Thursday, October 1, 2026

Mary, Queen of Scots en San Francisco

Fotos: Matthew Washburn/San Francisco Opera

Ramón Jacques

Mary, Queen of Scots (1979) ópera en tres actos con música y libreto en ingles de Thea Musgrave (1928) basada en la obra Moray de la escritora peruana Amalia Elguera. Director de orquesta: Clelia Cafiero Director de escena y de escenografías: Stewart Laining Coreógrafo: Colm Seery Iluminación: D.M Wood y Mimi Jordan Sherin Director del coro: John Keene Elenco Cardenal Beaton: David Soar James Stewart, Conde de Moray: Thomas Mole Conde de Morton: Olivier Zerouali Conde de Ruthven: Chance Jonas O’Toole Mary, Reina de Escocia: Heidi Stober James Hepburn, Conde de Bothwell: Thomas Kinch Mary Seton: Sadie Cheslak Mary Linvigston: Mary Hoskins Mary Fleming: Alexa Frankian Lord Gordon: Philipe Skinner Henry, Lord Darnley: Christopher Sokolowski David Riccio: Hadleigh Adams Lords: Wiliam Lee Bryan y Michael Jankosky Miembro de la multitud: Sally Mouzon Coro y Orquesta San Francisco Opera War Memorial Opera House, San Francisco California EUA, septiembre 24 de 2026

Con dos semanas de retraso, y la cancelación de cuatro funciones y un concierto, por la huelga ocasionada por una disputa salarial entre el teatro y la orquesta, comenzó la temporada de la Ópera de San Francisco. Afortunadamente ambas partes encontraron una solución satisfactoria y la temporada ya transcurre con normalidad. No es un tema menor hablar de las dificultades económicas por las que atraviesa la lírica en Norteamérica,  donde teatros como San Francisco (la segunda compañía lírica en importancia por nivel y presupuesto en Estados Unidos, después del Metropolitan) han ido reduciendo paulatinamente la cantidad de títulos ofrecidos cada temporada (a cuatro títulos en el periodo de septiembre- noviembre y dos títulos en el periodo de verano, más algunos conciertos) pero es importante mencionar la importancia de que el teatro mantenga una buena relación con sus grupos estables, que finalmente, son sus principales activos y fortalezas. Por ello, la segunda función de Mary, Queen of Scots, a la que asistí, fue realmente el estreno del título esta temporada. La obra de la compositora escocesa Thea Musgrave (1928), que le fue comisionada por la Ópera de Escocia, y tuvo su estreno en el del Festival de Edimburgo el 6 de septiembre de 1977, ya había sido escenificada en esta ciudad, aunque no en el War Memorial, sede de la compañía, si no en el teatro Curran, el 12 de abril de 1979, con una producción de la Spring Opera Theater, compañía vinculada a la Ópera de San Francisco. Aquella función fue conducida musicalmente por la propia Thea Musgrave, quien se convirtió en la primera directoral musical invitada, así como la primera mujer cuya composición  fue escenificado por primera vez en la historia de la compañía.  Mary, Queen of Scots, es la quinta de las 11 óperas que la compositora de 98 años ha compuesto hasta el día de hoy. Su trama explora la lucha por la supervivencia política de una de las reinas más icónicas de la historia, en medio de la osadía de tres hombres de su entorno por usurparle su poder.  Tanto el dramaturgo Friedrich Schiller, como el compositor belcantista Gaetano Donizetti y diversos novelistas y cineastas del siglo XX han creado historias alrededor de la ejecución de Mary por orden de su prima Isabel I. Sin embargo, Musgrave, optó por enfocarse en el polémico reinado de la joven Mary en Escocia y su constante lucha por mantener su trono mientras tres hombres —su medio hermano James conde de Moray, el enigmático conde de Bothwell; y su encantador, pero débil futuro esposo, Lord Darnley. —intentaban manipularla para apropiarse de su poder. En su  libreto, Musgrave mezcla escenas que incluyen disturbios públicos e intrigas en la corte, con la tranquila normalidad en la que transcurre la maternidad de Mary, quien le canta una canción de cuna a su bebé (“Sleep, little child”) quien a la postre se convertiría en James I rey de Escocia e Inglaterra. Poco a poco, se va revelando el hambre de poder de cada hombre y la manera calculadora de cada uno de ellos por obtenerlo, pero la protagonista logra adelantarse a cada una de esas traiciones, incluso enfrentándose a la violencia y a una violación, en una imagen escénicamente cruda sobre  la escena. Al final de la ópera, Mary, carente de seguidores y de opciones, huye de Escocia a Inglaterra, abdicando el trono, dejando atrás a su hijo, James I. Décadas después, Mary fue ejecutada por orden de Isabel I. Escénicamente, la obra fue presentada con el montaje escénico traído de la English National Opera de Londres, creado en el 2025 para el estreno londinense del título, y que fue ideado y dirigido escénicamente por Stewart Laining, quien situó la intriga en el presente, con escenas de la vida escocesa contemporánea y su violencia sectaria. La iluminación de D.M Wood y Mimi Jordan Sherin, mostró un juego de claroscuros que le dieron un toque lúgubre a la escena, pero el montaje de Laining, quien describió la obra como una interpretación semi escenificada, con un montaje minimalista, austero, no logró crear una conexión convincente o realista con la historia. Su montaje consistió en una estructura grande sobre el escenario, que un techo de lona, o una tienda de campaña que cubría de lado a lado un  escenario vacío, además de una reja o cerca de metal a lo largo del proscenio, que separaba la acción que se desarrollaba bajo el techo de campaña, acciones turbulentas, violentas, de insurrecciones, motines, con una enorme cantidad de personajes que se desplazaban, entre coristas, comprimarios, y actores, con armas y ametralladoras,  mientras que del lado mas cercano al foso, se colocaba en ciertas escenas el personaje de Mary, como reflexionando en un espacio de intimidad. Tal cantidad de personajes en escena dificultaba distinguir entre  el coro y esos personajes quienes eran el pueblo de Escocia, el ejercito o un grupo de nobles. Tampoco contribuyeron los vestuarios de los personajes quienes iban ataviados con abrigos, chamarras, suéteres y gorros de invierno modernos, más como si se tratara de un grupo de exploradores o de esquiadores. Tampoco los vestuarios del personaje de Mary hacían imaginar al espectador que se tratara de un personaje de la realeza. En suma, el montaje distó de la calidad con que se suelen escenificar obras sobre este escenario. Sin embargo, musicalmente la partitura de Musgrave agradó por ser intensa, incisiva, potente, y vivida; y a pesar de sus complejidades, logró adherir e impulsar los turbulentos acontecimientos que describe la historia, con urgencia dramática y un lirismo ascendente, con modernas tonalidades que contienen energía y comunicación musical. En su debut local, la directora italiana Clelia Cafiero realizó una buena lectura, con control de las exigencias rítmicas, y resaltando los colores y el brío de la música, haciendo que cada instrumento se escuchara, individualmente y en conjunto, con luminosidad.  La soprano estadounidense Heidi Stober fue indudablemente el centro de la producción. Su voz ha adquirido cuerpo  y la solidez necesaria para sacar adelante el extenuante papel, que cantó en las funciones de Londres, exhibiendo penetrantes agudos, y una aguda capacidad dramática y actoral. Uno de sus mejores momentos fue la interpretación de su emocional  aria “Alone, alone, I stand alone” que cantó  con notable vulnerabilidad.  El resto del extenso elenco tuvo un buen desempeño, que complementó buen resultado vocal y musical que dio la velada, como el barítono ingles Thomas Mole, que se vio amenazador  y malintencionado como James (medio hermano de Mary) aportando claridad idiomática, elegante fraseo y buena dicción, así como el Conde de Bothwell, que fue cantado con brío y carácter por el tenor gales Thomas Kinch. El incipiente heldentenor Christopher Sokolowski escénicamente caracterizó a un débil, endeble y alcohólico Lord Henry Darnley, como indica el papel, con una voz amplia, robusta y de grato color.  Otros cantantes dignos de mencionar  son el legendario bajo-barítono Philip Skinner, con una larga carrera asociado a este teatro desde 1986, quien aportó nobleza, mesura y una voz segura a Lord Gordon, el bajo inglés David Soar como el Cardenal Beaton, la mezzosoprano Sadie Cheslak en el papel de Mary Seton, la soprano Sofia Gotch como Mary Beaton, la soprano Mary Hoskins como Mary Livingston, y la soprano Alexa Frankian como Mary Fleming, estas últimas cuatro cantantes pertenecientes al programa Adler Fellow, de destacados interpretes jóvenes del teatro.  El coro tuvo un papel relevante, en sus intervenciones, mostrándose como una agrupación homogénea y sólida, bajo la conducción de John Keene, su director titular.  Muchos aplausos para los solistas, y la solidaridad del público presente con los miembros de la orquesta.  Cabe mencionar que la obra no había sido escenificada en algún teatro estadounidense desde 1981, cuando fue ofrecida por la New York City Opera, y estas funciones en San Francisco, son un homenaje a la compositora, quien no estuvo presente por su avanzada edad, pero para la que se están preparando diversos conciertos y reposición de sus óperas en su centenario.




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