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Thursday, November 13, 2025

Così fan tutte en Milán

Fotos: Vito LoRusso

Massimo Viazzo

Così fan tutte, compuesta por Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) con libreto de Lorenzo Da Ponte, es un dramma giocoso, en dos actos, puesto en escena por primera vez en Viena en 1790. La narración se concentra en una compleja trama de engaños y relaciones sentimentales.  Dos jóvenes oficiales, Ferrando y Guglielmo, aceptan el reto lanzado por el filosofo Don Alfonso de comprobar la fidelidad de sus prometidas, Fiordiligi y Dorabella.  A través de una elaborada estratagema, ambos se disfrazan de enigmáticos desconocidos y se embarcan en un cortejo hacia la pareja del otro, dando vida a una serie de artimañas, malentendidos y momentos de humor.  La música de Mozart alterna arias liricas de gran intensidad emotivas y numero animados en conjunto, dando vida a una refinada comedia sobre el tema del amor de la fragilidad, de los sentimientos humanos, con su buena dosis de cinismo y desilusión. Così fan tutte esta considerada como una de las obras maestras del siglo XVII, ya que es capaz de mezclar ironía y melancolía con elegancia y profundidad psicológica.  En la nueva producción del Teatro alla Scala, Robert Carsen ambientó la ópera en un estudio de televisión, transformándola en un reality show titulada La Scuola degli Amanti (que además la segunda parte de la obra maestra de Mozart/Da Ponte). Nos encontramos prácticamente catapultados en un nuevo episodio de un programa que recuerda de cerca Temptation Island. Las dos parejas protagónicas asumen el papel de participantes, mientras que Don Alfonso y Despina interpretan a los presentadores.  Es una idea genial la del director de escena canadiense, que tampoco en esta ocasión, traicionó su extraordinario olfato teatral.  Carsen sumerge a la obra mozarteana en la contemporaneidad (¿qué cosa más contemporánea puede haber que los realities que proliferan en las redes televisivas?) pero sin traicionar el mensaje original.  Por el contrario, lo amplificó al punto que el título de la ópera bien pudo haberse modificado por el de  Cosi fan tutti! Durante la obertura, el público toma asiento en las gradas del estudio, mientras los presentadores dan la bienvenida a las parejas participantes en el programa. En los monitores, la indicación aplausos y ovación de pie guía al público, mientras Don Alfonso explica las reglas del juego, que se muestran en las pantallas gigantes, junto con los nombres de todos los participantes: «La Scuola degli Amanti  representa un reto para las relaciones. Las parejas permanecen separadas hasta el termino del programa y no tienen acceso al mundo externo. Se enfrentan en retos individuales, ignorando las pruebas afrontadas por la pareja. Se tiene previstos nuevos encuentros, con el objetivo de validar la solidez del vinculo amoroso. El ganador será aquel quien sabrá seguir su propio corazón.  Las parejas que se formarán al final de la obertura serán, naturalmente, las ya conocidas, es decir Fiordiligi/Guglielmo y Dorabella/ Ferrando, e la narración del libreto de desarrolló sin ninguna alteración (solo algunos mínimos cambios textuales) al interno de esta innovadora concepción teatral.  Al contrario, la historia narrada por el libreto de Da Ponte parece estar casi concebida especialmente para un montaje de este tipo.  Sin embargo, es oportuno mencionar, que, si bien la dirección escénica de Carsen resultó ser eficaz llevando la historia de las dos parejas de amantes, redujo el impacto de personajes como Don Alfonso y Despina, que parecen un poco despojados de su significado original, y en particular en sus interacciones y atracción sexual. Para los apasionados a los reality shows, la experiencia les parecerá familiar, por la presencia de un estudio televisivo, un público interactivo, un dormitorio, una sala bar, una piscina, un sillón en un ambiente reservado para las confesiones intimas, y otros elementos típicos del género.  Al final de juego (¡un juego en verdad cruel!) Fiordiligi y Dorabella resultaron vencedoras del premio en monedas de oro, por haber demostrado sabiduría y discernimiento para seguir sus propios sentimientos.  Optando al final por el cambio de pareja, contrario a las asignaciones iniciales (y al libreto) demostraron una profunda compresión de sus propias inclinaciones afectivas, garantizando así, el éxito del programa.  Para terminar cubiertas por una cascada de monedas de oro. El espectáculo de tres horas se desarrolla con fluidez, sin ningún elemento de pesadez, gracias también a un elenco de excepcionales valores actorales, elemento imprescindible para el éxito de una producción como esta.  Además, se debe subrayar la amplia contribución de Robert Carsen, quien además de curar la dirección escénica, se encargó de las  escenografías (de gran impacto fue la plataforma giratoria para el cambio de las escenas) en colaboración con Luis F. Carvalho, responsable también de los vestuarios, y la iluminación con Peter van Praet.  Tales elementos resultaron ser perfectamente funcionales, eficientes y de elevada calidad artística.  No se debe olvidar los preciosos videos preparados por Renaud Rubiano, y las coreografías televisivas de Rebecca Howell.  también desde el punto de vista vocal, los desempeños de los cantantes  fueron generalmente convincentes.  En el reparto femenil, se distinguieron Elsa Dreisig, una Fiordiligi caracterizada por un timbre exquisito, preparación técnica, y un buen envolvimiento emotivo; y Nina van Essen, cuya Dorabella, vibrante y segura, brilló por su hermoso color vocal y la intención interpretativa.  Cuando cantaban juntas, en los duetos y en los ensambles, se hicieron apreciaron por el perfecto equilibrio y la armonización de sus voces. Por su parte, pareció estar menos enfocada vocalmente la Despina de Sandrine Piau.  El dúo de amantes, Luca Michieletti, en el papel de Guglielmo y Giovanni Sala en el de Ferrando, se mostraron desenvueltos, exuberantes y divertidos, pero también fueron capaces de expresar amargura, desacuerdo y rabia.  Sus pruebas, si bien no fueron siempre refinadas en el fraseo, estuvieron teatralmente convincentes, participativas y comunicativas.  Finalmente, Gerald Finley supo interpretar con atrevimiento al personaje del cínico Don Alfonso, aunque presentando momentos de menor envolvimiento.  El joven director de orquesta Alexander Soddy, apreciado en el teatro milanés por su primera jornada en el Anillo Wagneriano (que conducirá el ciclo completo en marzo del 2026) y que personalmente acompañó los recitativos al piano, propuso una lectura brillante, rítmicamente vivaz y técnicamente eficiente, a pesar de no haber profundizado más en los momentos más íntimos y de desencanto. Giorgio Martano dirigió con mano firme y meticulosa al siempre excelente Coro del Teatro alla Scala. ¡Un éxito merecido para todos!




Sunday, November 9, 2025

Così fan Tutte - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Vito Lorusso

Massimo Viazzo

Così fan tutte, composta da Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) su libretto di Da Ponte, è un dramma giocoso in due atti andato in scena per la prima volta a Vienna nel 1790. La narrazione si concentra su una complessa trama di inganni e relazioni sentimentali. Due giovani ufficiali, Ferrando e Guglielmo, accettano la sfida lanciata dal filosofo Don Alfonso di verificare la fedeltà delle loro fidanzate, Fiordiligi e Dorabella. Attraverso un elaborato stratagemma, i due si travestono da enigmatici stranieri e intraprendono un corteggiamento della compagna dell’altro, dando vita a una serie di astuzie, equivoci e momenti di umorismo. La musica di Mozart alterna arie liriche di grande intensità emotiva a vivaci numeri d’insieme, dando vita a una raffinata commedia sul tema dell’amore e della fragilità dei sentimenti umani, non senza una buona dosa di cinismo e disillusione. Così fan tutte è considerata uno dei capolavori del teatro musicale del Settecento, capace di mescolare ironia e malinconia con eleganza e profondità psicologica. Nella nuova produzione del Teatro alla Scala, Robert Carsen ambienta l’opera in uno studio tv, trasformandola in un reality show dal titolo La Scuola degli Amanti (che poi è il sottotitolo del capolavoro di Mozart/Da Ponte). Ci troviamo praticamente catapultati in una nuova puntata di un programma che ricorda da vicino Temptation Island. Le due coppie protagoniste assumono il ruolo di concorrenti, mentre Don Alfonso e Despina interpretano i presentatori. Un’idea geniale quella del regista canadese, che anche questa volta non tradisce il suo straordinario fiuto teatrale. Carsen immerge il capolavoro mozartiano nella contemporaneità (cosa c’è di più contemporaneo dei reality che imperversano sulle reti televisive?), ma senza tradire il messaggio originario. Anzi amplificandolo a tal punto che il titolo dell’opera potrebbe modificarsi in: Così fan tutti! Durante l’Ouverture, il pubblico prende posto sugli spalti dello studio, mentre I presentatori accolgono le coppie partecipanti al programma. Sui monitor, l’indicazione Applausi e Standing ovation guida il pubblico, mentre Don Alfonso illustra le regole del gioco, che vengono visualizzate sui maxi schermi, insieme ai nomi di tutti i partecipanti: «La Scuola degli Amanti rappresenta una sfida per le relazioni. Le coppie rimangono separate fino al termine del programma e non hanno accesso al mondo esterno. Si confrontano in sfide individuali, ignare delle prove affrontate dal partner. Sono previsti nuovi incontri, con l’obiettivo di valutare la solidità del legame amoroso. Il vincitore sarà colui che saprà seguire il proprio cuore». Le coppie sorteggiate al termine dell’Ouverture saranno naturalmente quelle già note, ovvero Fiordiligi/Guglielmo e Dorabella/Ferrando, e la narrazione del libretto si svilupperà senza alcuna alterazione (solo qualche piccolo cambiamento testuale) all’interno di questa innovativa concezione teatrale. Anzi, la vicenda narrata dal libretto di Da Ponte sembra quasi concepita appositamente per un allestimento di questo genere. Tuttavia, è opportuno notare che, sebbene la regia di Carsen risulti efficace nel seguire le vincende delle due coppie di amanti, ne riduce l’impatto suipersonaggi di Don Alfonso e Despina, che appaiono un po’ svuotati del loro significato originario e, in particolare, della loro interazione e attrazione sessuale Per gli appassionati di reality show, l’esperienza sarà familiare, con la presenza di uno studio televisivo, un pubblico interattivo, una camera da letto, una sala bar,una piscina, una poltrona in un ambiente riservato per le confessioni intime, e altri elementi tipici del genere. Alla fine del gioco (un gioco crudele in verità) Fiordiligi e Dorabella risulteranno vincitrici del premio in monete d’oro, avendo dimostrato saggezza e discernimento nel seguire i propri sentimenti. Optando alla fine per lo scambio dei partner, contrariamente alle iniziali assegnazioni (e al libretto), dimostreranno una profonda comprensione delle proprie inclinazioni affettive, garantendosi così il successo nel programma. E finendo ricoperte da una cascata di monete d’oro. Le tre ore di spettacolo si dipanano con fluidità, prive di elementi di appesantimento, grazie anche ad un cast di eccezionale valore attoriale, elemento imprescindibile per il successo di una produzione come questa. Inoltre, è da sottolineare il contributo a tutto campo di Robert Carsen, che ha curato oltre che la regia anche le scene (di grande impatto la piattaforma girevole per i cambi scena), in collaborazione con Luis F. Carvalho, responsabile anche dei costumi, e le luci con Peter van Praet. Tali elementi risultano perfettamente funzionali, efficienti e di elevata qualità artistica. Da non dimenticare anche i preziosi video preparati da Renaud Rubiano e le coreografie televisive di Rebecca Howell. Anche dal punto di vista vocale, le performance dei cantanti sono state generalmente convincenti. Nel reparto femminile, si sono distinte Elsa Dreisig, una Fiordiligi caratterizzata da una timbrica squisita, preparazione tecnica, e da un buon coinvolgimento emotivo, e Nina van Essen, la cui Dorabella, vibrante e sicura, ha brillato per il bel colore vocale e le intenzioni interpretative. Quando cantavano assieme, nei duetti e negli ensemble, si sono fatte apprezzare per il perfetto equilibrio e l’armonizzazione delle loro voci. Più sfocata vocalmente, invece, è apparsa la Despina di Sandrine Piau. I due amanti, Luca Michieletti nei panni di Guglielmo e Giovanni Sala in quelli di Ferrando, si sono presentati disinvolti, esuberanti e divertiti, ma anche capaci di esprimere amarezza, sconforto e rabbia. Le loro prove, sebbene non sempre rifinite nel fraseggio, sono state teatralmente convincenti, partecipi e comunicative. Gerald Finley, infine, ha saputo interpretare con disinvoltura il personaggio del cinico Don Alfonso, pur presentando momenti di minore coinvolgimento. Il giovane direttore Alexander Soddy, già apprezzato nel teatro milanese per le prime giornate del Ring wagneriano (di cui ne curerà l’intero ciclo nel marzo 2026), e che ha personalmente accompagnato i recitativi al fortepiano, ha proposto una lettura brillante, ritmicamente vivace e tecnicamente efficiente, sebbene meno approfondita nei momenti più intimi e disincantati. E Giorgio Martano ha diretto con mano ferma e meticolosa il sempre eccellente Coro del Teatro alla Scala. Successo meritato per tutti!




Thursday, April 11, 2024

La Fanciulla del West en Turín, Italia

Foto: Daniele Ratti 

Massimo Viazzo

Continua en esta temporada el homenaje a Puccini del Teatro Regio de Turín en el centésimo aniversario de su muerte, con la propuesta de La Fanciulla del West, obra maestra que se puso por primera vez en escena en el Met de Nueva York en 1910 con la conducción de Arturo Toscanini, y un elenco de excepción constituido por Emma Destinn, Enrico Caruso y Pasquale Amato.  Con La Fanciulla del West, Giacomo Puccini, mirando a los albores del siglo-veinte europeo sintió la necesidad de renovarse confeccionando una partitura sugestiva, armónicamente rica y muy original, que presentara también un guiño a las auténticas melodías del folclore americano. Es cierto que muchos melómanos y muchos puccinianos quizás endurecidos no la colocaron nunca (¡injustamente!) en la cima de sus preferencias, y en los teatros no es tan representada como Tosca, Butterfly, Boheme o Turandot.  Pero los paladares muy exigentes la han apreciado siempre por su originalidad e innovación, admirando su flujo orquestal colmado de detalles y matices.  Por ello, era esperada la nueva puesta en escena presentada en Turín, ciudad ligada al título pucciniano desde 1911 donde tuvo algunas de sus primeras representaciones italianas.  Como se sabe, la Fanciulla del West ha tenido un papel importante también fuera de la historia del melodrama dándole probablemente resonancia por primera vez al género western que tantos éxitos le dio al cine estadounidense en los años siguientes.  Fue precisamente el cine lo que inspiró esta producción.  La directora de escena Valentina Carrasco utilizó una aproximación meta teatral poniendo en escena, junto a los personajes del libreto, un verdadero y propio troupe de extras (director de escena, utileros, atrecistas y camarógrafos) que durante la representación de la ópera filmaban en directo una verdadera película western; y en particular de una de las spaghetti western a la italiana, el género ligado al conocido cineasta Sergio Leone que según Carrasco son sus obras, aportaba sangre nueva al western tradicional que para entonces se encontraba decayendo. Las escenas cuidadas por Carles Berga y Peter van Praet (este último también responsable de la iluminación) y los vestuarios de Silvia Aymonimo lucieron en estilo y apropiados contribuyendo con gusto a la ambientación.  En particular los puntos resaltantes de la partitura encontraron una definición más neta con grabaciones en video efectuadas directamente sobre el escenario y proyectadas sobre una pantalla que descendía de lo alto.  El riesgo en producciones como esta es que la visión escénica más allá de ser interesante a la larga puede aburrir.  Nada de esto ocurrió, y Carrasco no perdió nunca el hilo de la narración, con ideas, descubrimientos a veces irónicos, y por momentos de fuerte impacto, así que todo en conjunto se desarrolló con extrema coherencia y tensión.  La baqueta le fue confiada a Francesco Ivan Ciampa, quien guío a la óptima Orquesta del Teatro Regio con ímpetu y buen paso teatral, pero con pocas sutilezas con una gama dinámica reducida y tendiente al forte. La protagonista Jennifer Rowley personificó a una Minnie lírica, convincente, sobre todo en el canto di conversazione, tan importante en Puccini, como tampoco en los momentos más apasionados cuando la orquesta se hacía más pesada y le cubría la voz.  También en la zona aguda la soprano estadounidense no pareció tampoco estar en su punto. Roberto Aronica prestó su robusta voz a Dick Johnson/ Ramerrez mostrando una sana proyección vocal y envidiable facilidad en la zona aguda, mientras que Gabriele Viviani fue un Sheriff (Jack Rance) viril y atormentado, con buen fraseo y de timbre cálido y seductor.  En esta ópera son muchos los papeles de acompañamiento, y en particular los mineros se convirtieron en un verdadero y propio protagonista con más voces. En esta producción todos son de elogiar comenzando por Francesco Pittari (Nick), Filippo Morace (Sonora), Paolo Battaglia (Ahsby) como también Cristiano Olivieri, Alessio Verna, Enzo Peroni, Giuseppe Esposito, Gustavo Castillo, Adriano Gramigni, Alejandro Escobar, y Eduardo Martínez, Enrico Maria Piazza, Tyler Zimmerman, Ksenia Chubunova artistas del ensamble del Regio. También el Coro del Teatro Regio dirigido por Ulisse Trabacchin se distinguió por previsiones y expresividad. 



Thursday, April 4, 2024

La Fanciulla del West - Teatro Regio di Torino

Foto: © Daniele Ratti

Massimo Viazzo

Continua in questa stagione l’omaggio a Puccini del Teatro Regio di Torino nel centesimo anniversario della sua morte con la proposta de La Fanciulla del West, capolavoro andato in scena per la prima volta al Met di New York nel 1910 con la direzione di Arturo Toscanini e un cast d’eccezione costituito da Emma Destinn, Enrico Caruso e Pasquale Amato. Con La Fanciulla del West Giacomo Puccini, guardando al primo Novecento europeo, sentì il bisogno di rinnovarsi confezionando una partitura suggestiva, armonicamente ricca, originalissima, che presenta anche richiami a melodie autentiche del folclore americano. Vero è che molti melomani e molti pucciniani incalliti forse non l’hanno mai messa (ingiustamente!) in cima alle loro preferenze, e nei teatri non è così rappresentata come Tosca, Butterfly, Boheme o Turandot. Ma i palati più esigenti l’hanno sempre apprezzata per originalità e innovazione, ammirandone il flusso orchestrale colmo di dettagli e sfumature. Atteso era quindi il nuovo allestimento presentato a Torino, città legata al titolo pucciniano fin dal 1911 con una delle sue prime rappresentazioni italiane. Come si sa la Fanciulla del West ha avuto un ruolo importante anche al di fuori della storia del melodramma dando risonanza probabilmente per la prima volta a quel genere western che tanti successi negli anni seguenti donò al cinema americano. Ed è proprio al cinema che si ispira questa produzione. La regista argentina Valentina Carrasco utilizza un approccio metateatrale mettendo in scena accanto ai personaggi del libretto una vera e propria troupe di figuranti (regista, attrezzisti e addetti alla cinepresa) che durante la rappresentazione dell’opera girano live un vero e proprio film western, e in particolare di uno spaghetti western all’italiana, il genere legato al noto cineasta Sergio Leone che secondo la Carrasco con i suoi lavori diede nuova linfa al western tradizionale che ormai stava decadendo. Le scene curate da Carles Berga e Peter van Praet (quest’ultimo anche alle luci) e i costumi di Silvia Aymonimo, sono parsi in stile e appropriati contribuendo con gusto all’ambientazione. In particolare i punti salienti della partitura trovavano una definizione più netta con riprese video effettuate direttamente in palco e proiettate su un fondale che scendeva dall’alto. Il rischio in produzioni come queste è che la visione registica seppur interessante alla lunga possa annoiare. Niente di tutto questo: la Carrasco non perde mai il filo della narrazione con idee, trovate a volta ironiche, a volta di forte impatto, il tutto sempre svolto con estrema coerenza e tensione. La bacchetta era affidata a Francesco Ivan Ciampa che ha guidato l’ottima Orchestra del Teatro Regio con impeto e buon passo teatrale, ma con poche finezze e con una gamma dinamica ridotta e tendente al forte. La protagonista Jennifer Rowley ha impersonato una Minnie lirica, convincente soprattutto nel canto di conversazione così importante in Puccini, meno nei momenti più appassionati quando l’orchestra si faceva più massiccia coprendole la voce. Anche in zona acuta il soprano americano non pareva sempre a fuoco. Roberto Aronica ha donato la sua voce robusta a Dick Johnson/ Ramerrez mostrando una sana proiezione vocale e una invidiabile facilità in zona acuta, mentre Gabriele Viviani era uno sceriffo (Jack Rance) virile e tormentato, buon fraseggiatore dalla timbrica calda e seducente. In quest’opera sono moltissime le parti di fianco e, in particolare, i minatori diventano un vero e proprio protagonista a più voci. In questa produzione sono tutti da lodare a cominciare da Francesco Pittari (Nick), Filippo Morace (Sonora), Paolo Battaglia (Ahsby) ma anche Cristiano Olivieri, Alessio Verna, Enzo Peroni, Giuseppe Esposito, Gustavo Castillo, Adriano Gramigni, Alejandro Escobar, e Eduardo Martínez, Enrico Maria Piazza, Tyler Zimmerman, Ksenia Chubunova artisti del Regio Ensemble. Anche il Coro del Teatro Regio diretto da Ulisse Trabacchin si è distino per previsione e espressività.



 

Friday, April 1, 2016

La Pequeña zorra astuta en Turín



Foto: Ramella&Giannese - Teatro Regio  Torino

Renzo Bellardone


En el Regio de Turín inicio el ciclo Janáček con la presentación en estreno para esta ciudad de la fabula en música que cuenta la vicisitudes de la zorra Bystroušks, de su encuentro con el género humano, las humillaciones sufridas,  el encuentro con el amor, los éxitos, y el final, que con la persecución de la especie se llega a la ultima moral de la fabula: la vida continua.  Del punto de vista musical, no es fácil de escuchar inmediatamente y en ocasiones no resulta tampoco fácil, pero en otros momentos la música es particularmente delicada y fuertemente descriptiva como el zumbido de las moscas.  El montaje evidencia que hay unos costos, pero Robert Carsen ha sabido dispersar mucha poesía creando momentos atractivos.  La escena más espectacular resultó ser aquella con la tela blanca que simbolizaba el invierno que cubría las colinas y que gradualmente iba desapareciendo, justo como lo hace la nieve. La conducción de Jan Latham-Koenig resultó ser agradablemente atenta como también la del coro, y delicada fue la intervención de las voces infantiles. Las luces diseñadas por el propio Carsen con Peter Van Praet crearon una atmosfera de fabula, y sobresalieron los vestuarios de Gideon Davey, también diseñador de la escenografía. Por su parte, Philippe Giraudeau firmó las más envolventes coreografías y movimientos acrobáticos. Los intérpretes merecieron un aplauso por su buena interpretación colectiva y la lectura de una ardua escritura. La protagonista Lucie Silkenova además de haber dado prueba de su agilidad física demostró óptimas capacidades vocales afrontando un papel de grande empeño. Muy bellos fueron sus duetos Michaela Kapustová en el papel del zorro de quien Bystrouška se enamora y con quien forma una familia.  Interesante fue también el guardabosque interpretado con presencia y habilidad por Svatopluk Sem. Definitivamente estuvieron dentro de su papel todos los demás intérpretes.

Sunday, January 31, 2016

Capriccio de Strauss en la Ópera de París

Foto: Vincent Pontet

Gustavo Gabriel Otero

París (Francia), 25/01/2016. Ópera Nacional de París. Palacio Garnier. Richard Strauss: Capriccio. Pieza de conversación para música en un acto. Libreto de Richard Strauss y Clemens Krauss. Robert Carsen, dirección escénica. Michael Levine, escenografía. Anthony Powell, vestuario. Robert Carsen y Peter Van Praet, iluminación. Jean-Guillaume Bart, coreografía. Ian Burton, dramaturgia. Emily Magee (Condesa Madeleine), Wolfgang Koch (El Conde), Benjamin Bernnheim (Flamand), Lauri Vasar (Olivier), Lars Woldt (La Roche), Michaela Schuster (Clarion), Graham Clark (Monsieur Taupe), Chiara Skerath y Juan José De León (dos cantantes italianos), Jérôme Varnier (Mayordomo), Camille de Bellefon (bailarina), Ook Chung, Julien Joguet, Vincent Delhourme, Chae Wook Lim, Vincent Morell, Christian Rodrigue Moungoungou, Hyun-Jong Roh y Slawomir Szchowiak (ocho lacayos). Orquesta Estable de la Ópera Nacional de París. Dirección Musical: Ingo Metzmacher.

A más de setenta años de su estreno Capriccio de Richard Strauss no logra imponerse en el repertorio de los teatros pero cada vez que sube a escena produce suficiente interés como para agotar las localidades. Esta conversación bastante estática cobra perfecta vida en la extraordinaria puesta de Robert Carsen creada en 2004 para la Ópera de París y que se reposo nuevamente con gran éxito. Carsen en lugar de situarla en un castillo a las afueras de París cerca de 1775, lo hace dentro de un teatro en tiempos del estreno de la obra. El Palacio Garnier parece ser un protagonista más desde el inicio en el cual la Condesa se sienta en una platea para escuchar –partitura en mano- el sexteto que inicia la obra desde el escenario hasta el final en el cual las columnas de la escenografía desaparecen y queda el interior del escenario totalmente desnudo y a la vista del público. El movimiento actoral es perfecto y parece un obra de teatro sin momentos de estatismo y sin estereotipos. Sólo en el momento de los cantantes italianos se recurre al humor y los cantantes actúan como antaño con movimientos estereotipados, que es justicia decir aún gustan a muchos melómanos. En este marco lucen con perfección los decorados de Michael Levine el ajustado vestuario de Anthony Powell, y la perfecta iluminación de Robert Carsen y Peter Van Praet. A la perfección de la versión visual se le sumó una suntuosa versión musical a cargo de Ingo Metzmacher quien insufló sutiliza y refinamiento a una obra plena de claroscuros. La Condesa Madeleine de Emily Magee fue compenetrada y profunda. Alguna acidez en el registro no fue óbice para redondear una protagonista de calidad. El Flamand de Benjamin Bermheim resultó perfecto, bien acompañado por el Olivier de Lauri Vasar. Lars Woldt se convirtió en eje de la acción como La Roche con calidad vocal y vuelo interpretativo. El Conde de Wolfgang Koch fue mesurado y de gran profesionalismo mientras que Michaela Schuster fue una Clairon de adecuados acentos. Con gran histrionismo y calidad vocal los dos cantantes italianos de Chiara Skerath y Juan José De León. Bien servido el resto del elenco.

Monday, January 25, 2016

La Piccola Volpe Astuta – Teatro Regio di Torino

Foto: Teatro Regio di Torino - Ramella&Giannese
Renzo Bellardone

Al Regio di Torino ha avuto inizio il ciclo Janáček, con la presentazione in prima assoluta per Torino della favola in musica che racconta le vicissitudini della volpe Bystrouška, dall’incontro con il genere umano, le umiliazioni da questi subite, l’incontro dell’amore, i figli, la fine! Ed appunto con la sua fine, ma con la prosecuzione della specie si trae l’ultima morale della fiaba:la vita comunque continua. Dal punto di vista musicale, l’ascolto non è immediato e talvolta non risulta neppure facile. In altri momenti invece la musica è particolarmente delicata o fortemente descrittiva come per il ronzio delle mosche. L’allestimento evidenzia che i costi vanno contenuti, ma Robert Carsen ha saputo aspergere soffusa poesia creando  momenti  attrattivi.  Diversi i momenti rilucenti per musica e scena: la volpe che ‘sindacalizza’ le galline contro il gallo oppure quando tra le colline imbiancate la volpe viene tragicamente uccis. La scena più spettacolare è risultata quella del  grande telo bianco che simboleggiando l’inverno copriva le colline si è gradualmente raccolto fino a sparire in un vallone, proprio come nella realtà la neve sparisce man mano restringendo sempre più l’area coperta. La direzione di Jan Latham-Koenig è risultata gradevolmente accorta ed attenta ed anche il Coro, diretto da Claudio Fenoglio,  ha dato  come al solito ottime prestazioni; delicato l’intervento delle voci bianche. Le luci disegnate dallo stesso Carsen con Peter Van Praet hanno ricreato l’atmosfera favolistica; di spicco i costumi di Gideon Davey, che ha anche realizzato le scenografie. Philippe Giraudeau ha invece firmato le più che coinvolgenti coreografie ed i movimenti acrobatici. Gli interpreti meritano veramente  ancora un applauso virtuale per l’ottima globale interpretazione e lettura di una scrittura impervia. La protagonista Lucie Silkenova, oltre ad aver dato prova di agilità fisica ha dimostrato ottime capacità vocali, affrontando un ruolo di grande impegno. Molto belli i duetti con Michaela Kapustová nel ruolo della volpe maschio di cui  Bystrouška si innamora e con cui ‘mette su famiglia’. Interesanti anche quelli con il guardiacaccia interpretato con grande presenza ed abilità da Svatopluk Sem. Decisamente in ruolo tutti gli altri interpreti. La Musica vince sempre.