jueves, 21 de mayo de 2015

Lucia di Lammermoor en Lima, Peru

Foto: Coro Nacional del Peru

Gonzalo Tello / El Comercio
 
La ópera en Perú pasa por un resurgimiento, pues se entendió que este tipo de arte no puede producirse de manera barata, descuidada y anticuada como fue durante algún tiempo, y por lo que aún quedan prejuicios por desterrar. Una de estas grandes iniciativas es la propuesta que el Festival Internacional de Ópera Alejandro Granda, en su octava edición, con uno de los títulos más famosos del repertorio: “Lucia di Lammermoor”, de Gaetano Donizetti. Basada en una novela de sir Walter Scott, Lucia contiene elementos románticos y música brillante que la hace una de las favoritas. El protagónico es el de una mujer que enloquece bajo las maquinaciones de su hermano Enrico y al no poder ser feliz con Edgardo, el hombre que ama. Para esta producción se convocó a la soprano inglesa Jessica Pratt, quien siendo tan joven posee una voz con gran técnica, bello sonido y agudos impresionantes. Su interpretación se adecúa al más fiel estilo del bel canto, gracias a conocimientos adquiridos de sus maestras Renata Scotto y Lella Cuberli. Pratt fue la estrella y de-mostró por qué es una de las mejores intérpretes de este rol, que ha llevado La Scala de Milán, Ópera de Roma y otros teatros emblemáticos. Junto a Pratt disfrutamos del dramatismo del tenor polaco Arnold Rutkowski como Edgardo, quien dio una interpretación pareja de un rol exigente, sobre todo en su dueto con Enrico y su gran escena final. El barítono coreano Julian Kim demostró oficio con poderosa voz, presencia escénica y enormes agudos como Enrico. El bajo croata Marko Mimica fue un Raimondo de peso, con un bello y noble timbre en su inspirada escena del tercer acto. Los peruanos Juan Pablo Marcos, Edda Paredes y Dangelo Díaz estuvieron a la altura con presencia escénica y voces de nivel. El Coro Nacional, dirigido por Javier Súnico, es un gran elenco que brilló con su participación. La dirección del brasileño Allex Aguilera se ciñe al guion sin proponer profundidad en sus personajes. Su escenografía minimalista funciona dando un ambiente tétrico y sombrío, y consigue efectos visuales interesantes, como la entrada de Lucia en su famosa escena de la locura. Los vestuarios del uruguayo Adán Martínez son ceñidos a la época, por lo que se imponen en contraste a la moderna puesta. El director venezolano Carlos Izcaray impone un efecto sonoro dramático a pesar de la irregularidad de la Orquesta del Festival.

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