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Friday, February 15, 2013

Nabucco de Verdi en Amberes

Iano Tamar como Abigaille en Nabucco
Foto: Annemie Augustijns

 
Ramón Jacques

La Opera Flamenca de Bélgica (Vlaamse Opera), presentó en su sede de Amberes la opera Nabucco de Verdi en una versión moderna, con decorados y vestuarios de Robert Innes Hopkins y dirección escénica de Daniel Slater, quien enfocó la obra desde un interesante perspectiva, la de la situación económica por la que atraviesan diversos países europeos, y en la que el personaje principal es un ambicioso director de banco de Nueva York, y los oprimidos, o indignados son aquellos afectados por la crisis financiera actual y el desempleo gentes de diferentes razas y nacionalidades a decir por los vestuarios.  La idea funcionó y Slater la desarrolló de manera convincente, con brillante iluminación y un replica del toro de Wall Street sobre el escenario.  La parte musical fue la meno convincente del espectáculo, comenzando por una errática conducción musical de Dmitri Jurowski, quien condujo con entusiasmo, pero en ocasiones imprimió demasiada fuerza y en otras los tiempos carecieron de dinámica.  Dalibor Jenis actuó con firmeza y seguridad a un exasperado y ambicioso Nabucco, y vocalmente saco adelante el papel de manera convincente.  Como Ismaele, el tenor ruso Mikhail Agafonov paso sin pena ni gloria en una interpretación rutinaria que da poco que decir.  El experimentado Francesco Ellero d’Artegna, aportó fuerza vocal al papel de Zaccaria pero una vez que calibró su voz desempeñó mejoró. Iano Tamar ofreció la mejor interpretación vocal como Abigaille, con templanza y homogeneidad en una voz de grato color oscuro; y Marika Jokovic fue una seductora Fenena de canto oscuro.  Sobresaliente por su puesto el coro, y discretos el resto de los cantantes en los papeles menores.

Tuesday, August 30, 2011

Wozzeck de Alban Berg en la Opera de Santa Fe, NM

Fotos: Richard Paul Fink (Wozzeck), Nicola Beller Carbone (Marie) - Copyright Ken Howard / Santa Fe Opera

RJ- Desde su fundación en 1957, la Opera de Santa Fe se ha convertido en el festival de opera veraniego mas importante de Norteamérica, ya que además de que ahí se representan obras conocidas de repertorio, se han realizado diversas premieres americanas de operas contemporáneas, operas poco conocidas y estrenos mundiales. Además, Santa Fe es un importante centro de creación de producciones escénicas y sobretodo de talento, ya que de su programa de jóvenes cantantes han surgido importantes nombres como: Sherill Milnes, James Morris, Samuel Ramey, Neil Shicoff, Chris Merritt, entre tantos otros. Asistir a una representación en este teatro semi-abierto, en medio de las montañas y el desierto, con la noche estrellada, el canto de los grillos, incluso fuertes tormentas de lluvia, es una experiencia verdaderamente sugestiva. Después de diez años de ausencia, Wozzeck se repuso con la sencilla y dinámica realización de Robert Innes Hopkins  quien situó la trama en los inicios del siglo XX y con paneles movibles de madera dio continuidad a cada una de las escenas.
La resplandeciente iluminación en vivos colores, como el rojo y claroscuros, cargaron aun más de intensidad y conmoción la escena. La intención del director escénico ingles Daniel Slater fue la de contar la historia desde la visión del personaje principal, en una atmosfera en la que se sintió observado, sofocado y oprimido por todo y por todos los que lo rodean, incluido el publico, y por un doble o mimo, como una especie de alusión a la muerte y la esquizofrenia, que lo persiguió constantemente. El papel del antihéroe alucinado, fue interpretado con buen rendimiento histriónico por el barítono Richard Paul Fink y con la energía vocal de su resonante timbre de buen metal. La soprano Nicola Beller Carbone delineó con credibilidad una sensual y enérgica Marie, a la que dio penetración dramática con su canto de brillante y clara voz, apropiado volumen y fraseo. Correctos estuvieron Robert Brubaker por su neurasténico y déspota Capitán; el bajo-barítono Eric Owens por su solidez vocal como el Doctor; así como Stuart Skelton en el papel del tambor mayor y Patricia Risley como Margret. Buena fue la prueba de David Robertson quien al frente de la orquesta evidenció los contrastes de la partitura así como su plenitud timbrica y sonora construyendo una tensión controlada.

Thursday, December 30, 2010

L'Elisir d'Amore en la Opera de Oviedo

Foto: Cedida por Fundacion Ópera de Oviedo - Carlos pictures

Mercedes Rodríguez

Extraordinario debut en la Ópera de Oviedo del tenor Mikeldi Atxalandabaso como Nemorino y del barítono Luis Cansino en el rol de Dulcamara. La Temporada de Ópera de Oviedo, muy cuidadosa siempre en la elección de sus producciones y de los elencos acertó de pleno con el cast elegido para la penúltima función de L´elisir d´amore. La joven cordobesa Auxiliadora Toledano interpretó una Adina delicada, excesivamente dulce, pero con voz segura aunque no de gran alcance, y de gusto refinado. La otra soprano protagonista, Marta Ubieta, marcó una Giannetta de voz potente, convincente y que no pasó desapercibida. Pero sin duda, fueron los papeles masculinos de Nemorino y Dulcamara los que se llevaron la mayor y merecida ovación de la noche, con la interpretación del dúo “Dottore, perdonate…”, donde el empaste vocal y la interacción entre ambos tanto en el aspecto musical como en la actuación, hicieron las delicias de los presentes. El número conmovedor de la velada nos lo proporcionó el tenor Mikeldi Atxalandabaso con la interpretación de la archiconocida “Una furtiva lagrima”, poniendo de manifiesto una línea de canto de gran exquisitez, un fiato extraordinario, y una carga emocional en cada una de las frases que consiguió arrancar las lágrimas de más de uno. La parte divertida vino de la mano del barítono Luis Cansino, que se desenvolvió con soltura gracias a la consistencia de su registro vocal que, junto a la inteligencia empleada en el fraseo, consiguió que el difícil papel de Dulcamara resultara “fácil” y llegara a los espectadores, con quienes estableció una gran complicidad. La puesta en escena de Daniel Slater fue luminosa, divertida, jugando con planos inclinados y perspectivas, lo que dio gran dinamismo a la acción. La dirección musical de José Miguel Pérez Sierra estuvo por debajo de lo deseado, con tempi lentos en ocasiones, y falta de juego con las dinámicas en el tratamiento general de la orquesta.