sábado, 3 de mayo de 2014

Les Troyens de Berlioz en el Teatro alla Scala de Milán

Foto: Brescia&Amisano

Massimo Viazzo

Les Troyens llegó a la Scala con un montaje coproducido con el Covent Garden de Londres, la Staatsoper de Viena y la Ópera de San Francisco firmado por David McVicar, una producción que satisfizo sobre todo al público (la mejor parte) que desea lecturas escénicas claras, lineales, inmediatas, sin actualizaciones, provocaciones o sorpresas dramatúrgicas. Por lo tanto, en el escenario –una escena convexa, oscura y de fierro representaba la ciudad de Troya en la primera parte del espectáculo, mientras que Cartago era una ciudad en miniatura en el centro del escenario rodeada de tribunas cóncavas iluminadas por una luz que captaba los colores típicos del desierto africano, con todo aquello que se esperaba, incluido un grandioso caballo de Troya, una suerte de robot gigantesco metálico construido con tornillos y engranajes que amenazaba en la parte final de La prise de Troie. Fantástica estuvo la concertación de Antonio Pappano que logró dar una extraordinaria unidad dramática a una partitura compleja y gigantesca. La orquesta del Teatro alla Scala sonó compacta y homogénea con una búsqueda constantes del mejor fraseo y sin ningún sedimento técnico.  El coro, verdadero protagonista, estuvo sensacional, perfecto en la entonación y muy atento a los pasajes más rápidos, siempre en sincronía.  Notable estuvo también el trió de protagonistas con un Gregory Kunde que supo interpretar a un arrogante y feroz Enea dándole una voz robusta, centellante en los agudos y siempre vigorosa. Anna Caterina Antonacci dio voz y cuerpo a una memorable Cassandra por profundidad expresiva con una voz de timbre fascinante y solido en cada registro. También gustó Daniela Barcellona por el cuidado en la emisión y por una voz segura que pareció apropiada para expresar la exaltación y los abatimientos amorosos de la reina cartaginés.  Del resto del apreciable elenco también estuvo el Narbal de Giacomo Prestia, el Ascanio de Paolo Giardina, así como Alexandre Duhamel en el papel de Panteo y Paolo Fanale quien cantó con elegancia y bravura la bellísima canción del marinero Hyla del quinto acto.  Al final ovaciones para todos. 

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