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Monday, October 14, 2019

Ángel de Fuego en Roma


© Opera di Roma / Yasuko KAGEYAMA

Alberto Rosas 

El Ángel de Fuego de Prokofiev es sin dudas una las apuestas más atractivas, y a la vez más atrevidas que se incluyen en la presente temporada en la ópera de Roma. El repertorio no-italiano suele ser una apuesta difícil para los teatros italianos, considerando el amplio y vasto repertorio de sus propios compositores y la reticencia de un público como el italiano que al parecer no termina por aceptar completamente obras en lengua distinta a la suya.  La destacada Emma Dante, ofreció una lectura comprensible de la trama, que mezcla elementos de lo misterioso y la brujería con la pasión e incluso con la locura. El ángel que forma parte de la imaginación del personaje de Renata, qui fue representado por un bailarín, y sin perder hilo conductor de espectáculo, Dante jugó de manera paralela con dos mundos el de la realidad y lo oculto.  Diversos personajes aparecen en escena, con un montaje que es austero, con elementos en escena como unos libros que representan una biblioteca o un salón con un muro al fondo, donde interactúan, entrando y saliendo, diversos personajes.  Nada aquí fue exagerado, solo se trató de ideas con ingenio que no fueron invasivas en una trama que ocurre y se sitúa en la Alemania del siglo 16.  Al frente de la orquesta el director Alejo Pérez, condujo con atención y detalle una partitura que es intensa, y que por momentos suena hosca, belicosa, violenta y ardua para el espectador; pero el director argentino ofreció una lectura donde resaltó matices, y realzó la escena de manera enérgica, cuando le fue requerida.  Ewa Vesin, interpretó al personaje de Renata con convicción, con una voz profunda y de buena proyección.  De Leigh Melrose como Ruprecht, se destaca una actuación aguda y penetrante y un canto  con empuje y vitalidad, no precisamente refinado pero efectivo. El extenso elenco de personajes secundarios, todos cantantes muy competentes, tuvo un desempeño sobresaliente.

Thursday, August 8, 2019

Ariadna en Naxos en el Teatro Colón de Buenos Aires

Fotos: Prensa Teatro Colón /Máximo Parpagnoli / Arnaldo Colombaroli.


Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 26/07/2019. Teatro Colón. Richard Strauss: Ariadna en Naxos (Ariadne auf Naxos). Ópera en un acto con prólogo. Libreto de Hugo von Hofmannsthal. Marcelo Lombardero, dirección escénica. Diego Siliano, diseño de escenografía. Luciana Gutman, vestuario. Ignacio González Cano, coreografía. Matías Otarola, diseño de video. José Luis Fiorruccio, iluminación. Carla Filipcic Holm (Prima Donna y Ariadna), Ekaterina Lekhina (Zerbinetta), Gustavo López Manzitti (Tenor y Baco), Jennifer Holloway (El compositor), Hernán Iturralde (Maestro de Música), Pablo Urban (Maestro de Danza), Luciano Garay (Arlequín), Santiago Martínez (Brighella), Iván García (Truffaldino), Laura Pisani (Náyade), Florencia Machado (Dríade), Victoria Gaeta (Eco), Pablo Urban (Scaramuccio), Carlos Kaspar (Mayordomo), Mariano Fernández (Un peluquero), Ariel Casalis (Un Oficial), Román Modzelewski (Un lacayo). Orquesta Estable del Teatro Colón. Dirección Musical: Alejo Pérez.


Con una puesta inteligente, buen nivel musical y adecuados cantantes retornó a la sala del Teatro Colón de Buenos Aires ‘Ariadna en Naxos’ de Richard Strauss. Marcelo Lombardero como cabeza visible del equipo visual integrado por Diego Siliano (diseño original de la escenografía), Luciana Gutman (vestuario), Ignacio González Cano (coreografía), Matías Otarola (diseño de video) y José Luis Fiorruccio (iluminación) plantea una razonable y adecuada modernización a la vez que logra burlarse de ciertos estereotipos de los cantantes, de las puestas de ópera y de una burguesía ascendente en lo económico pero vacía en lo cultural. Alejo Pérez concertó con refinamiento y exactitud logrando una muy buena respuesta de la Orquesta Estable. Una nueva noche de triunfo para la soprano Carla Filipcic Holm en el doble rol de Prima Donna y Ariadna interpretados con poderos medios vocales, excelente línea de canto y belleza de timbre. Ekaterina Lekhina como Zerbinetta ofreció perfección actoral y brillante línea de canto. Gustavo López Manzitti encaró su rol con profesionalismo y gran prestación vocal. El Compositor -aquí compositora- de Jennifer Holloway sumó calidad vocal y entrega escénica mientas que Hernán Iturralde puso sus mejores recursos vocales y actorales al servicio de maestro de música. Solvente el resto del elenco vocal y correcto el actor Carlos Kaspar como el mayordomo.

Monday, May 13, 2019

De la casa de los muertos en Lyon, Francia


Foto:  © Stofleth.

Ramón Jacques 

De la Casa de los muertos última ópera de Leoš Janáček, basada en la novela Memorias de la casa muerta de Fiódor Dostoyevski, rara vez escenifica en teatros fuera de la Republica Checa donde se representa con cierta regularidad, fue uno de los títulos más ambiciones de la presente temporada de la Ópera de Lyon. La trama que describe la relación entre los prisioneros en una cárcel en Siberia fue ambientada en la actualidad por el polémico director de escena Krzysztof Warlikowski. El montaje que se ubicaba en el patio de la prisión contenía una canasta de basquetbol, unas tribunas, y por uno de los lados del escenario una celda giratoria, que era también la oficina del director del reclusorio. Otros recursos utilizados fueron la proyección de videos con paisajes y grabaciones de jueces, policías y delincuentes hablando sobre la justicia, además de coreografías (break dance, hip hop) y acrobacias. El símbolo del águila que indica el libreto al final de la obra aquí fue reemplazado por un joven jugador de basquetbol. Dentro de este moderno marco, el concepto de Warlikowski se basó en el movimiento y la detallada actuación de los artistas en escena, en la que se mostraba de manera cruda, grotesca y muy gráfica: la agresividad, la violencia, las peleas, las violaciones y todo tipo de excesos que se viven allí dentro. 
Sin dudas, un provocativo cuestionamiento del director de escena al papel que juega la ley y justicia en la actualidad, llevado por momentos al límite de la exageración, que a mi parecer no dejó una impronta artísticamente persuasiva en el espectador. En el foso el director musical Alejo Pérez mantuvo la tensión, y resaltó con lirismo los diversos colores y matices contenidos en la partitura, manteniendo la cohesión entre los instrumentistas de la orquesta del teatro. Buen trabajo del coro, así como del uniforme y extenso grupo de solistas, encabezado por el bajo-barítono Willard White quien exhibió profundidad de su canto en el papel de Goryantchikov; y mención para: Stefan Margita como Filka Morosov, para Alexander Vasilliev por su enérgico comandante, a Pascal Charbonneau convicente como Alieïa; como también a Dmitry Golovnin como Chpakine a Karoly Szmeredy en el papel de Chichkov, y a la mezzosoprano Natascha Petrinsky por su oscura y atractiva tonalidad en el papel de la expresiva prostituta.

Monday, July 23, 2018

GerMANIA Opera di Lione, Francia


Foto: © Stofleth

Ramón Jacques

Al teatro dell’opera di Lione è stata effettuata la prima assoluta di GerMANIA, opera commissionata al compositore russo Alexander Raskatov, basata su due testi dello scrittore tedesco Heiner Mūller: Germania Tod in Berlin (del 1971) e Germania 3 Gespender am toten Mann (del 19995), che narrano episodi storici avvenuti durante la seconda guerra mondiale e la caduta del muro di Berlino. L’adattamento musicale ha dato come risultato un’opera storico drammatica caricata di umor nero, strutturata in una sequenza di 10 scene, cantata in russo e in tedesco che immerge il pubblico in un periodo fondamentale del 20º secolo in cui si scontrarono due distinti regimi totalitari, il nazismo e il comunismo. In scena sono apparsi 37 personaggi, tra i quali si riconoscevano Hitler, Stalin e Goebbels. La tematica dell’opera è di particolare interesse per Raskatov, che soffri in prima persona la barbarie del regime sovietico. Musicalmente l’opera è atonale, intensa, espressiva, con molte parti percussive nei momenti in cui si mostra la crudezza con cui bisogna convivere durante una guerra. Con il prosieguo della vicenda, la musica è andata trasformandosi, incorporando diversi ritmi e melodie, specialmente del jazz. Il direttore d’orchestra argentino Alejo Perez ha fatto un buon lavoro con l’orchestra, conducendo con sicurezza e precisione la complessa partitura, che in alcuni momenti risultava poco accessibile al pubblico. Di grande impatto visivo la messa in scena curata da John Fulljames, che consisteva in una piattaforma girevole sulla quale si mostravano uno scuro campo di battaglia e una montagna coperta di fango con i corpi dei soldati morti; ed esplicite scene di violenza, assassini, stupri, così come pure proiezioni al fondo dello scenario, con l’intenzione di inquietare e urtare lo spettatore. L’immagine più emozionante è stata l’apparizione dell’astronauta Yuri Gagarin, sospeso in aria con brillante illuminazione e video.  I personaggi sono stati interpretati da 16 competenti cantanti, tra i quali si può segnalare il tenore James Kryshak con la sua voce penetrante prestata all’isterico Hitler, i soprani Sophie Desmars e Elena Vassileva, di ampia proiezione vocale e espressività, il contralto Mairam Sokolova,  il controtenore Andrew Watts, e il basso Gennadii Bezzubenkov, che con voce potente e profonda ha impersonato Stalin.

Tuesday, July 3, 2018

GerMANIA en la Ópera de Lyon

Foto: © Stofleth

Ramón Jacques

En el teatro de la Ópera de Lyon se llevó se cabo el estreno absoluto de GerMANIA, obra comisionada al compositor ruso Alexander Raskatov, que está basada en dos textos del dramaturgo alemán Heiner Müller: Germania Tod in Berlin (de 1971) y Germania 3 Gespenster am toten Mann (de 1995) que narran episodios históricos ocurridos entre la segunda guerra mundial y la caída del muro de Berlín. La adaptación musical dio como resultado una ópera histórica-dramática, cargada de humor negro, estructura en una secuencia de diez escenas, cantadas en ruso y en alemán, que sumergen al público en periodo fundamental del siglo 20 en la que chocaron dos distintos regímenes totalitarios, el nazismo y el comunismo. En escena aparecieron treinta y siete personajes entre los cuales estaban Hitler, Stalin y Goebbels. El tema es de particular interés para Raskatov, ya que el mismo sufrió a nivel personal la barbarie del régimen soviético. Musicalmente, la obra es atonal, intensa, expresiva y cargada de profusas percusiones, en los momentos en los que se muestra la crudeza con la que se vive una guerra. 
Con el transcurso de las escenas la música se va transformando, incorporando diversos ritmos y melodías, especialmente del jazz. El director de orquesta argentino Alejo Pérez hizo un buen trabajo al frente de la orquesta, conduciendo con seguridad y exactitud la compleja partitura, que por momentos resultó poco accesible para el público. Mucho impacto visual tuvo la puesta escénica dirigida por John Fulljames, que consistió en una plataforma giratoria en la que se mostraban un oscuro campo de batalla y una montaña cubiertos de fango, con cuerpos de soldados muertos; y explicitas escenas de violencia, asesinatos, violaciones, así como proyecciones al fondo del escenario, con la intención de inquietar e impactar al espectador. La imagen mas emocionante fue la aparición del astronauta Yuri Gagarin, suspendido en el aire con brillante iluminación y videos. Los personajes fueron interpretados por dieciséis competentes cantantes, entre los que se puede destacar al tenor James Kryshak por la penetrante voz que prestó al histérico Hitler; las sopranos Sophie Desmars y Elena Vassilieva, de amplia proyección y expresividad; la contralto Mairam Sokolova, el contratenor Andrew Watts, y el bajo Gennadii Bezzubenkov que con voz potente y profunda personifico a Stalin.

Saturday, July 29, 2017

El Caballero de la Rosa en el Teatro Colón de Buenos Aires

Manuela Uhl - Mariscala
Fotos: Teatro Colón / A. Colombaroli 

Dr. Alberto Leal 

Luego de componer óperas como Salomé (1905) y Elektra (1909), con una notable impronta de atonalidad, Strauss decidió escribir una comedia al estilo de Mozart, tal vez inspirado en “Las bodas de Fígaro” y ambientada en el siglo XVIII, basado en un argumento creado por Hugo Von Hofmannsthal, el logro final fue mucho más que una comedia simplista. El fin de una era y el tema del paso de los años convierten a esta comedia en una comedia con fuerte esencia sentimental. Ausente de nuestro primer Coliseo en los últimos 19 años, siempre fue una favorita de nuestro público y sobre todo cuando se da en una versión de excelencia como la presentada. Desde el punto de vista visual, no parece ser una puesta sumamente cara como para ser compartida por varios teatros. Luego de un deslumbrante y rococó primer acto, el segundo minimalista y con detalle de dudoso gusto, como el cañón, a un tercero ambientado en el siglo XIX, totalmente fuera de lo que pide Strauss, quitan coherencia a la obra como un todo. Tal vez Robert Carsen jugó un poco con el mismo anacronismo que realizó Strauss al ambientar una historia del siglo XVII, pero estrenada en 1911… Excelente la iluminación del mismo Carsen. La excelencia brilló desde el punto de visto musical y vocal.  El Maestro Alejo Pérez dirigió en estilo y cuidando la relación foso y escenario, teniendo siempre presente la capacidad vocal de los cantantes. La orquesta tuvo algunos momentos no muy felices, pero la versión musical en si fue muy buena.  Muy buen trabajo de ambos coros. El elenco nunca bajó de un nivel de excelencia.  Kurt Rydl con 69 años y más de 230 presentaciones en el rol brindó un magnífico Barón Ochs. Con una voz que mantiene un interesante timbre, importante volumen y grandes condiciones de actor, fue el centro de atracción en cada una de las escenas en las que participó. 
Gran trabajo. Manuela Uhl, soprano que en principio no parece la voz más adecuada para la Mariscala, ya que frecuenta Wagner y los Strauss dramáticos, fue una espléndida Mariscala. Redujo su volumen hasta hacerlo perfecto para el rol, cantó con gran línea y hermosos pianísimos. Su monólogo del final del primer acto fue absolutamente conmovedor. Ella tiene la edad, el físico y las condiciones vocales y actorales que la hacen perfecta para el rol. Jennifer Holloway como Octavian, con una voz que fluctúa entre soprano y mezzo, realizó un fantástico trabajo. Perfecta en lo vocal, con un importante caudal de voz y un físico más que adecuado para la parte, brindó con gran habilidad la masculinidad que el rol exige. Excelente trabajo. Oriana Favaro como Sophie, aquí en un rol mucho más adecuado a sus medios que su reciente Lucia en el Teatro Argentino, lució su grata presencia, muy desenvuelta como actriz y lució su hermoso timbre, pero por momentos fue tapada por la orquesta, sobre todo en el sector central y grave. John Hancock fue un correcto Faninal. Darío Schmunck brindo una brillante prestación como el Tenor italiano, con notable línea de canto, refinamiento y la arrogancia necesaria para el personaje. El resto del amplio elenco cumplió en forma satisfactoria. Para destacar, el dúo de intrigantes de Sergio Spina y María Luisa Merino, y la notable caracterización de Fernando Chalabe. Luego de esta función, con el nivel que merece el Teatro Colón, ¿seguirá igual….de todas formas disfrutemos de este “Caballero” de lo mejor de la temporada y algo más...

Thursday, December 10, 2015

Parsifal de Wagner en el Teatro Colón de Buenos Aires

Prensa Teatro Colón/Maximo Parpagnoli

Luis. G. Baietti / Opera in the World

Aunque se la conoce como una ópera, Parsifal es un “Festival escénico sacro”, como ha sido definido por su propio autor quien escribió tanto la música como el libreto.  Comenzó a escribirla en 1857, pero fue terminada 25 años después y estrenada en 1882, si bien hubo una interrupción en el medio, durante la cual compuso TISTAN E ISOLDA y parte de LOS MAESTROS CANTORES DE NUEREMBERG. Wagner siempre sintió atracción por la filosofía budista, y aunque en un momento pensó escribir una opera sobre Buda, finalmente no lo hizo, aplicando algunos conceptos de esa filosofía en Parsifal, que en esencia es una ceremonia cristiana en torno de dos reliquias reminiscentes de la crucifixión de Jesucristo: la lanza con la que fue herido por uno de los guardias romanos y el Gral, vaso sagrado en el que fue recogida la sangre que emanó de su cuerpo. Ambas reliquias tienen un valor sagrado y milagroso y son custodiadas por una orden de caballeros al servicio del Templo, presididos por el Rey Amfortas que al comenzar la obra está grave y muy dolorosamente herido y ha perdido la lanza a manos de Klingsor que lo sorprendió desprevenido mientras él tentado por el pecado yacía en brazos de una mujer. Es su obra más hermética y la que menos aceptación popular ha concitado, muy probablemente por su temática tan exclusivamente religiosa y por las características de su música, que si bien bellísima es bastante monocorde. Parsifal es más bien un sentimiento, que se extiende por 5 largas horas y que está expresado con algunos de los más sublimes momentos de música que emanaron de su genial autor. Conspiró contra su mayor difusión no sólo la naturaleza de la obra y las dificultades de montarla por las exigencias hacia sus personajes, sino también una suerte de monopolio que durante años ejerció el Festival de Bayreuth que decretó una restricción sobre las representaciones de Parsifal, que sólo podría darse fuera de Bayreuth 30 años después de la muerte de su autor, en 1913. Sin embargo esta decisión fue flagrantemente desobedecida y la obra fue estrenada en el Metropolitan en 1903. Por pedido del autor, la obra no debía ser aplaudida ni en los finales de actos ni al final de la función, pero a partir de la década de 1960 se rompió esta tradición y se aplaude como cualquier otra obra.  En Buenos Aires la obra fue conocida primero en el Teatro Coliseo, cantada en italiano llegando tiempo después al Teatro Colón donde fue representada en 11 temporadas, la última de ellas en 1986 bajo la dirección del gran Maestro Franz Paul Decker, y en la cual hacía su despedida de los escenarios el gran bajo argentino Victor de Narke que cantaba el papel de Titurel. La primera representación en el idioma alemán original tuvo su lugar en 1922 bajo la experimentada batuta del Maestro Weintgarten. El Teatro Colón disfrutó durante buena parte de su existencia del prestigio de ser uno de los grandes reductos wagnerianos, un reducto por el cual pasaron grandes directores e intérpretes y donde las principales obras del autor eran presentadas con relativa frecuencia. Aún en épocas más recientes nos dimos el lujo por ejemplo de presenciar el debut de Jon Vickers como TRISTAN, papel que estrenó aquí junto a nada menos que Birgit Nilsson. Pero lamentablemente junto con la decadencia de la programación tanto en títulos como en elencos, se produjo la decadencia de las presentaciones del repertorio wagneriano, al punto que la última vez que vimos TRISTAN E ISOLDA o EL ORO DEL RHN no fue en el Colón sino en el Argentino de la Plata, bajo la conducción de la dupla artística de Marcelo Lombardero y  Alejo Pérez. El Colón, mientras, se conformaba con dar una versión groseramente amputada de la Tetralogía, una versión con serias limitaciones en el reparto de LOHENGIRIN y nada más. No hubo Wagner en el 2014 y no lo habrá en el 2016. Es por eso que la Presentación de este PARSIFAL que además volvía a reunir a la pareja artística que había triunfado haciendo Wagner en La Plata estuviera rodeada de gran expectativa.

De entrada hay que decir que la conducción musical de Alejo Pérez  colmó plenamente todas las expectativas. Un trabajo superlativo que supo proyectar la diáfana claridad de la partitura wagneriana, llegando por momentos a la delicadeza de una versión de cámara, sabiendo remontarse a los auges sonoros de los momentos cumbre, fue la suya una creación magistral, apoyada en un excelente, impresionante desempeño de la orquesta, que brilló como en sus mejores días, y del coro masculino que fue una verdadera montaña sonora. Pero además se tuvo un excelente reparto integrado por figuras de primera línea en el escenario artístico mundial. Nadja Michael en primer lugar fue una deslumbrante Kundry con una poderosa voz que en el registro grave remeda a una contralto pero que se eleva con facilidad a las altas notas (en realidad canta como soprano siendo su repertorio básico Kundry, Salome, Lady Macbeth, Tosca. Es además una mujer bonita, sensual y una excelente actriz. Una Kundry para el recuerdo. Sthephen Milling  como Gurnemantz lució una bellísima voz de bajo (canta tanto papeles de bajo cantante como de bajo profundo como Sarastro, y en teatros de primer nivel) con absoluta solvencia en toda la extensión de la voz, pero muy especialmente en la zona grave donde su timbre es de una singular belleza. Y es además un muy convincente actor. Ryan McKinny quizás demasiado joven para Amfortas, cantó con una bellísima voz de bajo-barítono que está comenzando a ser disputada en los teatros del mundo y de la cual solo la mezza voce pareció algo corta de volumen. Además de cantar impecablemente la parte fue un actor fenomenal que hizo sentir todo el dolor de este personaje conflictuado y herido en más de un sentido. En una de las escenas más impactantes de la puesta, la del descubrimiento del Gral, se sustituyó el descubrimiento por un desnudo del barítono, que tiene el físico indicado para hacerlo y que quizás por eso mismo aparece frecuentemente semidesnudo en varias puestas, que es colgado con cadenas quedando en una posición que remeda a una crucifixión, mientras el escenario se oscurece y lo ilumina con gran fuerza. Christopher Ventris  que está cansado de cantar la parte en los principales teatros líricos del mundo, amén de Tannhauer, Peter Grimes, Siegmund, fue un sólido Parsifal, muy agradable de oír y muy bien actuado sin descollar. Hernan Iturralde se sobró como Titurel (por qué no cantó KIlingsor ¿?) y el barítono brasileño Hector Gueded lució limitaciones en graves y agudos con alguna dificultad embarazosa incluida. Buenos los comprimarios locales La regie de Marcelo Lombardero  es materia opinable. Habrá quienes por amor a Wagner se sientan decepcionados y hasta irritados por la puesta, y quienes vean con admiración la inventiva de este regisseur genial que domina todos los recursos teatrales ( las proyecciones ante todo ) marca muy bien las actuaciones de los actores ,pero no se aviene a presentar la Opera tal cual es , sintiendo la necesidad de alterarla. Tal como lo había anticipado en declaraciones periodísticas a él le fascina la música de Wagner pero no el libreto y pensaba introducir cambios en la acción. Y vaya si lo hizo. Ya no estamos en presencia de un festival sacro, dado que el punto de partida es una desacralización de la historia. La única cruz que se ve en toda la obra son los postes eléctricos medio caídos que adornan el lugar, una vasta extensión de tierra donde una guerra ha destruido todo y sólo se ven chozas, escombros, restos, edificios derruidos, una guerra de la que seguramente son parte los soldados en ropa de fajina y pesadamente armados con ametralladoras, que sustituyen a los Caballeros del Gral de la historia de Wagner.. En suma, que uno termina en realidad viendo otra historia, otra ópera y en mi caso particular una historia y una ópera que no termino de entender qué es lo que me quiere trasmitir porque quedo confundido entre lo que veo y lo que escucho que en más de una oportunidad poco tienen que ver. Continúo pensando que si el objetivo es reescribir una Opera hay que hacer precisamente eso: reescribirla, comisionándole a un escritor que escriba el nuevo texto para que acompañe a las decisiones del Director Escénico. Coexisten en la puesta momentos de gran belleza como las dos monumentales escenas colectivas de final de los actos 1 y 3, o la escena de la crucifixión de Amfortas ya comentada , pese a su forzada relación con el libro de la Opera, con otros en los cuales el director parece solazarse con exponer paisajes desolados y estéticamente desagradables en lo que quizás sea un mensaje ecologista, que ya se había hecho presente en su versión de El Oro del Rhin en el que el Rhin parecía más bien el Riachuelo por la acumulación de desperdicios que había en su cauce. También hay una intención de relacionar a algunos personajes con el poder económico y Klignsor rigurosamente trajeado más bien parece un ejecutivo de Wall Street rodeado de toda la parafernalia cibernética que le permite mantenerse al día con los cambios económicos que afectan a sus inversiones. En todo momento se está en presencia de un director genial e imaginativo, que da rienda suelta a sus obsesiones, que no siempre son las mismas que las de Wagner y por ello en definitiva el espectáculo queda visualmente a medio camino entre los dos. En suma un espectáculo deslumbrante desde el punto de vista musical y controvertible desde el punto de vista escénico.

Friday, July 6, 2012

Ainadamar en el Teatro Real de Madrid


Gronk
Ainadamar, ópera en cinco actos sin interrupción que incluye una partitura que mezcla brillantemente flamenco y lírica, se presentará en el Teatro Real de Madrid del 8 al 22 de julio y con ella se cerrará la temporada del coliseo. Se trata de la primera ópera del compositor argentino Osvaldo Golijov (1960), que se presenta en el Teatro Real en una producción procedente de la Ópera de Santa Fe, Nuevo México.

La defensa de la libertad individual y de los pueblos, la lucha por la transformación de la sociedad y la abolición de la tiranía a través de la expresión artística, así como el derecho a la diferencia y la imaginación como motor de la historia, son expresadas en Ainadamar a través de la relación entre Federico García Lorca, interpretado por una cantante femenina, y su musa y amiga la actriz Margarita Xirgu.

Ainadamar es una palabra árabe que significa ‘fuente de lágrimas’ y hace referencia a una fuente natural en las colinas próximas a Granada en las que Federico García Lorca fue ejecutado en 1936. El director de escena Peter Sellars ha creado un montaje que recoge los ecos de todas las culturas que confluyen en esta obra. Con la ayuda de la escenografía del pintor mexicano Gronk, Sellars recreó un sobrecogedor lamento por los desaparecidos.

La ópera contará con la participación de la Orquesta y el Coro titulares del Teatro Real, dirigidos musicalmente por Alejo Pérez, así como con los cantantes Jessica Rivera como Margarita Xirgu, Kelley O’Connor como Lorca, Nuria Rial como Nuria, y el cantaor Jesús Montoya como Ruiz Alonso. El pasado mes de enero, Sellars, que se encontraba en Madrid para preparar Iolanta y Perséphone, conoció a Nuria Espert y de ese acercamiento surgió la idea de que la actriz española participara también en la nueva Ainadamar. Así, desde el próximo domingo Espert recitará en la escena diez poemas de Diván del Tamarit de García Lorca. El texto del libreto original de David Henry Hwang, ha sido traducido al castellano por Osvaldo Golijov.

La grabación de esta ópera con el sello Deutsche Grammophon le proporcionó a Golijov dos premios Grammy en 2007. En este registro intervienen varios de los cantantes que estarán presentes en su estreno en el Real: la mezzo-soprano Kelley O'Connor, Jessica Rivera y Jesús Montoya.
   

Saturday, April 14, 2012

BRILLANTE APERTURA DE TEMPORADA - El oro del Rin (Das Rheingold), Teatro Argentino de la Plata

Fotos: Liliana Morsia

Dr. Alberto Leal

Estreno en el Teatro Argentino Libreto y Música: Richard Wagner

El Teatro Argentino abrió su temporada de la mejor forma posible. Pocos teatros en el mundo pueden presentar “El anillo del nibelungo” COMPLETO, en dos temporadas consecutivas, siendo un estreno para dicho teatro, con dos elencos alternativos compuestos únicamente por cantantes hispanoamericanos y con un nivel de EXCELENCIA. En lo personal lamento no haber estado en el país para ver ambos elencos y tener que volver a viajar al día siguiente de ver la última función. Esa fue la causa del atraso en la crítica. Esta versión es un hecho artístico que quedará en los anales de la ciudad y del teatro. La magnífica concertación del Maestro Alejo Pérez fue absolutamente admirable, consagratoria. Creo que fue un acierto total cubrir parcialmente el foso, acercándose a lo que imaginaba Wagner, que permite además no perder una sola nota de ningún cantante. Ambientada en época actual o algo futurista, la imaginación del maestro de  Leipzig encontró en Marcelo Lombardero el vínculo ideal para concretarla. Su trabajo como puestista es para atesorar por largo tiempo. Un dechado de imaginación, gran belleza visual y el uso – siempre perfecto – de proyecciones o videos – que convierten su puesta en algo mágico. Cada escena atrapa por lo estético, pero además deja reflejar una trama por momentos de gran actualidad en la nuestra sociedad. Algunas escenas pueden ser cuestionadas, como la violencia en la escena del robo del anillo a Alberico, pero delante de tanta belleza visual – y aunque no cumple con lo pedido por Wagner – pasa a ser anecdótico. La marcación de los cantantes mantuvo el nivel de excelencia de toda la puesta. Excelente la iluminación de José Luis Fiorruccio lo mismo que el vestuario de Luciana Gutman, acorde con lo planteado por el regisseur. Creo que el Maestro Lombardero ya es un Director de escena más que consagrado, si así no lo fuera, esta puesta, donde despliega todo su talento, por si sola sería consagratoria para cualquier regisseur. Bravo. Con un elenco sin fisuras y con grandes trabajos, Homero Pérez- Miranda – como Wotan – cantó y actuó en forma impecable, demostrando una ductilidad y un poder de adaptación a roles y estilos totalmente diferentes no visto habitualmente en otros cantantes. El Loge de Carlos Bengolea fue actuado en forma excelente, mostrando en todo momento una personalidad incisiva y un gran nivel vocal, donde nunca se dejó de escuchar una solo nota. Una gran sorpresa fue la presencia de Luis Gaeta, en general no relacionado con el repertorio wagneriano.

Cantó con excelente voz, en todo su registro, agudos precisos y graves siempre audibles. Y su creación del personaje fue perfecta, ya conocemos sus grandes dotes de actor. Emiliano Bulacios – uno de los gigantes – desplegó su muy bella voz de bajo, generando el volumen más importante de todo el reparto. Suelto como actor, brindó otro trabajo de excelencia. Fue bien acompañado por José Antonio García – como Fafner, el otro gigante, que debido a su altura y contextura física, no hubo necesidad de hacerlo parecer más grande. Muy impactante la entrada de ambos con sus grandes sombras detrás de ellos. Alejandra Malvino como Freia, no desplegó un gran volumen, pero fue totalmente compensado con la intención que puso en su forma de decir. Federico Sanguinetti y Enrique Folger (Donner y Froh) cumplieron en forma muy eficiente sus roles, destacándose el brillante y libre sector agudo de Folger. Claudia Casasco cantó con corrección, aunque no fue favorecida al cantar fuera del escenario. El resto del numeroso elenco mantuvo un muy buen nivel, tanto vocal como escénico. Solo nos queda brindarle un BRAVO! A este grupo de verdaderos artistas y tratar – cosa difícil – de calmar la ansiedad de presenciar “La Valquiria” a final de temporada.

Friday, January 6, 2012

Don Carlos - Estreno sudamericano de la versión original en cinco actos cantada en francés. Teatro Argentino de la Plata

Fotos: Genitti / Teatro Argentino de la Plata

Dr. Alberto Leal

Libreto de Joseph Mery y Camile Du Locle, basado en el drama “Don Carlos, Infant von Spanien” de Friedrich Schiller. Música de Giuseppe Verdi. TEATRO ARGENTINO DE LA PLATA. 18-11-11. Director de Orquesta: Alejo Pérez. Director de escena y diseñador de vestuario: Francesco Esposito. Diseñador escenográfico y de iluminación: Enrique Bordolini  Director de Coro: Miguel Fabián Martínez. Orquesta y Coro estables. Elenco: Élisabeth de Valois, Reina de España: Carla Filipcic Holm, La Princesa Éboli, noble española: Elena Sommer, Thibault, paje de la reina: Fabiola Massino, Philippe II, Rey de España: Rubén Amoretti, Don Carlos, Infante de España: Luca Lombardo, Rodrigue: Marqués de Posa: Krum Galabov, Le Grand Inquisiteur: José Antonio García y elenco  

Un gran desafío constituyó para el Teatro Argentino la presentación, en carácter de estreno Sudamericano, de la gran ópera de Verdi “Don Carlos” en su versión francesa de cinco actos, cantada en el idioma original. Es la ópera más larga del Maestro y la que más modificaciones tuvo. Fue estrenada en el Teatro Imperial de la Opera el 11 de marzo de 1867, por encargo de la Opera de París para la Exposición Universal del mismo año. Por ese motivo fue concebida como una Grand Opera francesa, con ballet incluido en el tercer acto, como era de rigor. A pesar de la belleza de la misma no fue bien acogida en su estreno, tal vez por la presencia en la sala de la Infanta española y la parcial veracidad de los hechos por parte del libro original de Schiller. Mucho camino y modificaciones sufrió la obra hasta ser estrenada en la versión italiana en el Teatro La Scala de Milán el 10 de enero de 1884 y ésa es la versión más representada hasta la fecha. Aunque en el último tiempo varios teatros – básicamente europeos – han presentado la versión francesa. Luego del “Tristán e Isolda” y ahora “Don Carlos”, el Teatro Argentino ha demostrado palmariamente que se encuentra en condiciones de ampliar su repertorio sin límites a la vista. Don Carlos (o Don Carlo) es una maravillosa ópera, con un estupendo nivel musical y una trama agobiante, donde amores contrariados se entreveran con el absolutismo y el fuerte peso de la Santa Inquisición. Es una obra que requiere una gran Orquesta y Coro y por lo menos cinco cantantes de auténtica fibra verdiana. Alejo Pérez condujo la Orquesta en excelente forma, perfecto estilo, tiempos adecuados y certero balance entre foso y escenario. Y la misma le respondió en todo momento. Sin dudas se ha convertido en uno de los mejores directores de opera de nuestro medio. Gran trabajo. El Coro fue otro puntal de esta representación, aunque en algunos momentos no fue favorecido por la puesta. Pero su trabajo nunca bajó nivel de excelencia. La puesta fue menos convincente. Partiendo de la trillada idea del teatro dentro del teatro y moviéndose dentro de la pesada, preciosista - y algo anacrónica – escenografía creada por Enrique Bordolini, que además presentaba serios problemas de movilidad cada vez que había que correr alguna de las imponentes gradas, Francesco Esposito combinó aciertos y desaciertos en igual medida. Las escenas intimistas perdieron su carácter y su fuerza al estar siempre presente otros personajes en los palcos y fue realmente inexplicable ver salir a la Princesa Eboli de la cama de Felipe II, a la vista de Élisabeth, con lo cual pierde todo sentido el aria “Ah! Je ne verrai plus la Reine!”. Pero movió con bastante acierto a los cantantes y mantuvo el clima de opresión exigido, con la salvedad de los momentos nombrados.

El vestuario tuvo también fluctuaciones, desde trajes realmente impactantes y muy bien logrados a cuadros completos en colores totalmente monocordes. Desde el punto de vista vocal Carla Filipcic Holm brindó una estupenda Élisabeth desde todo punto de vista. Con espléndido timbre, perfecta técnica y afinación, un canto pleno de matices y potente volumen, brindó una inolvidable «Toi qui sus le néant des grandeurs de ce monde», siendo ovacionada por el público. Un trabajo para atesorar. Luca Lombardo no posee el tipo de voz más adecuado para el rol de Don Carlos y su timbre no es de los más agradables, sobre todo en la zona aguda. Pero cantó toda la ópera con ímpetu, con correcta línea de canto y – gracias a que tiene una voz plena de armónicos - se escuchó durante toda la representación, aunque no posee un gran volumen, llegando al final de la misma en buena forma vocal, lo que no es poco debido a las exigencias del rol. Rubén Amoretti posee una bellísima voz de bajo, cantando con buena línea, pero su canto es poco matizado y sus posibilidades actorales nulas. No logró conmover en ningún momento ni imponerse cuando era necesario. Realmente una pena dado al valor de su timbre y la facilidad de su canto. Krum Galabov, muy desenvuelto como actor, posee una voz de buen caudal y timbre en la zona aguda. Canta con buena línea y gran entrega, pero su centro y grave se tornan opacos y por momentos poco audibles. De todas formas generó un personaje totalmente creíble. La mezzo rusa Elena Sommer es poseedora de una agradable voz central, de regular volumen. La extensión de la misma no parece hacerla adecuada para este rol donde graves notables y agudos expuestos son imprescindibles y ella no los posee. Tampoco, aunque desenvuelta, fue convincente como actriz. José Antonio García brindó un correcto Inquisidor. Destacándose del resto del elenco el bien cantado Thibault de Fabiola Masino, la exquisita “ Voix du Ciel” de Victoria Gaeta y el Monje de Mario De Salvo. Pero con sus más y su menos es una función que debe ser vista por los amantes de la ópera, una versión que seguramente no se vuelva a repetir por largo tiempo y el acercamiento a un Verdi que en cualquiera de sus versiones siempre es maravilloso. Lamentablemente en la función que asistí la sala estaba con muy poco público, triste. El gran esfuerzo del Teatro Argentino debe ser premiado por todos los que llevamos la ópera en el alma.

Wednesday, August 24, 2011

EXCELENTE VERSION DE TRISTAN E ISOLDA EN EL TEATRO ARGENTINO DE LA PLATA

Fotos: Genitti / Teatro Argentino de la Plata

Dr. Alberto Leal

TRISTAN E ISOLDA (Estreno en el Teatro Argentino) 19/08/11. Opera en tres actos con libreto y música de Richard Wagner. Director de Orquesta: Alejo Pérez. Director de Escena: Marcelo Lombardero. Diseño escenográfico: Diego Siliano. Diseño de vestuario: Luciana Gutman. Diseño de Iluminación: Horacio Efrón. Director del Coro: Miguel Fabián Martínez. Orquesta y Coro Estables Reparto: Tristán: Leonid Kakhozhaev, Isolda: Katja Beer, Rey Marke: Hermán Iturralde, Kurwenal: Douglas Hahn, Melot: Leonardo Estévez, Brangáne: Adriana Mastrángelo y elenco.

Tristán e Isolda, una de las obras maestras de Wagner fue presentada en el Teatro Argentino de La Plata. Fue estreno para el teatro y es el primer Wagner cantado en idioma original que se presenta en el mismo, ya que, aunque fue representado “Lohengrin” en 1952 fue cantado en italiano. Una obra de altísimo lirismo y grandiosidad, con bellos y repetidos leitmotiv, que solo puede presentarse con un alto grado de calidad. El resultado obtenido por el Teatro Argentino no puede tener otra calificación que EXCELENTE. Los dos grandes artífices de este logro fueron los Maestros Marcelo Lombardero y Alejo Pérez. Sin duda, el lo personal pienso que es el trabajo más logrado de Lombardero, construye imágenes casi intangibles de asombrosa belleza, basando siempre su trabajo desde la música. Con una puesta casi inmaterial, del más refinado buen gusto y un estupendo trabajo de Diego Siliano, las 4 horas de espectáculo van pasando sin que el espectador deje de admirar la belleza y plasticidad planteadas. Creo que unos de los momentos culminantes es la escena posterior al episodio del filtro del amor, donde la pareja se eleva y el telón se va cerrando dejando una visión de imborrable perfección. Una puesta donde predomina el ocre (muy bien contrastado con un vestuario absolutamente adecuado) y que basada en proyecciones, los distintos escenarios van cambiando siempre en forma exacta. Aunque esta puesta ya fue presentada en otros lugares, cabe aquí mencionar que la presentada fue totalmente realizada en el teatro. Llevará tiempo encontrar una puesta que reúna belleza y rigor wagneriano de la calidad de la presentada.
En lo musical, el Maestro Alejo Pérez realizó otro espléndido trabajo, con gran entrega, volumen adecuado y estilo, logró de la orquesta un formidable trabajo, a quien hizo subir al escenario en el momento de los saludos y fue meritoriamente ovacionada. Creo que quedó demostrado, ante comentarios en contrario, que el foso del teatro puede albergar una orquesta que no desmerezca las partituras del nivel de las wagnerianas. En la parte vocal, las mejores labores fueron de cantantes locales. Hernán Iturralde dio vida a un excelente Rey Marke, con su hermosa voz, su impecable línea de canto y sus brillantes dotes de actor, compuso un personaje inolvidable. Adriana Mastrángelo como Brangania, mostró un canto franco, siempre afinado y de excelente volumen. Y un esplendido trabajo actoral. Estuvo en cada detalle, en cada situación, absolutamente compenetrada en su papel. Katja Beer brindó a su Isolda su muy buena figura y sus excelentes dotes de actriz. No posee una voz wagneriana y su timbre no tiene particular belleza, presentando problemas notorios en el sector agudo. Pero salvo algunos momentos de incomodidad vocal construyó un personaje creíble. Leonid Kakhozhaev, quien había debutado en el Teatro Colón en 1998 con la Opera de Kiev, personificando al “Inocente” en Boris Godunov, personaje en la antípodas de Tristán, fue un elemento valioso en la representación. Su voz no tiene el volumen que uno espera para el rol, pero mantuvo la energía necesaria hasta el final de la función y fue un correcto actor. Douglas Hahn, realizó un excelente trabajo como Melot y siempre a un nivel de corrección el resto del elenco. Fue una pena no ver un teatro a pleno en la función de estreno. Este Tristán e Isolda es, como un todo, algo inolvidable, un triunfo del Teatro Argentino y de todos los que lo hicieron posible. IMPERDIBLE!



Sunday, March 20, 2011

Carmen de Bizet de Buenos Aires Lírica

Fotos: Liliana Morsia.
Dr. Alberto Leal.

Buenos Aires Lírica decidió iniciar tu temporada anual con una de las obras más populares del repertorio operístico, CARMEN. Estrenada el 3 de marzo de 1875 en la Opéra-Comique no fue originalmente bien recibida por el público. Sin dudas, su argumento, liderado por una mujer que vive de una forma muy alejada a la moral de la época y termina asesinada por un soldado devenido en desertor y delincuente, desconcertó al público. Este hecho afectó mucho a Bizet, quien muere tres meses después del estreno sumido en una profunda amargura. Nunca el maestro pudo imaginar que con el tiempo la música de Carmen sería una de las más reconocidas – incluso por público neófito – de todos los tiempos. No lejos de esta realidad estuvo Tchaikovsky opinando que sería "la ópera más popular del mundo". Una orquestación colorida y rica y una historia fuerte y pasional hacen que Carmen sea siempre bienvenida. Pero también entraña un desafío y un gran esfuerzo, y desde ese punto de vista es muy valiosa la decisión de Buenos Aires Lírica y más aún presentarla con los diálogos originales y con el espíritu que Bizet la imaginó para la Opéra-Comique. Aunque en lo personal prefiero las óperas representadas en la época original, acepto con agrado cuando se realizan cambios y los mismos se mantienen coherentes através de toda la representación, sin traicionar el espíritu del autor. Marcelo Lombardero planteó la acción en época actual, sin que se resintiera el planteo dramático y dándole algunas connotaciones de absoluta actualidad. Sin dudas el haber elegido la versión con los diálogos originales y no la habitual, con los recitativos de Ernest Giraud, ayudó en gran forma, haciéndola más liviana y con más posibilidades de generar algunos momentos jocosos. Carmen es una mujer libre, en todo sentido y padece violencia de género por parte de Don José. Este tema – desgraciadamente de total actualidad – fue la base de la puesta de Lombardero. Culminado la misma con una escena estremecedora donde, fichas policiales de mujeres golpeadas, se sobreponen a la filmación de una corrida de toros. El ambiente fue todo lo sórdido que se corresponde con el drama y – aunque esta vez con bailarines de hip-hop (excelentes) – la trama nunca perdió fuerza dramática. Dentro del contexto elegido, la escenografía, el vestuario y la iluminación fueron totalmente coherentes a la idea original, acentuando el clima hostil y sórdido. Pero para ser totalmente creíble esta puesta se necesitaban verdaderos cantantes – actores, y por suerte allí estuvieron.
Adriana Mastrángelo, con un imponente físico, más asimilable a una modelo que a una cantante de ópera, y totalmente contrario a la descripción de Merimée, brindó un trabajo consagratorio. Cantó con su hermoso timbre de voz, buen volumen, totalmente en estilo y creó un personaje de irresistible sensualidad. Sus cualidades vocales y sobre todo físicas fueron favorecidas por el tipo de puesta elegida. El tenor Martín Muehle fue la revelación de esta versión. Posee una excelente voz muy rica en armónicos y gran volumen. Tiene un temperamento adecuado con gran capacidad dramática y generó un excelente Don José.
Es un cantante para tener en cuenta para el futuro, no solo por Buenos Aires Lírica. Puede ser un valor muy positivo para cualquiera de los teatros de Buenos Aires. Oriana Favaro posee una exquisita voz de soprano lírica, brindó la pureza necesaria a su personaje. Sin dudas será un excelente valor a corto tiempo. En lo personal creo que todavía debe seguir trabajando. Cantó muy bien su aria pero no supo darle un cierre adecuado. Una gran promesa. Escamillo parece no ser el papel más adecuado para Leonardo Estévez. Canto de mayor a menor y con un resultado general claramente mediocre. Voz despareja, emisión poco clara, problemas técnicos notables. Es un cantante apto para otros papeles pero el toreador parece quedarle grande en este momento. El cuarteto de contrabandistas cantó y actuó con total solvencia. Esta versión le da más posibilidades actorales y tanto Sebastián Sorarrain como Santiago Bürgui supieron sacar claramente partido de la misma. Correcto el resto del elenco. Alejo Pérez dirigió la orquesta con excelentes tiempos, siempre en estilo y cuidando la relación foso - escenario. Un párrafo aparte merece el logrado preludio del tercer acto.  El coro de Buenos Aires Lírica tuvo una buena actuación, sobresaliendo el sector femenino. Igualmente fue positiva la prestación del Coro de Niños del Teatro Argentino. Una Carmen distinta, testimonial, exponiendo una problemática actual sin dejar de lado a Bizet, una Carmen con indudables valores individuales que debe ser vista, con total independencia de la época en que transcurre y a la cual es necesario ir con la mente abierta.






Sunday, January 2, 2011

PERFUME HISPANOAMERICANO Y NOSTALGIA DE ANTONIO GADES EN LA GALA DE FIN DE AÑO EN EL TEATRO REAL

Foto: Javier del Real/ Teatro Real

Alicia Perris

31 de enero de 2010. María Bayo: soprano. Ismael Jordi: tenor. Luz Casal: cantante. Cañizares: guitarra. Aída Gómez y Christian Lozano: bailaores. Compañía Antonio Gades. Director artístico: Emilio Sagi. Coro y Orquesta del Teatro Real de Madrid. Director. Alejo Pérez.

Muy lejos de la obra de la familia Strauss, Josef Lanner o Liszt, de quien en 2011 se recuerda el bicentenario del nacimiento, a años luz de la función de Welser-Möst de la Filarmónica de Viena, que llevó a cabo, como cada 1 de enero su concierto tradicional en la ciudad del Danubio, el Teatro Real de Madrid dibujó un giro copernicano en su repertorio habitual y decidió despedir el año con una propuesta heterogénea y nada previsible. El coliseo que dirige Gerard Mortier inauguró la velada con la Cuban Overture de George Gershwin (1898-1937), bajo la batuta del argentino Alejo Pérez. Mientras la música imponía un tono desenfadado y festivo que se prolongaría toda la noche, se proyectaba una película con escenas de Cuba. A continuación, la soprano María Bayo y el coro ofrecieron “¡Sí, yo soy Cecilia Valdés!”, de Gonzalo Roig (1890-1970). La cantante no convenció y no consiguió la rotundidad y la soltura vocal y escénica que requería la partitura. Lo mismo le sucedería más adelante, con el couplé de La corte de Faraón: “Son las mujeres de Babilonia”. El tenor Ismael Jordi cumplió con creces su romanza de la Chulapona de Federico Moreno Torroba, “Tienes razón, amigo…Noche madrileña” y volvió a sorprender agradablemente en el dúo con María Bayo de Doña Francisquita de Amadeo Vives (1871-1932), “¡Le van a oír!¡Cállese usted, imprudente!”. Luz Casal, envuelta en un vestido blanco que la hacía más frágil y etérea si cabe, realizó una versión conmovedora en lo escénico del “Piensa en mí”, de Agustín Lara, mientras que el guitarrista y compositor Cañizares dio una lección de maestría con su conjunto en la Balada y la Rumba Lluvia de Cometas. Lo suyo fue esta noche inspiración y deslumbramiento. Aída Gómez y Christian Lozano bailaron con gusto y garra y la Compañía Antonio Gades relumbró con el fulgor que nos liga a la nostalgia por el recuerdo del bailarín alicantino desaparecido. El Teatro ofreció también dos publicaciones sobre el coreógrafo, una en formato pequeño “Antonio Gades, 1936-2011, un legado universal” y un libro primorosamente editado con la colaboración de instituciones de Getafe, “Antonio Gades. “Viento del pueblo”, by Antoni Miró”, de Carles Cortés. Una velada muy hispana la que propuso el Teatro Real para finalizar el año, mezcla de flamenco, zarzuela, canción popular y danza. Alejado de lo meramente académico, el espectáculo fue retransmitido en directo por el canal cultural de la cadena franco-alemana Arte y repetido en diferido por Televisión Española, el 6 de enero. Una oportunidad única que enlaza con la voluntad de afianzar también lo propio y las producciones españolas por parte de los responsables del Teatro, estrategia que comenzó esta temporada con el montaje de “Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny” de Kurt Weill, escenificada por La Fura dels Baus. Coincidiendo con el nuevo proyecto teatral del Real, el presidente del patronato, Gregorio Marañón y Bertrán de Lys, anunció que “Vargas Llosa presidirá un consejo artístico en el Teatro Real” y que dos nuevos consejos estarán presentes a partir de enero, uno económico y otro artístico. Con comentarios que inciden en la financiación y organización del buque insignia de la capital, Gregorio Marañón intenta rediseñar la percepción que se tiene de la institución que preside, inspirando solidez y confianza en una época señalada por la crisis y por la inestabilidad en los proyectos artísticos, sometidos a una gran volatilidad, por los condicionamientos y las incidencias económicos. Sin embargo y a pesar de las contingencias pasajeras, da la sensación de que la constelación de Gerard Mortier está definitivamente en marcha.

Wednesday, April 7, 2010

Lady Macbeth de Mtsensk en el Teatro Argentino de La Plata

Fotos: Teatro Argentino de La Plata / Fotografías de Guillermo Genitti
Ernesto Castagnino
Con agradecimiento a Tiempo de Musica -de Buenos Aires, Argentina.
Los dos años que la ópera Lady Macbeth de Mtsensk se mantuvo en escena hasta ser condenada por la censura estalinista, fueron, según él mismo lo expresó, los años más felices en la vida de Dimitri Shostakovich. Una afortunada “distracción” de la censura permitió que durante dos años la obra fuera apreciada por el público desde su estreno en Leningrado el 22 de enero de 1934. Pero la noche en la que Stalin asistió a la ópera se levantó indignado y se retiró del teatro antes de finalizar la función, acto que marcó la caída en desgracia del compositor. Al día siguiente del episodio, apareció una nota en el diario titulada “Caos en vez de música” en la que se criticaba duramente la obra de Shostakovich, tildándola de antimusical, nota que señaló el fin de los años más felices del compositor y la prohibición de la obra durante 26 años.

El argumento de Lady Macbeth de Mtsensk fue tomado del relato homónimo de Nicolai Leskov publicado en 1865, que narra la truculenta historia de Katerina, una mujer hastiada e insatisfecha, que experimenta el despertar de sus pasiones al convertirse en amante de Serguei, un empleado de su marido. En su empeño y desesperación por que nada interfiera en su relación, asesina a su suegro, su esposo y un sobrino —este último crimen es omitido en la ópera deliberadamente, ya que el compositor buscaba lograr que el público justificara a la protagonista, convertida así en una víctima de la opresión de las convenciones y costumbres pequeño burguesas de la Rusia zarista, una especie de Emma Bovary a la que no le queda otra salida que el asesinato. Descubiertos los crímenes, Katerina es condenada junto a Serguei y, en el camino a Siberia, el amante comienza a despreciarla mientras seduce a otra presidiaria. Katerina, humillada y desesperada, se arroja al río, arrastrando consigo a la rival.

La corriente estética que prosperó en el período estalinista fue el realismo socialista, esfuerzo didáctico por transmitir, del modo más claro y directo, las bondades del proletario y su lucha revolucionaria. En este contexto, los elementos veristas y expresionistas de la obra, su forma de abordar el erotismo y las pasiones descarnadas, chocaron con la intención didáctica y edificante que la producción artística debía tener según la preceptiva del Partido, y convirtieron a Shostakovich en blanco de la Gran Purga. Lejos de resultar un caos, la música creada por el compositor ruso fluye de manera extraordinaria, delimitando con claridad la variedad e intensidad de las situaciones y las características de cada personaje. Así crea interesantísimas escenas en las que música y acción dramática se funden con enorme eficacia teatral, como la escena última del primer acto en el encuentro erótico-amoroso entre Katerina y Serguei o el asesinato de Zinovi, el marido, por parte de los dos amantes.

Esta producción firmada en lo escénico por Marcelo Lombardero fue estrenada en la temporada 2009 del Teatro Municipal de Santiago de Chile y se repone en esta apertura de la temporada 2010 del Argentino de La Plata con algunos de los principales cantantes de aquel estreno en Chile. Es indudable la afinidad de Lombardero con el repertorio del siglo XX, tal como hemos visto en sus recientes producciones de Jonny spielt auf de Krenek (Teatro Colón, 2006), The turn of the screw de Britten (Teatro Municipal de Santiago de Chile, 2006), Wozzeck de Berg (Teatro Colón, 2007), La historia del soldado de Stravinsky (XII° Ciclo de Música contemporánea, 2008), El castillo de Barbazul de Bartók (Teatro Municipal de Santiago de Chile, 2008) o The Rake’s Progress de Stravinsky (Buenos Aires Lírica, 2009). Y esta afinidad hace que su talento como director de escena se consagre definitivamente en un terreno en el que se mueve como pez en el agua.
Lombardero nos cuenta la cruenta historia de los crímenes de Katerina Ismailova sin caer nunca en recursos fáciles o efectistas. Ambientó la acción en un matadero en lugar de la pequeña hacienda del libreto original, lo que le otorgó a la historia un marco de brutalidad adicional del que afortunadamente no se abusó. El director de escena intentó poner en evidencia los complejos vericuetos de las motivaciones del accionar de los personajes dándoles volumen y verosimilitud. Sus marcaciones fueron tan sutiles como efectivas, con gestos y acciones pensados orgánicamente con la música y buscando además un continuum dramático que evitara la interrupción del flujo musical en sintonía con las intenciones expresadas por el compositor.

El planteo escenográfico de Diego Siliano y el diseño de iluminación de José Luis Fiorruccio fueron simplemente extraordinarios. Una serie de paneles verticales y horizontales al desplazarse delimitaban planos escénicos y focalizaban la acción, recurso inteligente para resolver los numerosos cambios de escena sin interrupciones. Siliano creó una superposición, subordinación y yuxtaposición de planos visuales en sentido vertical, horizontal y en la profundidad del escenario que iba conformando un laberinto que reflejaba la confusión mental de la protagonista en su caída al abismo. El espectador debía transitar por él para acompañar a Katerina hasta su último acto, en el que mata a su rival y a la vez se suicida arrojándose al río. La utilización de proyecciones contribuyó a ese clima, siendo particularmente acertada la proyección en ruso del editorial “Caos en vez de música” de la que sólo al final aparece la traducción y el espectador, que pensaba tal vez que se trataba de una noticia del diario sobre los crímenes de Katerina, es “sacado” por un instante de la trama y confrontado con lo que está viendo y escuchando, empujado a pensar en el contexto en el que esa obra fue creada y a formar su propio juicio acerca de ese hecho artístico. Una brillante manera de poner sobre la mesa el complicado problema de las relaciones entre arte y política, y del más complejo problema del rol de la crítica.
Pero el mejor resultado se obtuvo en el cuarto acto —en mi opinión el más logrado e inspirado musicalmente— en el que el coro de los prisioneros canta su dolor al arrastrar sus cadenas camino a Siberia. Las proyecciones del desierto y alambrados carcelarios creaban un efecto opresivo y contundente ayudando a establecer esa empatía con la protagonista a la que Shostakovich aspiraba. El vestuario de Luciana Gutman, atemporal y neutro, apuntó a subrayar la universalidad de una historia y unos caracteres que pueden pertenecer a cualquier espacio y época. El equipo vocal fue compacto y de buen nivel. La voz de soprano dramática de Natalia Kreslina, en el rol de Katerina, arrasaba todo a su paso como una topadora. La zona central y grave de su voz posee una proyección y calidad de emisión destacables, además de mantenerse sólida y vigorosa hasta el aria final del “Lago oscuro” que cantó con expresividad y sentimiento. A su lado, el tenor Enrique Folger fue un correcto e interesante Serguei, acentuando esa intensa y potente virilidad que despierta a Katerina del letargo de vivir junto a un hombre que no la desea. Su voz no mantuvo a lo largo de la obra una calidad homogénea, pero el resultado final fue igualmente satisfactorio.

El bajo-barítono Hernán Iturralde en el rol de Boris, el suegro de Katerina, demostró una vez más su enorme talento vocal y actoral en un rol que le quedaba muy cómodo y del que supo extraer todos los matices negativos que Shostakovich le adjudica: autoritario con sus empleados, machista y lascivo con su nuera, resentido con su hijo que no le da herederos. Iturralde transmite todo eso cantando en forma impecable su escena solista del segundo acto “Esto es lo que pasa cuando se envejece”. Muy sólidos y parejos resultaron también el tenor Pedro Espinoza como Zinovi, Carlos Bengolea como el trabajador ebrio, Alejandra Malvino como Sonyetka y Gustavo Gibert como el jefe de policía, quien lideró una divertida pero tal vez demasiado larga escena en la que Shostakovich ridiculiza a la policía —otra de las cosas que no deben haber sido del gusto de Josef Stalin aquella noche de 1936. Una mención aparte merece el bajo Ariel Cazes en el doble cometido del Pope y de un Viejo convicto. En este último rol le tocó liderar la escena más conmovedora de la obra: “Qué largas son las millas que siguen una tras otra” que abre el cuarto acto, junto al coro de prisioneros. Su voz de bajo, aplomada y de vasto colorido, supo transmitir el profundo dolor del prisionero que sabe que al final del camino sólo lo espera la desolación y la muerte.

Indudablemente la entrega de todo el equipo de solistas y del coro a un proyecto en el que creen, posibilitó a los directores musical y escénico extraer lo mejor de todos ellos. Impecables las intervenciones del coro y la interpretación musical de la orquesta a cargo de Alejo Pérez, quien nos acercó una intensa versión de la partitura, sin ahorrarnos los filos a veces lacerantes de la gigantesca orquestación y las complejas variaciones rítmicas que hacen de Shostakovich uno de los compositores ineludibles del siglo XX. Asistimos, en suma, a una excelente versión musical y escénica de esta ópera rusa, con diferentes niveles de lectura que permitieron apreciar tanto la universalidad del drama y sus personajes como la dimensión histórico-política en que el artista y su obra se inscriben, problema filosófico cuyo planteo es siempre bienvenido. La enorme convocatoria de público —tres funciones a sala llena a la que se agregó una cuarta, con la participación de Eugenia Fuente en el rol titular— hace pensar que las estrategias de difusión de la actual gestión del teatro y el interés del público por disfrutar del talento de un equipo de prestigio, confluyeron para que este comienzo de temporada marque un estándar altísimo que nos llena de entusiasmo y optimismo.