viernes, 8 de agosto de 2014

Otello en el Teatro Municipal de Santiago de Chile

Foto: Patricio Melo / Teatro Municipal de Santiago

Joel Poblete 

En cualquier escenario lírico que incluye en su programación esa extraordinaria obra maestra que es el Otello de Verdi, es inevitable que siempre se generen muchas expectativas entre el público. Y el estreno el sábado 02 de agosto de la nueva producción que la trajo de regreso al Teatro Municipal de Santiago, tras ocho años de ausencia y como cuarto título de su temporada lírica, no fue la excepción. De partida, porque la última vez que se llevó a la escena en el Municipal, en 2006, quedó un recuerdo algo amargo, ya que no alcanzaron a realizarse todas las funciones originalmente programadas, a raíz de la crisis interna que afectó al teatro en esas fechas. Entonces, el retorno de la obra era muy esperado, y afortunadamente los resultados superaron las expectativas: en su conjunto, considerando como un todo los logros musicales y escénicos, es sin duda el espectáculo más notable que hasta ahora ha ofrecido la temporada lírica 2014 del principal coliseo operístico chileno, tras Katia Kabanova, Puritani y Lakmé.

A primera vista, lo que más deslumbra de este montaje es la contundente y vital propuesta escénica. El talentoso régisseur Pablo Maritano, una de las más destacadas figuras en la actual escena lírica en Argentina, ya había cosechado elogios el año pasado en el Municipal con su versión de otro clásico verdiano, El trovador, y ahora superó un desafío aún mayor, considerando que al ser una brillante adaptación de una de las principales tragedias de Shakespeare y gracias al trabajo conjunto entre Verdi y su libretista Arrigo Boito, Otello es una de las óperas más potentes en lo teatral del repertorio universal. Justamente en lo que puede considerarse un acertado guiño al emblemático autor inglés al conmemorarse este 2014 los 450 años de su nacimiento, el concepto de Maritano giró en torno a un hábil dispositivo escénico circular que se abre, cierra y desplaza, está presente permanentemente durante tres de los cuatro actos de la obra y evoca al célebre Teatro Globo donde se presentaron muchas de las obras del Bardo, incluyendo justamente Otello. Aunque en un comienzo, en el primer acto, podría temerse que esta idea sería reiterativa y reduciría el espacio o limitaría el desplazamiento escénico de los solistas y el coro, finalmente se confirmó como una certera base para esta dolorosa y profunda historia de celos, traición y muerte. El director de escena contó con la complicidad del diseñador      -también argentino- Enrique Bordolini, cuya efectiva escenografía e iluminación se complementaron muy bien con el hermoso y vistoso vestuario del italiano Luca Dall'Alpi, conformando momentos de gran belleza plástica, como en el sublime dúo "Già nella notte densa", o en los momentos de "teatro dentro del teatro" que diseñaron para los dos primeros actos. 

Desde la intensa escena de la tormenta que abre la obra hasta el golpe de escena que la finaliza, en su régie Maritano no se quedó sólo en lo visual y en la superficie, ya que supo aprovechar al máximo cada uno de los numerosos detalles y recursos teatrales de una partitura que funciona como un mecanismo dramático perfecto; esto resultó muy bien tanto en los efectivos momentos solistas -por ejemplo, fue memorable el "Credo" del villano Yago- como en los que en otras puestas en escena tienen menos relieve o impacto, como el cuarteto del segundo acto. Y lo bueno es que contó con cantantes que no sólo se conformaron con afrontar las muchas exigencias musicales de sus roles, sino además se comprometieron en lo actoral. 

Tomando en cuenta que esta ópera ha contado en el escenario santiaguino con artistas tan ilustres en el arduo rol protagónico como Carlo Cossutta o los chilenos Renato Zanelli y Ramón Vinay -este último, en seis ocasiones distintas entre 1948 y 1969, incluyendo su despedida mundial del personaje-, y que incluso su más reconocido intérprete en las últimas décadas, Plácido Domingo, incluyó fragmentos en esa misma sala en conciertos solistas, no es menor la tarea para quien cante en el Municipal este rol. Siempre, en cualquier teatro del mundo, es un logro inmenso encontrar un buen Otello. Y en el Elenco Internacional, con su debut latinoamericano, el lituano Kristian Benedikt, quien ha encarnado al "moro de Venecia" en importantes teatros europeos, es de verdad un gran Otello: aunque ocasionalmente en el estreno dio la impresión de estar superando algunos problemas de salud, Benedikt supo controlar y manejar con excelencia una voz sólida y bien timbrada, que quizás podría desarrollar mayor proyección sonora en la sala, pero de todos modos fue capaz de superar todos los escollos, incluyendo algunas expuestas notas agudas; y en lo actoral, fue absolutamente creíble y emotivo, tanto en sus escenas solistas como en los dúos con Desdémona y Yago.

Tres años después de dejar una positiva impresión con su debut en Chile en otra ópera de Verdi, "Simón Boccanegra", la soprano estadounidense Keri Alkema regresó para encarnar por primera vez en su carrera a Desdémona, y su desempeño fue espléndido, tanto por su presencia escénica como especialmente por su voz rica y cálida, de buen volumen y potencia, que se adapta muy bien a los roles verdianos, luciéndose en particular en el cuarto acto, con una conmovedora entrega de la "Canción del Sauce" y el "Ave Maria". Por su parte, el barítono de Azerbaiyán Evez Abdulla fue un Yago sorprendente e implacable, lleno de energía, cantado con fuerza y convicción, conformando un memorable villano que guió la intriga logrando ir más allá de los clichés y la caricatura y se complementó muy bien en lo teatral con el Otello de Benedikt. 


Además de la rotunda voz del bajo ruso Alexey Thikhomirov en su breve aparición como Lodovico -personaje que encarna en los dos elencos que abordan esta obra en el Municipal-, apoyando a los tres protagonistas se cuenta con un muy buen reparto compuesto por artistas chilenos, destacando especialmente el tenor Sergio Járlaz, un Casio muy bien cantado -con buen volumen y proyección- y desenvuelto en la actuación, mientras una vez más la mezzosoprano Evelyn Ramírez tuvo una lucida presencia, esta vez como Emilia, un rol que a menudo queda demasiado en segundo plano pero acá tuvo mayor relevancia. 

El gran mérito en la buena fusión entre lo musical y lo teatral que alcanza esta producción en su Elenco Internacional no sólo reside en su equipo escénico y los cantantes, sino también en la dirección musical del maestro italiano Antonello Allemandi, al frente de la Orquesta Filarmónica de Santiago. Este reconocido director ya había tenido muy buenas presentaciones previas en el Municipal, con dos comedias donizettianas tan populares como "Don Pasquale" en 2011 y el año pasado "El elixir de amor"; ahora, con su incursión en el drama verdiano, volvió a confirmarse como un músico sensible e inteligente, preocupado de los detalles y del equilibrio entre el foso y la escena. Y como ya es tradición, el Coro del Teatro Municipal, dirigido por Jorge Klastornik, estuvo sólido y efectivo en sus intervenciones, que en "Otello" son puntuales y contadas, pero muy exigentes, como en el inicio del primer acto y en la gran escena de conjunto del tercero.

En el segundo reparto, el llamado Elenco Estelar, que debutó el miércoles 06 de agosto, también había muchas expectativas, en particular por su protagonista. Desde que el tenor chileno José Azócar debutara como solista en escena en 1988, precisamente en el Teatro Municipal de Santiago, muchos operáticos imaginaban o profetizaban que en algún momento podría llegar a abordar el arduo rol protagónico en "Otello". Pero aunque ha desarrollado una destacada trayectoria nacional e internacional abordando algunos de los papeles más exigentes para tenor -pese a nunca dejar de vivir en Chile, ha cantado en escenarios de países como Argentina, Uruguay, Brasil, España, Estados Unidos, Inglaterra y Alemania-, aún no había abordado este personaje. Hasta ahora, un cuarto de siglo después de su debut, y en una actuación que en más de un sentido se podría calificar como un hito no sólo en su carrera, sino además en la escena operística local: desde el legendario Vinay que un tenor chileno no se atrevía a abordar al moro, y si había alguien que siempre pareció el indicado para hacerlo alguna vez en ese país, era Azócar. Por supuesto que no era aconsejable que lo hubiera hecho en sus primeros años de carrera, pero el color oscuro de su robusta voz y la potencia y seguridad de sus notas agudas parecían predestinarlo a al menos intentarlo alguna vez en su carrera, sobre todo con el oficio y experiencia acumulados durante más de 20 años en los escenarios. 

Y aunque el resultado no puede calificarse por completo de extraordinario, no deja de ser meritorio y digno de los entusiastas aplausos recibidos al final del estreno, porque a sus 53 años y a pesar de que al igual que su colega en el Elenco Internacional, Azócar exhibió notorios signos de estar lidiando con algunas dificultades de salud -tosió en varias oportunidades a lo largo de la función-, su desempeño igual fue contundente. Siempre apoyado por la eficaz pero no demasiado incisiva dirección orquestal de José Luis Domínguez al frente de la Filarmónica de Santiago, y sin dejar de lado ciertos "tics" habituales en él -como estar demasiado pendiente de mirar al director, algo entendible pero que siempre se puede tratar de disimular un poco más-, su encarnación del moro fue muy esforzada y comprometida; la voz sigue siendo poderosa y consiguió superar casi todos los agudos de manera muy lucida, y aunque su actuación suele ser convencional y esquemática y se queda más en lo externo de un rol tan complejo como Otello, de todos modos se notó un mayor despliegue y voluntad teatral que en otros papeles que ha interpretado. Considerando que este era en rigor su debut en el rol, su logro es enorme, y con más rodaje y funciones en el cuerpo a futuro, es probable que su interpretación de Otello pudiera ir creciendo aún más. Pero desde ya este puede ser considerado un momento consagratorio en su vida artística, si se piensa que para muchos tenores el personaje es la cúspide de sus carreras.     

Por su parte, Desdémona en estas funciones es la soprano Paulina González, uno de los talentos líricos con mayor potencial surgidos en los últimos años en Chile, como lo demostrara el año pasado en dos roles tan diversos como Julieta en "Romeo y Julieta" de Gounod y la Fiordiligi de "Così fan tutte" de Mozart, por los que fue distinguida como lo mejor en Ópera Nacional 2013 por el Círculo de Críticos de Arte de Chile. En un principio, considerando sus condiciones vocales y la acertada trayectoria que ha estado desarrollando en estos últimos años al elegir su repertorio, quizás aún era temprano para abordar este personaje de Verdi, que si bien ha sido cantado por jóvenes sopranos líricas, de todos modos también tiene momentos que exigen un mayor peso y color vocal; afortunadamente, González supo superar las dificultades utilizando con inteligencia y cuidado su voz, y fue una creíble Desdémona, que como era de esperar destacó particularmente en su bella y melancólica escena solista en el último acto, de manera especial en un hermoso y sentido "Ave Maria".   

Al igual que en el Elenco Internacional, en esta función se contó con un Yago muy convincente, el barítono argentino Fabián Veloz, de voz atractiva y bien matizado canto verdiano -aún más que en sus momentos más conocidos, como el Brindis y el "Credo", estuvo muy bien especialmente en "Era la notte"-, tal vez más sutil y contenido que su colega en el otro reparto, de todos modos implacable como villano y funcionando como buen apoyo vocal y teatral para el Otello de Azócar. Por su parte, el tenor Leonardo Navarro fue un desenvuelto y juvenil Casio, de agradable voz, mientras Emilia, un rol habitualmente cantado por mezzosopranos, fue abordado por la soprano Paola Rodríguez con seguridad vocal e importante presencia escénica, en especial en el último acto. 

1 comentario:

  1. Hola! Excelente comentario. Solamente en desacuerdo sobre la apreciación de los tenores. El del elenco internacional fue muy flojito, con una emisión algo deficiente, una voz que apenas salía de la garganta. El esultate no se escuchó, el duetto de amor con desdemona fue una desgracia, y si bien algo mejoró en el tercer y cuarto acto, nunca estuvo a la altura del resto de la producción, que fue extraordinaria. La voz ligera del tenor que interpretó a Cassio proyectaba muchísimo mejor, lo cual dice bastante.
    En el elenco estelar, en cambio, José Azócar fue un lujo, espectacular y arrollador. si, tosió, pero su desempeño vocal no se notó nada afectado por problemas de salud.
    Un enorme éxito, a mi parecer.

    Los dos Yagos muy buenos. El internacional, muy buen actor vocal. El estelar, con una emisión mucho más pareja, y a mi juicio aún mejor.

    Saludos y gracias por compartir tus apreciaciaciones.

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