Massimo Viazzo
Con La Cenerentola, ossia La bontà in
trionfo representada por primera vez en Roma en 1817, año sucesivo al debut
de Barbero de Sevilla, Gioachino Rossini (1792-1868) enriqueció su ya consolida
verve cómica, que le había dado éxito en toda Europa, con nuevos matices
sentimentales. La adaptación de la
fábula de Charles Perrault, curada por el libretista Jacopo Ferretti con
algunas modificaciones significativas (entre las que se encuentran la
transformación de la madrastra en padrastro o de la zapatilla en brazalete), le
dio a Rossini la oportunidad de infundir a sus típicos crescendos una
melancólica introspección y de atemperar sus ritmos frenéticos con toques de
poesía. El resultado es una ópera en la
que los protagonistas, Cenicienta y el príncipe Don Ramiro, expresan sus
sentimientos con la fragilidad típica de la juventud, mientras que los
antagonistas, el padrastro Don Magnífico y las hermanastras, fungen como
contrapunto con un humorismo refinado y grotesco, de origen napolitano, no muy
alejado de la raíz europea del propio cuento La gatta Cenerentola de
Giambattista Basile, literato napolitano del siglo XVII, y primer escritor en
usar el cuento como forma de expresión popular. Después de una década, la obra
maestra cómica de Rossini regresó al Teatro Regio de Turín. Las ultimas representaciones
fueron en el 2016, con puesta escénica de Alessandro Talevi y la
conducción musical de Speranza Scapucci. Hoy, La Cenerentola fue
representada con las escenografías curadas por Manu Lalli, ya vistas en
el Maggio Musicale Fiorentino hace un año y medio, y antes de eso en el 2017,
también en Florencia, en plain air, en el patio del Palazzo Pitti. Según Manu Lalli, La Cenicienta no representa
una obra meramente de cuento de hadas, sino una narración de superación social,
emancipación y libertad, lograda a través del poder del conocimiento y la
cultura, frente a la ignorancia, la mezquindad y la incivilidad. En esta puesta
en escena, Angelina (el verdadero nombre de Cenicienta en el gustoso libreto de
Jacopo Ferretti) es una figura que se dedica a la lectura, al estudio, a la
educación, a menudo todo ello enmarcado en una dimensión onírica. La historia
se desarrolla con las hadas (aquí son bailarinas) que emergen de las pilas de
libros colocadas a los lados del escenario desde el inicio, representando
aquellos personajes imaginarios y fantásticos que alimentan la mente de la
protagonista. También estuvo presente un hada niña, casi un alter ego mágico
suyo, que le enseñaría que la belleza no reside en la apariencia exterior, sino
en el corazón. Esta hada la vestiría para el baile y, con la calabaza, la llevaría
al palacio. Seria además ella quien la guaria
al príncipe a través de la tormenta en
la residencia del barón e iniciaría el espectáculo, durante la sinfonía,
moviendo la varita mágica al ritmo del director, dando así comienzo al cuento. La
interesante concepción de la dirección, aunque basada en una narrativa
tradicional con un escenario compuesto por algunos elementos móviles con
puertas y ventanas, presentó, sin embargo, un problema de saturación. La
excesiva presencia en el escenario y el continuo ir y venir de cantantes, mimos
y bailarinas, que se desplazaban sin cesar hacia arriba y hacia abajo por el
escenario, contribuyó a crear una sensación de sobrecarga. Además, los
personajes enfatizaban cada línea ingeniosa, cada frase y cada ritmo con
movimientos mecánicos, casi robóticos, que, aunque a veces resultaban
divertidos, eran excesivos y, en definitiva, opresivos. La música de Rossini no
necesita tales acentuaciones para expresarse plenamente. En definitiva, esta
dirección ha pecado del llamado horror vacui. La Orquesta del Teatro
Regio de Turín fue dirigida por primera vez por Antonino Fogliani,
reconocido por su profundo conocimiento, en particular, del repertorio italiano
y del bel canto. Su interpretación, caracterizada de claridad y precisión, privilegió
la acentuación y el golpe rítmico, y una
narración dinámica y cerrada, lograda siempre con mano ligera y refinada, más
que enfatizar la ternura y el patetismo, elementos también presentes en la
partitura rossiniana, que es notable por su complejidad y no por estar limitada
solo al género estándar de la opera buffa. La mezzosoprano rusa Vasilisa
Berzhanskaya, se distinguió como una indiscutida protagonista en esta
producción. Su timbre, seductor y
homogéneo en toda la gama, evidenció una notable facilidad y naturaleza de
emisión, junto a una óptima proyección vocal, particularmente en el registro
agudo, en el que ella sabe sobresalir. Su interpretación alcanzó su punto
culminante en el extraordinario final de la obra “Nacqui all’affanno… Non più
mesta”, en el cual mostró una extraordinaria facilidad en la ejecución de
la coloratura, precisa, ligera y caracterizada por una notable precisión y
seguridad. Su Cenicienta resultó ser decidida, pero al mismo tiempo elegíaca,
íntima, soñadora, profundamente creíble y sobre todo interpretada con una
excelente técnica vocal. A su lado, Nico Darmanin en el papel del
príncipe Don Ramiro cantó con una voz de un timbre no particularmente seductor
con sonidos que cada tanto se convertían en opacos, aunque en términos
generales, se mostró seguro en la agilidad y determinado en el registro agudo. A
dos ilustres interpretes del repertorio rossiniano, reconocidos por su maestría
en el canto sillabato, les fueron confiados los papeles cómicos de Don
Magnifico y Dandini, que fueron interpretados por Carlo Lepore y Roberto
de Candia, respectivamente. Su dueto del segundo acto, Un segreto
d’importanza, se impuso por vivacidad y humorismo, suscitando una
entusiasta recepción por parte del público. ¡Un verdadero placer, su humorismo
tan divertido y contagioso! Maharram Heseynov interpretó al sabio
Alidoro con un canto educado, si bien por momentos se percibió como un poco
monótono y un poco autoritario. Además,
Heseynov interpretó la difícil aria alternativa Là del ciel nell’arcano profundo,
en ocasiones cortada. El elenco fue
completado por las hermanastras Clorinda y Tisbe, interpretadas respectivamente
por Albina Tonkikh y Martina Myskohlid, ambas miembros del Regio
Ensemble. Sus interpretaciones fueron confiables, aunque por momentos
estuvieron caracterizadas de un excesivo frenesí escénico. Al final, un
particular aplauso se le debe al Coro del Teatro Regio, dirigido con cuidado y
competencia por Piero Monti. La
ópera tuvo un grande éxito con el público.


No comments:
Post a Comment
Note: Only a member of this blog may post a comment.