sábado, 1 de febrero de 2014

Réquiem de Verdi en Ámsterdam

Foto: Anne Dokter

Como ya se hizo tradición desde la temporada 2011, la Orquesta Real del Concertgebouw de Ámsterdam (Koninklijk Concertgebouworkest) ha incorporado anualmente la interpretación de una misa o réquiem de diversos autores. En esta ocasión y con motivo del bicentenario del nacimiento del compositor se eligió el Réquiem de Giuseppe Verdi. La programación de obras del repertorio italiano ha sido escasa desde el alejamiento de Riccardo Chailly de la dirección de esta orquesta, por lo cual dicho concierto adquirió un mayor interés.  La legendaria sala de conciertos con su impecable acústica vibró con la interpretación de una de las mejores orquestas en la actualidad, con su sobresaliente sección de metales, como las trompetas en el Tuba mirum, así como su uniforme y compacta sección de cuerdas bajo la conducción de su titular Mariss Jansons, quien ofreció una lectura particularmente sensible, y cargada de emoción y humanidad. Balanceada de inicio a fin en sus secciones más dramáticas, como el Dies Irae, la pieza se convirtió en una larga y conmovedora plegaria de salvación. A pesar de las inesperadas cancelaciones de Anja Harteros, Stephanie Blythe y Orlin Anastassov tan solo unos días antes del concierto; la orquesta pudo encontrar dignos reemplazantes como la polaca Aga Mikolaj, una soprano de clara voz lirica quien produjo una emoción intensa con su Libera me.  La mezzosoprano rusa Olesya Petrova exhibió una rica voz en todo su rango, oscura, aterciopelada y luminosa. Memorable y encantador fue el contraste que se creó entre su voz y la de la soprano en Recordare. La voz del tenor Dimitri Pittas careció de fuerza en ciertos pasajes y se sintió un poco forzada, aunque su timbre y color son gratos; y el bajo Yuri Borobiev canto con voz profunda, oscura y potente. El Coro de la Radio Holandesa ofreció una presentación de un nivel muy elevado. RJ

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