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Sunday, March 20, 2022

Manon en Paris

Fotos: Emilie Brouchon

Ramón Jacques

Una de las óperas más emblemáticas del repertorio francés, Manon de Jules Massenet se representó nuevamente en el escenario del teatro de la Bastilla de Paris. Para la innumerable cantidad de funciones operísticas que se ofrecen todos los días de cada temporada a lo largo de los años en esta capital, pensar que la función de esta noche es la 70 que se monta sobre este escenario, considerando la popularidad del título, parecería poco, aunque al ser una opéra-comique, es en la Salle Favart, especialista en este género y donde tuvo su estreno en 1884, donde más veces ha sido programada. Manon ingresó al repertorio de la opera de Paris, apenas en el año 1974. La obra se ofreció con la producción escénica estrenada en el 2020 del joven director de escena francés Vincent Hugues, en su primer encargó para este teatro, después de haberse dado a conocer en el 2018 cuando hizo la puesta semi-escénica de la gala conmemorativa del 350 aniversario de la ópera de Paris. El tiempo en el que situó la escena Hugues, fue el Paris de los ‘locos años veinte’ (conocidos como roaring twenties o Les années folles) del siglo pasado, inspirándose en la época en la que vivió la vedette y actriz Joséphine Baker, cuyo personaje aparece en varios momentos de la función con un personaje mudo, y por considerar una época ideal de agitación social, y en el que el papel cambiante de la mujer fue particularmente prominente, situación similar que se vive en la actualidad. Hughes entiende que, al trasladar la escena a esa época, el papel de Manon debe ser el de una protagonista femenina fuerte y en control. El trabajo escénico contiene ideas escénicas que pueden ser discutibles, pero se trata de un montaje que funciona, también por las escenografías de Aurélie Maestre, situadas principalmente en un apartamento modernista ideado por Le Corbusier, con decoraciones art-deco, recreando los lugares frecuentados por los aristócratas, millonarios y jugadores; cabarets con bailables de la época, y mucho movimiento y dinámica en escena, que llenaron el amplio escenario del teatro, creando un espectáculo visualmente sugestivo. Los vestuarios de época de Clémence Pernoud y la iluminación de Betrand Rouderec, completaron el marco escénico. Los cambios inesperados que se dan en los elencos de los teatros, y más en estas épocas, permitieron que el papel de Des Grieux, fuera interpretado en esta función por el tenor Roberto Alagna, quien tan solo tres días antes había hecho un concierto en la ciudad con Aleksandra Kurzak. Alagna destacó no solo por su experiencia, sino porque en su canto demostró calidez en su timbre, en un repertorio que se adapta bien a su temperamento, y que cantó con admirable dirección, seguridad, elegancia y una convincente interpretación actoral.  El papel de Manon le fue encargado a la soprano Aylin Pérez, quien mostró un resplandeciente timbre, dominio vocal en cada uno de los pasajes, y seguridad en sus notas agudas, ofreciendo una vibrante ejecución del aria “Adieu notre petite table” Cabe resaltar la compenetración que mostró con Alagna, tanto en escena como en sus duetos. Por su parte el barítono Andrzej Filończyk fue un Lescaut de débil en presencia escénica, con un canto fuerte que no supo modular. Mejor estuvo en su desempeño el bajo Jean Teitgen como un noble, pero enérgico conde Des Grieux de voz robusta y grato color; Rodolphe Briand como Guillot de Morfontaine, y el barítono Marc Labonette en el papel de De Bretigny cumplieron de manera satisfactoria. Correctos estuvieron los demás cantantes en los papeles menores, y uniforme se mostró el coro de la ópera nacional de Paris.  Al frente de la orquesta, el director estadounidense James Gaffigan, tuvo momentos acertados y musicalmente memorables de la partitura, aunque en otros momentos. se notó la dificultad que tuvo para encontrar un balance justo entre los cantantes y la orquesta, con relación al tamaño y la acústica de la amplia sala. Detalles que al final no cambian el resultado total de presenciar una ópera francesa tan representativa en el teatro principal de Paris. 



Friday, January 29, 2016

Werther en la Ópera de Paris

Foto: Piotr Beczala (Werther) et Elina Garança (Charlotte) c) Emilie Brouchon, Opéra national de Paris

Gustavo Gabriel Otero

París (Francia), 23/01/2016. Ópera Nacional de París Bastille. Jules Massenet: Werther. Ópera en cuatro actos. Libreto de Eduard Blau, Paul Milliet y Georges Hartmann, inspirado en la novela de Johann Wolfgang von Goethe. Benoît Jacquot, dirección escénica. Charles Edwards, escenografía. Christian Gasc, vestuario, André Diot y Charles Edwards, iluminación. Piotr Beczala (Werther), Elina Garanca (Charlotte), Stépahane Degout (Albert), Elena Tsallagova (Sophie), Paul Gay (Le Bailli), Rodolphe Briand (Schmidt), Lionel Lhote (Johann), Pauline Texier (Katchen), Piotr Kumon (Bruhlmann). Orquesta y Coro de Niños de la Ópera Nacional de París. Dirección Musical: Giacomo Sigripanti.

La Ópera Nacional de París repuso por tercera vez la producción estrenada en la sala de La Bastilla en enero de 2010 y que proviene del Covent Garden de Londres dónde se estrenó en 2004. Quizás lo mejor de la puesta sean la escenografía, sencilla y funcional, de Charles Edwards y la magnífica iluminación, también de Edwards, con adaptación para París de André Diot. Los dos primeros actos se resuelven casi con una planta única con un fondo de cielo plomizo y gris. Una pared alta que va de izquierda a derecha y desde atrás hacia adelante delimita la casa de Charlotte y su familia. Mientras que una pared baja que va de adelante hacia atrás con una escalera que baja en el medio da marco al segundo acto. El tercer acto transcurre en un espacio grande y casi vacío, que evidentemente narra la soledad de Charlotte en su casa matrimonial, mientras que en el último la pequeña vivienda de Werther avanza de atrás hacia delante en una magnífica idea casi cinematográfica. Benoît Jacquot mueve los protagonistas con maestría y con aires tradicionales cuenta la historia en forma prolija y comprensibles sin falsos alardes de modernización pero tampoco atado a viejos convencionalismos. Un puesta ya vista en varias oportunidades, ya sea en el teatro o a través de la televisión o las grabaciones, que se sigue con placer y que funciona a la perfección. La dirección musical del joven director italiano Giacomo Sagripanti demostró amplio conocimiento de la parte, buen espíritu latino y esmerada realización. Originalmente estaba prevista la dirección musical por parte de Alain Lombard quien fue sustituido por el mítico Michel Plasson, quien a último momento canceló por razones de salud. No debe ser fácil asumir el compromiso de reemplazar a dos glorias de la batuta gala en el repertorio de la casa por parte de un joven director italiano. Sagripanti aceptó el reto y salió triunfador con una versión potente y a la vez sutil. Piotr Beczala convence de principio a fin con su Werther. Por su emisión, su potente timbre bellamente tenoril, su convicción en el decir y su entrega dramática. Elina Garanca es una Charlotte ideal. Por su belleza, por su volumen, por la homogeneidad de su emisión y por su inmaculada línea de canto. La soprano Elena Tsallagova como Sophie logró brillar a la par de los dos grandes de la escena que tenía a su lado. Su línea de canto es impecable y supo sacar buen partido de su breve rol. De perfecta dicción francesa el Albert de Stéphane Degout, interpretado con exquisito gusto y compenetración. Perfectos Paul Gay (Le Bailli) y Rodolphe Briand (Schmidt). Muy bien complementados por el Johann de Lionel Lhote. Buen rendimiento de los niños así como de los otros comprimarios.