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Monday, August 15, 2011

Massimo Gasparon lo “Publico y lo Privado” de Rigoletto, Sferisterio Opera Festival 2011

Foto: Sferisterio Opera Festival 2011 Macerata

Renzo Bellardone

SFERISTERIO OPERA FESTIVAL 2011 Sferisterio de Macerata 23 de julio del 2011 a las 21,00 horas. RIGOLETTO Música de Giuseppe Verdi Libreto de Francesco Maria Piave basado en el drama ‘Le Roi s’amuse’ de Víctor Hugo Director musical Andrea Battistoni. Dirección, vestuarios, escena Massimo Gasparon. Iluminación: Sergio Rossi. Fondazione Orchestra Regionale delle Marche Coro Lirico Marchigiani V. Bellini. Maestro del Coro: David Crescenzi Grupo en escena: Banda ‘Salvadei’ Coreografia: Roberto Maria Pizzuto. Elenco: Il duque de Mantua: Ismael Jordi, Rigoletto, Giovanni Meoni, Gilda: Dèsirée Rancatore, Sparafucile: Alberto Rota, Maddalena: Tiziana Carraro, Giovanna: Annunziata Vestri, El Conde de Monterone: Alberto Rota, Marullo: Lucio Mauti, Matteo Borsa: Enrico Cossutta, Il Conte di Ceprano: William Corrò, La Contessa de Ceprano: Tiziana Carraro, Un empleado de la corte: Antonio Barbagallo. Un paje de la duquesa: Silvia Giannetti

El gran riesgo de una producción al aire libre es el mal tiempo, lo que en el Sferisterio obligó a que la primera función de Rigoletto tuviera una suspensión de casi dos horas. Apenas después del inicio de la función, fuertes torrentes de lluvia obligaron a un desalojo general, pero ya en el reinicio nos permitió escuchar nuevamente el dueto ‘Quel vecchio maledivami..’ Desde el inicio se pudo percibir, y confirmar en la continuación de la función, que la Orchestra Regionale delle Marche daría lo mejor de si, ya que fue llevada de manera sapiente para crear efectos de espera como para acentuar, lanzar y marcar la tragedia o para elevarse de manera sinfónica hasta crear poesía, por medio de la segura y decida dirección; realizada con furor y todo el vigor pasional del joven y talentoso director Andrea Battistoni. La orquesta y el coro, que fue dirigido por David Crescenzi, se amalgamaron casi en una tenebrosa fusión que con el sabio recurso del esparcimiento de las voces y el atento uso de las cuerdas (sublime fue el momento del violonchelo con pizzicato de violín) crearon una atmosfera revivida con el gusto de“ algo aun no escuchado” El papel titular le fue confiado a un buen Giovanni Meoni: de voz calida y melodiosa que nos llevó hacia todas las sensaciones de afecto, ira, castigo y sufrimiento que el personaje quiere. Entró a la escena no vestido como un bufón si no como pulchinela con la media mascara negra y la casaca blanca, que sobresalió en medio de los variados colores del grupo de cortesanos. El barítono moduló oportunamente la voz y sin obsesión de protagonismo se impuso por gracia y continuidad, tanto en el aria como en la cabaleta, con fraseo claro. Las dudas, los celos, la venganza y la represalia fueron trazadas con cuidado en cada detalle. Mascaras de comedia del arte, retorcida lujuria, malabaristas, colores brillantes y una ambientación clásica pero no descontada o banal, con escenas fijas que rotaban sobre un eje central fueron algunos de los ingredientes con los que Massimo Gasparon construyó su magnetizante Rigoletto en el Sferisterio. 

La evidente conjugación entre los diversos roles en escena contribuyeron al sapiente uso del gran espacio abierto, por ejemplo: después de haberse escondido el coro fuera del escenario se creo un efecto acústico de un gran efecto surrealista, como optimo resultado tuvo el hacer a los cantantes cantar mientras salían de la escena en posiciones marcadamente distanciadas respecto al núcleo central, creando una eficaz percepción auditiva de la distancia.  La iluminación de Sergio Rossi apuntó hacia el blanco y hacia el azul reavivando elegantemente y ensombreciendo de manera amenazante el amplio y oscuro escenario. Los movimientos coreográficos de la Banda Salvadei, dirigida por Roberto Maria Pizzuto no fueron nunca invasivos, si no bien calibrados y respetuosos del resultado en conjunto. A la profunda voz de Alberto Rota se le confiaron, tanto el breve papel del barítono, muy oscuro de Monterone, como el muy exigente de bajo de Sparafucile, con el que interpretó con técnica y convicción ..‘E’ la il vostr’uomo’.  El duque de Mantua del español Ismael Jordi, que tuvo seguridad se mostró adolorido en ‘Ella mi fu rapita..’ y desinhibido en ‘Bella figlia dell’amore..’ con la que indudablemente se confirmó en el papel. Con emisión definida y clara hizo surgir no solo la voz, sino también el sentimiento intrínseco sin desmedida osadía El tenor no se dejo llevar por vistosas actitudes sino que con sobrio cuidado apuntó hacía una agradable oferta vocal. 
El personaje de Gilda le fue confiado a la calida y rotunda voz de Dèsirée Rancatore quien con virtuosismo basado en su sólida técnica, dominando la coloratura, y con agilidad y sobreagudos entró con simplicidad en el personaje y lo interpretó con veracidad y dramática presencia escénica. Con natural claridad desvanecida por colores que calientan, infundio madurez y al mismo tiempo conservó la inocente frescura de Gilda, sin escatimar y logrando en su búsqueda emocionar emocionándose con una voz que con el paso del tiempo se ha convertida naturalmente en mas calida y colorida.  Lucio Mauti fue un buen Marullo, Enrico Cossutta un convencido Matteo Borsa, Antonio Barbagallo dio buena voz al empleado de la corte y el joven William Corrò fue un muy creíble Conde de Ceprano. A los papeles femeninos, excluyendo el de la protagonista, Giuseppe Verdi les asignó voces de mezzosoprano para remarcar bien la seguridad de la obra. El paje fue la agradable Silvia Giannetti, vocalmente provocativa estuvo Tiziana Carraro como Maddalena, mientas que más sobria estuvo en el papel de la condesa; y Annunziata Vestri estuvo bien caracterizada como Giovanna.  En los últimos años, Rigoletto ha sido un titulo puesto en cartelera por diversos teatros italianos y para ciertas versiones podría aparecer como “abusado y hasta demasiado de repertorio”. Gasparon en el Sferisterio 2011 lo presentó dentro de una concepción clásica, pero innovadora que transformó los límites del espacio abierto, de la imposibilidad de complicadas maquinas de escena y la astucia acústica de las salas teatrales, como una oportunidad de ingenio positivo. Luces y sombras, colores y transparencias, movimiento de las masas y acciones de los personajes individuales, respetando el libreto, exaltaron las líneas del inevitable destino en una espasmódica búsqueda por la libertad. ! La música vence siempre!

Tuesday, July 26, 2011

Massimo Gasparon ed il "Pubblico e Privato' di Rigoletto - Sferisterio Opera Festival 2011

Foto: Giovanni Meoni - Dèsirée Rancatore- Sferisterio Opera Festival 2011

Renzo Bellardone

SFERISTERIO OPERA FESTIVAL 2011. Sferisterio di Macderata 23 luglio 2011 ore 21,00. RIGOLETTO, Musica di Giuseppe Verdi. Libretto di Francesco Maria Piave tratto dal dramma ‘Le Roi s’amuse’ di Victor Hugo. Direttore Andrea Battistoni. Regia, scene costumi Massimo Gasparon. Disegno luci Sergio Rossi. Fondazione Orchestra Regionale delle Marche. Coro Lirico Marchigiani V. Bellini Maestro del Coro David Crescenzi. Complesso di Palcoscenico Banda ‘Salvadei’. Movimenti coreografici Roberto Maria Pizzuto. Il duca di mantova Ismael Jordi. Rigoletto Giovanni Meoni. Gilda Dèsirée Rancatore. Sparafucile Alberto Rota. Maddalena Tiziana Carraro. Giovanna Annunziata Vestri. Il Conte di Monterone Alberto Rota. Marullo Lucio Mauti. Matteo Borsa Enrico Cossutta. Il Conte di Ceprano William Corrò. La Contessa di Ceprano Tiziana Carraro. Un usciere di corte Antonio Barbagallo. Un paggio della duchessa Silvia Giannetti

MASSIMO GASPARON ED IL ‘PUBBLICO E PRIVATO’ DI RIGOLETTO

Il grande rischio delle produzioni all’aperto è il maltempo che anche allo Sferisterio ha prepotentemente obbligato la Prima di Rigoletto ad una sospensione di quasi due ore. Appena dopo l’inizio, forti scrosci di pioggia hanno costretto ad un fuggi fuggi generale che consentirà però, alla ripresa, di riascoltare il duetto ‘Quel vecchio maledivami..’ Fin dall’attacco si percepisce e si confermerà nel prosieguo che l’Orchestra Regionale delle Marche, darà il meglio di sé; sapientemente tenuta sommessa a creare effetti di attesa o sottolineatura, per sbottare d’imperio a marcare la tragedia o ad elevarsi sinfonicamente a creare poesia; la direzione sicura e decisa palesa con furore tutto il passionale vigore giovanile del talentuoso direttore Andrea Battistoni . Orchestra e Coro, diretto da David Crescenzi, si amalgamano quasi in una tenebrosa fusione che con il saggio espediente della dislocazione delle voci e l’attento utilizzo degli archi (sublime momento di violoncello con pizzicato di violino) creano un’atmosfera rivissuta con il gusto del ‘non ancora udito’, insomma del nuovo.  Il ruolo del titolo è affidato al bravo Giovanni Meoni : voce calda e melodiosa rimanda tutte le sensazioni di affetto, gelosia, ira, punizione e sofferenza che il personaggio vuole; entra in scena non abbigliato da buffone, ma da pulcinella con la mezza maschera nera e la casacca bianca che si staglierà in mezzo ai variegati colori delle masse di cortigiani; il baritono modula opportunamente la voce e senza manie di protagonismo si impone per grazie e continuità sia nelle arie che nelle cabalette con fraseggio chiaro. I dubbi, le gelosie, la vendetta e la ritorsione vengono tratteggiati con cura e dettaglio.
Maschere da commedia dell’arte, lussuria serpeggiante, giocolieri, colori brillanti e ambientazione classica ma non scontata o banale, con scene fisse rotanti su perno centrale sono alcuni degli ingredienti con cui Massimo Gasparon ha costruito il suo calamitante Rigoletto allo Sferisterio. L’evidente affiatamento tra i vari ruoli d’impianto contribuisce al sapiente utilizzo del grande spazio all’aperto: ad esempio nel finale l’aver nascosto il coro fuori dal palcoscenico ha creato un effetto acustico di grande effetto surreale; stesso ottimale risultato il far cantare i cantanti in uscita da posizioni marcatamente distanziate rispetto al nucleo centrale creando l’efficace percezione uditiva della distanza. Le luci di Sergio Rossi puntano sul bianco e sul blu ravvivando elegantemente od ottenebrando minacciosamente il lungo palco scuro; i movimenti coreografici della Banda Salvadei, diretta da Roberto Maria Pizzuto non risultano mai invasivi, ma ben calibrati e rispettosi del risultato d’insieme. Alla profonda voce di Alberto Rota vengono affidati il breve ruolo da baritono molto scuro di Monterone e quello ben più impegnativo di basso in Sparafucile, interpretato con tecnica e convinzione ..‘E’ la il vostr’uomo’.  Il duca di Mantova è Ismael Jordi che, acquistata sicurezza diviene accorato con ‘Ella mi fu rapita..’ fino allo spregiudicato ‘Bella figlia dell’amore..’ dove si conferma decisamente nel ruolo. Con emissione definita e chiara fa arrivare non solo la voce, ma anche il sentimento intrinseco, seppur senza intemperante spregiudicatezza. Il tenore non si abbandona a plateali atteggiamenti, ma con sobria cura, punta ad una offerta vocale gradevole.  Il personaggio di Gilda è affidata alla voce calda e rotonda di Dèsirée Rancatore che con virtuosismo basato su salda tecnica, domina le colorature, le agilità ed i sovracuti; ponendosi con semplicità entra nel personaggio e lo esterna con veridicità e presenza scenica drammatica. Con naturale limpidezza sfumata da colori che scaldano, infonde maturità ed al tempo stesso conserva l’innocente freschezza di Gilda; non si risparmia e riesce nella ricerca dell’emozionare emozionandosi, con una voce che nel tempo è naturalmente diventata più calda e colorata. Lucio Mauti è un buon Marullo, Enrico Cossutta un convinto Matteo Borsa, Antonio Barbagallo dona buona voce ad un usciere di corte ed il giovane William Corrò ad un credibilissimo Conte di Ceprano;  I ruoli femminili, ad esclusione della protagonista, Giuseppe Verdi li ha assegnati a mezzosoprani a ben rimarcare la scurezza della vicenda: una paggio è la piacevole Silvia Giannetti ; anche vocalmente provocante è Tiziana Carraro in Maddalena, mentre è più sobria nel ruolo della contessa; Annunziata Vestri ben caratterizza un’ambigua Giovanna. 
‘Rigoletto’ negli ultimi tempi è stato un titolo messo in cartellone da diversi teatri italiani e per certi versi potrebbe apparire ‘abusato e fin troppo di repertorio’; Gasparon allo Sferisterio 2011 lo ha presentato in una concezione classica, ma innovativa trasformando i limiti dello spazio aperto, dell’impossibilità di complicate macchine da scena e di accorgimenti acustici da sala teatrale, in opportunità dell’ingegno positivo.  Luci ed ombre, colori e trasparenze, movimento delle masse ed azione dei singoli personaggi rispettano il libretto esaltando le linee dell’inevitabile destino in una spasmodica ricerca di libertà.  La Musica vince sempre.


Sunday, January 2, 2011

PERFUME HISPANOAMERICANO Y NOSTALGIA DE ANTONIO GADES EN LA GALA DE FIN DE AÑO EN EL TEATRO REAL

Foto: Javier del Real/ Teatro Real

Alicia Perris

31 de enero de 2010. María Bayo: soprano. Ismael Jordi: tenor. Luz Casal: cantante. Cañizares: guitarra. Aída Gómez y Christian Lozano: bailaores. Compañía Antonio Gades. Director artístico: Emilio Sagi. Coro y Orquesta del Teatro Real de Madrid. Director. Alejo Pérez.

Muy lejos de la obra de la familia Strauss, Josef Lanner o Liszt, de quien en 2011 se recuerda el bicentenario del nacimiento, a años luz de la función de Welser-Möst de la Filarmónica de Viena, que llevó a cabo, como cada 1 de enero su concierto tradicional en la ciudad del Danubio, el Teatro Real de Madrid dibujó un giro copernicano en su repertorio habitual y decidió despedir el año con una propuesta heterogénea y nada previsible. El coliseo que dirige Gerard Mortier inauguró la velada con la Cuban Overture de George Gershwin (1898-1937), bajo la batuta del argentino Alejo Pérez. Mientras la música imponía un tono desenfadado y festivo que se prolongaría toda la noche, se proyectaba una película con escenas de Cuba. A continuación, la soprano María Bayo y el coro ofrecieron “¡Sí, yo soy Cecilia Valdés!”, de Gonzalo Roig (1890-1970). La cantante no convenció y no consiguió la rotundidad y la soltura vocal y escénica que requería la partitura. Lo mismo le sucedería más adelante, con el couplé de La corte de Faraón: “Son las mujeres de Babilonia”. El tenor Ismael Jordi cumplió con creces su romanza de la Chulapona de Federico Moreno Torroba, “Tienes razón, amigo…Noche madrileña” y volvió a sorprender agradablemente en el dúo con María Bayo de Doña Francisquita de Amadeo Vives (1871-1932), “¡Le van a oír!¡Cállese usted, imprudente!”. Luz Casal, envuelta en un vestido blanco que la hacía más frágil y etérea si cabe, realizó una versión conmovedora en lo escénico del “Piensa en mí”, de Agustín Lara, mientras que el guitarrista y compositor Cañizares dio una lección de maestría con su conjunto en la Balada y la Rumba Lluvia de Cometas. Lo suyo fue esta noche inspiración y deslumbramiento. Aída Gómez y Christian Lozano bailaron con gusto y garra y la Compañía Antonio Gades relumbró con el fulgor que nos liga a la nostalgia por el recuerdo del bailarín alicantino desaparecido. El Teatro ofreció también dos publicaciones sobre el coreógrafo, una en formato pequeño “Antonio Gades, 1936-2011, un legado universal” y un libro primorosamente editado con la colaboración de instituciones de Getafe, “Antonio Gades. “Viento del pueblo”, by Antoni Miró”, de Carles Cortés. Una velada muy hispana la que propuso el Teatro Real para finalizar el año, mezcla de flamenco, zarzuela, canción popular y danza. Alejado de lo meramente académico, el espectáculo fue retransmitido en directo por el canal cultural de la cadena franco-alemana Arte y repetido en diferido por Televisión Española, el 6 de enero. Una oportunidad única que enlaza con la voluntad de afianzar también lo propio y las producciones españolas por parte de los responsables del Teatro, estrategia que comenzó esta temporada con el montaje de “Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny” de Kurt Weill, escenificada por La Fura dels Baus. Coincidiendo con el nuevo proyecto teatral del Real, el presidente del patronato, Gregorio Marañón y Bertrán de Lys, anunció que “Vargas Llosa presidirá un consejo artístico en el Teatro Real” y que dos nuevos consejos estarán presentes a partir de enero, uno económico y otro artístico. Con comentarios que inciden en la financiación y organización del buque insignia de la capital, Gregorio Marañón intenta rediseñar la percepción que se tiene de la institución que preside, inspirando solidez y confianza en una época señalada por la crisis y por la inestabilidad en los proyectos artísticos, sometidos a una gran volatilidad, por los condicionamientos y las incidencias económicos. Sin embargo y a pesar de las contingencias pasajeras, da la sensación de que la constelación de Gerard Mortier está definitivamente en marcha.