Fotos: Cory Weaver/San Francisco Opera
Ramón Jacques
Elektra (1909), opera en un acto Música: Richard Strauss (1864-1949) Libreto en alemán de Hugo von Hofmannsthal. War Memorial Opera House, San Francisco Opera, junio 19 del 2026 Dirección musical: Eun Sun Kim Elektra: Elena Pankratova Clitemnestra Michaela Schuster Chrisótemis: Elza van den Heever Orestes: Kyle Ketelsen Egisto: William Burden Tutor de Orestes: Jongwon Han Una celadora: Alexandra Loutsion Primera doncella: Gabrielle Beteag Segunda doncella: Sadie Cheslak Tercera doncella: Laura Krumm Cuarta doncella: Mary Hoskins Quinta doncella: Caroline Corrales Viejo sirviente: Andrew Thomas Pardini Joven sirviente: Chance Jonas-O’Toole Confidente de Clitemnestra: Sofia Gotch Paje de Clitemnestra: Alexa Frankian Producción: Keith Warner / Anja Kühnhold Escenografías: Boris Kudlička Vestuarios: Kaspar Glarner Iluminación: John Bishop Diseñador de video: Bartek Macias Director del coro: John Keene Orquesta y Coro de San Francisco Opera
Con Elektra, la obra
maestra de Richard Strauss, que tuvo su estreno el 25 de enero de 1909 en el
teatro Königliches
Opernhaus (hoy conocido como Sächsische
Staatsoper) de Dresde Alemania, continuó la parte estival de la temporada 2025-2026
de la Ópera
de San Francisco, un
periodo que a lo largo de los años ha ido reduciendo paulatinamente su oferta de
títulos presentados (en esta ocasión solo se escenificaron dos óperas y una
gala operística) que demuestra las dificultades, con relación a costos, y en
ocasiones disminución de público, por el que esta atravesando el género lirico
en la actualidad. Sin embargo, en un teatro del nivel y la tradición que posee el
de San Francisco, este periodo se utiliza de manera óptima y muy cuidada en la elección de los títulos, que
le ha permitido ofrecer obras olvidades, estrenos locales, obras contemporáneas,
raras, y reposiciones como en esta ocasión. Elektra marcó la primera
colaboración entre Strauss y el libretista austriaco Hugo von Hofmannsthal
(1874-1929), una fructífera asociación que dio como resultado la creación de
títulos como: Der Rosenkavalier, Ariadne auf Naxos, Die Frau ohne Schatten
(vista aquí por ultima vez en el verano del 2023), y Arabella. Basada en
la antigua mitología griega, concretamente en la tragedia homónima de Sofocles,
Elektra le permitió a Strauss mostrar su musicalmente un alto estilo
expresionista y a la vez modernista en un drama psicológico lleno de suspenso. La
obra fue escenificada por primera en Estados Unidos el 1 de febrero de 1910 en
el teatro Manhattan Opera House de Nueva York, apenas un año después de su
estreno absoluto, solo que se ofreció en una versión en lengua francesa
realizada por el escritor francés Henry. Gauthier-Villars (1859-1931), por lo
que la primera ocasión que se escuchó en su versión original en alemán tuvo
lugar el 29 de octubre de 1831 por la Ópera de Filadelfia, y un año después se
escuchó en el Metropolitan de Nueva York.
La obra entró al repertorio de la Ópera de San Francisco hasta el 24 de octubre de
1938, desde entonces ha sido poco vista en este escenario, siendo la última
ocasión en el 2017. Una de las razones
que dificulta la reposición local de esta obra, según explicó el teatro, radica
en el tamaño de la orquesta, cuya partitura requiere de más de 100 instrumentos
en el foso, que crean las densas armonías y los atronadores ritmos que generan
tensión a lo largo de la ópera, en su compacta 1 hora y 45 minutos de
duración. La dirección del teatro teatro
contó la interesante anécdota, en la que precisamente para el estreno de esta
obra, en 1938, con la soprano Rose Pauly, en papel principal y la conducción
musical de Fritz Reiner, se tuvieron que hacer ajustes al foso del War
Memorial Opera House, creando el llamado “Torpedo Room” (o Sala de Torpedos”)
que consistió en expandir el foso un metro y medio por debajo del escenario. Para esta producción la orquesta contó con un
total de 95 músicos, y el anexo al foso se ubicaron principalmente trompetistas
(otro título en la que tuvo que utilizar ese espacio adicional en el foso fue en
el 2002 en Saint François d'Assise de Olivier Messiaen (1908-1992) con
97 musicos. Como es sabido, los teatros estadounidenses han optado por ofrecer
producciones tradicionales, apegadas al libreto de cada historia, ya que el
público que suele asistir a la ópera, que en su mayoría es conservador, es el
que mayor cantidad de dinero aporta para su financiamiento, por lo que existe
el cuidado de no ofender o molestar al público; pero desde hace varios años se han realizado muchas
coproducciones con teatros europeos, o directamente a importar montajes ideados
en Europa, y para esta reposición se utilizó la producción, estrenada aquí en
septiembre del 2017, (coproducida entre San Francisco, el Teatro Nacional de
Praga, y el teatro Badische Staatstheater Karlsruhe de Alemania) ideada por el
director ingles Keith Warner, con la colaboración en la dirección
escénica de Anja Kühnhold, y las atractivas e ingeniosas escenografías
ideadas por Boris F. Kudlička que sitúan la escena dentro de la opulenta
sala, en dos niveles, de un museo . Al
ingresar al teatro el público se encontró con escenario con telón abierto en el
que se observaba gente dentro de una bien iluminada sala de un museo en la
actualidad (el encargado de la iluminación fue John Bishop, fundamental
a lo largo de este montaje), y con guardias que vigilaban una exhibición dedicada
a la casa de Atreus y la Grecia antigua, y la historia de Elektra, con proyección
de escenas. Al iniciar la música de la ópera,
se atenuaron las luces del escenario, indicando la hora del cierre del museo, y
el desalojo de la multitud presente. De la oscuridad apareció en la sala de
museos con tenues luces, un personaje que quedó encerrada en el museo se
trataba de Elektra, con un moderno vestuario negro. Warner, concibió la
historia como un thriller, un juego psicológico en el que la
protagonista adopta la historia desde su visión, interactuando con los demás
personajes, quizás en su realidad, o en su imaginación o sus sueños. Sus
traumas del pasado se expresan con la violencia que envolvió a Agamenón y a su
familia durante la guerra de Troya. Elektra aparece como un personaje consumido
por el dolor y la obsesión de buscar justicia vengándose de su madre y de
Egisto por haber asesinado a su padre. Tanto los personajes de Klytemnestra
como el de Chrysothemis se encontraban sobre el escenario como parte de la
exhibición y cobran vida saliendo de sus respectivas vitrinas de cristal, así
como las sirvientas de la casa, que aparecen en la imaginación de Elektra para burlarse de ella. La brutal historia se
desarrolla en una especie de dualidad entre realidad y la imaginación de la protagonista. Al final queda la incógnita si la sanación es posible para los sobrevivientes traumatizados,
cuando Elektra cae en el doloroso final, quedando inmóvil quizás muerta, quizás
viva, pero con inmovilidad y estupor. Esta fue la inquietante imagen final en
una producción que parece tener en cuenta el costo que provoca la violencia. En
el personaje de Elektra hizo su debut local la soprano rusa Elena Pankratova,
que es una artista que posee la voz y el color adecuado para este repertorio, mostrando
su destreza vocal en este monólogo. Vocalmente transitó desde la tranquila intimidad
hasta las más estridentes y agudas notas, con homogeneidad y firmeza que
requiere el exigente personaje que aparece en escena prácticamente toda la
función. Por momentos su voz mostro cierta disminución de claridad y color en
su proyección (contrario al impecable desempeño que mostrará como Kundry en
Parsifal en la Houston Grand Opera a principios del 2024). Su actuación no fue especialmente sutil y por
momentos sobreactuó la furia y rabia del
personaje. Como Klytemnastra, la mezzosoprano alemana Michaela Schuster,
mostró oficio y experiencia en su papel, su canto fue intenso, brillante,
expresivo e intenso según el requerimiento del momento. Por su parte, la soprano Elza van den
Heever, quien el pasado perteneció al programa Merola Opera, Adler Fellow (el
prestigioso programa de jóvenes artistas del teatro) dio vida a una
escénicamente indecisa, frágil Chrysothemis, horrorizada con la idea de cometer
un asesinato. Vocalmente mostró una voz robusta, brillante, infundiendo a su
canto el dramatismo y la emoción necesaria, manteniendo fuerza en la proyección
para atravesar la orquestación. Una
solución al dilema de Electra se presenta cuando su hermano Orestes
(bajo-barítono Kyle Ketelsen), que se creía muerto, logra entrar
disfrazado al museo. Al lado de Pankratova, Ketelsen cantó con encantadora
simpatía durante y después de su lento reconocimiento mutuo, en lo que pareció
ser el corazón emocional de la ópera. Su canto es robusto y desenvuelto, a
pesar de que su emisión y color no lucio siempre muy pulido. El tenor William
Burden, cumplió en su papel de Egisto, como un personaje cargado de
perversidad, con voz amplia, no particularmente grata en su color. Cumplieron con sus papeles de manera adecuada
el resto de los intérpretes, la mayoría de ellos alumnos o ex alumnos del
programa Merola de jóvenes cantantes, algunos de ellos destinados a realizar
notables carreras a futuro destacando por ejemplo la Caroline Corrales y
la mezzosoprano Laura Krumm como las sirvientas, y la soprano Alexandra
Loutsion, ya con mucha experiencia escénica, como la celadora. En el foso, la maestra coreana Eun Sun Kim,
titular de la orquesta del teatro, condujo con impulso y control a la
inmensa orquesta, con claridad y consideración por las voces, pero destacando
los momentos más intensos de la orquestación extrayendo emoción y compromiso de
los instrumentistas para transmitir al modernismo y los leitmotivs atonales de
la partitura de Strauss, y su manera de incluir y amalgamar todos los
instrumentos.



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