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Saturday, April 25, 2015

El Barbero de Sevilla en Toronto

Fotos crédito: Michael Cooper

Giuliana Dal Piaz
Está caracterizada por el humorismo y una decoración minimalista la producción de Il Barbiere di Siviglia (El Barbero de Sevilla) de Rossini que presenta la Canadian Opera Company con el colectivo teatral catalán Els Comediants, en coproducción con Houston Grand Opera, la Opéra National de Bordeaux yOpera Australia. Giovanni Paisiello ya había estrenado en San Petroburgo (1782) la ópera Il Barbiere di Siviglia ovvero La precauzione inutile, basada en la homónima comedia de Pierre Beaumarchais, y la había sucesivamente llevado con gran éxito en los teatros de varias ciudades europeas. Para su propia versión de la misma obra teatral, Gioacchino Rossini encargó un nuevo libreto a Cesare Sterbini y la estrenó en Roma en 1816 con el título Almaviva. El estreno fue sumamente desafortunado, tanto por una serie de inconvenientes técnicos como por la protesta de los seguidores de Paisiello. En pocos días, sin embargo, la ópera registró un éxito tan grande que Rossini se animó a cambiarle el título a Il Barbiere di Siviglia, y con el tiempo la homónima ópera de Paisiello dejó de ser representada. Alardeaba el compositor de haber musicado la obra en menos de dos semanas. Lo hizo seguramente en un tiempo muy corto porque Rossini acostumbraba componer con pasión y rapidez. Es por cierto la ‘ópera bufa’ más representada en los teatros del mundo entero. Como menciona el director de escena Joan Font en sus notas de presentación, es reconocible en la pieza la influencia de la Comedia del Arte que en el siglo XVIII era casi sinónimo de teatro italiano. Los personajes recuerdan efectivamente las máscaras de la Comedia: Fígaro es casi un Arlequín, ingenioso y sin escrúpulos, que por amor al dinero confabula con el Conde de Almaviva, pretendiente en incógnito a la mano de Rosina, y lo ayuda a burlarse del viejo Doctor Bártolo, un Pantalón andaluz avaro y tiránico. Éste quiere casarse con su ahijada Rosina para apoderarse de su dote, pero ella se ha enamorado del joven y apuesto Conde y por él está dispuesta a utilizar todo su ingenio femenino y su capacidad de decepción. Completan el panorama de la comedia Don Basilio, maestro de música –entre otros oficios, no todos honorables–, los sirvientes Berta y Ambrosio y el oficial de la guarnición, que dos veces interviene para arrestar al Conde por turbación del orden público y luego renuncia descubriendo tratarse de un noble. La coreografía de Xevi Dorca devuelve al Barbiere el elemento de farsa descuidado en la gran mayoría de las puestas en escena tradicionales: Almaviva no es simplemente el galán lánguido que gorjea y suspira sus arias de amor, sino un personaje con bastante fuerza cómica; el mezquino Bártolo se presta al ridículo implícito en su papel; los sirvientes atienden a sus faenas; músicos y artesanos pueblan las calles de Sevilla; una anónima dama española, de negro con mantilla, se mueve subrepticiamente por el escenario, ahora se sienta en una esquina a bordar, ahora se levanta para acercarse al piano o a los demás personajes, y le da sorbos contínuos a una licorera. Los actores se mueven por el escenario como los integrantes de una obra coral, en la atmósfera de un fresco popular de Goya. En medio de una escenografía integrada por estructuras geométricas esenciales y juegos de siluetas negras en transparencia, se mueven tanto los cantantes como los figurantes, con trajes y tocados que son, en cambio, de lo más colorido y estravagante (escenas y vestuario de Joan Guillén). 
Resulta muy original y divertido el uso de algunos elementos de escenografía de inspiración casi cubista: la guitarra gigante sobre la que se trepa Almaviva para su serenata y el enorme piano rosa que domina la escena en la casa de Bártolo, volviéndose por momentos mesa, aparador y hasta cama, mientras que el gran candelabro que baja y permanece precariamente suspendido sobre el escenario sirve de insólito trapecio para uno de los actores.La iluminación de Albert Faura enfatiza los cambios de escena y de tiempo, tanto horario como metereológico: el árbol detrás del ventanal y el ventanal mismo cambian de color con el día y la noche, con el sol o con los relámpagos de la tormenta que dificulta la fuga nocturna de los jóvenes enamorados. En comparación con la belleza y la innovación de la puesta en escena, la prestación de los cantantes no es extraordinaria. La voz de la mezzo-soprano Serena Malfi tiene una excelente coloritura, dándole a Rosina toda la gracia, la fuerza y la malicia necesarias al papel. El Conde de Almaviva, Alek Shrader, tiene muy buena voz, agilidad de movimientos en tono con la atmósfera general del montaje y una capacidad de actor cómico muy apreciable. En cambio a Fígaro, interpretado por el tenor Joshua Hopkins, le falta voz y una fuerte presencia escénica así como resulta débil la voz del Doctor Bártolo, el barítono Renato Girolami. El bajo Robert Gleadow es un Don Basilio adecuado pero no excepcional. La orquestación es excelente, con la orquesta de la Canadian Opera Company dirigida por el escocés Rory MacDonald, uno de los extraordinarios jóvenes directores que se vienen asomando al escenario sinfónico contemporáneo. Especialmente eficaces los vientos, oboes y clarinetes, que destacan en la famosa ouverture. En conjunto un espectáculo de alto nivel y gran atractivo. Las funciones de Il Barbiere previstas en el mes de Mayo (del 9 al 21) verán los intérpretes de Almaviva, Rosina, Doctor Bártolo y Don Basilio reemplazados por otros cantantes internacionales, Bogdan Mihai, Cecelia Hall, Nikolay Didenko y Burak Bilgili respectivamente.

Tuesday, May 13, 2014

Carmen en la Ópera de Houston

Foto: Lynn Lane

Carlos Rosas T.

Como cierre de su temporada 2013-2104 la Ópera de Houston estrenó una nueva producción de Carmen de Bizet, ópera que según estadísticas de la asociación Opera América, es la segunda ópera más representada en el mundo después de La Traviata. Carmen es realmente una obra popular y es piedra angular de temporadas, pero en Norteamérica, particularmente los teatros más importantes como Houston, deberían enfatizar más la parte artística ofreciendo operas menos conocidas intentando ampliar su repertorio, y dejar de pensar solo en la parte económica, así como de no subestimar al publico argumentando que este solo asiste a ver obras conocidas. El tema económico al final dicta el repertorio en los teatros estadounidenses, prueba de ellos es que en la creación de este montaje participaron los teatros de San Francisco Opera y  Chicago. Enfocándonos en la función, la dirección escénica fue del director y coreógrafo de Broadway, Rob Ashford, quien optó por transformar la obra en un “musical” con bailables y coreografías durante el transcurso de la acción y desde la obertura misma, con bailarines, toreros, gitanas, y la figura de un toro que se movía sobre la escena y aparecía continuamente, incluso la protagonista bailaba, en una escena saturada de movimiento sensuales y bailes, lo que pareció entretener, pero a su vez una manera fácil de desvirtuar la obra dándole un tono lúdico que no contiene. Continuando con la línea “Broadway” las austeras escenografías de David Rockwell, fueron diseñadas con elementos curvos y angulares, que representaban, montañas, muros, con en el musical Mamma Mia; y los vestuarios de Julie Weiss fueron coloridos y de diversas épocas y estilos, negro para Carmen.  Adecuada fue la iluminación. Del papel de Carmen se encargó la soprano puertorriqueña Ana María Martínez, quien sacó provecho de su atractiva figura y mostró sensualidad y carácter sobre la escena, pero su voz careció de cierta oscuridad y autoridad y en ciertos pasajes palideció por su ligereza.  Martínez es una intérprete versátil que ha incursionado en diversos repertorios como Rossini, Wagner, Janacek, Verdi, Handel; pero su continua presencia en este escenario hace a uno pensar bajo qué criterios de casting este teatro recurre a los mismos artistas, impidiendo conocer otras voces. Brandon Jovanovich tuvo sólidos  argumentos vocales para interpretar convincentemente a Don José; apasionado y obsesivo en escena, pero un poco exagerado en sus movimientos. El barítono Ryan McKinny fue un seguro Escamillo de pulida y brillante tonalidad en su timbre baritonal. Delicada y dulce fue la Micaela de Natalya Romaniw, correcta en la interpretación de su aria.  Discretos estuvieron el resto de los cantantes, aunque por su calidad Uliana Alexyuk, en su quinto papel esta temporada, incluida Gilda en Rigoletto, merecería mejor suerte que un papel como Frasquita. Correcto estuvo el coro y rutinaria la conducción musical de Rory Macdonald con una orquesta fuera de balance e injustificada fuerza en ciertos pasajes.