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Friday, July 21, 2017

El Rapto en el Serrallo en Houston

Foto: Lynn Lane

Ramón Jacques 

Las posibilidades para diseñar montajes escénicos en el mundo de la ópera son infinitas, pero la realidad es que son pocos los diseñadores y directores de escena que logran cristalizar una idea de manera tan original y tan bien lograda, que se adapte puntualmente a la historia de la ópera que se va escenificar, como la propuesta escénica de El Rapto del Serrallo presentada en el escenario de la Ópera de Houston, donde el diseñador Allen Moyer y el director de escena James Robinson trasladaron la acción al año de 1920, y de manera muy original e innovadora la situaron a bordo de los vagones del Expreso de Oriente, el tren de larga distancia que unía Paris con Constantinopla, lo que es hoy Estambul, Turquía. Los elegantes detalles y adornos de estilo medio oriental dentro de los vagones representaban la opulencia con la que viajaba el Pasha Selim, la brillante y cambiante iluminación, así como los refinados vestuarios de época, creados por Anna R. Oliver, redondearon un espectáculo visualmente muy atractivo para el público. Un detalle adicional fue la proyección de un cielo con nubes o una noche al fondo del escenario, que cambiaba constantemente creando la sensación de movimiento del tren.  
Emocionó el despliegue pirotécnico de la coloratura, la claridad y la firmeza en los agudos en la voz de Albina Shagimuratova, que dando vida a Constanza, creo un personaje afable y afectuoso. La soprano rusa es considerada de casa ya que inició su carrera internacional cuando formó parte del estudio de este teatro.  Por su parte, el papel de Belmonte pareció adaptarse muy bien a las capacidades vocales del tenor Lawrence Brownlee quien posee un timbre adecuado para este repertorio, muy dúctil y deleitoso. Su actuación tuvo varios momentos cómicos, sin incurrir en la exageración o sobreactuación.   El desempeño vocal y actoral de los demás cantantes fue satisfactorio, destacando, sobre todo a la coqueta Blonde de la soprano Uliana Alexyuk. El tenor Chris Bozeka personificó a Pedrillo; el bajo-barítono Ryan Speedo Green a un soberbio Osmin, y el barítono ingles Christopher Purves, la parte actuada de Pasha Selim.  Solido como siempre estuvo el coro de la ópera, y la orquesta de la mano del maestro Thomas Rösner emitió un sonido, balanceado, dinámico, coloreado con tintes mozarteanos.


Tuesday, May 13, 2014

Carmen en la Ópera de Houston

Foto: Lynn Lane

Carlos Rosas T.

Como cierre de su temporada 2013-2104 la Ópera de Houston estrenó una nueva producción de Carmen de Bizet, ópera que según estadísticas de la asociación Opera América, es la segunda ópera más representada en el mundo después de La Traviata. Carmen es realmente una obra popular y es piedra angular de temporadas, pero en Norteamérica, particularmente los teatros más importantes como Houston, deberían enfatizar más la parte artística ofreciendo operas menos conocidas intentando ampliar su repertorio, y dejar de pensar solo en la parte económica, así como de no subestimar al publico argumentando que este solo asiste a ver obras conocidas. El tema económico al final dicta el repertorio en los teatros estadounidenses, prueba de ellos es que en la creación de este montaje participaron los teatros de San Francisco Opera y  Chicago. Enfocándonos en la función, la dirección escénica fue del director y coreógrafo de Broadway, Rob Ashford, quien optó por transformar la obra en un “musical” con bailables y coreografías durante el transcurso de la acción y desde la obertura misma, con bailarines, toreros, gitanas, y la figura de un toro que se movía sobre la escena y aparecía continuamente, incluso la protagonista bailaba, en una escena saturada de movimiento sensuales y bailes, lo que pareció entretener, pero a su vez una manera fácil de desvirtuar la obra dándole un tono lúdico que no contiene. Continuando con la línea “Broadway” las austeras escenografías de David Rockwell, fueron diseñadas con elementos curvos y angulares, que representaban, montañas, muros, con en el musical Mamma Mia; y los vestuarios de Julie Weiss fueron coloridos y de diversas épocas y estilos, negro para Carmen.  Adecuada fue la iluminación. Del papel de Carmen se encargó la soprano puertorriqueña Ana María Martínez, quien sacó provecho de su atractiva figura y mostró sensualidad y carácter sobre la escena, pero su voz careció de cierta oscuridad y autoridad y en ciertos pasajes palideció por su ligereza.  Martínez es una intérprete versátil que ha incursionado en diversos repertorios como Rossini, Wagner, Janacek, Verdi, Handel; pero su continua presencia en este escenario hace a uno pensar bajo qué criterios de casting este teatro recurre a los mismos artistas, impidiendo conocer otras voces. Brandon Jovanovich tuvo sólidos  argumentos vocales para interpretar convincentemente a Don José; apasionado y obsesivo en escena, pero un poco exagerado en sus movimientos. El barítono Ryan McKinny fue un seguro Escamillo de pulida y brillante tonalidad en su timbre baritonal. Delicada y dulce fue la Micaela de Natalya Romaniw, correcta en la interpretación de su aria.  Discretos estuvieron el resto de los cantantes, aunque por su calidad Uliana Alexyuk, en su quinto papel esta temporada, incluida Gilda en Rigoletto, merecería mejor suerte que un papel como Frasquita. Correcto estuvo el coro y rutinaria la conducción musical de Rory Macdonald con una orquesta fuera de balance e injustificada fuerza en ciertos pasajes. 

Thursday, February 13, 2014

Voci emergenti per Rigoletto - Houston Grand Opera

foto Lynn Lane
Carlos Rosas T.

HOUSTON 24 gennaio 2014 –Rigoletto è uno dei titoli rappresentati con maggior frequenza dei teatri statunitensi, e nel tornare ad assistere a una produzione di quest’opera c’è sempre il timore possa trattarsi di una serata di routine. Tuttavia, ciò che balza subito all’occhio in questa riproposta realizzata dalla Houston Grand Opera è la scoperta di nuovi talenti americani in ascesa di cui si sente parlare sempre più spesso, come nel caso del basso baritono Ryan McKinny, che ha debuttato nel ruolo principale dimostrando sicurezza scenica, ammirevoli qualità vocali nel calore timbrico e nella partecipazione espressiva nelle sue arie. Ha caratterizzato un personaggio deforme, anche nel volto, ma pure umano e credibile, mai eccessivo.  Al suo debutto in questo teatro, Stephen Costello, come Duca di Mantova,e con una carriera già consolidata a soli trent’anni, si è imposto per la bontà dell’emissione, del timbro e della proiezione, oltre che disinvoltura sulla scena. Il ruolo di Gilda è stato reso in maniera adeguata dal soprano ucraino Uliana Alexyuk: fragile e vulnerabile nella sua caratterizzazione, dopo un inizio un po’ freddo è cresciuta in intensità fino alla sua aria “Caro nome”, in cui ha mostrato coloratura, flessibilità e luminosità vocale. Il basso russo Dmitry Belosselskiy ha dato vita a un violento Sparafucile, con voce potente e scura, e Carolyn Sproule ha destato una buona impressione con un’attraente Maddalena. Gli altri interpreti si sono disimpegnati tutti correttamente, e il coro diretto da Richard Bado si è fatto apprezzare nei suoi interventi. Patrick Summers, nuovamente sul podio, ha impresso tempi corretti e ha diretto con autorevolezza e buon rapporto con le voci. La regia di Harry Silverstein e l’allestimento di Michael Yeargan, importati dalla Dallas Opera, sono severi e cupi, in una visione lugubre che si segnala solo per il fatto di essere funzionale. I costumi d’epoca erano, invece, colorati ed eleganti.

Friday, February 7, 2014

Rigoletto en Houston

Foto: Houston Grand Opera/ Lynne Lane

Carlos Rosas T.

Rigoletto es uno de los títulos que se representan con mayor frecuencia en los teatros de Norteamérica, y al asistir a nuevamente a otra producción de esta obra se tiene el prejuicio de que será rutinaria. Sin embargo, lo que resalta de esta reposición que realizó la Ópera de Houston, fue descubrir nuevos valores estadounidenses cuyas carreras van en franco ascenso y de los que se escuchará hablar más muy pronto, como es el caso del bajo barítono Ryan McKinny, quien debutó en el papel principal demostrando seguridad escénica, admirable calidez vocal y sentimiento en la interpretación de sus arias. Su caracterización fue la de un personaje deforme, también de la cara, pero humano y creíble, en ningún momento sobreactuado.  En su debut en este teatro, Stephen Costello, como el Duque de Mantua, y con una carrera ya consolidada a sus 30 años de edad, demostró sus calidades vocales en la emisión, color de timbre y proyección, mostrando además soltura y tablas en escena.  El papel de Gilda fue interpretado de manera adecuada por la soprano ucraniana  Uliana Alexyuk, frágil y vulnerable en su personificación del personaje, con un inicio frio de la voz, fue creciendo en intensidad hasta su aria “caro nome” en la que mostró colorido, luminosidad y flexibilidad. El bajo ruso Dmitry Belosselskiy dio vida a un violento Sparafucile, con voz potente y oscura y Carolyn Sproule dejó buena impresión de una atractiva Maddalena. El resto de los cantantes tuvieron un desempeño correcto, y el coro que dirige Richard Bado, gustó en sus intervenciones. Patrick Summers, nuevamente en el podio, imprimió tiempos correctos a su lectura y dirigió con autoridad y buena sincronía con los cantantes.  La dirección escénica de Harry Silverstein y el montaje de Michael Yeargan, importada de la Opera de Dallas, fue austero y oscuro, mostrando una visión lúgubre, con poco que destacar solo el hecho de que fue funcional.  Coloridos y elegantes fueron los vestuarios, muy acordes con la época.