martes, 19 de agosto de 2014

Manon Lescaut en el Teatro Solís de Montevideo

Credito: Pablo Bielli

Luis G. Baietti

El Teatro Solís cumple este año 10 años de su reinauguración después de un prolongado cierre y una reforma que lo puso casi a nuevo. A partir de ese momento desarrolló una intensa y variada programación que incluyó no sólo la habitual temporada de la Comedia Nacional Uruguaya que tenía su sede normal en la Sala, sino una serie de otros espectáculos comenzando inclusive a producir espectáculos de ópera. Precisamente la intención era festejar este aniversario con una producción de gran nivel que incluyera en los papeles protagónicos a dos primeras figuras de la lírica uruguaya que están haciendo una importante carrera en Europa: Carlos Ventre y María José Siri La intención se frustró parcialmente cuando Ventre sufrió un accidente en medio a una función que obligó a que fuera retirado de escena en camilla y tuvo que cancelar todas sus funciones en los meses siguientes para reponerse. A última hora se salió a buscar un sustituto y se consiguió al joven tenor brasileño  Juremir Veira que ha actuado en diversos teatros de Europa y ha sido miembro estable de la Opera de St. Gallen (Suiza) donde cantó una amplia gama de roles incluyendo varios papeles de lirico-spinto. Manon Lescaut es como se sabe el primer éxito de Puccini, el que le abrió las puertas de la fama. Basado en la misma historia que inspirara la célebre Manon de Massenet presenta la particularidad de que los autores han elegido escenas diferentes de la obra, por lo cual en el fondo sólo hay una escena que está presente en las dos obras: la escena inicial en la taberna. Y los dos momentos culminantes de la partitura de Puccini inexistentes en Massenet: el aria del tercer acto del tenor (pazzo son ) porque en Massenet Manon muere antes de ser embarcada para América y la excelente escena final en el desierto, la escena más bonita y más dramática de la Opera, que por las mismas razones no existe en Massenet. El Teatro Solís ha servido con gran calidad al texto de Puccini con una magnífica puesta en escena, respetuosa del argumento, de la época y de los personajes, que introdujo la novedad de incluir entre acto y acto lecturas de la novela original que contribuyen ( particularmente la última ) a aclarar la acción. Bellísimas y económicas escenografías basadas principalmente en proyecciones, que dieron estupendamente todos los climas en que se desarrolla la acción. 
En tren de ser detallista podrían criticarse algunos desplazamientos en el tercer acto que van contra la lógica de la escena. Ejemplo: Des Grieux rodeado de guardias con escopeta no podría sostener su rebeldía más de 30 segundos sin caer acribillado) Y una falla contra la que protesto enfáticamente: la iluminación y su preferencia por las penumbras que por momentos hicieron imposible distinguir las facciones de los cantantes. En particular es una crueldad contratar a una soprano que es también una terrífica actriz dramática y luego no permitir que se la vea sumiendo su rostro en una tiniebla total. Musicalmente todo corrió sin sobresaltos, con una muy buena concertación del Maestro Martín Lebel, que quizás debiera moderar un poco la sonoridad de la orquesta especialmente en el acto 4 , donde los cantantes no pueden cantar a viva voz porque sería contrario a la situación dramática Incidentalmente , el Solís y el Sodre sufren del mismo problema: no tienen un verdadero foso orquestal y la orquesta está enteramente a cielo descubierto lo que hace que su sonoridad sea más acentuada. María José Siri está en un punto altísimo de su carrera y el papel, especialmente los 3 primeros actos, le cae como un anillo al dedo a su voz de soprano esencialmente lírica con un estupendo registro agudo, y un registro grave más generoso de lo normal en su cuerda. Es además una actriz consumada, dando gran vida a su personaje y a las mutaciones que sufre. Cantó el último acto con gran fuerza expresiva y entrega emocional, pero tuvo que luchar contra varios factores adversos que conspiraron contra el clima: la orquesta demasiado fuerte que le restó sonoridad a sus notas graves, la falta de un auténtico dramatismo en su compañero de elenco muy correcto como actor pero no a la altura de ella, y la mala iluminación que impidió percibir sus expresiones faciales. Juremir Vieira es el tenor que todo director de un teatro de ópera gustaría tener en su elenco estable. Seguro musicalmente, con un buen fraseo, aceptable disposición escénica, tiene agudos seguros y un grave escaso pero operativo. Con él en la casa no habría función que se suspenda porque él puede suplir a todos sin poner en peligro el espectáculo. No está exento de limitaciones: los agudos son metálicos y no muy acariciadores, los graves como ya dije apenas suficientes y sus dotes de actor correctas pero limitadas, Atribuyo especialmente a esto que la versión no haya tomado fuego a partir del pazzo son como debiera ser, y que la escena final no haya producido el impacto que debe producir. Federico  Sanguinetti y Marcelo Otegui fueron respectivamente un Lescaut y un Geronte de lujo, con una excelente vocalidad y muy buena actuación, con destaque para Otegui por la forma en que logro dar la vejez de su personaje, algo exagerada en esta versión que lo hizo innecesariamente semi paralitico. El maquillaje que hubiera precisado para hacer totalmente creíble su reciente Felipe II de Don Carlo en BA donde se lo veía demasiado joven  Fue un placer oír la bella voz tenoril de Andres Presno en un papel que le permitió exhibir su timbre real al no ser un tenor característico como suele ser el caso, Dejó también muy buena impresión como el Farolero la bella voz del tenor Alfredo Belloni a quien habrá que oír pronto en papeles de mayor relevo, Álvaro Godiño  en el doble papel de Posadero y Sargento fue un importante apoyo con una segura interpretación. Y dejaron una impresión correcta los demás comprimarios Julia Bregstein, Marcelo Sosa y Gonzalo Fletcher.

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