Eduardo Andaluz
Una obra ya vista en aquí en el 2016 se repuso en el escenario del teatro Long
Center for the Perming Arts en esta urbe, capital del estado de Texas, y es el
título con el que se inaugura una nueva temporada de la Ópera de Austin. Se
trata de The Manchurian Candidate, ópera en dos actos del compositor Kevin Puts
con libreto de Mark Campbell, quienes hicieron una adaptación lirica de la
novela homónima de 1959, escrita por Richard Condón, y que le fue comisionada al
joven compositor estadounidense por la Ópera de Minnesota, teatro donde tuvo su
estreno absoluto en el 2015. El propio compositor y libretista habían trabajado
previamente en la creación de la obra titulada ‘Silent Night’ (2011), y en el
2022, Kevin Puts estrenó en el Metropolitan de Nueva York su cuarta creación
lirica ‘The Hours” en cuyo elenco estuvieron la soprano Renée Fleming y la
mezzosoprano Joyce Di Donato, bajo la conducción musical de Yannick
Nézet-Séguin. Se podría pensar que inaugurar una temporada con una obra
contemporánea podría ser vista como una apuesta arriesgada para el teatro de
Austin, máxime cuando programa anualmente tres títulos, uno de los cuales es el
Réquiem de Verdi, pero se entiende su contribución para promover y difundir el
trabajo y valía de los compositores estadounidenses vivientes, y esa es una
labor loable que se le debe reconocer. La trama se cimienta sobre diversos temas
que son muy actuales – en este mundo convulso- ya que es una historia que toca
puntos como el patriotismo, la corrupción, las ambiciones e intrigas políticas,
el control mental, incluso la infiltración de la KGB, y un asesinato. En breve,
la historia versa sobre el Sargento Raymond Shaw, interpretado con pasión,
entrega y buenos medios vocales e histriónicos por el barítono con Mark Diamond,
quien es un militar estadounidense y héroe de guerra atrapado en una red de
intriga política. Sin su conocimiento, en el centro de esa red se encuentra su
propia madre Eleonor, quien orquesta la trama siniestra, que fue bien
personificada por la experimentada y segura soprano Mary Dunleavy, quien dotó de
carácter, personalidad y canto punzante y radiante a su papel. También atrapada
se encuentra la ex novia de Shaw, Jocelyn Jordan, cantada por la soprano Rachel
Blaustein, y su padre, el senador Johnny Iselin, cantado por el vocalmente
notable y enfático bajo-barítono Kyle Albertson. Como el Capitán Ben Marco,
compañero de guerra de Shaw quien finalmente descubre que a Shaw le han lavado
el cerebro para convertirlo en un asesino durmiente e involuntario, se presentó
el tenor Frederick Ballentine, quien es finalmente el que lidera la emocionante
persecución hasta el final de la ópera evitando el asesinato del objetivo de
Shaw, que es nada menos que el candidato presidencial. Ballentine agradó por su
claridad lirica y elegante despliegue vocal. Completaron el elenco, con un bueno
desempeño en sus respectivos personajes el barítono Donnie Ray Albert en el
doble papel de Andrew Hanley y del secretario de defensa y la radiante y
perspicaz mezzosoprano Jamie Van Eyck como Rosie Chayney. De los movimientos
escénicos se encargó Alison Moritz, quien hizo un trabajo detallado de actuación
haciendo sobresalir el carácter emocional y psicológico de los personajes, en
una puesta semi escenificada, con un escenario prácticamente vacío, con tan solo
algunos elementos como sillas y la orquesta colocada en la parte trasera del
escenario, con la que logró guiar al público y a los artistas en un emocionante
viaje a través de un mundo de sombras y secretos. Para dar más intensidad
dramática a este thriller, se colocó al fondo del escenario una pantalla que
daba un efecto cinematográfico ya que allí se realizaban diversas proyecciones
visuales e imágenes, como el de una enorme bandera estadounidense que cubría
todo el fondo del escenario, obra de Greg Emetaz, con eficaz iluminación de
Kathryn Eader; y diseño escénico fue de Vince Herod, además de los sencillos
vestuarios, nada elaborados, pero en negro para todos los artistas. Sobre el
escenario y frente a una extensa orquesta condujo con aplomo el director musical
titular de la compañía Timothy Myers, quien resaltó los momentos más intensos de
la partitura, que se mueve entre la atonalidad y la armonía, como si se tratara
de la cinta musical de una película, pero que mantiene al escucha entre la
zozobra, la inquietud, y la ansiedad, o al filo de la butaca – como se suele
decir. Musicalmente la música posee oscuras tonalidades que provienen del jazz
del blues, incluso del musical americano, y que parecen moverse en la línea
correcta de acompañamiento de la enmarañada, pero ardiente historia. La
reflexión final que queda al presenciar esta obra, nos haría preguntarnos cual
es el verdadero significado del poder político y quienes son los beneficiados y
afectados; aunque a decir verdad lo que reciben ese poder llegan a utilizarlo,
en muchas ocasiones, como un método de manipulación y para obtener beneficios
propios. El espectáculo fue bien recibido por el público que asistió en gran
cantidad al teatro y regaló efusivos y sinceros reconocimientos a los
involucrados.
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