escuchar a otros colegas para crecer profesionalmente?

Entre los grandes del pasado escucho a menudo a Lucia Valentini Terrani, poseedora de una técnica sólida, emisión suave y una voz cálida y aterciopelada. Otras grandes artistas a quienes admiro profundamente son Teresa Berganza, Marilyn Horne y Fiorenza Cossotto, referentes que obviamente pueden cambiar en función del rol a interpretar. Me place especialmente la figura de Giulietta Simionato, un raro ejemplo de tenacidad, disciplina y ductilidad vocal, en ocasiones felizmente identificada como la compañera de escena ideal. Al leer o escuchar sus entrevistas siempre me ha fascinado su tenacidad sin reservas durante su largo y agotador proceso de aprendizaje que la llevaría a ser una estrella del firmamento operístico italiano. Además de los cantantes del pasado, creo que es importante escuchar a los del presente porque es fundamental comprender las necesidades musicales de nuestro tiempo. ¿Referencias no mezzosopraniles? Por supuesto, el barítono Dmitri Chvorostovskij. Me subyugan cada vez que los escucho su tono aterciopelado, el control meticuloso de la respiración y su elegancia en el escenario. Me maravilla su magnetismo y el sentimiento que transmite su canto, al propio tiempo que admiro su enorme amplitud de miras que le permitió abrazar la música en general, sin barreras de géneros, estilos, épocas.  En una entrevista recuerdo que dijo: “Canto lo que escucho, lo que siento, lo que la música me comunica. Soy lo que canto. Cantar es mi vida, y quiero seguir brindando alegría al público en todo el mundo ". Desafortunadamente nos dejó demasiado pronto, pero quiero recordarlo con estas palabras.

 ¿Cuáles crees que son los retos y dificultades a los que se enfrenta un cantante novel al inicio de su carrera? ¿Consideras que son muy difíciles de superar? ¿Cuál crees que es la actitud con que ese cantante debe vivir su carrera?

El reto es no tener prisa por "llegar allí" y pecar de un exceso de ambición que lo lleve a uno a verse desbordado por la situación, hay que estudiar bien, respetando y manteniendo el desarrollo natural técnico y físico de cada uno. Creo que la dificultad principal está en las decisiones a tomar a la hora de elegir, que no son para nada sencillas; pero nada es insuperable si se encuentra la guía adecuada, básicamente un óptimo soporte técnico -que en ocasiones debe ser incluso psicológico-, necesitando asimismo rodearnos de personas sinceras que nos presten todo su conocimiento y su apoyo total. Al considerar la música como una verdadera vocación, estoy convencida que para superar cualquier dificultad se necesita perseverancia, espíritu de sacrificio, estudio constante y amor incondicional por la música y el arte.

En tu carrera, afrontada con ilusión y entusiasmo, has abordado tanto la ópera (Suzuki, "Mosè in Egitto", "L'italiana in Algeri", "Tancredi",...) como el oratorio ("Messiah", "Stabat mater"), el repertorio sinfónico (la Novena de Beethoven etc), incluso con puntuales aproximaciones al 'crossover'. Una cantante polivalente a la que, sin duda alguna, su aspecto elegante, sobrio, de cierto clasicismo, da un valor añadido a sus interpretaciones aportando, un punto de magnetismo cuando está en escena. ¿Estás de acuerdo con este comentario? ¿Te ves así? ¿Te has planteado abordar el género del lied, incluyendo el repertorio vocal para conjuntos de cámara? ¿Tienes algún proyecto al respecto?

Agradezco esta pregunta y la siento como muy propia porque me encanta involucrarme en estilos diferentes. Para mí es un desafío apasionante poder enfrentarme a repertorios diversos pues representa un laborioso trabajo de investigación sobre su praxis ejecutiva, que es lo que los distingue, reto magnificado en el momento de llevar la música al público con fidelidad absoluta. La idea de un recital de 'lieder' es uno de los proyectos que ya tengo en mente y que me gustaría llevar a cabo, ¡pienso en Schubert, "Gretchen an Spinnrade", uno de mis favoritos! Lo mismo con el repertorio vocal de música de cámara, el clásico del siglo XVIII.  Asimismo, estoy pensando, en uno de los proyectos en los que he participado, la fusión de ópera, tango y danza en un concierto para voz y conjunto instrumental. ¡Digamos que ideas no faltan!

¿Cómo has vivido este período Covid19? ¿Crees que todo esto que estamos viviendo en relación con esta pandemia revolucionará de modo alguno el mundo del arte?

Lo he vivido cargándome a tope de energía positiva, determinación y confianza en el futuro, pese a la cancelación constante de producciones. Me he dedicado a estudiar algunos roles que me gustaría debutar, y para estar preparada para empezar de nuevo. Considero que el arte ya es una revolución en sí, así que creo y deseo que este período sirva para reflexionar sobre el pasado, preservando todo lo positivo vivido hasta ahora y haciendo los cambios imprescindibles que permitan regenerar y hacer evolucionar el mundo del arte. Posiblemente las decisiones que hoy tomemos determinarán si lideraremos esos cambios o si sufriremos solo sus consecuencias.

¿Cómo ves su futuro? ¿Cuál crees que es tu repertorio ideal? ¿Cómo crees que evolucionará tu voz? Cuando estás en escena, ¿encuentras similar satisfacción interpretando un rol operístico que cantando un oratorio? ¿O te motiva más el componente teatral de la ópera?

Soy una persona optimista, que tiene esperanza en el futuro y, pese a las dificultades, quiero imaginarlo todo inundado de suaves colores. Tres son los pilares de mi repertorio actual: Händel, Rossini y Donizetti y sus roles 'en travesti'. Asimismo, y de vez en cuando, me permito incursiones en los repertorios pucciniano y verdiano, que me placen sobremanera. En un futuro no muy lejano también me veo en el repertorio francés, en el que acabo de aterrizar. Lo fundamental es saber poner la evolución vocal y artística al servicio de la expansión del repertorio, sin abandonar lo que se ha hecho precedentemente. ¿Ópera u oratorio? En mi caso la motivación es siempre la misma, naturalmente lo distinto es el modo de abordarlo. En la ópera dedico tiempo exhaustivo al análisis, estudio y desarrollo psicológico del personaje, simultáneamente a la parte musical, y siempre teniendo presente su componente teatral. En el oratorio o en el repertorio de 'lieder' o cámara, llego a ese componente teatral/dramatúrgico, no tan explícito como en la ópera, disponiendo de una sola herramienta: el sentimiento que me transmiten la música y el texto. Por eso me subyuga la música, porque es rica e infinita, no tiene fin, y no tiene límites.


Friday, July 3, 2020

Bach Collegium San Diego’s Ruben Valenzuela Honored by Chorus America

Photo: Ruben Valenzuela / Bach Collegium
Photo: Gary Payne Photography.

Chorus America has announced the recipients of its 2020 awards program, recognizing a broad range of achievements in choral music, including artistic excellence, adventurous programming, innovative education programs, and lifetime service to the choral art. Ruben Valenzuela, Artistic Director of Bach Collegium San Diego  has been awarded the Louis Botto Award for Innovative Action and Entrepreneurial Zeal. 

“Through their outstanding work, these award-winners are lifting the choral field to new heights of artistry and service,” said president and CEO Catherine Dehoney. "Chorus America is delighted to recognize these accomplishments, and hope they provide inspiration and encouragement during this time of crisis and in brighter days to come.” “I proudly share this recognition with all of the amazing musicians that make up the Bach Collegium San Diego family,” says Valenzuela. 

The Louis Botto Award for Innovative Action and Entrepreneurial Zeal was established in memory of Louis Botto for his artistry, selfless service to the choral art, and entrepreneurial spirit in founding the renowned men’s vocal ensemble Chanticleer. The award is given periodically to a mid-career choral leader who, through his or her work with a member ensemble of Chorus America, has demonstrated innovative action and entrepreneurial zeal in developing a professional or professional-core choral ensemble.

In naming Ruben Valenzuela as its 2020 recipient of the Botto Award, Chorus America noted, "Valenzuela has worked tirelessly to make professional early choral music a vibrant part of the San Diego community. Establishing Bach Collegium San Diego in 2003, Valenzuela has steadily expanded the musical activities and capacity of the organization through a focused vision and a commitment to developing a savvy presence both locally and digitally. The Collegium’s engagements have provided many different entry points for community members, gained international attention through recordings and social media, and often allowed its audiences to hear the first historically-informed performances of the works of Bach and his contemporaries in San Diego.”

Chorus America is the advocacy, research, and leadership development organization that advances the choral field. It supports and serves choral conductors, administrators, board members, and singers with tools, training, peer networking, and access so that choruses are better able to contribute to their communities.



Thursday, July 2, 2020

Intervista al soprano Mariangela Sicilia

Foto: Lorenzo Poli
Ramón Jacques 

In questa interessante intervista il soprano Mariangela Sicilia Ci racconta della sua carriera, del suo repertorio e ci dà alcune riflessioni su come concepisce il canto e la situazione attuale.

Mariangela come ti sei avvicinata al canto? Perché hai scelto di diventare una cantante lirica?

La musica è stata una passione innata. Un dono. Ho scoperto l’opera quando già studiavo in conservatorio il pianoforte e me ne sono innamorata. Sostanzialmente perchè mette d’accordo quelle che già allora erano le mie grandi passioni: il canto e la recitazione.

Raccontaci in breve la storia della tua carriera professionale.

Ho partecipato a molti concorsi di canto all’inizio, non arrivavo mai in finale ma sono stata notata da diversi direttori artistici. Nel frattempo continuavo a studiare e perfezionarmi in vari corsi specifici come l’accademia del Rossini Opera Festival. I miei primi ruoli importanti sono stati : Musetta nella Bohème all’Opera di Parigi e Adina nell’Elisir d’amore al teatro al teatro del Principato di Monaco; poi vinsi Operalia 2014; da lì è iniziata la mia carriera più importante che mi ha portato a calcare palcoscenici importanti nel mondo .

Chi o quali sono state alcune delle tue prime ispirazioni?

La prima fu Anna Moffo, con la sua linea di canto ineccepibile; poi la Renata Scotto per le sue interpretazioni da pelle d’oca e infine Daniela Dessi, con la sua voce calda e vellutata.

Che cosa faresti ascoltare a chi non conosce ancora la tua voce?

Le interpretazioni a cui sono particolarmente legata sono Teresa del Benvenuto Cellini, Mimi dalla Bohème e Liu dalla Turandot.

C’è un compositore che ti sta particolarmente a cuore?

Amo molti compositori per ragioni differenti : Mozart per la sua perfezione, Verdi per la verità e la pulsione delle vene , Berlioz per la sua eccentricità , ma il mio cuore batte forte per Puccini.

Camerino Pechino 2019
Mimì e Violetta sono due personaggi importanti nella tua carriera fino ad oggi. Parlaci dei ruoli che hai in repertorio e di quelli che hai in programma di affrontare.

Ho iniziato come soprano lirico leggero ma negli ultimi tempi sto affrontando sempre più ruoli da lirico puro. In questo Momento sto studiando Luisa Miller e Otello, che saranno i miei prossimi debutti verdiani, ma non tralascio lo studio dei ruoli mozartiani; tra le new entry ci sono Fiordiligi e Donna Elvira.

Cosa pensi sia più importante per un cantante lirico? voce, recitazione, musicalità?

Un cantante lirico deve avere tutte queste doti insieme, altrimenti non si può definirlo tale. Nell’opera ci è richiesto di avere voce innanzitutto, buona tecnica, presenza scenica, recitazione e musicalità. Un artista a tutto tondo insomma.

L’opera e il teatro di regia. Ami l’opera tradizionale o quella in ambientazione moderna?

Amo il buon lavoro. Un ruolo, un opera, è in sè uno studio antropologico non una bellezza fine a se stessa. Raccontiamo di vite passate che assomigliano spesso al presente o a parte della nostra vita. Non si può dare solo importanza al suono. Il pubblico empatizza con i personaggi. Per questo è bello entrare in un teatro e vedere la Traviata come la vide Verdi ad esempio, perchè veniamo affascinati dal tempo passato, dai costumi d’epoca, e dalle scenografie ma è anche prezioso poter vedere la Traviata con la stessa forza di comunicazione che ha inteso dare il compositore; per questo non condanno le regie che tendono alla sovrapposizione iconografica. Entrambe sono strade percorribili. L’importante è che ci sia un pensiero chiaro e lineare.

Cosa vuol dire interpretare un ruolo per te?

Innanzitutto è studiare la partitura e affrontare tecnicamente la parte: è essenziale cogliere le minime sfumature dello spartito; poi io amo studiare il personaggio, contestualizzarlo, capire il suo operato. E’ in questo momento che la parte tecnica lascia spazio alla parte dell’interpretazione. Immedesimarsi alle azioni del personaggio, avendolo precedentemente studiato e poi lasciarsi andare come se fossi realmente tu. Tutte le volte chiedendoti “lei che farebbe?”

In che modo affronta un artista l'atmosfera competitiva del mondo dell'opera? Come può un artista competere con un altro artista?

Sinceramente io non mi sento di competere con nessuno. Io do ciò che so fare ed ognuno di noi è prezioso e speciale, ognuno ha un modo di leggere e interpretare lo spartito. Ci sarà sempre qualcosa di meglio o di peggio; l’importante per me è pensare alla mia strada e trarne il meglio dai miei colleghi bravi.

Qual è un prezioso pezzo di saggezza che uno dei tuoi insegnanti ti ha dato?

Beh , si collega un po’ alla domanda precedente: “ ne vedrai stelle cadenti, ma vedrai anche cadaveri scorrere nel fiume davanti ai tuoi piedi. Resta concentrata sul tuo cammino e migliorati sempre per raggiungere il tuo obiettivo.”

Elisir d'amore - Macerta (2018) - Alfredo Tabocchini
Raccontaci delle cose simpatiche che ti sono capitate in teatro.

Una volta in una prova generale di un concerto ho attaccato la strofa del pezzo che dovevo cantare e sono finita involontariamente a cantare il ritornello di un’altra canzone. Io e la pianista non riuscivamo più a continuare talmente ridevamo; é stato molto difficile restare concentrate durante il concerto.

Com’è Mariangela nella vita di tutti i giorni?

Camaleontica direi. Credo che molti dei miei conoscenti non sappiano chi sono e cosa faccia nella vita. Sono cresciuta in un ambiente familiare molto semplice. Mi piace rifugiarmi nella semplicità quando sono fuori dal palcoscenico.

Una riflessione sul mondo della lirica di oggi? 

Questa pandemia ci sta mettendo a dura prova ma io credo che dalle grandi crisi sono nati nuovi equilibri, più forti e importanti. E credo che sarà cosi anche in questo caso per il teatro e la lirica in particolare. Questa condizione sta mettendo in luce gli aspetti negativi e positivi. Credo che c’è molto da lavorare e che alla fine torneremo in scena con più energia e passione.

Enrique Arturo Diemecke: La vida a través de la música


Por José Noé Mercado

Enrique Arturo Diemecke: Biografía con música de Mahler (Siglo XXI, 2020) del periodista, editor y promotor cultural duranguense José Ángel Leyva es un libro que asume el gran reto de perfilar con palabras a un personaje que en esencia vive a través del sonido.

No es tarea menor, ni su ambición es modesta, ya que muchos músicos —como las obras que interpretan o crean— no siempre pueden aquilatarse fuera del cosmos sonoro del que son parte, en el que nacen y se agotan.   

Pero luego de leer las 277 páginas que integran esta publicación, la buena noticia es que el autor no únicamente logra salir avante de esa labor documental, sino que con un lenguaje llano y ameno, rítmico y transparente, consigue plasmar el rico mundo sensorial que configura el rostro humanista de Enrique Arturo Diemecke, el director de orquesta nacido en la Ciudad de México el 9 de julio de 1955 que se nutre de su pulso vital tanto como de otras artes para concebir la música como un prisma fascinante a través del que puede entenderse la vida misma.

Leyva, tras diversas entrevistas previas con el que sin duda es uno de los concertadores más destacados nacidos en México, hace hablar en primera persona a su biografiado para narrar ilustrativas anécdotas profesionales, compartir agudos pero legibles apuntes técnicos o emotivas reflexiones interiores y estéticas que dan cuenta de un personaje experimentado en el oficio que profesa.

Pero también de un ser creativo, inteligente y atento que no se entiende fuera del mundo; que no prescinde de lazos amistosos y sanguíneos y del significado dentro de su existencia; que aún cuando habla de obras, periodos y compositores que pueden remontarse a décadas o siglos atrás, no está apartado de su acontecer social ni del sentir de una época o la psicología de quienes lo rodean.

Otro de los méritos de Leyva consiste en que supo proveerse del material necesario para definir etapas, pasajes y emociones sustantivas de Diemecke; se nota que el músico habló con soltura, confianza y energía. Y, más importante aún, es que el autor supo descartar los inagotables detalles que suelen acompañar una trayectoria profesional tan relevante y longeva, desarrollada en diversos países, como la de Diemecke; José Ángel Leyva consigue una edición limpia, una estructura sólida y una perspectiva angular que no prescinde de acercamientos en primer plano.

Además de incluir un código quick response para acceder a la interpretación de la Sinfonía número 1 en Re mayor, Titán de Gustav Mahler que conduce Enrique Arturo Diemecke al frente de la Orquesta Sinfónica de Flint, de la que ha sido su titular artístico por más de 30 años, el libro está salpimentado con fotografías del director tomadas a lo largo de los años y de páginas de partituras mahlerianas donde se aprecian múltiples anotaciones que sirven como guías de interpretación y que testimonian la fascinación que el intérprete siente por su autor preferido.

Y sí. Ese amor cultivado y sostenido por el director capitalino hacia el compositor bohemio es el motivo conductor que da sentido y contraste al libro, que inicia con el recuerdo de Diemecke por aquellas vivencias musicales infantiles con sus padres y con el cuarteto que formó con sus hermanos —su papá le hizo comprender lo importantísimo que era ser el segundo violín y sobre todo el publirrelacionista del conjunto—, pero de ninguna manera se limita a un solo tema.

Por el contrario, ya desde el capitulado (“La música en mí”; “Los tres milagros”; “Padres”; “Entre México y el mundo”; “Mahler y yo”; “De composición, compositores y educación musical”; “Embajador de la cultura”; “Ciudadano de la orquesta”; “Reflexiones para derribar una cuarta pared”; “Una pregunta, señor Mahler; y “Once pasos para interpretar a Mahler”), el lector puede catar el rico temario de una publicación que proyecta a un músico que habla sobre el quehacer musical con dulzura y conocimiento, a veces revelando la ingenuidad de una aproximación inicial incluso con su autor fetiche, pero con una autoridad artística genuina y desprovista de ridículas impostaciones, con la que ha estado al frente como titular o invitado de orquestas en casi todo el planeta y con artistas del más diverso renombre.

Aunque no menos apetecible resulta conocer el entramado personal, íntimo, de Diemecke, si bien no todo son momentos de felicidad y satisfacción. El músico muestra su fragilidad y el dolor intenso del que a veces ha sido preso y que sin duda ha marcado su sensibilidad. El protagonista no vacila, en uno de los pasajes más conmovedores del libro, en contar el quiebre anímico y espiritual que significó la paulatina pero irreversible decrepitud de su padre, uno de los seres que lo hizo amar la música tanto como la vida, impedido no sólo para continuar su labor pedagógica y artística, sino para mantener su salud y eludir la muerte.

Y no lo hace desde el morbo o el amarillismo, sino desde el más amoroso ángulo, que sirve también para alumbrar diversas cuestiones que se viven dentro de una orquesta y del ciclo útil de un atrilista, que inevitablemente concluye y que puede llevar no sólo a un ocaso laboral, sino anímico.

El libro pareciera durar muy poco antes de concluir y no sería raro que el lector quede con ganas de seguir adentrándose en esa óptica del director que está o ha estado al frente de orquestas e instituciones como la Sinfónica Nacional de México, la Sinfónica del Instituto Politécnico Nacional, la Filarmónica de Buenos Aires, el Teatro Colón en Argentina o la Filarmónica de Bogotá, en Colombia.

Pero lo cierto es que en estas páginas se recorre lo esencial de Diemecke; incluso facetas no del todo conocidas como la de compositor, arreglista o intérprete de diversos instrumentos. Y es fácil encariñarse con él, sonreír, sentirse frágil o volverse niño para mirar un mundo que le sorprende y con el que es capaz de conectar a través de los sonidos tan sinceramente como pocos músicos mexicanos lo han conseguido.

El director Rubén Valenzuela gana premio de Chorus America

Foto: Rubén Valenzuela, director artístico 
Chorus America anunció los ganadores de sus premios 2020. El músico méxico-americano Rubén Valenzuela, director artístico del Bach Collegium San Diego, ganó el premio Louis Botto por “acción innovadora y afán empresarial. Rubén Valenzuela ha trabajado incansablemente para que la música coral barroca sea parte de la comunidad de San Diego. Fundador del Bach Collegium San Diego en 2003, Valenzuela ha expandido paulatinamente las actividades de su organización a través de conciertos, grabaciones y redes sociales, y ha presentado las primeras funciones históricamente informadas de las obras de Bach y sus contemporáneos en San Diego. Chorus America es una organización que promueve el desarrollo de coros. Este premio fue establecido a la memoria de Louis Botto por su talento artístico, servicio desinteresado al arte coral y espíritu empresarial al fundar el ensamble vocal masculino Chanticleer.