Fotos: La Tabernera del Puerto de Juan Diego Castilloy Ensamble Barroco de Bogota Andrés Riaños para el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo
Ramón Jacques
Desde su fundación el
26 de mayo del 2010, el Teatro Julio María Santo Domingo, se ha convertido en
el escenario más importante de la capital colombiana ofreciendo anualmente una
amplia variedad de espectáculos de música (popular, clásica, antigua) así como de
danza, teatro, y por supuesto, una temporada lírica, que para la edición actual
eligió ofrecer tres funciones de La Tabernera del Puerto, zarzuela con
música del compositor Pablo Sorozábal (1897-1988), prolífico autor donostiarra
de obras sinfónicas y del género lirico, formado en Alemania, quien además realizó
una carrera de director de orquesta que lo llevo a conocer el lenguaje
sinfónico y a entender la voz humana, e infundir sus obras de un variado refinamiento
orquestal, rico en colores y matices. Si
bien La tabernera del puerto no es un título tan conocido, ni forma
parte del repertorio lirico habitual que ofrecen los teatros internacionales;
si es conocida a nivel mundial, gracias a su celebre romanza para tenor: ¡No
puede ser! (cuyo auge y regularidad para ser programada surgió
especialmente a raíz de haber sido incluida en los conciertos de los tres
tenores (Domingo, Carreras y Pavarotti). Pero más de ello, la obra está considerada una
notable composición musical, y es considerada un pináculo de la zarzuela, por
la brillantez de sus melodías orquestales y por la solidez de su partitura que entrelaza
y une de manera notable y uniforme la música, con el drama y con el desarrollo de sus personajes, con una
construcción teatral realizada con extremo cuidado. La tabernera del puerto tuvo su estreno
el 6 de mayo de 1936, y forma parte de la modalidad conocida como “genero
grande” de la zarzuela (un estilo que se acerca más al género operístico, a
diferencia del “género chico” que son obras breves, cortas y de historias
sencillas. El género grande, permitió precisamente, mayor amplitud para
desarrollar tramas con fuerza dramática, mayor teatralidad y personajes más completos,
que expresan, como sucede en esta historia, sentimientos de amor, ambición,
engaño, incluso de redención. La historia de la Tabernera transcurre en
la localidad marítima imaginaria de Cantabreda, en el norte de España, en 1936
el año mismo año de su estreno, y la localidad, aunque es imaginaria, por el
origen del compositor, que era originario de San Sebastián, Guipúzcoa y el
apellido Eguía, de uno de los personajes principales, evocan indudablemente a un
lugar en la costa del País Vasco. En el
puerto existe una taberna, propiedad del contrabandista Juan de Eguía, donde la
que la joven Marola, atiende a los
marineros que allí se reúnen o los que pasaban por el puerto. Pensando que Marola
es esposa de Eguía, que es pretendida por el joven trovador Abel, aunque ella en
realidad esta enamorada del pescador Leandro, un grupo de mujeres le reprochan
a Marola que enamora a todos los hombres del puerto, lo que ocasiona que Eguía la
golpee y la maltrate. Eguía, que es en
realidad es el padre de Marola, le ofrece la mano de su hija a Leandro, a
cambio de que introduzca cocaína en la ciudad.
Leandro acepta y acompañado de Marola, se dirigen en una embarcación
hacia una cueva a la que se puede acceder por el mar, para recoger las drogas,
pero desaparecen en el mar por una fuerte tormenta. El entristecido Eguía les cuenta a los
presentes que Marola era en realidad su hija. El viejo marinero ingles Simpson,
les da la noticia que Marola y Leandro aparecieron vivos y llegan al pueblo
detenidos por la policía. El arrepentido
contrabandista Eguía confiesa ser el culpable de lo sucedido, por lo que es
detenido, mientras que Marola y Leandro quedan en libertad. La zarzuela, como se le conoce al género lirico,
musical y escénico creado España -que contiene diálogos hablados y partes
cantadas- toma su nombre del Palacio de la Zarzuela, la mansión de la realeza
española, situada en las proximidades Madrid, y en cuyo teatro comenzaron a
realizarse las primeras representaciones del género. La zarzuela podría
entenderse, aunque en sentido quizás no tan estricto o correcto, como la opéra-comique
francesa o el singspiel alemán, por el uso de partes habladas y recitadas,
aunque la zarzuela se apega más al carácter, a la música, las fiestas, las costumbres,
la literatura, en suma, al folclor español. Los orígenes de la zarzuela datan
del siglo XVI, cuando el dramaturgo Lope de Vega escribió una obra titulada La
selva sin amor, una comedia con orquesta, a la que el autor se refirió como
“una cosa nueva en España” años más tarde, en 1629, el otro celebre dramaturgo
español Calderón de la Barca, adoptó por
primera vez el termino zarzuela, para su obra titulada El golfo de las
Sirenas. Desde entonces, comenzaron a surgir diversos compositores
españoles que compusieron zarzuelas barrocas, muchas de ellas se perdieron
durante el tiempo, y otras han sido rescatadas y escenificadas a lo largo del
tiempo. El 10 de octubre de 1856, se fundó oficialmente el Teatro de la
Zarzuela en Madrid, y en 1873 el Teatro Apolo donde se representaban, y a la
fecha se hace, solo obras pertenecientes a este estilo musical. La
zarzuela compartió su época de mas gloria con la ópera, el teatro de prosa y en
verso en el siglo XIX y posteriormente con el cinematográfico en el XX. Gracias a las giras que realizaban compañías
españolas, el genero se dio a conocer y se difundió especialmente en
Hispanoamérica. Actualmente, los teatros
importantes de España incluyen con regularidad títulos de zarzuela en sus
temporadas, y las ocasiones que teatros fuera de España han programado
zarzuela, generalmente han sido bien recibidas y aceptadas. Sin embargo, los
teatros importantes de Hispanoamérica, no la programan con la frecuencia que se
debería. Es por ello importante la labor
del Teatro Mayor de Bogotá, por incluir zarzuelas en su temporada y mantener
vivo el género. Cabe mencionar que, como
parte de la presente temporada, en el mes de febrero de este año, se realizó el
montaje de El Vizconde, zarzuela cómica de Francisco Asenjo Barbieri
(1823-1894) en una coproducción entre el Teatro Mayor, el Teatro de la
Zarzuela, la Fundación Juan March (que busca fomentar la cultura y música en
España) y el Teatro Metropolitano de Medellín.
El montaje con el que se ofreció
La tabernera del puerto en Bogotá fue traído del Teatro de la Zarzuela
de Madrid, que a lo largo del tiempo ha ido incorporando a destacados
directores de escena y escenógrafos. Las
escenografías fueron ideadas por el director italiano Ezio Frigerio, y
los coloridos, y elegantes vestuarios de
la Franca Squarciapino, con iluminación de Vinicio Cheli. La dirección escénica fue del celebre actor y
director de escena catalán Mario Gas, conocido por su trayectoria
dirigiendo obras de teatro y lirica. Un conocedor de la zarzuela, que supo
explotar los momentos dramáticos de la partitura, y resaltar con gracia y
naturalidad la verve cómica, que le permite el libreto, con precisión
gestualidad, movimientos y coreografías, haciendo resaltar la parte humana y
los sentimientos que muestran los personajes y resaltando problemas que planteó
en su tiempo Sorozábal, y que resultan ser temas de actualidad como la
violencia, el maltrato a las mujeres, el narcotráfico. La escena nos traslada
dentro de una oscura y lúgubre taberna, el fondo del escenario fue representado
con enorme muro de piedra, un elemento fijo, que cuando se retiraban las sillas
y mesas de la taberna, lucían como calles oscuras y un muelle. La iluminación en tonos oscuros sirvió
acompañó los momentos de dramatismo con tonalidades azul oscuro, y brillantes y
radiantes blancos durante las partes mas alegres y emotivas. No podría faltar la
pareja cómica, con sus partes habladas y la comicidad que les aportaron a los
personajes de Chincorro y Antigua, recreados por el actor español Pep Molina
y la mezzosoprano Amelia Font,
conocida por amplia experiencia en la lírica.
El mejor momento de la producción de Frigerio, fue la escena de la
embarcación atravesando una intensa tormenta y hundiéndose, que se realizó
detrás de una tenía cortina blanca, con atractivas proyecciones e iluminación
que representaban la tupida lluvia, los rayos y truenos y el agua del mar. El elenco de cantantes, con amplia
experiencia y la zarzuela y en obras operísticas fue encabezado por la joven y delicada
Marola, que interpretó la soprano andaluza Leonor Bonilla, de voz
brillante, nítida y muy musical, especialmente segura en los penetrantes agudos.
El barítono César San Martín, dio vida al malévolo Juan de Eguía con
lirismo y fuerza dramática en su canto, como también el respiro cómico que le
da su divertida romanza “La mujer de los quince a los veinte” El tenor Antonio
Gandía, tuvo un buen desempeño como Leandro,
alguna vez un tenor ligero, su voz ha adquirido cuerpo y fuerza, y aunque su
canto no es precisamente refinado logró muchos aplausos y entusiasmo de parte
del publico después de su apasionado “No puede ser”. Experiencia, buenos recursos musicales con su
voz profunda y robusta, el versátil bajo Rubén Amoretti hizo resaltar al
personaje del Simpson el viejo lobo de mar inglés. Agradó por su candor y radiante
canto y su naturalidad escénica la soprano María Paula Pataquiva. Buen
trabajo realizó el resto de los cantantes en sus respectivos personajes que
complementan el extenso elenco; como gracia, participación escénica y
conjunción mostro el Coro Filarmónico Juvenil.
En el foso estuvo el maestro español, Miquel Ortega, quien ha
dedicado gran parte de su carrera a conducir y difundir la zarzuela, quien
extrajo una lectura muy vivaz y alegre de la partitura, al frente de los
músicos de la Orquesta Filarmónica Juvenil de Colombia. La partitura ofrece muchos pasajes
musicalmente emocionantes, alegres y dramáticos, y Ortega supo encontrar la variedad de timbres y colores necesarios para hacer de la parte orquestal una
de las fortalezas de esta obra. Un día previo
a la función de la tabernera del puerto, el Teatro Mayor, ofreció en la
intimidad del Teatro Estudio, una pequeña sala utilizada para conciertos de música
de cámara y antigua, el concierto titulado “El barroco tardío: reino compartido”
a cargo del Ensamble Barroco de Bogotá que ejecutó, en un formato pequeño de violín
y clavecín, composiciones de compositores pertenecientes al barroco francés,
aderezados de obras de los más destacadas compositores del repertorio de música
antigua como Handel y J.S.B. de los cuales se escucharon: la Sonata para violín
y bajo continuo en la menor, del primero, y la Sonata para violín y bajo
continuo en mi menor del segundo. Se
pudieron escuchar piezas poco conocidas como La Du Duq y el Rondeau Suite 1,
primer libro del Jacques Duphy, compositor
francés del siglo XVII, dedicado al estudio y la ejecución del clavecín. Se escucho también el tercer preludio de otro notable
compositor de su tiempo François Couperin, conocido como el Couperin le Grand
por su contribución a la composición del clavecín y su virtuosismo con ese
instrumento, así como el concierto 7 en sol menor perteneciente a Les Goûts
réunis que forma parte de la creación de diez suites compuestas por este
compositor en 1724, para finalizar con la Sonata académica en re menor Op 12 no
12 de Francesco María Veracini, florentino, otro compositor italiano poco
conocido, pero que dejo un amplio legado de sonatas para violín. En un formato a
pequeña escala el Ensamble Barroco de Bogotá contó con la presencia de su
director, el maestro francés Julien Faure, quien, al clavecín, mostró habilidad
y expresividad de su instrumento del que supo sacarle las mejores notas,
cincelando una ejecución, plena de colorido, dramatismo y timbres que se
adaptan a los diferentes estilos compositivos, que surgieron en diferentes países
europeos en el siglo XVIII, que muestran su carácter, su sonido particular,
lleno de variedad, colores y matices. Faure
interpretó sus piensas en solitario con sentimiento y emoción, y fue acompañado
por el vigoroso virtuosismo que emanó del instrumento, el violín, del maestro
Santiago Medina. Ambos lograron conjunción y cohesión, pero más que nada conjunción,
homogeneidad e instrumento para transmitir al público presente que abarroto todas
las butacas del teatro estudio. Había
tenido ya la fortuna de escuchar el año pasado el Ensamble Barroco de Bogotá en
un concierto en el que acompañando el contratenor alemán Andreas Scholl. En mi opinión,
el grupo ha adquirido la experiencia necesaria para participar en una puesta operística
del repertorio barroco.




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