viernes, 30 de mayo de 2014

Recital de la soprano June Anderson en el Maggio Musicale Fiorentino 2014

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Massimo Crispi

El recital de June Anderson y Jeff Cohen, que remplazó al del bajo Vitalij Kowaliow, en el programa del Maggio 2014, estaba concebido, como la misma Anderson declaró al final del concierto, para el Teatro de Châtelet de Paris. Pensado para un público francés ¿para justificar la ausencia de arias italianas en el programa? El programa, mezcló una elección de mélodies francesas en la primera parte y des songs de Musicals de Broadway en la secunda en lo que fue una “gourmandise” para los apasionados de la música rara y para los fans de la soprano estadounidense cuyas exhibiciones en el escenario escasearon en estas últimas décadas.  Se puede decir sin duda que las mélodies elegidas por Anderson no eran las mas idóneas para su voz de hoy, que a su sesenta y un años no está más la magia de joyas vocales que nos intoxicaron por mucho tiempo. También se puede añadir que el mundo íntimo, y de vez en cuando, retorcido de la mélodie entre los dos siglos (Fauré, Debussy) no es el mundo donde Anderson se mueve con ojos vendados, aún si la clase desbordante de la soprano fuera evidente. Desafortunadamente el bonito timbre hoy resulta un poco opaco y muchas suavidades de su voz, indispensables en ese repertorio, se perdieron obligándola a utilizar de vez en cuando, demasiados “portamentos”. O quizás fuera solo porque en esta ocasión la cantante/actriz no se encontraba bien con fragmentos abstractos y con textos poéticos (y músicas!) magníficos pues lejos de la representación teatral que parece ser mas fácilmente su “cup of tea”. Solamente con la obra de Poulenc, “Fancy”, “C”, y sobre todo en el último monologo “La dame de Monte-Carlo” donde, quizás por su tamaño y por la multifacética estructura dramática de esa mélodie, finalmente la tigresa del escenario se despertó y causó el delirio del público. Eso es lo que el público esperaba de ella: personajes.  La secunda parte del programa, totalmente americana y teatral, fue decididamente mas adecuado a la personalidad de la soprano, que nos regaló momentos mágicos con los fragmentos de Bernstein (“Dream of me”, de “Peter Pan” y “A little bit in love” de “Wonderful Town”), autor que ella ama mucho y que la amaba muchísimo: Anderson fue la brillante Cunegonde en la famosa grabación de “Candide” en Londres dirigida por el mismo Bernstein poco antes de fallecer.  En seguida dos canciones de Stephen Sondheim, le segunda fue la célebre “Losing my mind”, con una interpretación intima y conmovedora. Los dos fragmentos de Kurt Weill, la etapa  sucesiva, fueron cantados magníficamente: “My ship” de “Lady in the dark” y sobre todo el tango-habanera en francés “Youkali”, la isla seductora y arcana inalcanzable, metáfora de un lugar utópico donde refugiarse, le dieron a la Anderson la manera de lucir todo su charme. Gran final con dos songs de Jerome Kern: “Yesterdays” de “Roberta” y “Cant help lovin’ that man” de “Show Boat”, muy intensos. La única observación que le se puede hacer a la artista es que la gama de los songs de musical es demasiado central y comprimida para la extensa voz de soprano lírico ligero de Anderson, pero su interpretación fue tan intensa, quizás enriquecida por la edad y la experiencia, que se le puede perdonar todo. También el pianista Jeff Cohen, que en la primera parte no estuvo más que correcto, sin particulares esguinces interpretativos, en el segundo tiempo del recital se puso más cautivante.  Bis, con voz cansada pero con verve, con dos arias de su amado Rossini: “Giusto ciel” de “Maometto II” y la brillante aria “La fioraia fiorentina”, donde el público reencontró la amiga belcantista de un tiempo. Teatro medio vacío, sin saber porqué, pero el público feliz. Y, efectivamente, escuchando a artistas como Anderson, al final de su carrera pero en buena forma vocal, como pasó la semana pasada aquí en Florencia con Devia, solo puede tranquilizar a los fans que la magia podrá durar un poco más. 

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