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Friday, November 8, 2024

The Manchurian Candidate en Austin

Foto: Erich Schlegel

Eduardo Andaluz

Una obra ya vista en aquí en el 2016 se repuso en el escenario del teatro Long Center for the Perming Arts en esta urbe, capital del estado de Texas, y es el título con el que se inaugura una nueva temporada de la Ópera de Austin. Se trata de The Manchurian Candidate, ópera en dos actos del compositor Kevin Puts con libreto de Mark Campbell, quienes hicieron una adaptación lirica de la novela homónima de 1959, escrita por Richard Condón, y que le fue comisionada al joven compositor estadounidense por la Ópera de Minnesota, teatro donde tuvo su estreno absoluto en el 2015. El propio compositor y libretista habían trabajado previamente en la creación de la obra titulada ‘Silent Night’ (2011), y en el 2022, Kevin Puts estrenó en el Metropolitan de Nueva York su cuarta creación lirica ‘The Hours” en cuyo elenco estuvieron la soprano Renée Fleming y la mezzosoprano Joyce Di Donato, bajo la conducción musical de Yannick Nézet-Séguin. Se podría pensar que inaugurar una temporada con una obra contemporánea podría ser vista como una apuesta arriesgada para el teatro de Austin, máxime cuando programa anualmente tres títulos, uno de los cuales es el Réquiem de Verdi, pero se entiende su contribución para promover y difundir el trabajo y valía de los compositores estadounidenses vivientes, y esa es una labor loable que se le debe reconocer. La trama se cimienta sobre diversos temas que son muy actuales – en este mundo convulso- ya que es una historia que toca puntos como el patriotismo, la corrupción, las ambiciones e intrigas políticas, el control mental, incluso la infiltración de la KGB, y un asesinato. En breve, la historia versa sobre el Sargento Raymond Shaw, interpretado con pasión, entrega y buenos medios vocales e histriónicos por el barítono con Mark Diamond, quien es un militar estadounidense y héroe de guerra atrapado en una red de intriga política. Sin su conocimiento, en el centro de esa red se encuentra su propia madre Eleonor, quien orquesta la trama siniestra, que fue bien personificada por la experimentada y segura soprano Mary Dunleavy, quien dotó de carácter, personalidad y canto punzante y radiante a su papel. También atrapada se encuentra la ex novia de Shaw, Jocelyn Jordan, cantada por la soprano Rachel Blaustein, y su padre, el senador Johnny Iselin, cantado por el vocalmente notable y enfático bajo-barítono Kyle Albertson. Como el Capitán Ben Marco, compañero de guerra de Shaw quien finalmente descubre que a Shaw le han lavado el cerebro para convertirlo en un asesino durmiente e involuntario, se presentó el tenor Frederick Ballentine, quien es finalmente el que lidera la emocionante persecución hasta el final de la ópera evitando el asesinato del objetivo de Shaw, que es nada menos que el candidato presidencial. Ballentine agradó por su claridad lirica y elegante despliegue vocal. Completaron el elenco, con un bueno desempeño en sus respectivos personajes el barítono Donnie Ray Albert en el doble papel de Andrew Hanley y del secretario de defensa y la radiante y perspicaz mezzosoprano Jamie Van Eyck como Rosie Chayney. De los movimientos escénicos se encargó Alison Moritz, quien hizo un trabajo detallado de actuación haciendo sobresalir el carácter emocional y psicológico de los personajes, en una puesta semi escenificada, con un escenario prácticamente vacío, con tan solo algunos elementos como sillas y la orquesta colocada en la parte trasera del escenario, con la que logró guiar al público y a los artistas en un emocionante viaje a través de un mundo de sombras y secretos. Para dar más intensidad dramática a este thriller, se colocó al fondo del escenario una pantalla que daba un efecto cinematográfico ya que allí se realizaban diversas proyecciones visuales e imágenes, como el de una enorme bandera estadounidense que cubría todo el fondo del escenario, obra de Greg Emetaz, con eficaz iluminación de Kathryn Eader; y diseño escénico fue de Vince Herod, además de los sencillos vestuarios, nada elaborados, pero en negro para todos los artistas. Sobre el escenario y frente a una extensa orquesta condujo con aplomo el director musical titular de la compañía Timothy Myers, quien resaltó los momentos más intensos de la partitura, que se mueve entre la atonalidad y la armonía, como si se tratara de la cinta musical de una película, pero que mantiene al escucha entre la zozobra, la inquietud, y la ansiedad, o al filo de la butaca – como se suele decir. Musicalmente la música posee oscuras tonalidades que provienen del jazz del blues, incluso del musical americano, y que parecen moverse en la línea correcta de acompañamiento de la enmarañada, pero ardiente historia. La reflexión final que queda al presenciar esta obra, nos haría preguntarnos cual es el verdadero significado del poder político y quienes son los beneficiados y afectados; aunque a decir verdad lo que reciben ese poder llegan a utilizarlo, en muchas ocasiones, como un método de manipulación y para obtener beneficios propios. El espectáculo fue bien recibido por el público que asistió en gran cantidad al teatro y regaló efusivos y sinceros reconocimientos a los involucrados.






Monday, September 21, 2009

Glimmerglass Opera 2009 - Cooperstown New York


Foto: Ryan MacPherson (Alfredo), Mary Dunleavy (Violetta)
Credit: Richard Termine /Glimmerglass Opera

Paula Citron
Truth be told, on paper, the 2009 Glimmerglass Opera playbill looked like a bit of a bore. The live experience, however, turned out to be thoroughly engaging. The Glimmerglass line-up generally includes a cash cow warhorse (Verdi’s “La traviata”), a bel canto (Rossini’s “La Cenerentola”), an early music (Purcell’s “Dido and Aeneas”), and a modern opera (Gian Carlo Menotti’s “The Consul”). For differing reasons, all were worth the schlep to Cooperstown NY. It should be noted that the emerging singers of the company’s Young American Artists program performrd the smaller roles with distinction. Canadians take pride of place in “La Cenerentola”, Rossini’s opera based on the Cinderella story, with Julie Boulianne as Angelina (Cenerentola) and John Tessier as her prince, Don Ramiro. Tessier has an international reputation as the perfect light lyric tenor, with his beautiful clarity of tone and seemingly effortless high notes. Over the years, he has grown into a terrific actor to boot. French-Canadian mezzo-soprano Boulianne is the one-to-watch new kid on the block. Rossini’s endless coloratura is a killer, but Boulianne rips through ornamentation like a carving knife. Her voice has both sweetness and bite, with hints of darker and deeper notes to come which means meatier roles down the line. Her top is very high for a mezzo, and while there is a sharpness there, her sound is also thrilling. (Boulianne’s future includes stints with Opéra de Montréal and Pacific Opera Victoria.) The rest of the cast was excellent including perfect roly-poly buffo bass-baritone Eduardo Chama as Don Magnifico and the sensational young baritone Keith Phares as Dandini. In fact, Phares, with his stylish delivery and manly, commanding sonority is headed for a big career. Conductor Joseph Colaneri absolutely makes sense of Rossini. Instead of the usual fast and slow tempi, he actually connects music to text, finding dramatic expression and nuance in Rossini as few others have. Director Kevin Newbury has been clever in setting the scene in the Prohibition 1930s (which gives Don Magnifico his bathtub gin), but the opera is really over-directed although, admittedly, very funny shtick does happens on stage. Cameron Anderson’s sets seem over-busy as well, while lighting designer D. M. Wood (a Toronto native) has created incomprehensible weird and distracting shadows. Designer Jessica Jahn wins the day with her to-die-for period costumes.
As stated before, every opera this Glimmerglass season has its own particular strength, and in the case of “La Traviata”, it is iconic director Jonathan Miller. Instead of some fancy-shmancy revisionist vision, he has set the opera in Second Empire France as in Verdi’s original. Having no directorial distractions allows Miller to transform this overworked opera into a realistic musical play. The emotional cadence of the scenes is incredibly intense, so much so, that the roles of the compromario characters take on three-dimensional lives. For example, Barone Douphol, Violetta’s jealous lover, is given a brooding presence that hangs over her first act party like a miasma. Violetta’s second act encounter with Père Germont brings tears to the eyes, while her death is absolutely harrowing. Miller is blessed with impressive singing actors that include soprano Mary Dunleavy as the consumptive Violetta, tenor Ryan MacPherson as her young swain Alfredo, and baritone Malcolm MacKenzie as the older Germont. While Dunleavy and MacPherson opted not to go for the high money notes, their vocal performances were still rich indeed. MacKenzie has a huge, full-bodied, old-fashioned, blood and thunder voice that should take him far. Paint-by-numbers conductor Mikhail Agrest stays out of Miller’s way and follows the singers.
Miller is also responsible for “Dido and Aeneas”, which Glimmerglass is calling a concert dramatization because it is performed in the singers’ own casual street clothes. Unfortunately, Ada Smith’s set of two high walls separated by a narrow gap means the chorus is squeezed into a little opening, but Miller’s touches of modern day humour compensate. For example, the hunt scene contains backpacks and cell phones. The Sorceress and her demons all wear hoodies. He also has rich interplay between the chorus and the soloists. Mezzo-soprano Tamara Mumford (Dido) shows a gorgeous voice of both strength and beauty, while baritone David Adam Moore (Aeneas) is suitably manly. Joélle Harvey (Belinda) has a very pretty and expressive feathery soprano. The one to watch is incredible countertenor Anthony Roth Costanzo (Sorceress). His outpouring of gorgeous high notes is nothing short of miraculous. Conductor Michael Beattie is superb with the nuances of early music.
Hearing Menotti’s 1950 “The Consul” live with a big orchestra is a revelation. The orchestration and musical effects are stunning, and Glimmerglass music director David Angus pulls out all the dramatic stops. While modernist, Menotti still clings to melody which makes for moving arias and ensembles. Director Sam Helfrich loves symbolism, and his collaborators Andrew Lieberman (sets) and Kaye Voyce (costumes) have created an institutional setting of exposed bricks (the former) and various period clothes that suit the character (the latter).
This story of a police state and a woman trying to get a visa to join her freedom fighter husband in exile is potent stuff. The strong cast is led by soprano Melissa Citro (Magda Sorel) and baritone Michael Chioldi (John Sorel). Veteran mezzo-soprano Joyce Castle is superb as Sorel’s mother, while good accounts come from mezzo-soprano Leah Wool (Secretary), baritone David Kravitz (Kofner) and tenor John Easterlin (Magician). Young baritone Robert Kerr (Secret Police Agent) is a definite talent in the making.

VERSIÓN EN ESPAÑOL

A decir verdad, en papel, la cartelera de la temporada 2009 de Glimmerglass Opera parecía ser aburrida. Sin embargo, la experiencia en vivo resulto ser completamente agradable. Glimmerglass generalmente incluye un caballo de batalla (“La Traviata” de Verdi), una opera belcantista (“La Cenerentola de Rossini”), una obra de música antigua (“Dido & Eneas” de Purcell), y una opera moderna (“The Consul” de Giancarlo Menotti). Por diversas razones, todas valieron el viaje a Cooperstown NY. Debe mencionarse que los cantantes emergentes que pertenecen al programa Young American Artists program, interpretaron los papeles menores con distinción.
Los cantantes canadienses ocuparon los papeles principales en “La Cenerentola”, la opera de Rosinni basada en la historia de la cenicienta, que tuvo a Julie Boulianne como Angelina (Cenerentola) y a John Tessier como su príncipe Don Ramiro. Tessier posee una reputación internacional como un perfecto tenor lirico ligero con su hermosa claridad de tono y aparente poco esfuerzo en la emisión de notas altas. Durante los años ha crecido como un estupendo actor.
La mezzosoprano franco-canadiense Boulianne es una cantante a tener en cuenta. La interminable coloratura de Rossini es mortal, pero Boulianne atraviesa la ornamentación como un cuchillo. Su voz posee dulzura y efecto, con muestras de notas oscuras y profundas, lo que significa que mas adelante cantará roles de mayor envergadura. Su parte alta es demasiado alta para una mezzo, pero aunque hubo algo de brillantez ahí, su sonido fue también emocionante. (Los planes de Boulianne en el futuro incluyen presentaciones con la operas de Montreal y Pacific de Victoria en Canadá). El resto del elenco estuvo excelente, incluyendo al perfecto bajo buffo argentino Eduardo Chama como Don Magnifico y al sensacional y joven barítono Keith Phares como Dandini. De hecho, a Phares, con su estilística interpretación de autoritaria y viril sonoridad, se le augura una buena carrera. El director Joseph Colaneri dirigió con todo sentido a Rossini. En vez de sus habituales tiempos rápidos y lentos, en verdad conectó la música con el texto, encontrando una expresión dramática y matizada en Rossini como pocos otros lo han hecho. El director escénico Kevin Newbury tuvo la inteligencia de situar la obra en 1930, durante la época de la prohibición (en la cual Don Magnifico se dio un baño de tina en ginebra), pero la obra fue verdaderamente cargada, aunque con situaciones divertidas sobre la escena. Las escenografías de Cameron Anderson, parecían muy concurridas también, mientras que el diseño de iluminación de D.M. Wood, nativo de Toronto, creó incomprensibles y raras sombras que distraían. La diseñadora Jessica Jahn fue la mejor con sus encantadores vestuarios de época.
Como ya se señaló, cada temporada en Glimmerglas contiene su particular fortaleza, y en el caso de “La Traviata” esta fue el icónico director Jonathan Miller. En vez de su elaborada visión revisionista, situó la opera en el segundo imperio francés como en la versión original de Verdi. Sin tener distracciones en su dirección, Miller pudo transformar esta trabajada opera en una simple y realista obra musical. La emocionante cadencia de las escenas fue increíblemente intensa, tanto así que los comprimarios adquirieron vidas tridimensionales. Por ejemplo, al Baron Douphol, el celoso amante de Violetta, se le dio una presencia melancólica que colgó de ella durante la fiesta del primer acto como una miasma. El encuentro en el segundo de Violetta con Germont, fue conmovedor, y su muerte fue desgarradora. Miller tuvo la fortuna de contar con impresionantes cantantes-actores incluyendo a la soprano Mary Dunleavy como la enferma Violetta, al tenor Ryan MacPherson como Alfredo, y al barítono Malcolm MacKenzie como el viejo Germont. A pesar que Dunleavy y MacPherson optaron por no ir por las altas notas, sus prestaciones vocales fueron indudablemente ricas. Mackenzie tiene una voz amplia, corpórea, de estilo anticuado, que lo llevará lejos. Como pintando por números, el director Mikhail Agrest no interfirió en el camino de Miller, y se dedicoóa seguir a los cantantes.
Miller también se encargo de “Dido y Eneas”, la cual Glimmerglass llamó una dramatización en concierto, ya que los cantantes se presentaron con su ropa de calle. Desafortunadamente, la escenografía de Ada Smith, de dos paredes altas separadas por un angosto espacio tuvo al coro aprisionado en una pequeña abertura, pero, los toques de humor moderno de Miller sirvieron como compensación. Por ejemplo, la escena de la cacería tuvo mochilas y teléfonos celulares, y la hechicera y sus demonios vistieron sudaderas. También hubo una rica interacción entre el coro y los solistas. La mezzosoprano Tamara Mumford (Dido) mostró una hermosa voz de fuerza y belleza, mientras que el barítono David Adam Moore (Eneas) fue apropiadamente varonil. Joélle Harvey (Belinda) posee una agraciada, expresiva y liviana voz de soprano. Al que hay que tener en cuenta es al increíble contratenor Anthony Roth Costanzo (hechicero). Su despliegue de distinguidas notas altas fue casi milagroso. El director Michael Beattie estuvo esplendido con los matices de la música antigua.
Escuchar “The Consul” creada en 1950 por Menotti, en vivo y con una orquesta grande fue un descubrimiento. La orquestación y efectos musicales fueron impresionantes, y el director musical de Glimmerglass David Angus sacó todas las paradas dramáticas. Aunque fue modernista, Menotti se aferró a la melodía en las conmovedoras arias y ensambles. El director Sam Helfrich ama los simbolismos, y sus colaboradores, Andrew Liebermann (escenógrafo) y Kaye Voyce (vestuarista) crearon una escena institucional de ladrillos expuestos (el primero) y ropa de diferentes periodos que iba de acuerdo con el carácter (la segunda). La historia de un policía estatal y una mujer tratando de obtener una visa para unirse a su marido, en exilio por ser un luchador de la libertad, es una cosa fuerte. El solido elenco fue encabezado por la soprano Melissa Citro (Magda Sorel), por el barítono Michael Chioldi (John Sorel). La veterana mezzosoprano Joyce Castle estuvo maravillosa como la madre de Sorel, mientras que buenas cuentas entregó la mezzo soprano Leah Wool (secreataria), el barítono David Kravitz (Kofner), el tenor John Easterlin (mago). El joven barítono Robert Kerr (agente policial secreto) es definitivamente un talento en ciernes.