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Wednesday, August 24, 2011

Turn of the Screw de Britten en México: Sin ambigüedades

Foto: Cortesía Difusión Cultural UNAM

José Noé Mercado

Se limita quien piensa sólo en una historia de fantasmas al referirse a The Turn of the screw (Otra vuelta de tuerca), la novela corta de Henry James publicada en 1898, en la que Benjamin Britten y su libretista Myfanwy Piper se basaron para la ópera homónima que habrían de estrenar en 1954. Lo que distingue a este relato de la avasallante producción gótica europea y norteamericana del siglo 19 es la prosa elegante y limpia de ese James aún exento del barroquismo que acusan sus obras finales, un agudo entramado sicológico que condiciona magistralmente la personalidad de sus personajes y, sobre todo, la puesta en escena de sus teorías sobre el uso de la perspectiva y el punto de vista en una narración para conocer la veracidad, mentira o ambigüedad de los hechos que forman una historia.

Es a partir de esa esencia que The turn of the screw y sus adaptaciones: la operística de Britten y los numerosos filmes, entre los que destacan The innocents de Jack Clayton de 1961 protagonizado por Deborah Kerr, el de Rusty Lemorande de 1991 y el de Tim Fywell de 2009 para la BBC de Londres, admiten interpretaciones como una trama sobrenatural de fantasmas, un perverso episodio de abuso, represión sexual y pedofilia, una historia de mentiras, demencia y horror sicológico o, sorprendentemente, como nada de lo anterior.

Y es que justamente los detalles que el espectador va conociendo a lo largo de la obra hacen que la certeza que ya tiene respecto de lo ocurrido mute, dé múltiples giros de tuerca dependiendo de las perspectivas que se van explorando y embonando y al final no se tenga sino impresiones, dudas y ambigüedades que modelan la riqueza de contenido de esta obra. Riqueza que los pasados 13 y 14 de agosto, en la sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario, en el estreno en México de The turn of the screw, la ópera en un prólogo y dos actos de Benjamin Britten, no se extrajo del todo.

Para tal suceso, se contó con la batuta de Jan Latham-Koenig al frente del Ensamble Filarmonía, con gran sentido del ritmo dramático, la musicalidad y las texturas exploradas en las variaciones desprendidas del tema principal. En el rubro canoro, sobresalieron el tenor Samuel Boden como el Prólogo y Peter Quint, con una voz bien colocada, segura, clara y expresiva; y la soprano de 17 años de edad Erin Hughes, quien interpretó con bello lirismo e ingenuidad vocal a Flora. En segundo plano, la también soprano Fflur Wyn, quien encarnó a la Institutriz, mostró una emisión con musicalidad, pero delgada, de volumen de cámara más que teatral y de una fragilidad creciente. El niño soprano Leopold Benedict de 14 años de edad si bien mostró conocimiento de la obra y siempre mantuvo la afinación, dejó la impresión de que el rol de Miles no le resultó cómodo, ante un no muy lejano cambio de voz. La mezzosoprano Encarnación Vázquez y la soprano Lourdes Ambriz fueron las cantantes mexicanas que completaron el elenco como la Señora Grose y la Señorita Jessel.

Pero la buena imagen sonora que dejó Latham-Koenig contrastó con la puesta en escena de Michael McCaffery y la iluminación de Víctor Zapatero, ya que se optó por una sugerencia escenográfica lúgubre y opresiva, sin la dinámica de colores, de noche y día, tan importantes en James como en el propio Britten, para impactar en el ánimo y actuar de los personajes. El montaje también ignoró lo que James llamaba “síndrome del terror a la luz del sol”, justo esa realidad sicológicamente fantasmal que surge de la fusión de lo inimaginablemente terrible y lo completamente ordinario.  A juzgar por la escena y el trazo de los personajes, la tuerca no giró. Se trató de hechos obvios, de una lectura simplista, sin ambigüedades ni riqueza interpretativa o, para referirse de algún modo a fantasmas en camisón y con ojeras, de una concepción gasparinesca, lejos de esa idea del escritor Peter Straub que dice que las historias de horror funcionan mejor “cuando son ambiguas, discretas, contenidas”.

Saturday, August 13, 2011

Estreno de "A Turn of the Screw" ópera del terror en México, Musica UNAM

Foto: Jan Latham Koening

Notimex

“Otra vuelta de tuerca” (A turn of the screw) de Benjamin Britten (1913-1976) es considerada la mejor de su repertorio operístico, así como por el suspenso y tensión dramática; se presentará el 13 y 14 de agosto en la Sala Miguel Covarrubias, del Centro Cultural Universitario de México D.F. El suspenso, la tensión y dinámica de un clásico de la literatura universal, que protagonizarán cantantes del Reino Unido y de México, se plasmarán en el estreno de la ópera “Otra vuelta de tuerca”, del autor inglés Benjamín Britten, el 13 y 14 de agosto en la Sala Miguel Covarrubias, del Centro Cultural Universitario. En conferencia de prensa, el director general de Música de la UNAM, Gustavo Rivero Weber, señaló que en esta obra magnífica participará Jan Latham-Koenig como director concertador, al frente del Ensamble Filarmonía, y las cantantes mexicanas Encarnación Vázquez y Lourdes Ambriz. Así como por los intérpretes británicos Fflur Wyn, Samuel Boden, Erin Hughes y Leopold Benedict, bajo la dirección escénica de Michael McCaffery e iluminación de Víctor Zapatero. “Quiero decir que aquí se dio una muy buena colaboración con Jan Latham-Koenig, quien es un gran músico y una gente que sabe de esta puesta en escena y luego de haber dirigido la Orquesta Filarmónica de la UNAM, hablamos sobre este proyecto y me dijo que tenía las voces perfectas, por lo que será una ópera de primer mundo e histórico”, aseguró Rivero Weber. Por su parte, Latham-Koenig, destacó la obra de Benjamín Britten dentro del mundo operístico, así como el haber creado la ópera “Otra vuelta de tuerca”, con 13 músicos y seis cantantes.








Sunday, July 10, 2011

A Turn of the Screw de Britten estreno en México - Musica UNAM




Sobre Otra vuelta de tuerca de Benjamin Britten:

Benjamin Britten musicalizó Muerte en Venecia de Thomas Mann y convirtió otras joyas literarias en magistrales óperas del siglo XX como Otra vuelta de tuerca, a partir del clásico de Henry James. Se trata sobre una auténtica ópera de terror donde impera el suspenso, la tensión y dinámica de un clásico de la literatura universal. La Dirección General de Música ha organizado la puesta en escena de una auténtica ópera de terror: Otra vuelta de tuerca del reconocido compositor británico Benjamin Britten. El libreto, de Myfanwy Piper, está basado en la novela corta de Henry James. Participarán Jan Latham-Koenig como director concertador al frente del Ensamble Filarmonía y Michael McCaffery como director de escena. En esta oportunidad, el elenco estará conformado por los cantantes británicos Fflur Wyn, Samuel Boden, Erin Hughes y Leopold Benedict, así como por las mexicanas Encarnación Vázquez y Lourdes Ambriz. Las presentaciones serán el sábado 13 y el domingo 14 de agosto a las 17:00 horas en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario (Insurgentes Sur 3000, C.U.).

Wednesday, December 1, 2010

Thais de Massenet y recuento de la temporada lírica 2010 en Chile

Foto: Elizabeth Futral (Thais), fotos puesta de Thais- Crédito: Marcela Poch
Thais - Un valioso regreso tras 66 años de ausencia
Joel Poblete Morales
No sólo el fuerte y devastador terremoto que a fines de febrero azotó varias regiones de Chile hizo que este 2010 fuera un año particularmente agitado e intenso en el país sudamericano; la temporada de música docta y ópera se mostró variada y atractiva, confirmando que esta plaza se ha convertido en una de las más cotizadas en el ámbito cultural latinoamericano. Su principal baluarte continúa siendo el Teatro Municipal de Santiago, en plena capital, que en las últimas tres décadas ha llegado a ser considerado por muchos expertos internacionales como el escenario más estimulante de la región en lo que se refiere a montajes de ópera, incluso rivalizando con el legendario Colón de Buenos Aires. Pero próximo a cumplir 153 años, el coliseo chileno debió mantenerse cerrado durante cinco meses mientras era sometido a necesarias reparaciones tras los efectos que causó en su estructura el fuerte movimiento sísmico. A pesar de esto, las autoridades del teatro decidieron realizar la temporada originalmente planificada en distintos escenarios, y fue así como salvo algunos programas que debieron ser postergados, los espectáculos se trasladaron a otros recintos, y en el caso particular de la ópera, la programación se desarrolló en el recién inaugurado Teatro Escuela de Carabineros, mucho más reducido en espacio (butacas para 650 personas, mientras en el Municipal caben 1.500 espectadores), pero cómodo y moderno, y con excelente visibilidad para todo el público.

Así, en una producción del régisseur Fabio Sparvoli y el diseñador Giorgio Ricchelli que debió adaptarse al nuevo teatro, en mayo regresó el popular díptico integrado por Cavalleria Rusticana e I Pagliacci, con un elenco donde figuraban Alfred Kim y Verónica Villarroel, y Badri Maisuradze junto a Kelly Kaduce, en ambos títulos con el barítono ruso Roman Burdenko, encarnando a Alfio y Tonio, respectivamente; en junio, tras 14 años de ausencia, volvió Elektra de Strauss, que en un efectivo y austero montaje del veterano Michael Hampe, se presentó semi escenificada, con la orquesta al fondo del escenario mientras cantantes como Jeanne-Michèle Charbonnet, Ann-Marie Backlund y Susanne Resmark desarrollaban un intenso y volcánico despliegue dramático y vocal.

Y en julio, fue el turno del título lírico más esperado y significativo del año: el estreno en Chile de Alcina de Handel, la primera ópera barroca que el Municipal programaba en su temporada oficial en toda su historia (más vale tarde que nunca…); la puesta en escena de Marcelo Lombardero, con elementos evidentemente contemporáneos y el abundante uso de modernos recursos audiovisuales, tuvo admiradores y detractores por igual, pero nadie pudo quedar indiferente al excelente conjunto de cantantes convocados (con especial mención a las sopranos Birgitte Christensen, Heidi Stober y Judith Gautier, y la mezzosoprano Maite Beaumont encarnando a Ruggero, el mismo rol que canta en la grabación dirigida por Alain Curtis y protagonizada por Joyce DiDonato), ni menos a la sobresaliente labor del reconocido director Federico Maria Sardelli al frente de la Filarmónica de Santiago, sonando deliciosa y sorprendentemente cómoda en este repertorio que no suele abordar a menudo. En agosto, tras la gala de reapertura del teatro a comienzos de ese mes, la ópera volvió al fin al Teatro Municipal con el Macbeth de Verdi en una nueva y comentada puesta en escena del prestigioso Hugo de Ana, con una sorprendente mezcla de estéticas y el uso de una enorme pantalla LED donde se proyectaban fantasmagóricas imágenes; y en septiembre, siempre siguiendo con Verdi, fue el turno del célebre Rigoletto, en otro montaje que no convenció a todos por igual, a cargo del francés Jean-Louis Pichon, y con Andrzej Dobber, Ekaterina Lekhina y el tenor Russell Thomas como protagonistas, con una espléndida dirección musical del ucraniano Andriy Yurkevych.

Tras el ovacionado recital con el que el cotizado Juan Diego Flórez debutó al fin en Chile y las exitosas y concurridas presentaciones de Philip Glass, a fines de octubre el Municipal de Santiago ofreció el último título de la temporada lírica 2010, Thaïs de Jules Massenet, que no se presentaba en Chile desde 1944. Estrenada en 1894, esta pieza ha permanecido injustamente en segundo plano durante décadas, y si bien no alcanza las cumbres musicales y dramáticas de las dos obras maestras de su autor, Manon y Werther, de todos modos posee suficientes méritos como para merecer mejor suerte; afortunadamente, gracias a nuevos registros en disco y DVD y particularmente a la elogiada interpretación de la soprano Renée Fleming, en los últimos años este trabajo se está representando más frecuentemente en teatros de prestigio como el MET de Nueva York, confirmando que merece mucho más que estar relegada a ser recordada exclusivamente por el bello y delicado intermezzo “Meditación”, una de las más célebres partituras para violín solista de la historia. Indudablemente uno de los principales problemas que presenta montar esta ópera hoy en día es la credibilidad de su puesta en escena, ya que la trama en torno a una sensual cortesana que pasa a convertirse en una santa gracias a los esfuerzos redentores de un joven monje que a la vez de a poco termina enamorándose de ella, podría convertirse en algo muy naif e incluso ridículo. Afortunadamente, la producción del Municipal estuvo en manos del siempre talentoso diseñador Pablo Núñez, quien obtuvo una vez más merecidos elogios por su hermoso vestuario, además de confirmar su especial afinidad y sensibilidad hacia la ópera francesa, elaborando una escenografía efectiva y coherente en su simpleza y minimalismo (apoyado por la acertada iluminación de Ricardo Castro), y otorgando especial humanidad a la teatralidad de sus protagonistas, al esquivar con éxito los clichés y conmoviendo con su apasionada historia de amor imposible.

El otro escollo para presentar Thaïs es encontrar una soprano que le haga justicia vocal y dramáticamente al rol protagónico, y es por eso que en el éxito obtenido por el montaje fue fundamental la labor de la estupenda cantante estadounidense Elizabeth Futral, de regreso en Chile cinco años después de su aplaudida Lucia de Lammermoor. Aunque puede que en tan breve período de tiempo su voz haya perdido algo de frescura, la artista realizó un espléndido trabajo por partida doble: sorteó todas las dificultades musicales de un personaje exigente gracias a su registro sólido, timbre atractivo, adecuados agudos y una inspirada manera de decir las frases, y fue también una actriz convincente y emotiva, que además de verse hermosa en escena logró hacer creíble el paso de seductora a redimida, particularmente en su magnífico segundo acto, lleno de momentos memorables, como la famosa aria del espejo o el proceso interno que vive mientras la orquesta y el violín interpretan la “Meditación”.

Una lástima que al lado de la Futral, interpretando al coprotagonista, Athanaël, el barítono Christopher Robertson no pudiera estar a la misma altura: en lo escénico, su monje era monótono y severo y se veía demasiado maduro, y en lo vocal nunca se lo notó cómodo, con su timbre demasiado oscuro para el rol, y por si fuera poco aquejado por una alergia que lo hacía toser a menudo. Una pena, porque desde que debutó en el Municipal en 1990 este cantante ha ofrecido buenas actuaciones en óperas tan diversas como Los pescadores de perlas, Peter Grimes y Tristán e Isolda; hay que decir a su favor que hizo lo que pudo para cantar bien durante al menos dos funciones, pero ya en la tercera debió ser reemplazado por su colega que interpretaba el rol en el segundo reparto, el del llamado “Elenco Estelar”: tras sus promisorias actuaciones en Los pescadores de perlas el año pasado y este 2010 como Silvio en I pagliacci, el joven y ascendente barítono brasileño Leonardo Neiva no sólo confirmó que ya es uno de los mejores intérpretes latinoamericanos de su cuerda, sino además conformó una atractiva pareja con la Futral, con lo que el montaje ganó en emoción y pasión las últimas dos funciones, como siempre debió ser. Aunque no logró superar el excelente desempeño de su colega, en el segundo elenco la soprano danesa Kristine Becker Lund dejó una grata impresión con su material vocal y buena presencia escénica. En el rol de Nicias, muy acertados en sus breves intervenciones estuvieron los tenores chilenos Gonzalo Tomckowiack y Patricio Saxton, y de ambos elencos también se puede destacar a Ricardo Seguel como Palémon en el elenco Internacional, y a Gloria Rojas como Albine en el Estelar.

La partitura alterna el lirismo, la delicadeza, la introspección y la ternura, incorporando deliciosos apuntes de exotismo y como siempre demostrando la habilidad de Massenet para sugerir atmósferas a través de la música; todos estos rasgos fueron resaltados adecuadamente por los maestros Jan Latham-Koenig y José Luis Domínguez al frente de la Filarmónica en el elenco Internacional y el Estelar, respectivamente, y no se puede dejar de mencionar el sólido trabajo del concertino Hugo Arias en la “Meditación”. Sólo hubo que lamentar que tratándose de una obra que no se representaba en Chile desde hace 66 años, se haya decidido aplicar diversos e innecesarios cortes, incluyendo atractivos números como el trío femenino del segundo acto y hasta una escena completa, la segunda del tercer acto; en particular esta última alteración se hizo sentir, ya que ese cuadro ayuda a hacer más aceptable y creíble la transición emocional de Athanaël, sintiéndose así menos brusco su cambio en el desenlace. No se entiende qué puede haber justificado estos cambios, ya que además de su prolongada ausencia, esta ópera no es más larga de lo habitual.

Sea como sea, el regreso de Thaïs se convirtió en una de las mejores producciones de la temporada local y fue positivamente recibido por la crítica y el público. Fuera del Teatro Municipal, que ya anunció su atractiva temporada 2011, los últimos meses del año han seguido particularmente activos en el ámbito musical: un divertido y sólido Don Pasquale de Donizetti con cantantes chilenos y estética inspirada por el cómic; la inauguración del Teatro del Lago en la hermosa localidad sureña de Frutillar, que además anunció la próxima presentación de una ópera, lo que lo convertirá en el teatro con producciones líricas más austral del mundo; las inolvidables actuaciones de la Orquesta y el Coro del Teatro San Carlo de Nápoles en una gira exclusivamente consagrada a Chile, y el debut local del legendario Itzhak Perlman, en el concierto de música de películas de la Filarmónica de la Ciudad de Praga.

Monday, October 5, 2009

Turandot en Santiago de Chile

Foto: Susan Neves (soprano- Turandot)
Crédito: Juan Millán – Teatro Municipal de Santiago

Johnny Teperman

Con una brillante gala, en que solistas, coro y músicos cumplieron una lucida presentación, culminó la puesta en escena en el Teatro Municipal del quinto título de la temporada lírica 2009, la obra 'Turandot', la última y gran ópera de Giacomo Puccini, con personajes de cuento, llevados a la realidad con una música completamente evocadora y con una impactante producción. Hubo unanimidad entre críticos, operáticos y aficionados chilenos, en señalar que esta producción de los grandes creadores argentinos actuales, Roberto Oswald (encargado de regie, escenografía e iluminación) y Roberto Lápiz (vestuario, la misma que se presentó en el año 2006 en el gimnasio Luna Park de Buenos Aires, y en el 2007 en el Auditorio Nacional de México) fue excelente y espectacular y lo mismo puede señalarse de lo principal, la parte musical, en que hubo muchos puntos destacados y destacables, aunque la verdad es que la homogeneidad de belleza y pulcritud del canto, sólo se consiguió en la última parte de esta serie de presentaciones. Puntos altos, eso sí, fueron las actuaciones del Coro Profesional del Teatro Municipal, una vez más dirigido por Jorge Klastornick y la Orquesta Filarmónica de Santiago, conducida, en las dos primeras representaciones por su titular, el británico Jan Latham-Koenig y en las restantes, por el maestro chileno José Luis Domínguez. Del coro, puede agregarse que tuvo en esta exigente partitura de la bella ópera de Puccini, una excelente oportunidad de lucimiento, que aprovechó plenamente en todas las funciones.'Turandot' es una ópera en tres actos con música de Puccini y libreto de Giuseppe Adami y Renato Simoni. La ópera, inconclusa por la muerte del compositor, fue completada por Franco Alfano y estrenada el 25 de abril de 1926 en La Scala de Milán. Ambientada en la China milenaria, la obra narra la historia de la cruel princesa Turandot que, en venganza a una antepasada mancillada, decapita a sus pretendientes si no le responden tres adivinanzas. Un príncipe ignoto (Calaf) se postula respondiéndole los tres enigmas y desafiándola a que sea ella la que averigüe su nombre. Turandot comanda a que nadie duerma en Pekín hasta que se sepa el nombre del atrevido pretendiente. Yendo a los cantantes, destaquemos también en el elenco internacional, tanto en lo musical como en lo teatral, al trío que interpretó a los severos pero divertidos ministros Ping, Pang y Pong, muy bien encarnados por Patrico Sabaté, Pedro Espinoza y Gonzalo Araya y en la versión estelar, por Juan Pablo Dupré, Pablo Ortiz e Iván Rodríguez. En cuanto a los solistas principales, se vieron algo débiles en sus primeras actuaciones, pero luego se superaron. La estadounidense Susan Neves, soprano reconocida por su vibrante voz, abusó en un comienzo de los agudos y sobreagudos y no lució en los tonos graves, pero poco a poco dio en los tonos adecuados con su fluido cantar. La rusa Irina Rindzuner, del segundo elenco, mostró una voz estable y bella con mucha seguridad en el pasaje de 'In Questa regia' Lució tanto en los agudos como en los graves y centros, sin dificultad ninguna. La incógnita del Príncipe Calaf, que encarnó el tenor italiano Piero Giuliacci (que nunca en Chile ha agradado en gran medida, especialmente en su Radamés de 'Aida' del año 2005), partió algo cansado por las exigencias de los ensayos, pero paso a paso afirmó su canto y puede afirmarse que al final cumplió, aunque en 'Nessun Dorma', la prueba de fuego de 'Turandot' se limitó a salir bien del paso, sin brillar. El chileno José Azócar, con la misma responsabilidad en el segundo elenco, cumplió a medida de lo que es en el presente, un tenor de dulce pero sólo pasable voz. Fue aplaudido benévolamente por sus intervenciones, especialmente en 'Nessun Dorma' y en 'Ti voglio tutt'ardente d'amor'. En cuanto a los roles de la esclava Liú, a cargo de la soprano ucraniana Olga Mykytenko y la chilena Carolina García y del ciego Timur, interpretado por el bajo ruso Michail Ryssov y el cubano-chileno Homero Pérez Miranda, sus presentaciones fueron impecables y muy aplaudidas.