Monday, March 2, 2026

Nei Giardini d’Amore Barroco entre dos luces: El arte del duetto para dos altos


José Noé Mercado

Adentrarse en la escucha de Nei Giardini d’Amore: Baroque Arias for Two Alti es, en esencia, aceptar una invitación a un espacio sonoro de intimidad compartida donde la voz humana se desprende de su peso terrenal. Y es que este registro discográfico de Harmonia Mundi (2025) no es solo una recopilación de obras, sino un horizonte musical donde la languidez y la serenidad de ánimo se entrelazan con una pasión dulce pero intrépida, casi táctil. Bajo la guía del inmarcesible William Christie, al frente de los solistas de Les Arts Florissants —apenas dos violines, una viola y un chelo, más él en el harpsicordio o el órgano, pero con caudalosa capacidad expresiva—, asistimos a un diálogo de una belleza inefable entre dos de las voces más fascinantes de la actualidad: el contratenor italiano Carlo Vistoli y el contratenor británico Hugh Cutting. La elección de los solistas es magistral y difícil de superar. Carlo Vistoli, formado bajo la tutela de William Matteuzzi y Sonia Prina, es ya un experimentado exponente de los escenarios más exigentes, desde La Scala hasta Salzburgo. Su paso por Le Jardin des Voix de Christie en 2015 marcó el inicio de una colaboración orgánica que aquí alcanza su madurez. Por su parte, Hugh Cutting abandera la aristocracia vocal británica; egresado del Royal College of Music con la Medalla de Oro Tagore y primer contratenor en la historia en alzarse con el prestigioso Kathleen Ferrier Award, en Nei Giardini d’Amore aporta una mezcla de pureza técnica e inteligencia interpretativa, misma que lo ha convertido en el artista predilecto de directores como Philippe Herreweghe o John Eliot Gardiner. El programa de este disco respeta una genealogía del sentimiento amatorio que nos lleva desde el nacimiento de la musica moderna, hasta el paroxismo vivaldiano. La travesía comienza con el jubiloso Damigella tutta bella de Claudio Monteverdi, donde los acentos sincopados nos transportan a la corte de Mantua, esa misma que viera nacer su L’Orfeo y los esfuerzos pioneros del género operístico. También es ahí donde Vistoli y Cutting inician su danza vocal, que continúa en el dúo “Aita, Fortuna” de Agostino Steffani. En esta pieza de la ópera La lotta d’Ercole con Acheloo, ambos demuestran una simbiosis técnica asombrosa, resolviendo con naturalidad los retos de una escritura que exige tanto agilidad como un profundo sentido dramático en el canto. La primera pausa instrumental llega con la Sonata settima a doi violini de Giovanni Battista Fontana, sirviendo de antesala perfecta para la cantata Medea in Corinto de Antonio Caldara. En voz de Carlo Vistoli, esta obra se convierte en un tour de force resuelto con virtudes y audacias de gran belleza. Su instrumento muestra una agilidad intrépida en el aria “A far le mie vendette” —uno de los puntos cimeros de la grabación—, donde la coloratura fluye con un sonido equilibrado y una línea de canto impecable. Tras el reposo del Andante de la Trio Sonata en do menor de George Friedrich Händel, el disco nos regala el Sempre piango Op.8 No.7 de Giovanni Bononcini. Aquí, las voces se entrelazan a través de seis incisos para subrayar la sinceridad y el desengaño amoroso con una elegancia sincera y conmovedora. La atención se desplaza entonces hacia Hugh Cutting y su abordaje de la cantata Cessate, omai cessate de Antonio Vivaldi. Es preciso detenerse en el aria Ah ch'infelice sempre”, sin duda otro de los puntos más alto del disco. La belleza del fraseo de Cutting, sumada a un marco instrumental casi hipnótico donde el uso del pizzicato crea una atmósfera de suspensión temporal, resulta estremecedora. El contratenor logra a través de los colores de su instrumento que el pesar del amor rechazado se convierta en una experiencia sensorial pura, antes de desembocar en el fuego de la conclusión de “Nell’orrrido albergo”. En el tramo final, retomamos el aliento instrumental con la elegante Ciaccona en si bemol mayor de Caldara, que prepara el terreno para el reencuentro en Caro autor di mia doglia de Händel. En esta versión para dos contraltos, las voces de Vistoli y Cutting se funden de tal forma que resulta difícil distinguir —retórica en el terreno de belleza y virtuosismo— dónde termina una y empieza la otra. El cierre llega con “In braccio de’ contenti” de la serenata escénica Gloria e Himeneo de Vivaldi, donde el júbilo y la plenitud se manifiestan en un despliegue de facultades que deja al oyente en un estado feliz estado de gracia. Nei Giardini d’Amore es un disco indispensable. Es una lección de cómo la técnica más depurada puede ponerse al servicio del afecto, no del simple efecto. Eso es lo que ocurre, con luminosidad, bajo la mano de un William Christie que sigue siendo el gran jardinero central de estos sonidos imperecederos del amor renacentista y barroco.



Vivaldi Cantatas: Raffaele Pe y el teatro invisible de Antonio Vivaldi

Fotos: Nicola Allegri y Giodanno Mattar 

José Noé Mercado

Dentro del prolífico y a menudo exultante catálogo de Antonio Vivaldi, las cantatas de cámara ocupan un lugar casi secreto, un refugio de intimidad lírica que el sello SZ Sugar recupera en este lanzamiento discográfico de diciembre de 2025. Bajo el título Vivaldi Cantatas, el contratenor italiano Raffaele Pe y su ensamble La Lira di Orfeo trasladan al escucha a un laboratorio poético y teatral en miniatura, pues aquí el Prete Rosso se aleja del gran espectáculo operístico para explorar, con modernidad armónica y seducción vocal, los sutiles matices de la psicología humana. El programa de esta grabación, que conmemora el décimo aniversario de la fundación de La Lira di Orfeo por Pe, se centra en seis cantatas compuestas mayormente entre las décadas de 1710 y 1730. Se trata de obras concebidas para la interpretación privada en los palacios de la aristocracia veneciana y romana, y muy probablemente vinculadas a la estancia de Vivaldi en la corte de Mantua al servicio del Príncipe Felipe de Hesse-Darmstadt, gobernador de la ciudad bajo dominio austríaco. Las seis obras seleccionadas son Amor hai vinto (RV 683), Care selve (RV 671), Qual per ignoto calle (RV 677), Pianti, sospiri (RV 676), Alla caccia dell’alme e de’ cori (RV 670) y la célebre Cessate, omai cessate (RV 684). En conjunto, las cantatas funcionan como monólogos dramáticos donde el recitativo sondea las posibilidades de la declamación y el aria despliega estados psico-emocionales extremos. Raffaele Pe —galardonado con el prestigioso Premio Abbiati y considerado una estrella del repertorio barroco— pone sobre la mesa las credenciales que lo han convertido en uno de los intérpretes más refinados de la actualidad. Su aproximación a Vivaldi es admirable, sobre todo a partir de su capacidad para transitar por el recitado de manera contenida, sin aspavientos innecesarios, logrando un despliegue comunicativo que prepara el terreno para la anchura expresiva de las arias. Pe enfrenta los retos emocionales de estas piezas con una técnica que oscila entre un canto interior de gran factura y una exterioridad exultante que se refleja en sus ramos de coloratura. Resulta destacable su esfuerzo por mantener la línea de canto por senderos sutiles, incluso en los vuelos más ornamentados. Su dicción, clara y articulada en todo momento, permite al oyente no solo escuchar la música, sino adentrarse y comprender la esencia retórica de cada verso, convirtiendo cada cantata en una confesión compartida. El acompañamiento de La Lira di Orfeo —un colectivo que bajo la dirección del propio Pe combina la investigación histórica con una narrativa musical viva— es fundamental para el éxito de este registro. La dotación instrumental, que incluye el uso del archilaúd, el arpa doble, el clavecín y el órgano al lado de las cuerdas, traza una vía sonora que arropa el canto en una fusión equilibrada. La fluidez rítmica y dinámica del ensamble funciona de forma diestra para romper los atisbos de monotonía que pudiera generar el formato cíclico de las cantatas. Aunque los instrumentos acompañan, al mismo tiempo subrayan el claroscuro del alma vivaldiana con una imagen sonora que magnifica la potencialidad expresiva de la voz. Y eso resulta valioso, puesto que este álbum es un retrato de la fragilidad humana y la pasión, servido por un artista que, desde sus inicios en la catedral de Lodi hasta su consolidación en teatros como La Scala de Milán o el Theater an der Wien, ha hecho de la vibración barroca su hogar musical. Vivaldi Cantatas es una lección de estilo y una invitación a descubrir al Vivaldi íntimo, aquel que, lejos de los efectismos escénicos, puso su técnica al servicio de los afectos profundos del corazón, que desde luego también tienen su teatro invisible para ser expuestos al público.