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Sunday, December 10, 2023

La Rondine en Pisa

Fotos: Diego Bianchi per il Teatro di Pisa

Nicola Barsanti

El Teatro Verdi recibió al público con luces tenues, dejando entrever el esquema escénico creado por el director francés Paul-Émile Fourny para la segunda ópera prevista para la temporada 2023-2024: La Rondine de Giacomo Puccini. Una elección teatral muy eficaz que sembró expectación y curiosidad entre la platea y los palcos porque resultaba ser un espectáculo refinado y hecho a medida. El espectador se sumergió en un segundo teatro (sistema de escenario fijo presente en los tres actos), en el que la historia comenzó casi a sugerir la intención principal del compositor, a saber, la de componer una opereta que le encargó en 1914 el Carltheater de Viena, con el que posteriormente disolvió el contrato debido al estallido de la Primera Guerra Mundial, transformándola con libreto de Giuseppe Adami en la ópera actual que hoy conocemos, representada entonces en Montecarlo en 1917. Apreciadas las escenas de Benito Leonori y la evocadora iluminación de Patrick Méeüs, especialmente en el tercer acto; aunque, sin embargo, los vestuarios de Giovanna Fiorentini, lucieron más extravagantes. En cuanto a las voces, destacó sin dudas la Magda de Claudia Pavone, demostrando que posee un refinado instrumento capaz de cuidar cada acento, enriqueciendo la emisión con un excelente legato que da mayor unidad y proyección al canto. Otro estilo vocal interesante fue el de María Laura Iacobellis en el papel de Lisette, quien fue interpretado con una personalidad chispeante, dándole el carácter adecuado al personaje. Incluso el canto siempre estuvo acorde a la pieza, armonizado y bien cuidado. Fue extraña la elección de los dos tenores: Ruggero de Matteo Falcier y Prunier de Vassily Solodkyy, jóvenes artistas que, debido a la similitud tímbrica, impiden que la línea de canto resalte las diferencias cromáticas previstas en la partitura. Pero si el primero es en realidad "un tenore esautorato" sin autoridad, de sus funciones (célebre afirmación del musicólogo Michele Girardi), que sin embargo logró defenderse desde el punto de vista escénico, transmitiendo con buena habilidad teatral la desesperación por el abandono de Magda. El segundo es un tenor lírico ligero que destaca en el canto declamado, dando una prueba más de sus buenas capacidades pianísticas durante la introducción al aria principal de Magda: “Chi il bel dream di Doretta”. Bien también estuvo el Rambaldo de Francesco Verna, caracterizado por una cálida voz de barítono que le permitió optimas intervenciones. El reparto se completó sin grandes dificultades en la vocalidad de los comprimarios como: Giorgio Marcello en el papel de Pèrichaud, Mentore Siesto (Gobin), Tommaso Corvaja (Crébillon), Benedetta Corti (Yvette), Sevilay Bayoz (Bianca) y Michela Maszanti (Suzy ). La orquesta Archè, dirigida de manera óptima por un refinado intérprete pucciniano, tuvó en la batuta del maestro Valerio Galli a un atento intérprete que ya recibió excelentes críticas en la producción de La Rondine en el Teatro del Maggio Musicale Fiorentino en 2017. También estuvo bien el coro, preparado por el maestro Marco Bargagna. El espectáculo finalizó con un prolongado aplauso del público que asistió a esta función.



Sunday, March 20, 2022

Il Trovatore en el Teatro Donizetti de Bergamo

Fotos: Teatro Donizetti de Bergamo

Ramón Jacques

Il Trovatore, segundo título de la trilogia popolare de G. Verdi se presentó en el escenario del Teatro Donizetti de Bérgamo como parte de su temporada 2021-2022 que incluye, operetas, conciertos sinfónicos, un festival de jazz etc, sin olvidar, que además es la sede anual del festival Donizetti Opera, dedicado al célebre compositor quien naciera en esta ciudad, al noreste de Milán. La ópera de Verdi, que llegó a este escenario después de un recorrido por diversos teatros de la región de Lombardía. que comenzó en el mes de septiembre del 2021, se vio con una atractiva idea escénica del director de escena Roberto Catalano, con escenografías de Emanuele Sinisi, elegantes vestuarios de Ilaria Arieme, y la iluminación, elemento fundamental del montaje, de Fiammeta Baldiserri. La acción situada en un brillante escenario blanco, sin elementos escénicos, con vestimentas que sugieren un tiempo cercano al que indica el libreto, un cambiante uso de la iluminación de claroscuros en blanco y negro, una tenue cortina a la mitad del escenario, para aislar y centrarse por momentos en los solistas; desarrolla la acción a partir del dolor y tormento de Azucena, por haber perdido a su madre y a su hijo. El trabajo actoral y escénico de Roberto Brusa, se centró en una minuciosa y cuidada actuación para resaltar y transmitir sentimientos, emociones y pathos. Una fusión bien lograda entre la palabra, aquí el canto, con la música y la dramaturgia de la historia. Un símbolo utilizado a lo largo de la función fue: las cenizas sobre la escena, que representan: la destrucción y la muerte. El montaje que fue una coproducción entre los Teatri di OperaLombardia, fue estrenada en el 2019, en el teatro de Sassari en Cerdeña. El elenco de solistas contó con la presencia de la soprano Marigona Qerkezi, quien cautivó por el brillo y colorido de su voz, como por la capacidad de imprimir sensibilidad y expresividad a su canto, brillante coloratura y adecuada proyección. En el papel de Azucena, Alessandra Volpe, mostró su suntuoso y profundo timbre de mezzosoprano, pasión y elegancia sin mengua del dramatismo que requiere la parte y un convincente desempeñó escénico. El tenor Matteo Falcier dio vida a un vocalmente grató Manrico, por su facilidad para emitir agudos y la emoción que transmitió. Correcto estuvo el Conde de Luna del barítono Leon Kim con una voz potente, por momentos con más de fuerza de la requerida. Buen trabajo el del Coro OperaLombardia en sus uniformes intervenciones vocales y actorales. A cargo de la parte musical estuvo Jacopo Brusa, quien al frente de la orquesta I Pomeriggi Musicale di Milano, dirigió con seguridad y dinamismo, consideración por las voces, resaltando los momentos más preponderantes de la partitura. 



Monday, August 16, 2021

Las Bodas de Fígaro en el Teatro alla Scala de Milán

Foto: Brescia & Amisano

Massimo Viazzo

El Teatro alla Scala finalmente ha reabierto al público, y casi 800 personas fueron admitidas en la sala para la representación de esta histórica producción de Le nozze de Figaro de W. A. Mozart. Con motivo del centenario del nacimiento de Giorgio Strehler, el célebre director italiano, el teatro le rindió homenaje con la reposición de una de sus creaciones más conocidas y exitosas, 40 años después de su estreno en Milán. Un espectáculo elegante, respetuoso, cuidado, teatralmente efectivo… pero también un poco envejecido. Por otro lado, sabemos: las direcciones de ópera a menudo transmiten su máxima eficacia cuando se llevan inteligentemente al presente. Fue entonces cuando Daniel Harding pensó en hacer que estas Nozze parecieran casi soñadas. La electricidad y el frenesí de la partitura de Mozart fueron muy atenuados por Harding, que eligió tempi mucho más lentos de lo habitual (sin liberar nunca la tensión interna de todos modos), cinceló las frases musicales como es raro de escuchar y mostró una extraordinaria sensibilidad tímbrica. Así que aquí está el sentimiento que mencioné anteriormente, a saber: el de no haber presenciado de manera realista una representación de Le nozze de Figaro, sino de haber soñado con ella… Y, en este sentido, la puesta en escena de Strehler fue la mejor que uno podría haber imaginado. El elenco fue de alto nivel, comenzando por la pareja de sirvientes, Rosa Feola y Luca Micheletti. Feola interpretó a una Susanna astuta y sensual con una voz clara, un timbre exquisito y una dicción absolutamente perfecta. Su interpretación del aria del cuarto acto fue magistral; un momento de verdadera suspensión del tiempo, también gracias a la concertación muy refinada de Harding. Micheletti dio voz a un Figaro simpático, enamorado, y con razón arrogante. Su sonido y su robusta emisión vocal combinados con un gran timbre y comunicación de actor convencieron completamente a la audiencia de la Scala. Simon Keenlyside, aunque mostró cierta incertidumbre vocal, encarnó con experiencia y gran destreza a un Conte siempre creíble, casual, a veces gruñón, pero, al final, después de su excitante perdón de la Contessa, muy humano. Julia Kleiter, con su timbre puro y su preciosa línea de canto, nos permitió captar ese lazo sutil que une a la Contessa de Mozart con la Marschallin de Der Rosenkavalier. El canto de la soprano alemana fue muy elegante pero también melancólico. Audaz y expresivo fue el Cherubino de Svetlina Stoyanova, cantado con emisión firme y timbre juvenil. Un elogio también a Anna Doris Cappitelli (Marcellina), Andrea Concetti (Bartolo), Matteo Falcier (Basilio), muy vivos en el escenario y vocalmente, e impecables en sus arduas arias; y sobre todo a Caterina Sala, una deliciosa Barbarina que ya está «estudiando» el rol de Susanna. Excelente, como siempre, el coro dirigido por Bruno Casoni.



Le Nozze di Figaro - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Brescia & Amisano

Massimo Viazzo

Il Teatro alla Scala ha finalmente riaperto al pubblico: quasi 800 persone sono state ammesse in sala per la ripresa di queste storiche Nozze di Figaro. In occasione del centenario dalla nascita di Giorgio Strehler, il celebre regista italiano, il teatro gli ha reso omaggio con la ripresa di una delle sue realizzazioni più note e riuscite, a 40 anni dalla première milanese. Spettacolo elegante, rispettoso, curatissimo, teatralmente efficace, ma anche un po' invecchiato. D'altronde si sa: le regie d'opera trasmettono spesso la loro massima efficacia quando vengono calate con intelligenza nell'attualità. Ecco allora che ci ha pensato Daniel Harding a farci apparire queste Nozze come fossero quasi sognate. L'elettricità, la frenesia della partitura mozartiana è stata molto attenuata da Harding che ha scelto tempi molto più lenti del consueto (senza allentare mai la tensione interna comunque), ha cesellato le frasi musicali come è raro sentire e ha mostrato una straordinaria sensibilità timbrica. Ecco quindi la sensazione a cui accennavo prima, e cioè quella di non di aver assistito realisticamente ad una rappresentazione delle Nozze di Figaro, ma di averle sognate... E in questo senso l'allestimento di Strehler era il migliore che si potesse immaginare. Il cast è stato di alto livello, a cominciare dalla coppia di servitori, Rosa Feola e Luca Micheletti, La Feola ha impersonato una Susanna sagace e sensuale con una vocalità nitida, timbricamente squisita e assolutamente perfetta nella dizione. Magistrale la sua interpretazione dell'aria del quarto atto, un momento di vera sospensione del tempo, per merito anche della concertazione acquerellata di Daniel Harding. Luca Micheletti ha dato voce ad un Figaro simpatico, innamorato e giustamente spaccone. La sua emissione vocale sana e robusta unita ad grande comunicativa timbrica e attoriale ha convinto in pieno il pubblico scaligero. Simon Kennlyside pur mostrando qualche incertezza vocale ha impersonato con esperienza e grande mestiere un Conte sempre credibile, disinvolto, a tratti scontroso ma alla fine, dopo il suo emozionante Contessa perdono, molto umano. Julia Kleiter, con la sua timbrica pura e la sua linea di canto preziosa ci ha permesso di cogliere quel sottile legame che accomuna la Contessa mozartiana con la Marescialla del Rosenkavalier. Canto elegantissimo ma anche malinconico quello del soprano tedesco. Spigliato ed espressivo il Cherubino di Svetlina Stoyanova, cantato con emissione salda e timbrica giovanile. Un plauso anche ad Anna Doris Cappitelli (Marcellina), Andrea Concetti (Bartolo), Matteo Falcier (Basilio), molto vividi in scena e vocalmente, e inappuntabili nelle loro ardue arie, e soprattutto per la deliziosa Barbarina di Caterina Sala, una Barbarina che, si intuisce chiaramente, sta già “studiando” da Susanna. Ottimo come sempre il coro diretto da Bruno Casoni.

Monday, September 6, 2010

Il Matrimonio Segreto de Cimarosa en el Festival de Stresa 2010, Italia

Foto: Stresa Festival 2010
Massimo Viazzo

Humildad y entusiasmo son las primeras dos palabras que vienen a la mente al final de una muy bien realizada función del Matrimonio Segreto de Cimarosa realizada en el Palazzo dei Congressi de Stresa: humildad porque los jóvenes cantantes que participaron (después de una rigurosa selección) en la primera edición de la Accademia di Canto “Giovani all’opera”, todos con respetable experiencia profesional sobre sus espaldas, supieron (y quisieron) resetearse comprendiendo que sin estudio no se puede ir adelante en esta profesión; entusiasmo, porque el trabajo con Natale De Carolis, el responsable del curso, fue para todos los efectos “entusiasmante”. Cambiando impresiones al final del espectáculo con la jovencísima Arianna Venditelli, una determinada (y deliciosa) Carolina, que entre otros, ha pisado el escenario del Festival de Salzburgo en Betulia Liberata bajo la dirección de Riccardo Muti, la alegría y la emoción de haber compartido algo especial era evidente. De Carolis, en efecto, cumpliendo un trabajo capilar orientado principalmente a la construcción del personaje, supo abrir horizontes muy amplios en términos de movimiento e interacción. Pero fue sobretodo por la individualidad que fue puesta en constante discusión, fuera de cada cliché. Por ello no es para maravillarse si Elizabetta y Fidalma (que fueron encarnadas por una aderezada Damiana Mizzi y una asumida Giuseppina Bridelli, constantemente delineadas por un lado, se alzaron a un rango superior; o si Don Geronimo no fue el usual bufo idiota, Marco Filippo Romano, quien nunca estuvo cargado en los silabarios y en las onomatopeyas, dio vida a un Geronimo arribista y de muchas facetas; o si el Conde Robinson, que fue interpretado por el resonante y divertido Simon Lim, no se comportó como el antipático en turno, así como patético y justamente tonto fue el Paolino de Matteo Falcier. Una aproximación tan variada que exaltó los sentimientos verdaderos, y el “drama” de las dos esposos secretos, nunca ha parecido tan real. Todo en conjunto fue gobernado con decisión y fantasía de un muy atento Andrea Battistoni al frente de la óptima Orchestra Giovanile Italiana. Con la ayuda de pocos elementos, de simples vestuarios creados por los propios cantantes, y muchas, muchísimas ideas, Natale De Carolis logró hacer olvidar en más de una ocasión que se trataba de una representación en forma semi-escénica. Fue una victoria del “teatro” y una experiencia para continuar en los años venideros. Se esperan aquí las cinco farsas rossinianas …

Il Matrimonio segreto di Domenico Cimarosa: concerto di chiusura dell’Accademia Musicale di Stresa 2010

Foto: Stresa Festival 2010

Massimo Viazzo
Umiltà ed entusiasmo sono le prime due parole che venivano in mente al termine della riuscitissima recita del Matrimonio Segreto di Cimarosa al Palazzo dei Congressi di Stresa: umiltà, perché i giovani cantanti che hanno partecipato (dopo severa selezione) alla prima edizione dell’Accademia di Canto “Giovani all’opera”, tutti già con esperienze professionali rispettabili alle spalle, hanno saputo (e voluto) resettarsi comprendendo che senza lo studio non si può procedere saldi in questa professione; entusiasmo, perché il lavoro con Natale De Carolis, il responsabile del corso, è stato a tutti gli effetti “entusiasmante”! Scambiando quattro chiacchiere, al termine dello spettacolo, con la giovanissima Arianna Vendittelli, una determinata (e deliziosa) Carolina - che, tra l’altro, ha calcato recentemente il palcoscenico del Festival di Salisburgo diretta da Riccardo Muti nella Betulia Liberata - la gioia e la commozione di aver condiviso qualcosa di speciale era palese. De Carolis, in effetti, compiendo un lavoro capillare orientato principalmente alla costruzione del personaggio ha saputo aprire orizzonti amplissimi in termini di movimento ed interazione. Ma è soprattutto l’individualità che è stata messa in costante discussione, fuori da ogni cliché. E così non c’è da meravigliarsi se Elisetta e Fidalma (qui incarnate da una pepata Damiana Mizzi e da un’atteggiatissima Giuseppina Bridelli), spesso tratteggiate un po’ in disparte, assurgono a rango superiore, se Don Geronimo non è il solito buffo idiota (Marco Filippo Romano, mai caricato nei sillabati e nelle onomatopee, ha dato vita ad un Geronimo arrivista e sfaccettato) e se il Conte Robinson (qui interpretato dal tonante ed esilarante Simon Lim) non si comporta come l’antipatico di turno. Un approccio così variegato ha esaltato i sentimenti veri, e il “dramma” dei due sposi segreti mai è parso così reale (patetico e giustamente imbranato il Paolino di Matteo Falcier). Il tutto governato con piglio e fantasia da un attentissimo Andrea Battistoni alla guida dell’ottima Orchestra Giovanile Italiana. Con l’ausilio di pochissimi attrezzi, di semplici costumi approntati dagli stessi cantanti, e molte, moltissime idee, Natale De Carolis è riuscito a farci dimenticare in più di un’occasione che si trattava pur sempre di una rappresentazione in forma semiscenica. Una vittoria del “teatro” e un’esperienza da proseguire negli anni a venire. Le cinque farse rossiniane sono lì ad aspettare…