miércoles, 14 de marzo de 2012

Muerte en Venecia de Britten en la Opera de Bellas Artes de México

Foto: Opera de Bellas Artes
La Ópera de Bellas Artes dio inicio a su temporada 2012 con la reposición de Muerte en Venecia del compositor inglés Benjamin Britten con la vistosa producción escénica estrenada aquí en 2009 y con el mismo elenco y director musical. En términos generales se puede decir que se obtuvo un equitativo balance entre la parte visual y musical por parte de todas las fuerzas artísticas que formaron parte de esta producción.  En primer plano apareció nuevamente el atractivo marco presentado por el diseñador Jorge Ballina, que situó la acción en los años ‘20 del siglo pasado, con una secuencia de detallados y simétricos cuadros. Concebida como una dinámica obra cinematográfica, Ballina contó la compleja historia basada en la novela homónima de Thomas Mann, de manera concisa y clara, y en el que la ciudad de Venecia fue protagonista y partícipe esencial de la historia, incluida el agua de sus canales, sus góndolas, callejones, muros, puentes y construcciones, la arena, el cielo y el horizonte de sus playas, y la amenazante presencia de la peste. Tanto los apropiados vestuarios como la brillante iluminación de Víctor Zapatero ayudaron para crear vistosas y sugestivas escenas. El propio Ballina realizó una discreta labor en la dirección escénica que fue por momentos movida y esforzada, pero en otros rutinaria y rígida. El desempeño de la orquesta en el foso fue sobresaliente bajo la conducción del estadounidense Christopher Franklin, quien mostró segura y briosa mano, dando relieve a las partes instrumentales solistas, exaltando con convicción las fragmentos musicales de la orquestación y manteniendo la tensión cuando fue necesario, siempre con un sonido uniforme. El personaje de Gustav von Aschenbach fue interpretado por el tenor estadounidense Ted Schmitz, quien mostró un buen desempeño en el extenso y exigente papel, administrando bien su voz y manteniendo el brillo en el timbre con adecuada proyección y buena dicción. El barítono Armando Gama cumplió correctamente en lo vocal y se mostró ameno en la actuación de sus múltiples personajes asignados. Por su parte, el contratenor mexicano Santiago Cumplido fue un moderado y por momentos estridente Apolo. Se debe resaltar cada una de las intervenciones individuales del extenso grupo de solistas que cumplieron cabalmente en sus breves intervenciones, mencionando por ejemplo a las sopranos Marcela Chacón como la vendedora de periódicos y Carolina Ramírez como la joven francesa. Desde los palcos laterales del teatro, el Coro de la Ópera de Bellas Artes mostró la solidez y el nivel ascendente que ha tenido desde la llegada de su director, el catalán Xavier Ribes.  RJ

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