lunes, 19 de octubre de 2015

Concierto de inauguración de la temporada 2015-2016 de la Filarmónica de la Scala en Milán

Foto: Teatro alla Scala

Ramón Jacques

La Filarmónica de la Scala comenzó su nueva temporada sinfónica 2015-2106 precedida de una rica y variada programación de agrupaciones musicales invitadas del extranjero, que en tan solo diez días previos a este estreno vio pasar por el escenario del más importante teatro milanés: a la Orquesta Sinfónica de Boston, la Orquesta Simón Bolívar de Venezuela, la Filarmónica de San Petersburgo, la Orquesta Sinfónica de Londres, la Orquesta de Paris así como la Orquesta Giuseppe Verdi de Milán; algo que sorprende y contrasta con el continuo reclamo que se escucha de parte de artistas, cantantes, músicos, orquestas y teatros de otras ciudades y regiones de Italia referente a la carencia de recursos y al poco interés que se está dando a la música y la ópera en la actualidad de este país. Tomando en consideración el contexto descrito, y refiriéndonos al concierto que nos ocupa, resultó inaudita la presencia del director estadounidense Alan Gilbert, conocido por ser director de la Filarmónica de Nueva York, cuyo debut en este teatro fue rutinario, carente de entusiasmo, sin una búsqueda profunda de colores y timbres, movimientos de manos desconcertantes, llegando por momentos a una parsimonia irritante, que en el ultimo de tres conciertos, ocasionó que un sector del público se dedicara a provocarlo. Al final resultó uno de esos conciertos en el que la música y los intérpretes brillaron con luz propia; y donde la claridad y musicalidad en la interpretación de la Sinfónica 6 “pastoral” de Beethoven provino principalmente de la homogénea y solida sección de cuerdas de la orquesta.  En la segunda parte del concierto se escuchó la ópera en un acto de Béla Bartók, El Castillo de Barba Azul con un par de solistas que ofrecieron un nivel vocal excepcional comenzando por Ildikó Komlósi, mezzosoprano húngara que aportó la oscura tonalidad en su timbre, e hizo uso de su amplio rango vocal para imprimir dramatismo y dotar de escalofriantes pianos al personaje de Judith; mientras que la voz del bajo canadiense John Relyea, se adaptó bien al personaje de Barba Azul, siendo lo suficientemente profunda, esmaltada y potente para hacer creíble su personaje. De nuevo un reconocimiento a cada una de las secciones de la orquesta. 

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